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Delimitación de lo Sagrado

Este texto se ocupa de la delimitación de lo sagrado, lo sagrado en la Revelación veterotestamentaria y la peculiaridad de lo sagrado en la economía cristiana. Si, para un creyente, hay lugar para la sacralidad en el cristianismo, ¿cuál es su peculiaridad? El punto central ha sido ya señalado: en el cristianismo- y en términos más generales, en el ámbito de la Revelación, lo que incluye también, en ciertos aspectos, a Israel- lo sagrado deriva no de una advertencia humana de la realidad de Dios creador, sino de la intervención libre y gratuita de Dios en la historia para comunicar a los hombres una nueva vida que los incorpora a la intimidad divina, y de la decisión divina, igualmente libre y gratuita, de instituir unos ritos sensibles que sean signos de su acción santificadora. De ahí derivan tres consecuencias fundamentales que determinan la peculiaridad de lo sagrado en la economía cristiana: orientación teologal de la vida humana y esencialización de lo sagrado, realismo histórico-salvífico del culto, unión entre culto y vida personal.

Profano

Profano es aquello que pertenece al mundo mundano y cotidiano. Siendo los términos sagrado y profano correlativos entre sí, es imposible hablar de uno sin referirse, al menos implícitamente, al otro. ¿Qué es, pues, exactamente lo profano? Aunque los términos sagrado y profano son correlativos, no abarcan la totalidad de lo real. Ni Dios, ni el hombre, ni el pecado, ni la gracia pueden, propiamente hablando, ser calificados ni de sagrados ni de profanos. A lo que ambos términos se refieren no es a toda la realidad en su conjunto sino al mundo que rodea al hombre y precisamente para significar dos diversas maneras según las cuales las cosas, lugares, acciones, etcétera, que integran ese entorno humano pueden quedar incluidas, para un creyente, en la relación entre el hombre y Dios. Esta última afirmación es capital, ya que de no tenerla en cuenta caeríamos en la más grave de las deformaciones a que está expuesto nuestro tema: contraponer lo sagrado y lo profano como lo vinculado con Dios y lo independiente de Él. Nada más falso: lo profano no es un orden de cosas ajeno a Dios -idea absurda, que equivale a negar a Dios mismo-, ni se identifica con lo pecaminoso -como a veces insinúa cierta literatura ascética basada en un monaquismo mal entendido y, más radicalmente, el luteranismo y su doctrina de la corrupción de la naturaleza por el pecado-, sino que es una realidad ordenada a Dios y que puede ser santa y santificada sin que por ello desaparezca su diferenciación con lo sagrado. Si se quiere captar con exactitud la diferenciación entre sagrado y profano es necesario definir ambas realidades poniendo de relieve precisamente cuál es la relación que cada una de ellas dice a Dios a fin de encontrar ahí la razón de la diversidad. En ese sentido nos parece que la caracterización más adecuada podría enunciarse así: lo sagrado y lo profano, para un creyente, se contraponen entre sí como lo vinculado con el encuentro con Dios (sagrado) y lo relacionado con el vivir ordinario en cuanto momento de manifestar en las obras la fidelidad a Dios encontrado (profano).

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