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5 comentarios en «Causas de la Brecha Digital»

  1. Una forma de ilustrar los retos a los que se enfrentan los países menos desarrollados es considerar la escasez de publicaciones en revistas revisadas por pares. En 2013, sólo se publicaron 7 artículos en revistas científicas y técnicas por cada millón de habitantes en los países menos desarrollados de África. En comparación, en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico se publicaron unos 1.100 artículos de revistas científicas y técnicas por cada millón de personas.

    La correlación entre la inversión en investigación y desarrollo (I+D) y el crecimiento económico está bien aceptada. Por cierto, la noción de pasar a una “economía verde” se basa en la investigación y el desarrollo, al igual que el advenimiento de una “economía azul” basada en el uso sostenible de los recursos oceánicos. En pocas palabras, cuanto mayor sea la inversión en I+D, mayor será el margen de innovación que pueda impulsar el crecimiento. Sin embargo, en la mayoría de los países menos desarrollados, la relación entre el gasto en I+D y el producto interior bruto sigue siendo baja, inferior al 1%. Esto supone un obstáculo clave para el desarrollo de la competitividad y la capacidad de absorber y adaptarse a las tecnologías punta existentes. Si queremos hablar de que los países menos desarrollados den el salto a las tecnologías modernas, tendremos que tener en cuenta tanto las cuestiones de hardware como de software. Aunque la inversión en infraestructura tecnológica es un requisito previo, invertir en la creación de capacidad para adaptarse a la tecnología existente es igual de importante.

    El caso de los “nuevos países industrializados” es un potente recordatorio de ello. Utilizaron tecnologías del extranjero para hacer crecer su base industrial antes de crear sus propios avances científicos y tecnológicos. Sin embargo, este esfuerzo requirió una mano de obra educada y cualificada; en resumen, una amplia base de ciudadanos con conocimientos científicos. Esto es clave para el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación. Pero también aquí los países menos desarrollados se enfrentan a obstáculos. En 2015, casi el 40% de todos los niños y adolescentes no escolarizados del mundo vivían en países menos desarrollados. La tasa bruta de matriculación en educación terciaria era inferior al 9% en 2013, frente al 33% en todo el mundo. Sabemos que la matriculación en la enseñanza secundaria es un factor predictivo de tasas más altas de uso de Internet. La ciencia, la tecnología y la innovación están impulsadas y han dado saltos increíbles gracias a la potencia informática, así como al uso de Internet para los datos y el intercambio de información e ideas. Por lo tanto, no podemos dejar atrás a los países menos desarrollados en este sentido y debemos asegurarnos de que se incrementan las matriculaciones en la enseñanza secundaria y, de hecho, en la terciaria en esos países.

    En cuanto al obstáculo del hardware, la falta de conectividad de alta velocidad en los países menos desarrollados plantea un reto importante. Una conectividad inadecuada impide el acceso a las aplicaciones de banda ancha más prometedoras para la educación, la sanidad, las finanzas y otros sectores, así como a las redes de conocimiento mundiales y regionales. La mayoría de los países menos desarrollados se enfrentan a grandes dificultades para conseguir que el acceso a Internet de banda ancha esté disponible y sea asequible para todos. Las tecnologías digitales tienen un gran potencial para aportar beneficios de desarrollo económico y social a estas naciones. Para que eso ocurra, se requiere un esfuerzo considerable para dotar a los gobiernos y al sector privado de la capacidad necesaria para aprovecharlo.

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    • La tarea consiste en apoyar a los países menos desarrollados para que el acceso a la tecnología y al conocimiento esté al alcance de todos, y para liberar el potencial de la creatividad y el ingenio de las personas. Las dificultades están ahí para ser superadas. El retraso no tiene por qué ser una maldición eterna para los países menos desarrollados. No tienen por qué seguir atados a tecnologías anticuadas e ineficaces. Un primer paso fundamental sería reconocer y actuar sobre la necesidad de apoyar a este grupo de países, para ayudarles a ponerse al día. Se ha tendido una mano amiga a través de una entidad de las Naciones Unidas de reciente creación: el Banco de Tecnología para los Países Menos Adelantados.

      El Banco de Tecnología inició sus operaciones en septiembre de 2017 con la firma del acuerdo de país anfitrión entre las Naciones Unidas y Turquía. Su objetivo es apoyar a los países menos desarrollados en la creación de su capacidad científica, tecnológica y de innovación; fomentar ecosistemas de innovación nacionales y regionales; apoyar la investigación y el desarrollo propios; facilitar el acceso a los mercados; crear capacidad en el ámbito de los derechos de propiedad intelectual; y ayudar en la transferencia de tecnologías apropiadas. La creación del Banco Tecnológico marca también la consecución de la meta 17.8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, la primera meta de este tipo que se alcanza.

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    • Entre las primeras actividades que emprenderá el Banco de Tecnología se encuentra la preparación de estudios de referencia sobre ciencia, tecnología e innovación y evaluaciones de las necesidades tecnológicas en cinco países menos desarrollados -Guinea, Haití, Sudán, Timor Oriental y Uganda- en cooperación con otras organizaciones de las Naciones Unidas. Además, el Banco de Tecnología ya ha empezado a trabajar en la promoción del “acceso digital a la investigación”, asociándose con Research4Life, una asociación público-privada que lleva trabajando en más de 100 países de renta baja, incluidos todos los países menos desarrollados, desde 2002.

      La asociación reúne a organismos de las Naciones Unidas, 180 editoriales internacionales, universidades y otras organizaciones para proporcionar a los investigadores del mundo en desarrollo acceso en línea a revistas académicas y profesionales internacionales, bases de datos y otros recursos de información. En la actualidad, el Banco Tecnológico se centra en mejorar el acceso de científicos e investigadores a datos, publicaciones e iniciativas de ciencia, tecnología e innovación en 12 países menos desarrollados: Bangladesh, Bután, Burkina Faso, Liberia, Madagascar, Malawi, Mozambique, Nepal, Ruanda, Senegal, Tanzania y Uganda.

      La apertura del Banco Tecnológico llega en un momento importante, en el que estamos viendo cómo se plantan semillas de innovación en muchos países menos desarrollados. Esto nos da grandes esperanzas de que el Banco de Tecnología pueda ser una herramienta instrumental y de valor añadido para ayudar a crear las historias de éxito que están surgiendo en los países menos desarrollados.

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    • La salud es un ámbito clave en el que las innovaciones en los servicios móviles han tenido importantes repercusiones en el desarrollo. En Malawi, Airtel 321 proporciona información sobre nutrición materna e infantil a través del teléfono móvil en el idioma local. En Tanzania, se ha desarrollado una aplicación basada en SMS que hace que el proceso de registro de nacimientos sea más eficiente, rentable y accesible para los padres. En octubre de 2016, Zipline, una combinación de empresa emergente de alta tecnología fabricante de drones, proveedora de servicios logísticos y consultora de sistemas de atención sanitaria pública, comenzó a utilizar drones para entregar suministros médicos a clínicas de salud remotas en Ruanda. La asociación de Zipline con el Gobierno de Ruanda ha reducido drásticamente el tiempo necesario para entregar suministros médicos esenciales.

      También sabemos lo importante que es la tecnología para derribar las barreras a la inclusión financiera. Un ejemplo de éxito es el dinero móvil, que se ha extendido rápidamente en los países menos desarrollados. Ha ayudado a los “no bancarizados” a salir de la exclusión financiera para construir no sólo una vida mejor para las familias sino, lo que es más importante, crear horizontes de esperanza de que puede haber un futuro mejor por delante.

      La agricultura, pilar de tantas economías de los PMA -y, por cierto, de tantas mujeres que viven y trabajan en los países menos desarrollados- se ha beneficiado enormemente de las tecnologías digitales. Los teléfonos móviles ayudan a aumentar no sólo el cultivo y la cosecha de alimentos, sino también la fijación de precios. El proyecto Pink Phone en Camboya es un buen ejemplo. La iniciativa ayuda a las agricultoras a intercambiar conocimientos y acceder a recursos, comprar tierras y vender así más productos. En Senegal, Mlouma -una plataforma virtual- proporciona a los agricultores y, lo que es más importante, a los inversores, información en tiempo real sobre los precios, la ubicación y la disponibilidad de los productos a través de un sitio web o de un teléfono móvil.

      Los últimos avances en tecnología del transporte ya han tenido un gran impacto, transformando la forma en que la gente se desplaza, crea empleo y hace negocios. El sistema de metro ligero que entró en funcionamiento en la capital de Etiopía, Addis Abeba, en 2015 ha transformado totalmente la movilidad urbana. Es el primer sistema ferroviario ligero y de tránsito rápido del África oriental y subsahariana. En este contexto, también cabe mencionar que Ethiopian Airlines opera ahora un Boeing 787 Dreamliner de última generación.

      Estos son sólo algunos ejemplos, pero todos ellos demuestran que es posible que los países menos desarrollados se mantengan al día de los últimos avances en tecnología innovadora. Muestran lo que pueden conseguir la asociación entre el sector público y el privado y la cooperación Sur-Sur, y demuestran que la tecnología no es un fin en sí misma, sino un valioso facilitador en el camino hacia la consecución de un desarrollo sostenible e integrador para todos.

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