Etapa Final de la Vida
Este texto se ocupa de la etapa final de la vida, en sentido amplio.
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Este texto se ocupa de la etapa final de la vida, en sentido amplio.
¿Se vería perjudicado un paciente con una lesión cerebral grave si hubiera dado su consentimiento para la donación de órganos y se le extrajeran órganos viables para el trasplante cuando estuviera permanentemente inconsciente pero aún neurológica y biológicamente vivo? Los pacientes que estuvieran en coma irreversible o en estado vegetativo permanente pero que no estuvieran moribundos de forma inminente no se verían perjudicados desde el punto de vista de la experiencia, ya que habían perdido permanentemente la capacidad de conciencia. ¿Podrían verse perjudicados en otros aspectos?
Muchas personas tienen un interés crítico en seguir viviendo, incluso con una enfermedad crónica grave. Pueden verse perjudicadas por la muerte porque ésta anula este interés crítico. En el caso de las personas con un interés crítico en vivir de forma independiente hasta un fallecimiento natural, el tratamiento de mantenimiento de la vida, como la ventilación o la alimentación artificial, puede perjudicarles al derrotar este interés. También podemos tener intereses críticos en estados de cosas que se extienden más allá de la capacidad de conciencia. Estos intereses pueden sobrevivir a la muerte de una persona que los tenía, independientemente de que se acepte una definición de muerte de cerebro superior, de cerebro completo o de integración somática.
Algunas personas con funciones cognitivas intactas pueden haber cambiado de opinión pero no ser capaces de dejarlo claro a los médicos y a la familia debido a su deterioro motor y del lenguaje. Comunicarse a través de una ICB podría permitirles expresar sus actitudes y deseos actuales y ofrecer una declaración precisa de los mismos. Su estado cognitivo podría incluir el conocimiento de los avances en las intervenciones restauradoras que no estaban disponibles cuando comentaron que no querían seguir viviendo con trastornos de conciencia. Podría garantizar que los demás realizaran las acciones que deseaban y se abstuvieran de las que no querían. También podría aportar alguna información sobre la fenomenología de vivir con un trastorno de conciencia prolongado. No obstante, la claridad y fiabilidad de la expresión de decisiones trascendentales sobre los cuidados de mantenimiento de la vida requeriría algo más que la activación del cerebro en respuesta a órdenes verbales o a respuestas de “sí” o “no” a preguntas binarias. Requeriría que el paciente produjera un cierto número de palabras que fueran lo suficientemente coherentes y consistentes como para constituir una comunicación sólida de sus pensamientos a los médicos, familiares u otras personas cuyas acciones les afectaran. Esto podría evitar que se malinterpreten los deseos o las decisiones de un paciente a partir de simples respuestas afirmativas o negativas a las preguntas, o de la producción de palabras incoherentes o inconsistentes. A su vez, evitaría acciones de los demás que no fueran coherentes con sus intereses.
La conciencia nos permite deliberar, planificar y responder a las razones para adaptarnos e interactuar con el entorno natural y social. Genera la sensación de persistencia en el tiempo y la reflexión sobre la experiencia de existir en diferentes etapas de la vida. La conciencia está en el centro de las cuestiones de la metafísica y la filosofía de la mente sobre la persona, la identidad personal y la agencia. Estas cuestiones tienen implicaciones normativas. La capacidad de experimentar nos da intereses en los tipos de experiencia que queremos tener o evitar y fundamenta las explicaciones sobre cómo podemos beneficiarnos o perjudicarnos de ellas. La capacidad cognitiva, afectiva y volitiva de tomar decisiones conscientes y realizar acciones intencionadas y voluntarias implica asumir la responsabilidad y ser considerado responsable de ellas. La conciencia como tal no tiene un significado ético. Ser consciente no es intrínsecamente valioso, sino que tiene valor o disvalor en función de la calidad subjetiva y el contenido de nuestros estados mentales, de si son placenteros o dolorosos, y de si nos permite relacionarnos de forma significativa con los demás.
Este texto se ocupa de la demencia progresiva, uno de los tipos de demencia.