Apertura Económica en el Caribe
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la apertura económica en el Caribe. También puede ser de interés lo siguiente:
- Recursos Naturales en el Marco de las Relaciones Internacionales
- Cooperación Económica Internacional
- Apertura Económica
- Geopolítica
- Comercio internacional
- Esquema de Relaciones Económicas Internacionales
- Cooperación económica
- Globalización
- Integración económica
- Cooperación internacional
- Movimientos Internacionales de Capital
- Organizaciones Internacionales
- Sistemas Monetarios
- Uniones económicas
Historia de la Apertura Económica en el Caribe: El Caso de Cuba hasta el 2018
En esta sección se analizará la evolución de este país en el caso de la apertura económica al postsocialismo.
La apertura económica
En el cuarto congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), celebrado en 1992, se adoptaron las primeras orientaciones que definían los fundamentos y los límites de la apertura económica: saneamiento de las finanzas internas, descentralización progresiva del monopolio estatal sobre el comercio exterior, reestructuración de las empresas públicas y reorganización del trabajo. La introducción de los mecanismos de mercado en una economía centralizada debía hacerse de forma gradual y controlada, y la regulación estatal debía seguir siendo predominante. Poco a poco había que llenar el inmenso vacío dejado por el colapso del comercio con el CAEM, reorientar el comercio exterior y reorganizar el país, que se enfrentaba a un dilema similar al de los años sesenta: ¿cómo reconvertir una economía privada de repente de sus recursos energéticos? ¿Bajo qué condiciones podría Cuba sobrevivir en el nuevo orden mundial? La implementación de las reformas económicas mercantiles en 1993 y 1994 tenía como objetivo abrir espacios al mercado y al capital extranjeros mediante la legalización del dólar, la autorización de empresas mixtas, el desarrollo del turismo, la creación de cooperativas agrícolas y la autorización del trabajo independiente para ciertas actividades artesanales y comerciales (como los pequeños restaurantes privados llamados «paladares»). Estas reformas trastornaron la sociedad cubana, sin que se sacara balance de la integración del país en el CAEM, cuando Cuba sirvió durante treinta años de granero de azúcar a los países del bloque socialista y de baza estratégica durante la Guerra Fría.
Los costes sociales de la apertura al mercado, decidida en plena crisis, son evidentes. La legalización del dólar, en particular, tuvo consecuencias más graves de lo previsto, tanto a nivel social como ideológico, ya que introdujo una división entre aquellos que podían consumir en los supermercados en divisas y aquellos que no tenían acceso a ellos. La apertura del mercado también creó una fuerte diferenciación entre la población asalariada empobrecida por la dolarización, a veces en situación precaria, y otros grupos (campesinos, artesanos, pequeños comerciantes) que se enriquecieron gracias a las reformas. Las tensiones son aún más fuertes porque, tras las esperanzas suscitadas por la reanudación del crecimiento a mediados de los años noventa (vinculado a las reformas y a la apertura económica), la situación volvió a deteriorarse a principios de los años 2000, con la subida de los precios del petróleo. La reflexión sobre la estrategia económica a adoptar resurgiría con la drástica reestructuración del sector azucarero, iniciada en abril de 2002.
Las preguntas sobre la salida del «período especial», sobre la viabilidad del sistema económico actual son recurrentes. Las evaluaciones de las reformas dividen a los cubanos. Para algunos, las diferencias sociales y el aumento de las desigualdades son el resultado negativo de la apertura económica, mientras que para otros no hay alternativa al fracaso de la economía burocráticamente centralizada.
El giro monetario de 2004: el fin de la dolarización
En noviembre de 2004, el dólar que circulaba en la isla desde hacía once años fue sustituido por el peso convertible. Utilizado, a partir de entonces, para las transacciones en efectivo en la isla, este último, que se cambia a un peso por dólar, no es convertible fuera del país. En cuanto al peso, utilizado como moneda corriente (especialmente para los salarios), se cambia a 26 pesos por dólar. La dualidad del sistema monetario había provocado numerosas tensiones y tenido consecuencias económicas consideradas negativas. Las medidas adoptadas permitieron al gobierno recuperar parte de los ahorros en dólares, atesorados por ciertos sectores de la población, y hacer frente así a la grave escasez de divisas y a las dificultades financieras crónicas. A este aumento de las reservas se sumó, en 2005, una revaluación del peso del 8 %, gracias a la cual la capacidad adquisitiva de la población mejoró ligeramente.
La desdolarización de la economía cubana ha ido acompañada de una nueva centralización y de un refuerzo del control estatal. Las empresas y los bancos deben obtener ahora la aprobación de un «Comité de aprobación de divisas», el único habilitado para autorizar sus operaciones financieras. Fidel Castro justificó estas decisiones por la importancia de las inversiones procedentes de Venezuela, China y Canadá. La reorientación del comercio cubano hacia nuevos socios, y en primer lugar Venezuela, es, de hecho, evidente. La alianza Caracas-La Habana es ahora una realidad. La cooperación entre Fidel Castro y Hugo Chávez se desarrolla en los planos económico, político, diplomático y militar. La firma del acuerdo entre Venezuela y Cuba en diciembre de 2004, la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), y luego con Bolivia en 2006, tiene como objetivo el desarrollo integrado de América Latina. Este tratado, que se opone al ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, que incluye a Norteamérica) impulsado por el presidente George W. Bush, tiene como objetivo construir una frente de resistencia latinoamericana mediante el avance de la integración regional. Este proyecto abarca numerosos ámbitos, en primer lugar el de la energía. Otro socio, China, ha ampliado el margen de maniobra de La Habana gracias a un fuerte aumento del comercio entre ambos países.
El panorama regional se presenta, por tanto, bajo los mejores auspicios. La victoria de Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo, en las elecciones presidenciales de 2006 en Bolivia, es un éxito para La Habana, ya que la adhesión de este tercer socio a la ALBA debería permitir avanzar en la integración regional en el ámbito energético. De hecho, Venezuela y Bolivia poseen más del 65 % de las reservas conocidas de hidrocarburos en América Latina. En 2006, Caracas envió a La Habana unos 100 000 barriles de petróleo al día, a cambio de miles de médicos cubanos y una cooperación multifacética, como la modernización por parte de La Habana de los hospitales y principales centros de salud de Venezuela, reforzando así el apoyo social y el poder de Hugo Chávez.
Pero la alianza entre los dos países preocupa cada vez más a la administración estadounidense. En Washington, la preparación para el postcastrismo está a la orden del día con la publicación final, en julio de 2006, de un Informe para la transición en Cuba (Comisión de Asistencia a un Cuba Libre) firmado por la secretaria de Estado Condoleezza Rice, entregado en mayo de 2004 al presidente Bush. Este informe, cuyo anexo se mantiene en secreto, es un verdadero tratado de injerencia que pone en el mismo plano la dictadura de Batista y el régimen de Castro, detalla las condiciones de una transición sujeta a la aprobación de Washington, que ya rechaza la presidencia del hermano del Líder Máximo, Raúl Castro, ministro de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) desde 1959.
A pesar de las tensiones entre los dos países, Estados Unidos es el principal proveedor de alimentos de Cuba, gracias a una derogación legislativa del embargo, obtenida por el lobby de la agroindustria en el Congreso en octubre de 2000. El senador republicano Larry Craig quiere extender esta derogación a las empresas petroleras para autorizarlas a realizar exploraciones de alta mar con la empresa estatal cubana Cupet. De hecho, mientras que Venezuela y China llevan desde 2005 explorando en aguas cubanas cercanas a las costas estadounidenses, las empresas estadounidenses no pueden hacerlo debido al embargo, a pesar de la invitación de La Habana.
En cuanto a la Unión Europea (UE), sus relaciones comerciales con Cuba han experimentado una mejora global. Las exportaciones a la isla aumentaron un 31 % en 2005. En el plano político, la UE decidió el 12 de junio de 2006 prorrogar la suspensión de las sanciones adoptadas en 2003, cuando disidentes acusados de conspiración con el enemigo fueron condenados a penas de prisión y los tres autores del secuestro de un ferry en la bahía de La Habana fueron ejecutados. La UE también está preparando el postcastrismo.
Una sucesión delicada
Antes de su operación quirúrgica en julio de 2006, Fidel Castro se había embarcado en una gran «batalla de ideas». Jóvenes, formados como «trabajadores sociales», debían luchar contra el mercado negro y el desvío de bienes públicos. La lucha contra la corrupción se había intensificado y varios altos funcionarios habían sido destituidos. Pero todas estas batallas no son eficaces. La escasez, la centralización burocrática y la total falta de transparencia obligan a la población a arreglárselas como puede, mientras que la vida cotidiana es agotadora, la comida es cara, el transporte funciona mal y la falta de viviendas y su deterioro es uno de los problemas más graves. Algunos sectores de la juventud se interesan poco por la política y constituyen uno de los eslabones débiles del régimen. Les gustaría poder viajar, tener acceso a Internet más fácilmente y mejorar sus condiciones de vida.
La sucesión de Fidel Castro (que cumplió ochenta años el 13 de agosto de 2006) se había planteado en Cuba varios meses antes de la intervención quirúrgica y del traspaso «provisional» de poderes del Líder Máximo a su hermano. Pero mientras que Raúl Castro es el único heredero designado por la Constitución, Fidel Castro reconoció que el problema era «generacional», porque es la generación de la revolución la que está desapareciendo. Ciertamente, su hermano menor, designado como su sucesor al frente del Estado el 24 de febrero de 2008, debe ser el garante de la continuidad, pero esta solución no tranquiliza a quienes temen que la desaparición del comandante en jefe abra, a pesar de todo, el camino a profundas transformaciones de la política cubana.
Raúl Castro designó a la PCC en un discurso pronunciado el 14 de mayo de 2006 como «la única heredera digna de Fidel Castro, como institución que reúne a la vanguardia de la revolución, garantía sólida y segura de la unidad de los cubanos en todo momento». Este deseo de revitalizar el PCC debería garantizar la continuidad del sistema después de Castro. Pero si bien es cierto que el PCC sirve como engranaje administrativo, como correa de transmisión, si es, como partido único, la columna vertebral del Estado, es un partido sin verdadera coherencia ideológica desde la caída de la URSS. Con la excepción de algunos sectores (intelectuales y científicos marginados), sus análisis y producción teórica son limitados, y sus capacidades de dirección colectiva sin el arbitraje de Castro son problemáticas.
El ejército es el segundo pilar institucional del país. Su cohesión y disciplina lo convierten en una de las entidades más sólidas del régimen y respetada por la población. Con unos 50 000 hombres bajo el mando de Raúl Castro (según las estimaciones británicas y estadounidenses más fiables para 2005 y 2006), representa una gran potencia económica que invierte en turismo, agricultura, industria y telecomunicaciones, y controla dos tercios de la economía. Algunos observadores no dudan en afirmar que las FAR son «las pioneras del capitalismo cubano». Su eficacia económica es una ventaja para Raúl Castro, que intenta aplicar sus métodos en las empresas estatales.
En cuanto a la oposición interna, es débil y está muy dividida. Al decretar tres días de luto nacional por la muerte del papa Juan Pablo II en abril de 2005, al dar la palabra en televisión al cardenal cubano Jaime Ortega y al estar presente en el homenaje al papa en la catedral de La Habana, Castro ha desactivado las críticas de una parte de la disidencia cristiana organizada desde 2002 en torno al «proyecto Varela» del opositor Oswaldo Payá, presidente del Movimiento Cristiano de Liberación, que reclama un referéndum para impulsar reformas económicas y políticas. La jerarquía católica predica la «reconciliación nacional» y ha pedido rezar por Castro durante su operación, mientras en Miami los opositores festejaban.
Cuba postsocialista
La elección en 2008 de Raúl Castro como presidente de la República de Cuba, después de dos años de gobierno interino, marca un cambio en la conducción de la política del país. Practica una dirección más colegiada y lanza un ambicioso plan de reformas económicas para mantener parte de las conquistas sociales de la revolución. Si bien la «justicia social» ya no es la consigna de un gobierno que ahora es socialdemócrata en sus orientaciones, la elección de una mayor apertura al mercado mundial sigue articulada con la voluntad de limitar el aumento de las desigualdades.
La estabilidad política ante todo
Contrariamente a su hermano, Raúl Castro da más espacio a los altos cargos del Partido Comunista de Cuba y re-institucionaliza el proceso de toma de decisiones políticas, gracias a la celebración regular de congresos del partido (2011, 2016), al término de los grandes debates organizados en todas las organizaciones de masas. Sobre todo, diversifica el perfil de las élites políticas. Durante la reorganización ministerial de 2009, mantuvo en sus puestos a miembros de la vieja guardia revolucionaria, garantes de la legitimidad histórica del régimen, pero promovió a políticos más jóvenes con trayectorias más técnicas, así como a líderes procedentes del ejército.
Para garantizar una cierta eficiencia económica, Raúl Castro se apoya en cuadros militares con competencias de gestión. El ejército es un actor central de la economía cubana desde los años setenta. Utilizado inicialmente como refuerzo en la agricultura, invirtió rápidamente en el sector del comercio exterior y las inversiones extranjeras. Bajo la dirección de Raúl Castro, a partir de la década de 1990 puso en marcha una reforma de la gestión empresarial. Se estima que las fuerzas armadas controlan entre el 40 y el 60 % de la economía del país a través del holding GAESA, dirigido por el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, yerno de Raúl Castro. Esta intrincada red de intereses políticos, económicos, militares y familiares garantiza la lealtad de los altos cargos y, por tanto, la estabilidad del país, pero supone un obstáculo para las crecientes demandas de democratización.
Este deseo de estabilidad llevó al Consejo de Estado, en junio de 2017, a programar el proceso electoral para elegir un nuevo presidente en febrero de 2018, sin modificar la ley electoral de 1992 (que, a través de «comisiones de candidatura» gestionadas por organizaciones de masas, permite a las autoridades excluir a los candidatos de la oposición), cuando Raúl Castro se había comprometido a hacerlo en la Xa sesión plenaria del Partido Comunista de Cuba en febrero de 2015. Por lo tanto, los movimientos disidentes que esperaban hacer oír sus propuestas de reforma política y organizarse para presentar candidatos de la oposición de manera sistemática y coordinada tendrán más dificultades para lograr sus objetivos. Es cierto que Raúl Castro ha reconocido la existencia de presos políticos y ha permitido la liberación de varias decenas de ellos desde 2010, pero los opositores siguen siendo reprimidos y percibidos como enemigos por un gobierno que mantiene una política de criminalización de la crítica.
Una economía cada vez más liberalizada
En 2008, Raúl Castro se enfrenta a una situación económica deteriorada (creciente deuda externa, déficit estructural de la balanza de pagos) sin perspectivas de mejora en el contexto de la crisis económica mundial. A diferencia de Fidel Castro, que daba prioridad a las reformas coyunturales para paliar las dificultades económicas a corto plazo, él opta por llevar a cabo reformas estructurales. Tras la reforma agraria de 2008 (distribución de tierras estatales a pequeños agricultores y cooperativas), el nuevo presidente desea reducir la plantilla de un Estado plétorico, que aún emplea a alrededor del 85 % de la población activa según estimaciones de 2006. Anunció en 2010 despidos masivos (más de un millón de funcionarios), que deben compensarse con el aumento simultáneo del número de licencias concedidas por el Estado para trabajar por cuenta propia. Estas reformas también autorizan la creación de cooperativas (fuera del sector agrícola, donde ya existen), especialmente en el transporte, la construcción, la restauración y el comercio minorista. Por último, en 2014 se actualizó el Código del Trabajo y se modernizó la ley de inversiones extranjeras, con el fin de atraer capital para grandes proyectos económicos como el desarrollo del puerto de aguas profundas de Mariel, al oeste de La Habana.
Estas reformas eran esperadas por una gran parte de los cubanos que aspiran a una vida mejor, pero no permiten reactivar la economía, lo que requeriría importantes inversiones externas (solo se han invertido 1300 millones de dólares desde 2014 de los 2500 millones previstos), y solo mejoran marginalmente la vida cotidiana de la población. Sobre todo, la falta de ajuste entre los salarios, pagados en pesos cubanos, y el coste de la vida (los precios a menudo se dan en pesos convertibles con un cambio oficial de 24 pesos por un peso convertible, más o menos igual al dólar) fomenta la corrupción generalizada. El hecho de que no se pueda vivir con el salario incita al robo, masivo y sistemático, en el lugar de trabajo, para obtener una moneda de cambio en el mercado informal. Si bien esta situación es perjudicial para la economía cubana, asegura la supervivencia de las familias y reduce la presión social sobre el Estado. Es una de las razones por las que el gobierno tarda en reformar el sistema de doble moneda, además de las dificultades técnicas y financieras que encuentra para poner fin a un sistema que ha generado disfunciones económicas estructurales desde la legalización del dólar en 1993.
Las autoridades cubanas favorecen una política de pequeños pasos que promueva el cambio en la continuidad, para evitar el repentino colapso económico y político que experimentó la URSS. Esto explica por qué el empleo sigue siendo mayoritariamente público (el 73 % de los activos en 2016 frente al 22 % del sector privado y el 5 % de las cooperativas), y por qué la actividad económica privada sigue estando regulada por normas muy estrictas (impuestos elevados, control burocrático). Sin embargo, este marco estatal no se aplica a las grandes empresas públicas que acumulan capital sin una verdadera supervisión, gracias a las inversiones extranjeras. Es el caso, por ejemplo, de la asociación establecida en el sector hotelero con la empresa estadounidense Starwood Hotels & Resorts, o de la zona especial de desarrollo de Mariel, que recibe inversiones chinas y brasileñas. Por lo tanto, en Cuba existe una economía dual, con, por un lado, la mayoría de los ciudadanos comunes, funcionarios, empleados o propietarios de microempresas sujetos a importantes controles sobre el desarrollo de su actividad, y, por otro, una minoría de altos cargos políticos y directivos que se mueven a escala internacional y que disponen de un capital de conocimientos y experiencia fácilmente convertible en caso de un rápido cambio político.
Por último, la economía cubana sigue dependiendo en gran medida de las alianzas políticas forjadas con gobiernos llamados progresistas o antiimperialistas. Así, la exportación de profesionales sanitarios, principal recurso del país (8000 millones de dólares anuales), basada sobre todo en las relaciones privilegiadas mantenidas con los gobiernos venezolanos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, podría verse cuestionada. Aunque Raúl Castro ha trabajado para diversificar los ingresos de exportación (alcohol, puros, azúcar, café y miel de abeja, langosta, cobalto, oro y níquel) y ha favorecido el desarrollo del turismo gracias al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la economía del país sigue siendo frágil, como demuestra su entrada en recesión en el primer trimestre de 2017.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Cuba – Estados Unidos: el gran salto
La reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, anunciada conjuntamente por Barack Obama y Raúl Castro el 17 de diciembre de 2014, inauguró una nueva era en las relaciones entre ambos países. Esta se caracteriza por la construcción de un diálogo político y la liberalización del intercambio económico. En el plano diplomático, las embajadas en La Habana y Washington se reabrieron en el verano de 2015. Se han establecido mecanismos de concertación mediante la creación de una comisión bilateral para debatir temas de interés común (lucha contra el tráfico de drogas, cuestiones migratorias, prevención de catástrofes naturales) y cuestiones divisivas (derechos humanos, propiedades estadounidenses nacionalizadas en Cuba, base militar de Guantánamo).
En el plano comercial, Washington ha levantado parte de las restricciones que impedían a las empresas estadounidenses comerciar e invertir en Cuba y ha eliminado el límite que restringía la cantidad de remesas de dinero que los cubanoamericanos podían enviar a sus familias que permanecían en Cuba. La administración estadounidense ha autorizado los viajes de ciudadanos estadounidenses a la isla con fines educativos, culturales o religiosos. Sobre todo, se restablecieron los transportes marítimos y aéreos regulares entre los dos países, así como el correo postal y las telecomunicaciones directas. Esta política parece estar dando sus frutos, ya que en noviembre de 2015 más de 570 empresas estadounidenses acudieron a la feria de La Habana con el objetivo de explorar el mercado cubano. En cuanto al turismo estadounidense, aumentó un 34 % entre 2014 y 2015.
Esta «normalización» de las relaciones entre los dos países también ha llevado a cuestionar el estatus migratorio especial del que disfrutaban los cubanos. Ciertamente, la ley de 1966, que facilita la obtención de permisos de residencia para los cubanos que llegan a Estados Unidos por vía legal (visado), sigue en vigor, pero el dispositivo popularmente conocido como «pies secos, pies mojados», establecido bajo Bill Clinton, fue derogado en enero de 2017 por Barack Obama. Los cubanos que se presenten sin visado en regla en la frontera con México o en las costas de Florida ya no podrán solicitar la entrada en Estados Unidos.
La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos en 2016 provocó que se cuestionara la política de apertura estadounidense hacia Cuba. El presidente Trump denunció el acuerdo alcanzado entre Barack Obama y Raúl Castro. En particular, anunció que reforzaría los controles sobre los viajes de ciudadanos estadounidenses a la isla y que limitaría estrictamente el comercio estadounidense con empresas cubanas controladas por militares. Sin embargo, la mayoría de las políticas diplomáticas, comerciales y migratorias establecidas por Barack Obama no se cuestionan. El nuevo presidente estadounidense parece buscar ante todo evitar que la apertura beneficie al ejército cubano, que percibe como un pilar del régimen socialista.
Retos demográficos y sociales
El saldo migratorio de Cuba es negativo desde la revolución de 1959. Se estima que unos 300 000 cubanos abandonaron la isla desde los años 60. Si bien el «exilio dorado» de este período se nutre de las clases acomodadas, a menudo opuestas a la revolución, dos crisis migratorias —la de Mariel en 1980, con 125 000 salidas de cubanos que solicitan asilo en la embajada peruana y obtienen el acuerdo de Fidel Castro para embarcar desde el puerto de Mariel hacia las costas estadounidenses, y la de los balseros en 1994 con 30 000 salidas de cubanos empujados a abandonar la isla a raíz de la crisis económica, transformaron la composición de la emigración cubana, que se vuelve más popular. Estos flujos han aumentado notablemente desde la nueva ley de migración de 2012, más flexible en materia de salida del territorio, y sobre todo desde el anuncio del deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Muchos cubanos emigran por temor a que se cuestione la política preferencial de la que se benefician. Entre 2014 y 2017, el número de entradas anuales de cubanos en Estados Unidos pasó de 24.000 a más de 56.000.
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Si bien Cuba sigue estando entre los países más avanzados de América Latina en cuanto a acceso a la educación primaria y a la atención sanitaria básica, el gobierno debe hacer frente a numerosos desafíos para garantizar el crecimiento del país a pesar de una coyuntura poco favorable y, sobre todo, un diálogo bilateral degradado con los Estados Unidos desde la elección de Donald Trump, para contener el aumento de las desigualdades sociales y responder a las demandas cada vez más fuertes de democratización del sistema político.
Revisor de hechos: EJ
Organización para la Cooperación Económica (Organización)
Véase en el respectivo texto.
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Contenidos
Véase, en especial:
- Ayuda económica (incluyendo la ayuda al desarrollo)
- Cooperación científica
- Cooperación técnica
- APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico)
- CEPAL (Comisión Económica para América Latina)
- OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico)
Aspectos Económicos, Asuntos Geopolíticos, Comercio Internacional, Cooperación Económica Internacional, Desarrollo Económico, desarrollo social sostenible, Desarrollo Socioeconómico, Estudio de las Relaciones Internacionales, Geoestrategia, Globalización, Integración Económica, Movimientos internacionales de capital, Progreso, Relaciones Económicas Internacionales, Sistemas Monetarios, Sur Global,
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