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Historia de la Supremacía Blanca

La determinación nacionalista de separar las razas y garantizar la supremacía blanca en Sudáfrica, incluso a costa de los principios democráticos, tiene su origen en una larga tradición afrikáner de relaciones entre amo y siervo y en una amarga lucha con los administradores británicos para mantener esa tradición. Aunque la discriminación racial en Sudáfrica no se limita a la población afrikáner, tiene raíces especiales en la historia y la experiencia de la población afrikáner. La supremacía bóer sobre los nativos de Sudáfrica se vio afectada por primera vez durante las guerras napoleónicas, cuando las fuerzas británicas se apoderaron de este territorio en el camino hacia la India. El deseo de los bóers de proteger la supremacía blanca y las tradiciones afrikáner en sus propios estados se vio frustrado por el descubrimiento de diamantes en Kimberley en 1870 y luego de oro en el Transvaal. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nacionalistas simpatizaban en gran medida con la Alemania nazi y la influencia nazi era fuerte dentro del partido. El líder nacionalista, Malan, que se convirtió en primer ministro en 1948, se enorgullecía del creciente espíritu del nacionalismo afrikáner. Su partido prometió a los afrikaners no sólo que se garantizaría la supremacía blanca, sino también que dominarían la cultura y las tradiciones afrikaners. El grupo más influyente dentro del partido nacionalista era el Broederbond, una organización fraternal secreta de varios miles de personas dedicada a la supremacía afrikáner en Sudáfrica.

Transracialismo

Este texto explica porqué no debemos comparar la identidad transracial con la transgénero. A diferencia de la desigualdad de género, la desigualdad racial se acumula principalmente a través de las generaciones. La identificación transracial socava el reconocimiento colectivo de esa injusticia. La maleabilidad de las clasificaciones de género y raza nos sugiere que las conversaciones típicas sobre las identidades transgénero y las identidades transraciales negras son las conversaciones equivocadas. Incluso quienes consideran que las categorías de género o raza son construcciones sociales suelen caer en la lógica esencialista en cuanto surgen las identidades transgénero o transraciales. El esencialismo se enfrenta a la evidencia de que tanto las clasificaciones de género como de raza son cambiantes y cuestionables, no fijas e inevitables. En el caso de la negritud, a diferencia del género, la desigualdad se acumula de forma intergeneracional. Se hereda independientemente de lo que las personas puedan esperar, creer o desear sobre sí mismas, o incluso de cómo se presenten. En un momento crítico en el que el género y la raza se están reimaginando y reconstruyendo, este texto explora nuevos y fructíferos caminos para pensar en la identidad.

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