Expresión que se utiliza frecuentemente para referirse a una empresa muy importante que se encuentra en serias dificultades financieras o está al borde de la bancarrota. En efecto, cuando una compañía juega un papel preponderante en la economía de su país, se presume que el estado no puede permitirse “dejarla caer”. Este texto recoge el argumento de que reestructurando los programas de incentivos para ejecutivos para incluir solo acciones restringidas y opciones de acciones restringidas con períodos de adquisición de derechos muy largos, y financiando a los bancos con mucho más capital, se puede minimizar el potencial de futuras crisis financieras. Será de interés, esperamos, para los ejecutivos de empresas, los miembros del consejo de administración, los inversores institucionales y los responsables de la formulación de políticas económicas, así como para los estudiantes de postgrado y de pregrado que estudian finanzas, economía y derecho. Presenta un examen de alguna solución al problema de “demasiado grande para fracasar” que ayudará a evitar futuras crisis financieras. Recoge y examina cómo algún autor demuestra cómo se puede frenar el comportamiento perjudicial de los ejecutivos cambiando los incentivos en lugar de mediante una regulación excesiva.