La libre determinación se presenta a menudo en forma de una narración lineal en la que se proclama un principio político como la condición sine qua non del nuevo orden mundial (o global) que emerge de las cenizas de dos guerras mundiales antes de transformarse en un “derecho legal” tras la aprobación de la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 1514 (en lo sucesivo, la “Declaración de Descolonización”). Según este relato, en algún momento imperceptible la libre determinación “cristalizó” en una norma consuetudinaria de derecho internacional, aplicable tanto a los territorios no autónomos como a los territorios en fideicomiso, llegando a su apoteosis como una “super-norma” de carácter jus cogens aplicable erga omnes en el punto álgido de la descolonización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Este texto presenta la autodeterminación bajo una luz diferente. Sostiene que la autodeterminación refleja el sistema ideológico de un estado o grupo de estados en particular (ya sea capitalista, comunista o socialista), lo que afecta la manera en que cada estado entiende la autodeterminación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Durante la Guerra Fría, la autodeterminación abarcaba dos visiones diferentes: La visión del presidente Woodrow Wilson de autogobierno por medio del fideicomiso y la visión de independencia por medio de la revolución del revolucionario ruso V.I. Lenin. Durante gran parte del siglo XX, estas visiones estuvieron repetidamente en competencia, si no en conflicto, en una lucha climática que influiría inextricablemente en el desarrollo del derecho internacional durante la descolonización.