El abuso generalizado de opioides recetados y un aumento dramático en la disponibilidad de opioides ilícitos han creado lo que comúnmente se conoce como la epidemia de opioides. La magnitud de esta epidemia es sorprendente: aproximadamente el 4% de la población adulta de EE. UU. abusa de los opioides de venta con receta, y en 2015, más de 33,000 muertes fueron atribuibles a una sobredosis con opioides lícitos e ilícitos. El aumento de la disponibilidad de tratamientos asistidos por medicamentos (como buprenorfina y naltrexona), el uso de formulaciones disuasorias para el abuso y la adopción de las pautas de prescripción de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU. constituyen enfoques a corto plazo (véase más detalles en esta plataforma general) para combatir esta epidemia. Sin embargo, con más de 125 millones de estadounidenses que sufren dolor agudo o crónico, el desarrollo de alternativas efectivas a los opiáceos, al menos en parte por una comprensión más completa de las bases neurobiológicas del dolor, ofrece la mejor solución a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) para controlar, en definitiva, erradicando esta epidemia.