Desde las epopeyas homéricas del siglo VIII a.C. hasta la caída del Imperio Romano de Occidente más de mil años después, la edad de la antigüedad fue una época de conquistas, descubrimientos y maravillas. La antigüedad clásica vio el nacimiento de la democracia griega y la transformación de la República Romana en un gran imperio. Durante la antigüedad tardía, el Cristianismo y el Islam crecieron a través de Europa y el Medio Oriente, finalmente marcando el comienzo de la Edad Media. [rtbs name=”historia-medieval”] Los aproximadamente treinta y cinco siglos que abarca este amplio periodo histórico, y que es el objeto de esta entrada, se han circunscrito tradicionalmente, quizas hasta finales del siglo XX, por muchos especialistas, a una geografía clásica delimitada entre el Mediterráneo y el Oriente Próximo, lo que evidencia el relativismo de este criterio cronológico al extenderlo a otras áreas del globo, como India o China. La historia del denominado “mundo antiguo”, a pesar de esa regionalización, presenta, sin embargo, una gran heterogeneidad como consecuencia de su dilatada duración y la gran variedad de pueblos y civilizaciones que asumieron con mayor o menor transcendencia su protagonismo histórico. Por todo ello, se verá en esta entrada y en sus referencias cruzadas, que los aspectos genéricos presentan una riquísima variedad de matices al descender a cada caso particular. La historiografía tradicional ha polarizado, desde hace un buen tiempo, el estudio del mundo antiguo hacia tres escenarios geohistóricos prioritarios: el Oriente antiguo, especialmente las civilizaciones del denominado Creciente Fértil (básicamente la región de Mesopotamia); y la Grecia y la Roma clásicas, sobre cuyos ejes se articulará -aunque caben opciones diferentes- una verdadera historia unitaria del Mediterráneo antiguo.