Huss fue atraídol Concilio de Constanza bajo la promesa de un salvoconducto, y luego fue juzgado por herejía. Se le ordenó retractarse de algunas de sus opiniones. Respondió que no podía retractarse hasta que estuviera convencido de su error. Se le dijo que era su deber retractarse si sus superiores se lo pedían, estuviera o no convencido. Se negó a aceptar esta opinión. A pesar del salvoconducto del emperador, fue quemado vivo (1415). Un colega de Huss, Jerónimo de Praga, fue quemado al año siguiente. A estos atropellos siguió una insurrección de los husitas en Bohemia (1419), la primera de una serie de guerras religiosas que marcaron la ruptura de la cristiandad. En 1420, el Papa Martín V promulgó una bula en la que proclamaba una cruzada “para la destrucción de los wiclifitas, husitas y todos los demás herejes de Bohemia”, y, atraídos por esta invitación, los soldados de fortuna desocupados y todo el blackguardismo a la deriva de Europa convergieron sobre ese valiente país. Encontraron en Bohemia, bajo su gran líder Ziska, más penurias y menos botín que los cruzados estaban dispuestos a afrontar. Los husitas dirigían sus asuntos según líneas democráticas extremas, y todo el país ardía de entusiasmo. Los cruzados asediaron Praga, pero no lograron tomarla, y experimentaron una serie de reversos que terminaron con su retirada de Bohemia. Una segunda cruzada (1421) no tuvo más éxito. Otras dos cruzadas fracasaron.