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Autismo

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Autismo

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Autismo en Psicoanálisis

s. m. (fr. autisme, ingl. autism; al. Autismus). Repliegue sobre su mundo interno del sujeto, que rehusa el contacto con el mundo externo, y que puede ser concebido como el efecto de una falla radical en la constitución de la imagen del cuerpo. Descripción clínica del síndrome. L. Kanner fue el primero, en 1943, en describir el cuadro clínico, al estudiar un grupo de 11 niños («Autistic disturbances of affective contact», Nervous Child, vol. 2). Su descripción sigue siendo aún válida y presenta la ventaja de no estar contaminada por intentos explicativos, como en los autores posteriores.

Kanner describe un cuadro cuyo rasgo patognomónico es «la ineptitud para establecer relaciones normales con las personas desde el principio de la vida». Descarta toda confusión con la esquizofrenia, adulta o infantil, y señala que en estos niños no existió nunca una relación inicial tras la cual habría habido una retracción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). «Hay desde el principio una extrema soledad autista que, siempre que es posible, desdeña, ignora, excluye todo lo que viene hacia el niño desde el exterior». Todo contacto físico directo, todo movimiento o ruido es vivido como una amenaza de romper esta soledad. Será tratado «como si no existiera», o se lo sentirá dolorosamente como una interferencia desoladora. Cada aporte del exterior representa una «intrusión espantosa». De ello se desprende un límite fijo dentro de la variedad de las actividades espontáneas, como si el comportamiento del niño estuviese gobernado por una búsqueda de la inmutabilidad que explicaría la monotonía de las repeticiones.Entre las Líneas En las entrevistas, estos niños no prestan la menor atención a la persona presente: por el tiempo que los deje tranquilos, la tratan como a un mueble. Si el adulto se introduce él mismo por la fuerza tomando un cubo o atajando un objeto que el niño ha lanzado, este se debate, y se encoleriza contra el pie o la mano como tales y no como partes de una persona. Respecto de los signos precursores, Karmer destaca que, si el niño común aprende desde los primeros meses a ajustar su cuerpo a la posición de la persona que lo lleva, los niños autistas no son capaces de ello.Entre las Líneas En cuanto a la etiología en juego, Kanner supone que «estos niños han venido al mundo con una incapacidad innata, biológica, de constituir un contacto afectivo con la gente».

En lo que concierne al lenguaje, ocho de los once niños estudiados hablaban, pero solo para enunciar el nombre de objetos identificados, adjetivos de colores o indicaciones sin especificidad. Cuando estos niños llegan por fin a formar frases -estado que los autores actuales denominan «posautismo»-, se trata de repeticiones inmediatas o de ecolalias diferidas, como en los loros, e incluso de combinaciones de palabras oídas. El sentido de una palabra es inflexible, solo puede ser utilizado con la connotación originariamente adquirida. Los pronombres personales son repetidos tal como son oídos, sin tener en cuenta quién enuncia la frase. «El lenguaje -dice- estaba desviado hacia una autosuficiencia sin valor semántico ni de conversación, o hacia ejercicios de memoria groseramente deformados». Concluye que, en lo concerniente a la función de comunicación de la palabra, no había diferencia fundamental entre los ocho niños hablantes y los tres mudos. Y, como algunos padres habían aprovechado la extraordinaria retentiva de estos niños para hacerles aprender salmos o textos de memoria, Kanner se preguntaba si este aprendizaje mismo no constituía una causa de sus dificultades de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Si buen número de estas observaciones siguen siendo pertinentes, algunas de sus conclusiones en cambio son contradichas por el estudio que treinta años después lleva adelante el propio Kanner («Follow up study of eleven children originally reported 1943», 1971) sobre la evolución de los once niños estudiados. Reitera allí, con más convicción aún, su concepción de una etiología biológica innata, y rechaza cualquier psicogénesis posnatal: para él, todo está jugado ya en el nacimiento, y le parece imposible considerar este cuadro como un efecto de la relación padres-hijos. Casi todos los ex niños de su investigación habían sido internados en instituciones para crónicos y postrados, y Kanner comprueba que se han instalado en un modo de vida «nirvana». Dos, sin embargo, habían logrado una autonomía profesional y económica, dando prueba de capacidades creadoras culturales o artísticas. Estos dos destinos diferentes son considerados por Kanner como resultado del encuentro con seres capaces de entrar verdaderamente en contacto con ellos. Lo que este autor no destaca es que se trata justamente de dos de los niños que habían desarrollado particularmente ese lenguaje ecolálico, y a los que los padres les habían suministrado cierta cantidad de material cultural como para alimentar su capacidad de aprender de memoria. ¿Podría ser entonces que -contrariamente a la opinión de Kanner- un trabajo tal con el lenguaje, aunque aparentemente fuera de discurso y no comunicativo, introdujese al aparato psíquico del niño en un camino estructurante? El punto de vista del psicoanálisis. El abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)de los autores poskleinianos. Para F. Tustin (Autistic States in Children, 198l), los niños autistas son prematuros psicológicos.

La toma de conciencia de la separación del objeto ha ocurrido antes de que sus capacidades de integración fueran suficientes en el plano neurofisiológico. El niño se encontraría entonces en una situación de depresión psicótica, concepto tomado de D. W. Winnicott que remite a un fantasma de arrancamiento del objeto, con pérdida de la parte correspondiente del propio cuerpo (por ejemplo, el seno junto con una parte de la boca). Esto produciría un vacío que Tustin llama «el agujero negro de la psiquis»; y el autista, para defenderse de ello, desarrollaría defensas masivas, con el propósito de negar toda separación, toda alteridad. Se construiría un caparazón en el que, invistiendo sus propias sensaciones internas, produciría las «figuras autistas» que están en la raíz de los «objetos autistas», constituidos por partes del cuerpo del niño o por objetos del mundo exterior percibidos como cuerpo propio. Donald Meltzer (Exploration, Apprehension of Beauty, 1988) describe dos mecanismos específicos del autista, cuyo propósito es «aniquilar toda distancia entre el propio-ser y el objeto», y por consiguiente toda posibilidad de separación de este objeto: el «desmantelamiento» y la «identificación adhesiva». Este último concepto remite a la noción de «piel psíquica: una zona que limita y mantiene el cuerpo como un conjunto coherente». El autista se pega al objeto, que percibe bidimensional y por lo tanto desprovisto de interior; el yo y el objeto se presentan aplanados, despedazados, y no hay nada que les dé coherencia ni volumen.

René Diatkine, alejado sin embargo de una visión estructuralista del aparato psíquico, ha hecho observaciones muy agudas sobre los inconvenientes de este abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)fenomenológico del autismo.Entre las Líneas En particular, señala la dificultad de considerar el autismo como sistema defensivo y lo aventurado que le parece atribuirle al bebé fantasmas de arrancamiento de la boca o del seno. Aproximación lacaniana a la cuestión del autismo. ¿Es posible diferenciar autismo y psicosis? Para responder a esta pregunta, C. Soler plantea la alienación y la separación como las dos operaciones constituyentes de la causación del sujeto. Recuerda la idea según la cual (Lacan, Seminario XI) el psicótico no estaría fuera del lenguaje, sino fuera del discurso. «Si la inscripción en un discurso está condicionada -dice- por esta operación de separación, a su vez condicionada por el Nombre-del-Padre, hay que decir que el fuera-de- discurso de la psicosis es su instalación en el campo de la alienación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La cuestión es entonces la del autismo (…) se puede situar al autismo en un más acá de la alienación, en un rechazo a entrar en ella, en un detenerse en el borde». La falla en la constitución de la imagen del cuerpo en el niño autista. Sabemos, por las investigaciones internacionales publicadas, y por la clínica (cf. M. C. Laznik-Penot, «Il n’y a pas d’absence s’il n’y a pas déjà présence … », en La Psychanalyse de l’Enfant, N° 10), que hay bebés que, aun criados por su madre y sin tener ningún trastorno orgánico, no la miran, no sonríen ni vocalizan nada hacia ella ni la llaman jamás en caso de aflicción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Nuestros trabajos nos llevan a pensar que la no mirada entre una madre y su hijo, y el hecho de que la madre no pueda darse cuenta de ello, constituye uno de los signos princeps que permiten plantear, durante los primeros meses de la vida, la hipótesis de un autismo (en tanto las estereotipias y las automutilaciones solo suceden en el segundo año). Aunque esta no mirada no desemboque necesariamente después en un síndrome autista característico, marca una dificultad importante en el nivel de la relación especular con el otro. Si no se interviene, son niños en los que el estadio del espejo no se constituirá convenientemente. Estos casos clínicos, que nos presentan una no constitución de la relación especular, permiten poner en evidencia patologías que traducen, ciertamente, una no constitución de la relación simbólica fundamental, la presencia-ausencia materna, pero no por un déficit del tiempo de ausencia (como a menudo se ve en la clínica de otros estados psicóticos) sino más bien por un déficit fundamental de la presencia original misma del Otro.

La consecuencia es la falla en la constitución de la imagen del cuerpo (a través de la relación especular con el otro) y en la constitución del yo. Esto correspondería al fracaso del tiempo de la «alienación» en la constitución del sujeto. Para trabajar la clínica de una no constitución de la relación especular, hay que retomar el esquema óptico. Sabemos que Lacan lo introduce (Seminario 1, 1953-54) para intentar metaforizar la constitución del narcisismo primario.Entre las Líneas En la experiencia de Bouasse, citada por Lacan en «Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache» (1960; Escritos, 1966), vemos que el objeto real -lo real del bebé, digamos su presencia orgánica- parece muy bien hacer uno con algo que es una imagen: esta imagen real (el ramo de flores), los «pequeños a» [véase objeto a ] que constituyen la reserva de la libido. Sabemos que, en tal dispositivo, el sujeto de la mirada, metaforizado por el ojo, que está en condiciones de percibir las dos cosas (el jarrón y las flores) como formando un todo, una unidad, no puede ser el mismo niño, sino necesariamente un Otro.

Para que el infans pueda verse a sí mismo, llacan propone algunas modificaciones a este esquema inicial, introduciendo en especial un espejo plano, que es el que ilustra en primer lugar el estadio del espejo.Si, Pero: Pero también va a emplearlo de otra manera: como espejo sin reflejo, representación de la mirada del gran Otro (Seminario VIII, 1960-61, «La trasferencia»). Del lado en que se encuentra el conjunto constituido por el objeto real haciendo uno con la imagen real, de ese lado va a presentificarse la constitución del Ur-Ich, en lo que será el cuerpo propio, la Ur-Bild de la imagen especular. Lacan acuerda una gran importancia a ese tiempo de reconocimiento por el Otro de la imagen especular, a ese momento en que el niño se vuelve hacia el adulto que lo sostiene, que lo lleva, y que le demanda ratificar con la mirada lo que percibe en el espejo como asunción de una imagen, de un dominio todavía no logrado. Para dar cuenta de la falla en la constitución del estadio del espejo, hace falta plantear la necesidad de un primer reconocimiento, no demandado, pero que fundaría la posibilidad misma de la imagen del cuerpo, es decir, la Ur-Bild de la imagen especular, y que no podría formarse sino en la mirada del Otro. Un defecto de tal reconocimiento primero podría dar cuenta de esa evitación, que parece un cercenamiento de los signos perceptivos de lo que constituiría la mirada de la madre, en el sentido de su presencia, de su investimiento libidinal. Llegados a este punto, tenemos que progresar a través de otra cuestión: ¿desde dónde se origina la imagen real? Para responder a ello, debemos referirnos a la reconsideración modificada que hace Lacan del esquema óptico en el Seminario X, 1962-63, «La angustia»: la imagen real que aparece por encima del jarrón (objeto real) no es ya la copia concordante de un objeto oculto, como era el caso del ramo de flores, sino el efecto de una falta que Lacan va a escribir «menos phi» (-j).

A partir de la clínica del autismo, podemos entonces proponer una lectura de esta nueva versión del esquema óptico. Así, el que ocupa el lugar del Otro primordial da su falta (-j). Decir que este Otro da su falta permite escribirlo como A (A tachada, barrada). Esta operación permite ver surgir al niño aureolado de los objetos «pequeños a», lo que se podría llamar la «falicización» del niño, que parece corresponder a la noción misma de investimiento libidinal en Freud. Detrás del espejo plano, en el campo imaginario, ya no vemos más surgir la imagen virtual del conjunto de lo que había podido constituirse (a la izquierda). Los pequeños a no son especularizables; lo que Lacan llama la «no especularización del falo» vuelve en la imagen virtual como una falta (-j). Observamos pues que esta falicización del niño solo tiene lugar en la mirada del Otro [Autre], y aquí la mayúscula [A] se impone clínicamente, puesto que, en la relación con su imagen, con el otro su semejante, el sujeto solo puede verse como marcado por la falta. La imagen real, formada por el conjunto de esos pequeños a que corresponden a la falicización del niño, sería entonces comparable a lo que Freud propone en su obra Introducción del narcisismo cuando habla de la necesidad de que el niño venga a ocupar el lugar de «His Majesty the Baby».Entre las Líneas En su Seminario X, «La angustia», Lacan ha hablado de una clínica de la falla de la constitución de la relación especular. Se trata de madres para las que el niño en su vientre no es sino un cuerpo a veces cómodo o a veces incómodo; lo que él llama «la subjetivación del pequeño a como puro real» (Seminario XI, 1963-64, «Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis»).

Todo ocurre como si ciertos padres no fueran cautivos de ninguna imagen real, y por lo tanto, de ninguna ilusión anticipadora: como si vieran al bebé real, tal como es, en su absoluta desnudez. Esta imposibilidad no tendría relación con una ausencia de buena voluntad en los padres sino que correspondería a dificultades de orden simbólico de las que ellos mismos serían víctimas. La ausencia de dimensión simbólica e imaginaria de esta imagen real deja al niño sin imagen del cuerpo, haciendo problemática su vivencia de unidad del cuerpo. Esta ausencia de imagen del cuerpo tendrá al menos otra consecuencia dañina: bloqueará la reversibilidad posible de la libido del cuerpo propio a la libido de objeto. Es decir que los objetos a no se encontrarán comprendidos en ese borde del jarrón que simboliza al continente narcisista de la libido. Esto, al mismo tiempo, hace imposible el pasaje entre i(a) e i'(a), no dejándole otro porvenir a la libido del niño que el encierro en el cuerpo propio: las automutilaciones.

Fuente: Diccionario del Psicoanálisis

Autismo Infantil en Psicología y Psicoanálisis

El autismo en el terreno psiquiátrico

En la década de 1940, en los Estados Unidos, un psiquiatra de origen austríaco llamado Leo Kanner creó una nueva entidad nosográfica aplicable a ciertos niños que se distinguían por «su extremo repliegue desde el inicio de la vida». Esa entidad nosográfica era el autismo infantil precoz, conocido también como «autismo de Kanner».Si, Pero: Pero antes de que se operara esta anexión, el término autismo ya tenía anclaje en la historia de la psiquiatría europea. Estaba sobre todo ligado a la sintomatología extremadamente amplia que Bleuler había establecido desde 1911 a fin de unificar, a través de la esquizofrenia, el campo de las psicosis, hasta entonces compartimentado en nosografías rígidas y estancas. El autismo explicaba los efectos de ese otro concepto igualmente laxo de «disociación psíquica» (el espíritu fragmentado de la esquizofrenia), que se traducían por la preeminencia de lo emocional sobre la percepción de la realidad.Entre las Líneas En el periplo esquizofrénico, el autismo así definido por Bleuler representaría el fin del recorrido, al mismo tiempo que su conclusión lógica: «Los esquizofrénicos más gravemente afectados, los que ya no tienen contacto con el mundo exterior, viven en un mundo propio, se han encerrado con sus deseos y sus anhelos (que consideran realizados) o solo se preocupan de los avatares de sus ideas de persecución; sus contactos con el mundo exterior están cortados al máximo. A la evasión de la realidad acompañada por el predominio absoluto o relativo de la vida interior, nosotros la llamamos autismo.» Ahora bien, al insistir en la especificidad del autismo infantil precoz, la preocupación de Kanner era hacer de él un síndrome clínico por derecho propio, al que tanto su modo de aparición como las perspectivas de su evolución distinguían radicalmente de la esquizofrenia.Entre las Líneas En 1943, en su artículo princeps titula o «autistic disturbances of affective contact», Kanner precisaba: «No hay aquí, como en la esquizofrenia adulta o infantil, un comienzo a partir de una relación inicial presente; no es un repliegue de la participación anterior en la existencia. Desde el principio hay una extrema soledad autística que, siempre que resulta posible, desdeña, ignora, excluye todo lo que viene del exterior».Entre las Líneas En virtud de una inversión total de la perspectiva, el autismo, hasta entonces efecto secundario, se encontraba promovido al rango de causa primitiva, y era lo que obstaculizaba el ingreso del niño autista en la realidad humana.

Pero, ¿cómo abordar eso, esa cosa a la vez enigma de la génesis del símbolo y del sujeto humano? Pregunta de algún modo camaleónica, que toma el color del terreno donde se posa. Así, al llamar autistas a esos niños rebeldes a todas las formas habituales de comunicación (niños a los que se llamaba salvajes y que, según ciertos mitos, tenían una filiación animal), Kanner los reintegraba en el orden humano, por el sesgo del discurso psiquiátrico tradicional, donde se trata principalmente de descripciones y referencias clínicas, tan precisas y objetivas como sea posible.Entre las Líneas En el interior de ese campo escópico se organizaba entonces el marco de una observación ideal, pues el objeto no ofrecía resistencia, todas sus funciones subjetivas estaban aniquiladas. Pero, ¿revelaba su enigma? Confrontado al daño más severo del ejercicio de la palabra, y al mismo tiempo interrogado sobre la causa primitiva del ser hablante, Kanner, desde su lugar de psiquiatra, debía recurrir a la noción de norma, es decir, de una regla que funcionaría como modelo e implicaría la regulación espontánea de las relaciones interpersonales. «Lo excepcional, lo patognomónico, el desorden (trastorno) fundamental -afirmaba en su primer artículo- es la incapacidad de los niños para establecer relaciones normales con las personas y reaccionar normalmente a las situaciones desde el principio mismo de la vida.» Si bien el recurso a la normalidad va de suyo y permite calificar de fundamental el desorden (trastorno) que se advierte de este lado del umbral que esa normalidad supone, no puede en cambio sino ocultar interrogantes constitutivos de la realidad humana, tales como qué es hablar, qué es un cuerpo, qué son un padre y una madre. Procediendo por medio de una cuadrícula nosográfica que hacía del autismo infantil precoz un síndrome rigurosamente calcado sobre el modelo médico, Kanner agrupó un conjunto de síntomas cuyo carácter innato era el rasgo patognomónico. Su artículo princeps concluía de este modo: «Podemos suponer que estos niños han venido al mundo con una incapacidad innata para constituir biológicamente el contacto afectivo habitual con la gente, así como otros niños vienen al mundo con discapacidades físicas o intelectuales innatas». Tal suposición presentaba de entrada una evidente ambigüedad, puesto que el acento en el aspecto relacional y afectivo parecía validar un enfoque de tipo psicoanalítico, mientras que la hipótesis de una causalidad biológica debía encontrar su punto de apoyo en una etiología organicista que aún falta demostrar, y continúa alimentando las más vivas polémicas acerca del cuidado y del tratamiento de los niños autistas.

El propio Kanner, entre 1943 y 1972, sin modificar sensiblemente las bases clínicas que servían de cimiento a su síndrome, habría de oscilar entre diferentes orientaciones. Atraído en algún momento por una perspectiva psicoanalítica centrada en la relación madre-hijo (con referencia a los trabajos de Margaret Mahler), a continuación se inclinó hacia una explicación funcional y conductista cuyo modelo se basaba en los reflejos condicionados. Después sus tesis se fueron haciendo cada vez más afirmativas en cuanto a la causalidad orgánica del autismo infantil precoz, y tomó posición de modo violento contra las conclusiones de Bruno Bettelheim. Cerrado desde entonces a toda investigación psicoanalítica, Kanner confió a los biólogos del futuro la tarea de fodar la explicación final de su descubrimiento.

Lo que está en juego en la etiología

El hecho de que el sello del organicismo haya estado desde el principio en aposición a la sintomatología del autismo infantil precoz no podía sino influir en su enfoque, cargándolo con el inevitable debate en torno de lo innato y lo adquirido, que se basa, como toda disputa, en un malentendido recíproco.Si, Pero: Pero esta especie de pizarra mágica que es el autismo (por la maleabilidad total de su objeto desprovisto de toda subjetivación), ¿no autoriza cualquier proyección? ¿Lo innato o lo adquirido? ¿La herencia o la educación? ¿El cuerpo o la cabeza? La necesidad de excluir implicada en la forma misma de estos enunciados, que se funda en la escisión de lo somático y lo psíquico, obliga a los adversarios al enfrentamiento, con tanta más violencia cuanto que han reducido el campo de su debate a las dimensiones de un vaso de agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] El marco más estrecho de esta polémica fue indudablemente el establecido por el conductismo, según el ultracorto esquema etológico de estímulo-respuesta.

Retornando el mito del niño-lobo, la escuela conductista norteamericana hizo del autista una especie de víctima del reflejo condicionado. Si se habían encontrado algunos niños sin lenguaje, vagando como animales, era porque se habían perdido y habían sido recogidos por animales salvajes cuyo comportamiento imitaron, sin conservar de lo humano más que su forma corporal. Lo absurdo de esta tesis había sido subrayado en 1955 por Bettelheim, que al mismo tiempo cuestionaba la hipótesis de Kanner sobre la primacía de lo innato, y encaraba sobre todo el autismo como una reacción de defensa ante una situación extrema que implicaba para el niño una amenaza de destrucción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Aviso

No obstante, lejos de haber caído en desuso, el conductismo tiene prolongaciones actuales en ciertas teorías que encaran al autista, no como a un enfermo mental, sino como a un discapacitado que conviene someter a una educación especializada a partir del puro y simple condicionamiento. Esta clínica sin sujeto «utiliza la capacidad del autista al servicio de sus propias necesidades», según lo anuncia el Programa Teacch (Treatment and Education of Autistic and Related Communication Handicapped Children), puesto a punto en la década del 80 por el neurolingüista holandés Theo Peeters. Se trata en efecto de una utilización muy pragmática de los síntomas, a los cuales la envoltura de plomo de la discapacidad les quita su valor dialéctico, humanizante. Toda la ambigüedad de un programa de ese tipo se basa en la distancia entre la meta manifiesta de obtener de los autistas una socialización máxima, y el extraño medio escogido para llegar a ese fin meritorio. Pues la proyección sobre el plano de la función etológica de la necesidad no se opera sino al precio de una ocultación total de la cuestión del sujeto humano, cuya especificidad es ser ineludiblemente víctima del lenguaje.

Abordajes psicoanalíticos del autismo. ¿Retorno a Freud?

Tratar sobre el autismo desde una perspectiva propiamente psicoanalítica plantea el problema de la metodología y lo vincula de entrada al de la ética.[rtbs name=”etica”]Abordar tal entidad clínica sin eludir la cuestión del sujeto -el del inconsciente y el lenguaje- supone evitar el escollo del conductismo tanto como el del formalismo psiquiátrico tradicional. Y, en este caso preciso en que el sujeto se revela particularmente inhallable, esta exigencia ética -por paradójica que parezca- alcanza su máximo rigor. La clínica psicoanalítica no podría ser el lugar de un saber «muerto», fosilizado en una doctrina, puesto que su objetivo es hacer aparecer un sujeto cuyas manifestaciones «vivas» escandirán el ritmo de la cura.

En psicoanálisis, la clínica es inseparable de la consideración de la transferencia, aunque ésta sea notable por su inexistencia. Siempre se trata, sean cuales fueren las diferencias de escuela, de una clínica bajo transferencia o, más exactamente, subjetivada por la transferencia. Por empezar, se puede sostener que el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)psicoanalítico del autismo acaba de alguna manera con la pureza nosográfica del síndrome de Kanner en su acepción médica, al desorganizar el ordenamiento de conjunto de los síntomas. Se va a operar un descentramiento, en el que el acento se desplaza de lo innato, en tanto que factor inextricablemente ligado a lo biológico, a los trastornos del lenguaje, ya no formalizados por la objetividad descriptiva que implica el repliegue del observador, sino actualizados en la relación transferencial. Surge aquí la más desconcertante de las paradojas.Entre las Líneas En efecto: ¿cómo mantener el principio del análisis Freudiano y tener en cuenta solo lo que pasa por la palabra del analizante, cuando se trata de autismo, en el que la palabra, precisamente, falta? En otros términos, ¿de qué manera el psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) puede aplicarse al autista, cuya imposibilidad de acceder a la demanda es en lo que se refiere a las condiciones que hacen posible la cura, el signo patognomónico? Pues para el infante autista, el lenguaje no ha «tomado cuerpo», como se dice de una planta que ha «echado raíces»; solo existe, en el mejor de los casos, en estado de ecolalia directa o diferida, sin la menor implicación subjetiva. De modo que la confrontación práctica y teórica del autismo implica, por una parte, una puesta a prueba de la teoría clásica concebida para la cura de los neuróticos y, por otra, la necesidad de una epistemología de lo simbólico y de la causación del sujeto.Entre las Líneas En consecuencia, el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)psicoanalítico del autismo varía considerablemente en función de las escuelas y de las corrientes de pensamiento que las atraviesan.

Aviso

No obstante, estos diferentes enfoques tienen por lo general en común el intento de restablecer la significación primera del autismo en su vínculo con lo sexual (el autoerotismo), por medio de un trayecto inverso que vuelve a desplegar en su etimología el término condensado por Bleuler. Pues el autismo, en tanto que noción psiquiátrica amputada de la referencia al Eros Freudiano, está totalmente construido sobre el rechazo de un descubrimiento fundamental: el de la sexualidad infantil. Si bien es una condición mínima para reubicar el autismo en el campo psicoanalítico, el retomo al concepto Freudiano de autoerotismo no deja de ser problemático, puesto que se trata de un dato que se modificó a lo largo del trayecto de Freud, siendo reexaminado en cada una de sus etapas. Así, lejos de ser homogéneas, esas referencias dan lugar a desarrollos muy contradictorios, según el punto de doctrina que les sirve de anclaje.

En 1905, en los Tres ensayos de teoría sexual, Freud emplea el término autoerotismo con relación a la pulsión y su objeto. Su hipótesis es la de un tiempo en el que «la pulsión no es dirigida hacia otras personas-, ella se satisface en el cuerpo propio». Así se trazará una vía para abordar el autismo infantil con referencia a esa autarquía pulsional. Para autores como Margaret Maliler y Frances Tustin, una detención del desarrollo en el estadio supuesto original, en el que la libido funcionaría alimentando el circuito cerrado de la autosensualidad, basta para explicar el solipsismo autista y su supuesta autosuficiencia. El autismo patológico no sería en consecuencia más que un avatar del autismo normal, ligado a esa fase inicial del desarrollo. Con su manera minuciosa, Abraham ya había intentado ubicar el autoerotismo en el primer cajón de una doctrina de estadios, cajón rotulado «anobjetal»; en ese estadio lactante no experimentaría todavía ningún interés por el mundo exterior. Pero, lejos de prestarse a la comodidad de ese ordenamiento, el concepto de autoerotismo, tal como se inscribe en la dinámica Freudiana, sirve más bien para denunciar las vicisitudes de la relación de la pulsión con su objeto.Entre las Líneas En primer lugar, en razón de la escisión que se establece entre el objeto sexual y el objeto de la necesidad -el primero solo se apoya en el segundo para separarse mejor, como lo demuestra el ejemplo paradigmático del chupeteo-, la pulsión sexual está destinada a perder su objeto, Y el autoerotismo solo se inscribe secundariamente a esa pérdida.Entre las Líneas En 1914, «Introducción del narcisismo» marca una nueva etapa, en la que Freud va a redefinir el autoerotismo refiriéndolo, no solo a la pulsión y a su objeto, sino también al yo como instancia unificadora: «Es necesario admitir que en el individuo no existe desde el comienzo una unidad comparable al yo; el yo tiene que ser desarrollado.Si, Pero: Pero las pulsiones autoeróticas existen desde el origen; algo, una nueva acción psíquica, debe por lo tanto agregarse al autoerotismo para constituir el narcisismo.»

Esta idea de atravesar un umbral para llegar al narcisismo es igualmente fundamental en la teoría lacaniana, pues ese paso más constituye precisamente el de la relación con el Otro y su deseo.Entre las Líneas En ese mismo texto de 1914 se reintroduce, en oposición a Jung y su concepción monopolar de una libido «que sirve para todo», la dualidad pulsional que Freud necesita para subtender la noción del conflicto psíquico del que da testimonio la experiencia clínica. La bipolaridad establecida por Freud en 1914 explica la existencia de dos libidos (libido del yo, libido de objeto) que implican respectivamente una elección de objeto de tipo narcisista y una elección por apuntalamiento (anaclítica), mientras que la de 1920 se basará en el antagonismo irreductible entre Eros y Tánatos (pulsión de vida, pulsión de muerte) y desembocará en una restructuración total de su metapsicología.

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Fundamentos de las principales divergencias doctrinarias

Por lo tanto, cuando se examina el conjunto de esos cambios conceptuales, no parece bien fundado apoyarse en los primeros tanteos de Freud en tomo a la noción de narcisismo primario para pensar, como foco del autismo, un momento en el que la inexistencia del objeto sería la causa en el niño de pecho de esa indiferencia ante el mundo exterior. Por otra parte, una observación mínima permite comprobar que los gritos y llantos, tanto como las miradas o sonrisas, expresiones que engloban además la mayor parte de los gestos, se dirigen al Otro y, por este mismo hecho, toman el sentido de llamados. Es más bien su ausencia lo que causa extrañeza y constituye el elemento diagnóstico del autismo. Curiosamente, la mayor parte de los autores poskleinianos sitúan en continuidad con la teoría kleiniana, su referencia a un estadio de autismo normal basado en el autoerotismo, cuando en realidad no hay nada en la teoría kleiniana que pueda servirle de base.Entre las Líneas En efecto, si bien para Melanie Klein existe una psicosis normal debida al pasaje obligado por una posición esquizo-paranoide, el narcisismo es siempre secundario respecto de la interiorización del objeto.

Una Conclusión

Por lo tanto, hay desde el nacimiento un yo capaz de establecer relaciones objetales, lo que le permite a la pionera del psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) de niños hacer retroceder lo más lejos posible las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) de lo analizable, proyectando el mito edípico a una época cada vez más temprana, hasta los primeros meses de la vida. Aunque contradice la hipótesis Freudiana del narcisismo primario, esta tesis, verdadero resorte de la dinámica kleiniana, integra no obstante la dualidad pulsional cara a Freud.

La relación con el objeto, omnipresente en Melanie Klein, concierne ante todo al cuerpo de la madre, receptáculo mítico de todo lo que hay en el mundo para conquistar y poseer.Entre las Líneas En esta versión de un Edipo precoz dominado por un superyó tanto más feroz cuanto que coincide con el sadismo del sujeto, el objeto materno, en tanto no puede perderse, está destinado a ser destruido y después reparado. Así, en 1930, para Melanie Klein se trata de conducir la cura de Dick (primer niño autista tratado por el psicoanálisis, aunque en esa época se lo diagnosticó como esquizofrénico) dándole objetos para destruir, a fin de instaurar lo que ella llama entonces «la apropiación sádica de los contenidos del cuerpo materno». Pero, para su sorpresa, Dick está totalmente y, según Melanie Klein, anormalmente desprovisto de sadismo. Parece paralizado al borde de un ataque imposible, de este lado de la dialéctica continente-contenido que Klein necesita para conceptualizar su trabajo. Así, comienza por reubicar al propio niño como objeto en la madre («Dick está dentro de lo oscuro de mamá»), lo que pone en marcha la dialéctica adentro-afuera y, a través de ella, un primer esbozo de simbolización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ésta es una perspectiva concordante con la teoría kleiniana, que no concibe ninguna falta en el Otro materno. Esta noción de falta, defecto o pérdida atinente al Otro materno es crucial en la medida en que sirve como línea de demarcación entre los principales abordajes psicoanalíticos del autismo.

Mientras que la escuela lacaniana encara la pérdida inherente al funcionamiento de los objetos con relación a la lógica del significante, la mayoría de los autores anglosajones, orientados por la hipótesis de una fase preverbal y anobjetal del desarrollo, no pueden inscribir esa pérdida sino con referencia a la relación madre-infante, concebida como una especie de unidad biológica.Entre las Líneas En consecuencia, el autismo patológico se atribuye a la ruptura prematura de un «envolvimiento abrumador», que es fusión imaginaria con la madre para Frances Tustin, simbiosis natural entre madre e infante en Margaret Mahler, consensualidad según Donald Meltzer, y relación de mutualidad en Bruno Bettelheim (si bien este último no comparte en modo alguno la tesis de un autismo normal).Entre las Líneas En esta perspectiva dual, el acento se ubica por lo general del lado de la defensa que emplearía el infante autista contra una separación concebida no como una operación lógica, sino como un proceso ligado al desarrollo. Se trata de un momento de ese desarrollo que, en el autismo, aparece prematuramente con relación a lo normal. El elemento problemático de una concepción tal, centrada en la defensa, consiste en la asimilación del sujeto de lo inconsciente al sujeto de la voluntad, que entonces podría regir a su modo todo un universo de sensaciones. Donald Meltzer es sin duda uno de los autores que han llevado lo más lejos posible la explicación del síntoma basada en la defensa. Ya Melanie Klein había hecho desaparecer el campo estructural de la neurosis al reducir los síntomas neuróticos a simples defensas contra una posición paranoide subyacente. Por su parte, Meltzer piensa que el modo de salida de ese desmantelamiento del self que es el autismo -desmantelamiento que él distingue del proceso kleiniano de escisión- es un estado obsesivo caracterizado por la compulsividad, al que nada separa de la obsesión neurótica. Tampoco Tustin vacila en comprometerse en esta vía de nivelamiento de la neurosis y la psicosis, haciendo del autismo el núcleo oculto de ciertas manifestaciones neuróticas. Lacan se desprende con la mayor firmeza de todos estos intentos que pueden calificarse de reduccionistas.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

La dualidad constantemente mantenida por Freud desemboca en él en la distinción de dos estructuras, la del goce y la del deseo, que ponen en juego tres registros rigurosamente heterogéneos (real- simbólicoimaginario) cuya identificación instaura una clínica diferencial entre neurosis, psicosis y perversión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Estas categorías permiten entonces explorar el desarreglo del lenguaje que actúa en el autismo, sin recurrir a la psicogénesis ni a su inevitable soporte biologista.Entre las Líneas En consecuencia, el nacimiento del sujeto dejaría de estar ligado a una fase del desarrollo en el que la palabra, gracias a un maternaje suficientemente bueno, sucedería naturalmente a la sensación, para remitir a un tiempo lógico marcado por la ruptura y consagrado a la repetición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Desde esta perspectiva, el padre no tiene nada que ver con ese coadyuvante de la madre -fuerza complementaria más o menos útil para el niño en su abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)de la realidad- al que lo han reducido las concepciones anglosajonas, sino que representa una función simbólica que limita el goce al falo y permite su localización fuera del cuerpo. Así, en el caso de la forclusión, cuando se salta el primer dique que constituye el Nombre del-Padre, o cuando ese dique no llega a establecerse, como ocurre en el autismo, la realidad no puede mantenerse ni construirse. Se instaura en consecuencia un régimen dominado por el goce del Otro materno, que invade el cuerpo del sujeto destruyendo sus límites.

Al caracterizar al autista como «un personaje más bien verboso», pero también como «el que no llega a escuchar lo que uno tiene para decirle en tanto que uno se ocupa de ello», Lacan insiste en su relación particular con el lenguaje y con el Otro. Sin demanda, el autista es sin voz: por ello se trata para él de captar la del Otro, en ese fenómeno que se denomina ecolalia, y que signa la disyunción del cuerpo y la palabra. Pues en ausencia de la mediación del registro imaginario, el cuerpo del autista está montado sobre el significante constituido enteramente en su vertiente superyoica, cuyo carácter persecutorio ha subrayado Lacan, junto con Melanie Klein.

Observación

Además de la dificultad de ser confrontado al cambio radical del registro en el que opera su función, el psicoanalista, cuando se trata de la cura de un niño autista, se encuentra entonces ante la siguiente paradoja: hablar supone tener un cuerpo, y un cuerpo, en su relieve imaginario, solo se obtiene hablando.

La teoría puesta a prueba en la clínica

¿Qué puede decirse en la actualidad acerca de la eficacia del tratamiento psicoanalítico del autismo? En este terreno, con la creación y el desarrollo de la Escuela Ortogénica de Chicago en la década de 1950, Bettelheim se sitúa de entrada en un lugar privilegiado, y sus opiniones sobre la materia van a conferirle rápidamente una gran popularidad. Ya hemos subrayado que él mismo no se refiere a una fase de autismo normal, pero encara el autismo desde un punto de vista psicogenético, como la detención total del desarrollo de la personalidad en un nivel a la vez preverbal y prelógico, que se manifiesta ante todo por el bloqueo de toda actividad del lactante en lo que él llama «relación de mutualidad madre-infante».

Su originalidad consiste en comparar la experiencia autística con la vivida en los campos de concentración nazis por individuos expuestos permanentemente a una amenaza de destrucción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En La fortaleza vacía, Bettelheim dice: «Lo que era para el prisionero la realidad exterior es para el niño autista su realidad interior. Proponemos por lo tanto que el autismo infantil es un estado mental que se desarrolló como reacción al sentimiento de vivir en una situación extrema y enteramente sin esperanza». A partir de esta hipótesis, Bettelheim va a construir un universo terapéutico total -un lugar donde renacer-, opuesto punto por punto a esos lugares de destrucción de la persona o la personalidad que son los campos de la muerte, los hospitales psiquiátricos o las familias de los niños autistas. Se apunta, por el recurso a la regresión, a que el niño abandone sus síntomas como defensas justificadas por su historia, mediante el montaje de una experiencia emocional correctiva, que se considera que conduce a la restauración de la relación con la realidad. El interés de una empresa como la de Bettelheim consiste en que indiscutiblemente revolucionó el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)institucional y clínico del autismo.Entre las Líneas En cuanto a este último punto, parece que existe un desfasaje: la clínica está de algún modo más avanzada que la teoría.

Puntualización

Sin embargo, sean cuales fueren las escuelas, allí están los resultados, como lo atestiguan los testimonios de numerosos analistas, incluso aunque éstos se encuentren la mayoría de las veces en la posición ambigua que ilustra muy bien una frase tomada del teatro de Jean Cocteau: «Éstos son misterios que nos superan; finjamos que nosotros mismos los hemos organizado».Si, Pero: Pero las sorpresas de la clínica, ¿no constituyen esa corriente de fuerzas vivas que constantemente irriga el campo del psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) para asegurar su renovación, o más bien para reactualizar su experiencia princeps? Sería absurdo creer que los conceptos son operacionales de una vez y para siempre. La hipótesis conceptual, si preexiste a la experiencia clínica, se encuentra sometida a prueba caso por caso.

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A veces se imponen ciertos reajustes. Así, la cura del Hombre de los lobos incitó a Freud a establecer una distinción entre represión y rechazo (rejet), preparando el terreno para el concepto lacaniano de forclusión, que transformará el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)de la psicosis. Por su lado, con la cura de Dick, Melanie Klein debe rever su teoría del simbolismo, cuyo motor había sido hasta entonces el sadismo, para aproximarse a lo que se convertiría en el concepto de identificación proyectiva.

Aviso

No obstante, el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)clínico del autismo impondrá a los kleinianos de segunda y tercera generación una serie de modificaciones que girarán en torno a tres ejes:

-Una revisión de la cuestión del buen objeto primordial que provendría de la herencia filogenética. Para aprehender el autismo, Meltzer se apoyará en los trabajos de Esther Bick, que, en 1965, hará preceder la posición esquizoparanoide y su mecanismo dominante, la identificación proyectiva, por un estadio en el que se constituye una «piel psíquica», signado por una nueva forma de identificación: la identificación adhesiva. Se tratará de ir más allá de la dialéctica kleiniana de continente-contenido, para captar la cuestión del cuerpo como superficie. -El ensayo realizado por Wilfred Bion para elaborar una teoría psicoanalítica del pensamiento que vincule el lenguaje y la actividad pulsional. -Una nueva discusión de la posición del analista en la transferencia como sujeto que manifiesta su saber sobre el deseo (Wilfred Bion-Marion Milner-Masud Khan). También para abordar el autismo Meltzer y Tustin abandonarán la teoría de las pulsiones, buscando para lo inconsciente un fundamento neuropsicológico; así creían «continuar» a Melanie Klein, cuando en realidad lograron embotar los filos de su teoría, para retroceder a perspectivas psicopedagógicas.Entre las Líneas En lo que concierne a los lacanianos, la enseñanza de Lacan ha abierto numerosas pistas cuya exploración solo ha comenzado. Son particularmente fecundas:

– Por una parte, la distinción entre la noción de cuerpo pulsional en relación significante con el Otro, y la de organismo, que la excede y que, cuando fracasa toda incorporación significante, representa la economía centrífuga de un goce que desborda el cuerpo propio y borra sus límites.

– Por otro lado, la noción de suplencia, en el sentido de construcción cuya meta sería canalizar y hacer funcionar el goce fuera-cuerpo, e incorporar finalmente el órgano del lenguaje, una vez depurado de ese goce sobrante de origen superyoico.

En cuanto a la tarea del psicoanalista, consiste en primer lugar en restaurar el lugar del sujeto, antes oculto o negado, lo cual solo puede hacerse empezando por reconstruir las huellas en el lugar de su desaparición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Indisociable de la ética, la experiencia clínica coincide aquí con el objetivo de la cura: la construcción del cuerpo pulsional en relación con el Otro.Entre las Líneas En este caso se trata de encontrar el camino del Otro, no ya de ese Otro superyoico, mortífero, que devasta sin freno el cuerpo del autista y al que la cura viene a interponerle una barrera, sino el camino del Otro del deseo, cuya apertura le incumbe al analista. Apostar a la sola fuerza de su deseo, y sostener esa apuesta lo más lejos que pueda, es, ni más ni menos, aquello que el analista emprende.

Fuente: Diccionario de la Psicología.

Autismo

Recursos

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Traducción al Inglés

Traducción al inglés de Autismo: Autism

Véase También

Bibliografía

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2 comentarios en «Autismo»

  1. La familia puede ser parte pasiva como núcleo que recibe un “shock” por lo que ha de desarrollar mecanismos de adaptación y superación de ese estado.
    Las familias de personas con trastornos del espectro autista necesitan de apoyos muy intensos y especializados durante casi toda su vida, aunque éstos se hacen más evidentes en los primeros años de aparición del trastorno. En este período destacan dos momentos claves:
    • Cuando sospechan que su hijo o hija tiene un problema de comunicación.
    • Cuando se confirman las sospechas por parte de un especialista; incluso
    se ensombrece el panorama al aparecer la palabra “autismo”. Este
    momento se retarda con demasiada frecuencia en muchos casos, principalmente por la complejidad propia del trastorno, por la escasa formación de los profesionales en este campo.

    La asimilación de un trastorno tan grave no es nada fácil, por lo que el apoyo a estas
    familias supone el respeto a los ritmos de asimilación de cada una. Sin embargo, respetar
    los ritmos no implica “cruzarse de brazos”, ya que una adecuada comprensión de la situación hará que el niño o la niña evolucionen más favorablemente.

    Responder
  2. La familia, como agente activo, tendrá que adaptarse a la situación de su hijo o su hija y desarrollar estrategias de superación y comprensión del trastorno. Para ello necesitará la orientación y apoyo de profesionales especializados cuyas líneas básicas de asesoramiento podrían ir encaminadas a lo siguiente:

    – Orientaciones para organizar las actividades de la vida diaria, de modo que favorezcan la anticipación y la comunicación.
    – Proporcionar información necesaria para que las familias vayan comprendiendo mejor cada día el problema.
    – Apoyar la consecución de los objetivos del programa de intervención, sobre todo aquéllos destinados a la mejora de la comunicación, la autonomía personal y la autodeterminación.
    – Facilitar la adquisición, por parte de los familiares, de las técnicas básicas que ayuden a conseguir los objetivos propuestos, especialmente las de modificación de conducta y de las habilidades de comunicación.
    – Favorecer los contactos con otras familias afectadas.
    – Ofrecer información sobre los apoyos sociales en los casos en los que fuera necesario.
    – Ayudarles a construir una visión realista de los trastornos del espectro autista que favorezca la implicación de las familias sin que se “exalte” demasiado la fantasía.

    Responder

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