Monarquía Judía
El reino de Israel, tanto en los rasgos que compartía con otras culturas del Próximo Oriente Antiguo como en sus características únicas, se vio afectado por las circunstancias en las que se estableció la monarquía. A diferencia de la situación en Mesopotamia y Egipto, no disponemos de inscripciones reales ni de anales reales supervivientes del antiguo Israel o Judá. Gran parte de nuestra información debemos entresacarla de la Biblia. Un elemento importante del concepto de monarquía en Israel era el pacto de monarquía. Uno aprende sobre el pacto entre el rey y el pueblo, que acepta la autoridad del rey, en el relato de David siendo nombrado rey de Israel. Un pacto entre los ancianos de Israel y David ante el Señor precedió a la unción de David como rey sobre todo Israel. Una descripción más detallada del pacto de la realeza se encuentra en el relato de la proclamación de Joás como rey de Judá. El pacto se hizo “entre el Señor (por una parte) y el rey y el pueblo (por otra); y también entre el rey y el pueblo”. Este pacto no representa una elección del rey, ni una limitación de su gobierno por los ancianos y capitanes del pueblo. Es esencialmente un pacto religioso, y la limitación de la autoridad del rey consiste en el deber de éste de observar la Ley del Señor.