Como en el caso del pueblo judío, el interés musulmán por la historiografía deriva de una fuerte e influyente creencia religiosa. A pesar de la evidente ingenuidad de categorizar a mil quinientos millones de personas como una sola comunidad, el mundo musulmán como idea se ha arraigado mucho. ¿Cómo llegamos a este punto en el que una entidad fantástica podría estar tan presente, tan presente en el pensamiento político? ¿Por qué tantos líderes políticos, intelectuales y religiosos musulmanes y no musulmanes basan cómodamente muchos de sus argumentos y decisiones en la idea del mundo musulmán sin reflexionar sobre la exactitud de la generalización que significa este término”. En la entrada, se comienza a trazar el surgimiento de esta unidad global imaginada durante el apogeo de la hegemonía europea a finales del siglo XIX, cuando las pobres condiciones coloniales, los discursos europeos sobre la inferioridad racial musulmana y las teorías de los musulmanes sobre su propio declive aparente alimentaron los primeros argumentos a favor de la solidaridad panislámica.