▷ Sabiduría semanal que puedes leer en pocos minutos. Añade nuestra revista gratuita a tu bandeja de entrada. Lee gratis nuestras revistas de Derecho empresarial, Emprender, Carreras, Liderazgo, Dinero, Startups, Políticas, Ecología, Ciencias sociales, Humanidades, Marketing digital, Ensayos, y Sectores e industrias.

Fabricación Preindustrial

▷ Lee Gratis Nuestras Revistas

Fabricación Preindustrial

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Traducción al inglés: Preindustrial Manufacturing.

Introducción a la Fabricación

La fabricación, una rama de la industria, es la aplicación de herramientas y un medio de procesamiento para la transformación de materias primas en productos terminados para la venta. Este esfuerzo incluye todos los procesos intermedios necesarios para la producción e integración de los componentes de un producto. Algunas industrias, como la de semiconductores y fabricantes de acero, utilizan el término fabricación en su lugar. El sector manufacturero está estrechamente relacionado con la ingeniería. La industria manufacturera representa alrededor de la cuarta parte de la actividad económica mundial.

Según algunos economistas poco ortodoxos, la industria manufacturera es un sector de la economía que produce riqueza, mientras que un sector de servicios tiende a consumirla. Las tecnologías emergentes han proporcionado un nuevo crecimiento en las oportunidades de empleo de manufactura avanzada en el Cinturón de Manufactura en los Estados Unidos. La fabricación proporciona un importante apoyo material para la infraestructura nacional y para la defensa nacional.

Por otra parte, algunas manufacturas pueden implicar importantes costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) sociales y medioambientales. Los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de limpieza de los desechos peligrosos, por ejemplo, pueden superar los beneficios. Los materiales peligrosos pueden exponer a los trabajadores a riesgos para la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] Los países desarrollados regulan la actividad manufacturera con leyes laborales y ambientales.Entre las Líneas En los Estados Unidos, los fabricantes están sujetos a las regulaciones de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional y de la Agencia de Protección Ambiental.Entre las Líneas En Europa, los impuestos sobre la contaminación para compensar los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) medioambientales son otra forma de regulación de la actividad manufacturera. Los sindicatos y los gremios artesanales han desempeñado un papel histórico en la negociación de los derechos y salarios de los trabajadores. Las leyes ambientales y las protecciones laborales que están disponibles en los países desarrollados pueden no estar disponibles en el Tercer Mundo. El derecho de daños y la responsabilidad por productos defectuosos imponen costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) adicionales a la fabricación.

La producción ha existido durante muchos milenios, la fabricación de estilo moderno se considera generalmente que comienza alrededor de 1780 con la Revolución Industrial (véase también sus consecuencias y la industrialización) Británica, extendiéndose después a Europa Continental y Norteamérica, y posteriormente a todo el mundo. Originalmente, el término se aplicaba a las mercancías o artefactos “hechos a mano”.

Autor: Henry

Progreso Económico en la Europa Preindustrial

La revista “Libros de Economía y Empresa” realizó una reseña del libro “The Wealth and Poverty of Nations”, traducido al español, de David Landes, y de la que se reproduce una parte:

“Entre las principales tesis de esta obra, señalaré tres: 1) en el milenio que precedió a la Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización), Europa occidental logró un importante progreso económico y tecnológico, lo que le permitió superar de manera nítida a China, que hasta, cuando menos, el siglo XI había mantenido una clara ventaja con respecto al resto del mundo en materia de inventos y artefactos industriales; 2) la civilización occidental y su propagación han constituido la fuerza motriz esencial del avance económico de la humanidad, y 3) el principal factor determinante del éxito económico europeo ha radicado en la cultura, “entendida como el conjunto de actitudes y valores íntimos que guían la conducta de una población”.

Mis observaciones al libro de Landes, por razones de espacio, se centrarán solo en la primera: la polémica en torno al alcance del progreso económico de Europa occidental antes de la Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización). Gregory Clark (2007) ha defendido con ardor la tesis de que aquél, a diferencia de lo apuntado por Landes, fue muy escaso. Hasta 1800, según Clark, también el viejo continente estuvo atrapado en la “trampa maltusiana”: los pequeños incrementos en la renta por habitante enseguida eran anulados por el crecimiento de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En opinión de Clark, en la época preindustrial, el “buen gobierno” –instituciones más estables, derechos de propiedad mejor definidos, tasas de inflación reducidas, moderadas cargas fiscales, progresiva liberalización del comercio–, la mayor laboriosidad, la distribución más equitativa de la renta y el progreso tecnológico provocaban, en el medio y largo plazo, un incremento del tamaño de las poblaciones, pero no una mejora en sus niveles de bienestar. Clark estima, para el período preindustrial, una tasa de progreso tecnológico inferior al 0,05%, lo que entrañaba que, en un siglo, la frontera de posibilidades de producción se desplazaba hacia arriba únicamente un 5%; en cambio, tras la Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización) dicha tasa se acercó o rebasó el 1%.

Clark encuentra apoyatura para su tesis de inexistencia de mejoras en los niveles de vida en las sociedades de la era preindustrial en la evolución, en el muy largo plazo, del nivel y de la capacidad adquisitiva de los salarios, y en algunas estimaciones del crecimiento de la renta por habitante. Landes critica con dureza a los autores cuyas visiones se sustentan en estimaciones de macromagnitudes económicas basadas en soportes documentales bastante fragmentarios o de dudosa calidad: “Lamentablemente, se produce una suerte de alquimia con las cifras, que transforma el material más incierto en datos puros y precisos”. Su criterio con respecto a los trabajos cuantitativos que se ocupan de los períodos preestadísticos es rotundo: solo se debe confiar plenamente en las cifras avaladas por pruebas históricas.

La opción de una historia económica del mundo preindustrial sin números o con muy pocos números ¿constituye la mejor alternativa? Mi respuesta es negativa. Ahora bien, coincido plenamente con la idea de Landes de que deberíamos ser bastante más críticos en la evaluación de las visiones generales del crecimiento económico de la Europa medieval y moderna basadas en un conjunto limitado de registros numéricos relativos a pocas variables, a menudo de ámbito meramente local, que son utilizadas para estimar el crecimiento del PIB o de otras macromagnitudes a escala de países.

A mi juicio, buena parte de los panoramas generales acerca de la historia económica de la Europa moderna se apoya excesivamente en las series de salarios, sobre todo en los urbanos. Por un lado, está bastante aceptada, de forma más o menos explícita, la idea de que, en las sociedades en las que ya funcionaba un mercado de trabajo, “el nivel de vida de la mayoría de la población puede ser determinado por la capacidad de compra de los salarios de los trabajadores no cualificados” (Clark, 2007: 21-22).

Otros Elementos

Por otro lado, de las recientes estimaciones del crecimiento económico en la Europa moderna que gozan de mayor aceptación, bastantes calculan el crecimiento agrario a través de funciones de demanda en la que los salarios reales son utilizados como proxy de la renta por habitante (véanse, por ejemplo, Allen, 2000; Malanima, 2003 y 2006; Álvarez Nogal y Prados de la Escosura, 2007).

Los salarios constituían una variable relevante, y su importancia en la economía europea tendió, probablemente, a aumentar en la época moderna –crecieron tanto el porcentaje de familias con ingresos salariales como el porcentaje que éstos representaban en el conjunto de rentas de aquéllas–; ahora bien, la retribución del factor trabajo no debe de utilizarse como indicador inequívoco de los niveles de bienestar, ni tampoco los índices de salarios, frecuentemente de una ciudad o de un reducido número de ellas, son una buena proxy de la renta regional o nacional por habitante.Entre las Líneas En primer lugar, en la mayor parte de Europa, los mercados de trabajo estaban lejos de la plena integración, de modo que muchos de los índices salariales construidos no tienen el suficiente grado de representatividad a escala regional o nacional.Entre las Líneas En segundo lugar, para elevados porcentajes de familias rurales de la Europa moderna, los salarios no constituían la única fuente de ingresos; incluso para una porción notable de aquéllas, sobre todo en las numerosas regiones donde la pequeña producción campesina era mayoritaria o importante, su nivel de vida dependía tanto o más de la renta de la tierra, de los tributos y del acceso a los mercados que de la capacidad adquisitiva de sus jornales.Entre las Líneas En tercer lugar, resulta muy difícil calcular el conjunto de ingresos salariales de las familias, que constituye una variable mejor que el jornal masculino para aproximarnos a la renta per cápita, debido a que disponemos de escasa información sobre la evolución del número de horas trabajadas anualmente por los asalariados varones y sobre los cambios en la intensidad del trabajo infantil y femenino.Entre las Líneas En cuarto lugar, los salarios reales y el PIB por habitante pueden seguir trayectorias bastante dispares si se registran alteraciones profundas en la distribución de la renta entre los distintos factores, en la oferta per cápita de trabajo y/o en los precios relativos.Entre las Líneas En la Inglaterra del siglo XVIII, el PIB por habitante evolucionó bastante mejor que los salarios reales debido al abaratamiento relativo del factor trabajo y, sobre todo, al importante incremento en la oferta per cápita de trabajo (Ángeles, 2008). Muy probablemente, el conjunto de Europa, entre los albores y el ocaso de la Edad Moderna, registró ese mismo fenómeno.Entre las Líneas En suma, el excesivo protagonismo que parte de la historia cuantitativa está otorgando a los salarios reales en la determinación de los cambios en los niveles de PIB por habitante y de bienestar nos está induciendo, en mi opinión, a presentar visiones demasiado pesimistas sobre los logros de la economía europea en la Edad Moderna.

Según Robert C. Allen (2000:19), el producto agrario por habitante, entre 1500 y 1800, descendió el 33,8% en Italia, el 33,3% en Bélgica, el 32% en Inglaterra, el 31,5% en Austria, el 25% en España, el 23,6% en Alemania, el 21,7% en Francia, el 9,8% en Polonia y el 3,6% en Holanda. Si tales estimaciones fuesen correctas, el producto agrario por habitante, en el conjunto de esos nueve países, habría disminuido cerca o algo más de un 25% en la Edad Moderna. Pese a la sustitución de alimentos más caros (carne) por otros más baratos (cereales) en la dieta de los europeos durante esos siglos, tal descenso del producto agrario por habitante, en una época en la que las importaciones netas de alimentos eran todavía modestas, difícilmente puede resultar compatible con los avances en la urbanización, especialmente en los países de la zona noroccidental del continente, o con la trayectoria de la mortalidad.

Un equipo de investigación está intentando estimar el crecimiento agrario en la España moderna a través de la vía del producto: concretamente, utilizando los numerosos registros decimales conservados en archivos nacionales, catedralicios y diocesanos. Las primeras y provisionales conclusiones de dicho proyecto de investigación ofrecen un panorama bastante menos pesimista que el que se infiere de los trabajos que han optado por la vía de la demanda: entre finales de los siglos XVI y XVIII, los cálculos de Allen y de Álvarez Nogal y Prados de la Escosura arrojan un descenso del producto agrario por habitante en España (de un 7,7 y de un 38,5%, respectivamente)1, mientras que los míos apuntan a un ligero incremento del mismo (de un 5%)2. Éste no es el lugar adecuado para comparar métodos de estimación de macromagnitudes de la época preestadística, pero sí quisiera subrayar que para el cálculo del crecimiento agrario la vía del producto, si bien resulta mucho más laboriosa e intensiva en trabajo de archivo, permite, cuando se dispone de un abundante masa de registros decimales, trabajar con márgenes de error significativamente inferiores a los que hay que asumir cuando se opta por la vía de la demanda y se recurre a los salarios reales como proxy de la renta por habitante.

▷ Lo último (en 2026)
▷ Si te gustó este texto o correo, considera compartirlo con tus amigos. Si te lo reenviaron por correo, considera suscribirte a nuestras publicaciones por email de Derecho empresarialEmprenderDineroMarketing digital y SEO, Ensayos, PolíticasEcologíaCarrerasLiderazgoInversiones y startups, Ciencias socialesDerecho globalHumanidades, Startups, y Sectores económicos, para recibir ediciones futuras.

De los escasísimos cuadros estadísticos del libro de Landes, ninguno se refiere a la época preindustrial. Como he apuntado anteriormente, en el período preestadístico la cuantificación constituye una tarea imprescindible, pero deberíamos reorientar parte de los esfuerzos destinados a la estimación de macromagnitudes en aras a reducir los márgenes de error, aun cuando ello comporte renunciar a la obtención, al menos en el corto plazo, de determinados agregados, aceptar que los quehaceres para la consecución de cifras capaces de superar ciertos umbrales de fiabilidad requieren esfuerzos archivísticos de bastante mayor intensidad e investigaciones de maduración bastante más lenta, y extremar la cautela en las comparaciones entre datos de macromagnitudes de regiones o países distintos que han sido elaborados a partir de informaciones y metodologías diferentes. Una sólida historia cuantitativa de la Europa preindustrial, en mi opinión, requerirá: 1) que se formen amplios equipos de investigación, a escala nacional e internacional, que otorguen mayor prioridad a la búsqueda y explotación de fuentes primarias y que antepongan la calidad documental a la obtención de resultados a corto plazo; 2) que la reconstrucción de estadísticas, siempre que resulte posible, se realice de “abajo” a “arriba”, y 3) que las cifras de las macromagnitudes estimadas se contrasten con monografías sectoriales o regionales, tanto con las ya publicadas como con otras nuevas que será necesario elaborar en este ejercicio de refrendo o refutación de los datos agregados obtenidos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

En definitiva, considero que las críticas que pueden realizarse a determinada corriente de la historia cuantitativa del período preindustrial no deberían conducirnos a un rechazo completo, como hace Landes, de ese modo de aproximación a nuestro pasado económico, sino a defender una vía más lenta, pero menos arriesgada, de acercamiento a los macromagnitudes de la época preestadística: la paciente y laboriosa reconstrucción de series, a menudo de ámbitos territoriales reducidos, a partir de fuentes primarias de calidad contrastada. Muy probablemente, las formas de evaluación de la investigación universitaria en el mundo desarrollado están induciendo a muchos historiadores económicos modernistas, sobre todo a los que todavía no han logrado una posición académica consolidada, a desechar la vía “lenta”.

Si Allen y, sobre todo, Clark presentan un panorama de la economía de la Europa moderna excesivamente pesimista y subvaloran el alcance de los cambios y de los progresos en la misma, la visión de Landes, a mi juicio, exagera los avances del viejo continente en la época preindustrial, especialmente la difusión en el espacio del progreso tecnológico y su impacto sobre un sistema productivo en el que la agricultura seguía siendo el sector hegemónico, y la supremacía de Europa sobre Asia antes de la Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización).

Con respecto a otros defectos y carencias del libro de Landes, me limitaré a enumerar algunos: a menudo, el panorama europeo se forma a través de un prisma excesivamente anglosajón; el papel de Italia en los cambios culturales e institucionales está infravalorado; la caracterización de la España de finales del siglo XV es disparatada, y las páginas sobre la colonización española de América están más impregnadas de prejuicios que basadas en un examen ponderado de la copiosa literatura existente sobre el tema, buena parte de ella en castellano.”

(Nota propia: Landes, profesor emérito de historia de Harvard, emprende una historia económica y cultural del mundo durante los últimos cinco siglos. Su análisis bien escrito, a veces ingenioso, es el tipo de trabajo sobre el que uno quiere detenerse y reflexionar en cada capítulo antes de seguir adelante. El principal argumento de Landes es que las naciones más ricas siguen prosperando, mientras que las más pobres se quedan atrás debido a su capacidad o incapacidad relativa para explotar la ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), la tecnología y las oportunidades económicas.Entre las Líneas En todos los casos, desde la antigua China hasta el Japón moderno, sostiene que esto es en gran medida el resultado de las actitudes nacionales sobre una miríada de factores culturales. Landes traza la historia de la Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización) de Inglaterra y el sistema de producción en masa de Estados Unidos como indicadores de la superioridad de Occidente sobre el resto del mundo. Algunas de sus ilustraciones históricas son sugerentes: por ejemplo, la importancia del aire acondicionado para el desarrollo del Nuevo Sur en los EE.UU. y el impacto de toda una vida de comer con palillos en la destreza manual de los trabajadores de microprocesamiento de Asia. Sobre todo, Landes destaca la importancia de los valores culturales, como la predisposición al trabajo duro, la apertura de espíritu y el compromiso con la democracia, para determinar el rumbo de una nación hacia la riqueza y el poder. Lawrence)

📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras:

Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.

1 Allen (2000:19) y Álvarez Nogal y Prados de la Escosura (2007:348-350) utilizan dos enfoques en la estimación del crecimiento agrario, pero consideran que el de la demanda constituye una mejor vía de aproximación.

2 Presentados en la sesión A.1, “El PIB y las macromagnitudes económicas en España del Antiguo Régimen”, del IX Congreso de la AEHE (Murcia, 2008).

Fabricación Preindustrial

Fabricación Preindustrial en la Historia Social Europea

Nota: para una lista de entradas sobre la historia social de Europa, incluido fabricación preindustrial, véase aquí.

Recursos

[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]

Véase También

  • Protoindustrialización
  • Las revoluciones industriales
  • Artesanos
  • Condiciones Sociales
  • Vida Social
  • Costumbres Sociales
  • Historia Social
▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.
▷ Lee Gratis Nuestras Publicaciones
,Si este contenido te interesa, considera recibir gratis nuestras publicaciones por email de Derecho empresarial, Emprender, Dinero, Políticas, Ecología, Carreras, Liderazgo, Ciencias sociales, Derecho global, Marketing digital y SEO, Inversiones y startups, Ensayos, Humanidades, y Sectores económicos, en Substack.

Foro de la Comunidad: ¿Estás satisfecho con tu experiencia? Por favor, sugiere ideas para ampliar o mejorar el contenido, o cómo ha sido tu experiencia:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

▷ Recibe gratis nuestras revistas de Derecho empresarial, Emprender, Carreras, Dinero, Políticas, Ecología, Liderazgo, Marketing digital, Startups, Ensayos, Ciencias sociales, Derecho global, Humanidades, y Sectores económicos, en Substack. Cancela cuando quieras.

Descubre más desde Plataforma de Derecho y Ciencias Sociales

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo