Las pequeñas y medianas empresas emprendedoras se enfrentan a una competencia cada vez mayor no solo a nivel nacional sino también a nivel mundial. Mientras que las grandes empresas y las corporaciones multinacionales suelen acaparar el protagonismo, las investigaciones y los estudios revelan que las PYME constituyen el núcleo del motor de crecimiento de la mayoría de las economías nacionales y son fundamentales para reconstruir la economía a partir de una crisis económica. De hecho, las pequeñas y medianas empresas contribuyen de manera significativa al crecimiento económico y siguen desempeñando un papel fundamental como catalizador del desarrollo para impulsar la innovación, la competitividad y el crecimiento futuro. Sin embargo, debido a su tamaño y a sus limitados recursos, la mayoría de las PYME suelen tener dificultades para mantenerse al día en el desarrollo de nuevas capacidades y habilidades y encuentran dificultades para mantener el equilibrio de sus actividades operativas. Por lo tanto, es inevitable que la mayoría de los gobiernos se hayan interesado mucho por el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas mediante la provisión de infraestructuras y subvenciones financieras. Por ello, se argumenta que las pequeñas y medianas empresas con limitaciones de recursos deben mantener el enfoque y el impulso para sobrevivir y crecer en el mundo interconectado e interdependiente de hoy en día. Las pequeñas y medianas empresas deben estar debidamente equipadas con una profunda capacidad de liderazgo (véase también carisma) transformador, tecnicidad y espíritu empresarial, así como con la capacidad de innovación necesaria para internacionalizarse con mayor rapidez y rentabilidad en el mundo actual, cada vez más desprovisto de fronteras.