Aspectos Jurídicos y/o Políticos del judaísmo medieval
El judaísmo medieval en relación con las Religiones y los Grupos Religiosos
La hegemonía de los rabinos de todas las juderías, incluyendo todas aquellas que estaban surgiendo en el Mediterráneo y en otras zonas de Europa como consecuencia de la diáspora, fue un proceso gradual que tuvo que sobreponerse a los duros desafíos que significaron los caraítas, además de otros movimientos antirrabínicos. La conquista del Oriente Próximo por las tropas musulmanas en el siglo VII facilitó la divulgación de un judaísmo rabínico más uniforme. Cerca de la sede de los califas Abasíes, en Bagdad, las principales academias rabínicas de Babilonia (dirigidas por los geonim; plural de gaón, ‘excelencia’) hicieron grandes esfuerzos para unificar las leyes, costumbres y liturgias judías de acuerdo con sus propias prácticas, que luego debían exponer y explicar en sus respuestas (responsa) ante las numerosísimas preguntas a que eran sometidos por las comunidades en la diáspora. Por eso, la hegemonía de las juderías pasó de Palestina a Babilonia, y el Talmud babilónico se convirtió en el documento rabínico de mayor autoridad.
Dentro del ámbito cultural del islam, el judaísmo rabínico mantuvo íntimos contactos con la filosofía griega, que fue recuperada e interpretada por comentaristas y estudiosos islámicos. Los sabios rabínicos comenzaron a cultivar la filosofía y a defender al judaísmo contra las polémicas creadas por los teólogos islámicos, demostrando así a los otros judíos la racionalidad de su fe y de sus leyes reveladas. La filosofía medieval judía estuvo enfocada principalmente a tratar temas relacionados con los atributos de Dios, milagros, profecías (revelación) y la racionalidad de los mandamientos. Las más notables interpretaciones filosóficas del judaísmo fueron realizadas durante el siglo IX por el gaón Saadia ben Josef, y durante el siglo XII por Judá Ha-Levi, y especialmente por Maimónides (Guía de perplejos, c. 1190). El hecho de haber estado en contacto con una lógica sistemática afectó también a los estudios legales dentro del mundo musulmán. Esto se demuestra en las numerosas codificaciones postalmúdicas de las leyes judías, la más notable de las cuales fue la Mishné Torá de Maimónides.
El judaísmo medieval se desarrolló a partir de dos culturas de gran notoriedad: la sefardí (centrada en la península Ibérica) y la asquenazí (en los territorios del Sacro Imperio Romano).
Pormenores
Las actividades de los sefardíes se enfocaron principalmente a la filosofía y al sistema de codificación legal sin olvidar las ciencias o la poesía. Opuestamente a esto, los asquenazíes se dedicaron al intenso estudio del Talmud babilónico. La gran escuela para el estudio del Talmud, en estos territorios, comenzó sus actividades en el siglo XI, bajo la dirección del estudioso Salomón ben Isaac (Rashí) de Troyes, y continuó dirigido por sus nietos y estudiantes, conocidos como tosafistas, quienes crearon la literatura de tosafot (‘adiciones’ a los comentarios que Rashí hizo del Talmud).
A través de todo el periodo medieval, el judaísmo se vio constantemente revitalizado por movimientos místicos, éticos y piadosos. Dentro de estos grupos, el más importante fue el de los hasidim alemanes del siglo XII y el de los españoles del siglo XIII, creadores de la Cábala, cuya obra de mayor importancia fue el Sefer ha-zohar (Libro del Esplendor), escrito por Moisés de León.
La Cábala es una teosofía esotérica que contiene elementos del gnosticismo y del neoplatonismo; describe la naturaleza dinámica de la divinidad y ofrece una valiosa interpretación simbólica de la Torá y de los mandamientos. Comenzó en círculos reducidos y muy exclusivos de estudiosos, pero adquirió gran popularidad después de la expulsión de los judíos de España por parte de los Reyes Católicos en 1492. La divulgación de la Cábala se vio facilitada por la interpretación mítico-mesiánica que de ella hizo Isaac ben Solomon Luria. La Cábala luriana (o luriánica) explicaba a los judíos exiliados el significado cósmico de su sufrimiento y les otorgaba un importante papel en el drama cósmico de la redención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Más Información
Las ideas de Luria prepararon el camino para una fuerte sacudida mesiánica, que se centró alrededor de la figura de Shabtai Tzví, quien influyó notablemente en todas las juderías del siglo XVII. También influyeron sobre el hasidismo, popular movimiento revitalizador polaco del siglo XVIII.
Iniciado por Baal Shem Tov, el hasidismo proclamaba que, a través de una entusiasta y ferviente devoción, los judíos pobres e incultos podían servir a Dios mejor incluso que los talmudistas. La fuerte oposición que los rabinos dirigieron en contra de los seguidores del hasidismo quedó mitigada más tarde, ya que ambos grupos tuvieron que enfrentarse a un desafío mucho mayor: la aparición en Europa occidental de la Ilustración, y los diversos movimientos de modernización que se generaron dentro del judaísmo.[1]
Los sefardíes
Los primeros indicios de presencia judía en la península Ibérica datan del siglo II: una inscripción en hebreo en un osario encontrado en Abdera (Adra, Almería) de una niña judía, Salomonula.Entre las Líneas En la Biblia, la palabra Sefarad aparece solo una vez, en el libro de Abdías, el más breve del Antiguo Testamento. Escrito en hebreo en torno al siglo VI antes de la era común, el versículo reza: “La multitud de los deportados de Israel ocupará Canaán hasta Sarepta y los deportados de Jerusalén que están en Sefarad ocuparán las ciudades del Negev”.
Lo que sugiere el pasaje es que un grupo de judíos fue expulsado en el período neobabilónico a un lugar llamado Sefarad, de ubicación indeterminada pero que podía aludir al extremo occidental de la Ecúmene mediterránea, el lugar que los romanos conocían como “Fines terrae”: la península Ibérica.
En los reinos medievales ibéricos, los sefardíes formaban la mayor comunidad judía del mundo, célebre por su riqueza y refinamiento y su insistencia en que sus clanes pertenecían a la tribu de Judá, que provenían de Jerusalén y que sus sabios y rabinos descendían de la casa del rey David.
Su llegada a Sefarad, decían, precedía por ello a la del nacimiento de Jesús de Nazaret, por lo que no podían ser culpados de su muerte, una acusación que la Iglesia católica recién levantó en la declaración Nostra aetate, uno de los documentos fundamentales del Concilio Vaticano II.
En Marruecos, donde se refugiaron muchos de los judíos víctimas del edicto de expulsión de 1492, su presencia no es menos antigua. Según algunas leyendas, los primeros llegaron en los tiempos de Salomón en navíos fenicios del rey Hiram de Tiro que recorrían las costas del norte de África.
En unas sepulturas del siglo IV antes de la era común encontradas en Ifrán se ven claramente letras en hebreo primitivo.
Sin embargo, esa antigua comunidad desapareció de un momento a otro a mediados del siglo pasado. El núcleo sefardí de Tánger, Tetúan, Casablanca, Larache y Rabat se dispersó en cuestión de años entre Israel, Francia, España, Canadá, Venezuela y Argentina.
De los 15.000 judíos tangerinos de 1950 quedaron solo 250 en 1970. De los 250.000 que había en el reino alauí hoy quedan unos 5.000. Entre ellos está André Azoulay, consiglieri del rey Mohamed VI y padre de la actual directora general de la Unesco, Audrey Azoulay. The Tablet, una revista de la comunidad judía de Nueva York, le llamó hace poco “el judío más influyente del mundo árabe”.Si, Pero: Pero la mayoría tuvo que salir con lo puesto, sin poder vender sus casas para no levantar sospechas y muchos con la ayuda del Mossad.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El recién nacido Estado de Israel recibió a los judíos marroquíes con los brazos abiertos porque le suponían un valioso contingente humano para poblar zonas fronterizas. Hoy los 800.000 judíos de origen marroquí son la segunda del país después de la comunidad de origen ruso.
El 2014 la Knesset aprobó una ley para conmemorar cada 30 de noviembre la expulsión de los judíos de países árabes y de Irán. Era una deuda largamente pendiente. El Día del Refugiado Judío ha reivindicado una historia que afecta a la mitad de los judíos israelíes pero poco conocida para la mayoría ashkenasi, los judíos de origen europeo que fundaron el Estado. (…)
Marruecos acogió a buena parte de los sefardíes expulsados. Los judíos nativos los llamaron megorashim, desterrados. (…). Entre lo siglos XVI y XVIII nunca dejaron de llega de España y Portugal criptojudíos (anusim, forzados) que después de generaciones de vivir una doble vida regresaban al judaísmo en Marruecos. Nunca tuvimos una situación idílica.Entre las Líneas En 1767 Jorge Juan escribió que los judíos tetuaníes ejercían los oficios más serviles.Entre las Líneas En todo el siglo XIX hubo hacinamiento en la judería. (…)
La mayor parte de los judíos expulsados, excepto los de Aragón y las Islas Baleares y Navarra, que se fueron a Italia y al imperio Otomano, fueron directamente a Marruecos y se concentraron en el Norte. Sus aljamas conservaron una lengua propia, la jaquetía, que aún perdura. Algunas normas litúrgicas del Kajal kadosh (congregación) sefardí, como las que regían sobre las ketubá (contratos nupciales) provenían de ordenanzas medievales castellanas. (…)
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Las primeras familias sefardíes marroquíes llegaron a Sevilla hacia 1880, donde formaron la primera comunidad judía en España tras la expulsión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Su cementerio data del último tercio del siglo XIX.Entre las Líneas En Ceuta y Melilla había comunidades constituidas desde 1864. Las primeras sinagogas se abren en Sevilla en 1914, en Madrid en 1916 y en Barcelona en 1918. Franco las ilegalizó. Los judíos podían vivir individualmente, no colectivamente. (…)
Basado en la información sobre el judaísmo medieval de la Enciclopedia Encarta
Véase También
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Judíos: Esta entrata trata sobre los Judíos, término que en la actualidad se utiliza como sinónimo de hebreos e israelitas. Sin embargo, tanto en el plano histórico como en el étnico, estos nombres tienen significados distintos, como se apunta en el texto. En cuanto término histórico general, la palabra hebreo no posee connotación racial, por lo que se aplica tradicionalmente a las tribus nómadas semitas que vivieron en el Mediterráneo oriental antes del 1300 a. C. En la historiagrafía judía, este término se ha aplicado a aquellas tribus que aceptaban a Yahvé como su único Dios, desde su origen hasta que conquistaron la antigua Palestina, llamada Canaán, y que en el 1020 a. C. se transformaron en una nación unida bajo un rey. También se examina "Antigüedades judaicas", una famosa obra del historiador judío Flavio Josefo, escrita en griego hacia el 95 d.C. Con la intención de completar la historia del pueblo judío, a la que ya había aportado previamente La guerra de los judíos (que narraba el conflicto entre éstos y el Imperio romano, iniciado en el 66 d.C.), las "Antigüedades judaicas" recorren el pasado de dicho pueblo desde los tiempos más remotos de la historia de los judíos hasta el comienzo de su rebelión contra la Roma gobernada por el emperador Nerón. Se reafirma su valor histórico. Siguiendo el modelo de las antigüedades romanas del historiador griego del siglo I a.C. Dionisio de Halicarnaso, también está compuesta por veinte libros, para cuya redacción Flavio Josefo usó una serie de fuentes -que entendemos fidelignas- de las cuales no se tiene constancia en la actualidad. Los diez primeros finalizan con la llamada cautividad de Babilonia (siglo VI a.C.), siguiendo como guía al Antiguo Testamento, en tanto que el conjunto de la obra de Flavio llega hasta el mencionado año 66 d.C. En el libro XVIII aparece la figura de Jesucristo, constituyendo su más antigua mención hecha por la historiografía. El término israelita, del que se hace algún análisis, hace mención a un grupo nacional y étnico específico, descendiente de los hebreos y unido por lazos culturales a través de su religión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Para los historiadores, este término se refiere a esta comunidad desde la conquista de Canaán hasta que el rey asirio Sargón III (que reinó entre los años 722-705 a. C.) destruyó el reino de Israel en el 721 a. C. El término judío, a su vez, designa a un tercer grupo, por su identidad cultural descendiente de los dos anteriores, desde los tiempos de su retorno de la cautividad de Babilonia hasta la actualidad. La palabra,según los estudiosos, proviene del término hebreo yehudí, que en un comienzo servía para nombrar a los miembros de la tribu hebrea de Judá; más tarde pasó a ser Judea, nombre que se aplicaba al reino judío y, por extensión, a todo habitante de Judea. Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
Monarquía Judía: El reino de Israel, tanto en los rasgos que compartía con otras culturas del Próximo Oriente Antiguo como en sus características únicas, se vio afectado por las circunstancias en las que se estableció la monarquía. A diferencia de la situación en Mesopotamia y Egipto, no disponemos de inscripciones reales ni de anales reales supervivientes del antiguo Israel o Judá. Gran parte de nuestra información debemos entresacarla de la Biblia. Un elemento importante del concepto de monarquía en Israel era el pacto de monarquía. Uno aprende sobre el pacto entre el rey y el pueblo, que acepta la autoridad del rey, en el relato de David siendo nombrado rey de Israel. Un pacto entre los ancianos de Israel y David ante el Señor precedió a la unción de David como rey sobre todo Israel. Una descripción más detallada del pacto de la realeza se encuentra en el relato de la proclamación de Joás como rey de Judá. El pacto se hizo "entre el Señor (por una parte) y el rey y el pueblo (por otra); y también entre el rey y el pueblo". Este pacto no representa una elección del rey, ni una limitación de su gobierno por los ancianos y capitanes del pueblo. Es esencialmente un pacto religioso, y la limitación de la autoridad del rey consiste en el deber de éste de observar la Ley del Señor. Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
Judaísmo Reformista: El judaísmo reformista es un movimiento que apoya la modificación de la ley y la práctica judía tradicional para que sea coherente con las condiciones sociales y culturales contemporáneas. Los judíos reformistas aceptan las creencias centrales del judaísmo: que Dios es el creador del mundo y de todo lo que hay en él y que la Torá (la ley judía escrita), inspirada por Dios, es fundamental para la vida judía. Lo que diferencia al judaísmo reformista de otras sectas judías es el compromiso con la idea de que la ley y las prácticas judías siguen evolucionando, lo que requiere cambios a lo largo del tiempo. El movimiento se identifica además por su énfasis en la acción social y la promoción de la paz, la justicia y la vida ética. Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
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Figuras de la Filosofía Medieval: Este texto trata de las figuras de la filosofía en la Edad Media.Se examinan las principales figuras de la filosofía en la Edad Media y su docrina, como Pedro Abelardo, San Alberto Magno (el erudito, filósofo y teólogo), Santo Tomás de Aquino y la pedagogía “escolástica”, y Juan Duns Escoto (sus obras, esencia y existencia, intelecto y voluntad, su ética, sociología y política). También las artes, la vida intelectual y la educación en la Alta Edad Media. Se realizan referencias cruzadas a: Códices, Escolástica, onasterios, Conventos, Órdenes religiosas, Tomismo, Primeras universidades europeas. Véase también: Derecho Medieval, Edad Media, Enciclopedia de la Edad Media.
Estado de Israel: Judíos Inmigración a palestina y creación del estado de Israel Los supervivientes del Holocausto siguieron mœltiples caminos. Muchos de ellos marcharon hacia Palestina, donde la comunidad judía había ido creciendo constantemente desde el primer asentamiento de 1880. En 1947, la oleada de [...] Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
Destierro de los Judíos: Aspectos Jurídicos y/o Políticos del destierro de los Judíos El destierro de los Judíos en relación con las Religiones y los Grupos Religiosos En el momento de la disolución del reino de Judá había comunidades judías en Egipto, Babilonia y Palestina. [1] Barcokebas Bajo la dirección [...] Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
Desarrollo del Judaísmo Rabínico: El comienzo de la era rabínica fue testigo del colapso total de la soberanía judía. La autonomía política judía había sido gradualmente mermada por el dominio romano desde el siglo II a.C., pero con la destrucción de Jerusalén y del Templo en el año 70 d.C., cualquier vestigio de independencia judía desapareció durante los siguientes diecinueve siglos. De las principales sectas judías de la época del Templo, sólo los fariseos (y, según la lectura que se haga de la situación de la época, los cristianos) tenían los recursos para sobrevivir y prosperar en una era posterior al Templo. La fuerza del rabinato residía en su capacidad para representar simultáneamente los intereses de los judíos y de los romanos, cuyas necesidades religiosas y políticas, respectivamente, coincidían ahora. Los rabinos eran considerados favorablemente por los romanos, como una clase políticamente sumisa que, con su amplia influencia sobre las masas judías, podía traducir la Pax Romana (la paz impuesta por el dominio romano) en preceptos religiosos judíos. Para los judíos, en cambio, la ideología rabínica daba una apariencia de continuidad al autogobierno judío y de libertad frente a la injerencia extranjera. El programa rabínico elaborado por el círculo de Johanan ben Zakkai (véase más arriba el judaísmo helenístico [siglo IV a.C.-siglo II d.C.]) había sustituido los sacrificios y la peregrinación al Templo por el estudio de las Escrituras, la oración y las obras de piedad, eliminando así la necesidad de un santuario central (en Jerusalén) y haciendo del judaísmo una asociación religiosa capaz de realizarse en cualquier lugar. El judaísmo era ahora, a todos los efectos, una religión de la diáspora incluso en su propio territorio. Cualquier sensación de ruptura real con el pasado era mitigada por la continua adherencia a las leyes de pureza (dietéticas y corporales) y por el estudio asiduo de las Escrituras, incluyendo aquellas secciones legales que los desarrollos históricos habían hecho ahora obsoletas. La recompensa que se ofrecía por el estudio y el cumplimiento escrupulosos era la promesa de la liberación mesiánica; es decir, la restauración divina de todas aquellas instituciones que se habían convertido en el centro de las nociones judías de independencia nacional -la monarquía davídica, el servicio del Templo, la recolección de los judíos de la diáspora- y, sobre todo, la garantía de la recompensa personal para los justos mediante la resurrección y la participación en el renacimiento nacional. Véase también: Enciclopedia de las Religiones del Mundo, Espiritualidad, Estudios Judíos.
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