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Crisis Económica

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Crisis Económica

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Una economía capitalista es como una máquina muy compleja. Involucra a millones de individuos y empresas capitalistas, todos ellos toman decisiones que no se coordinan deliberadamente de antemano. Los muchos engranajes de esta máquina no se acoplan automáticamente. Cuando algunas personas deciden ahorrar parte de sus ingresos, no significa automáticamente que encontrarán a otros que quieran pedir prestado e invertir. Cuando algunas personas deciden invertir, no significa automáticamente que encontrarán compradores para los bienes producidos como resultado. Si los engranajes de una economía capitalista se combinan o no depende del marco institucional en el que operan las empresas capitalistas. Si el marco institucional no funciona y los engranajes no encajan, el resultado es una crisis.

Los economistas políticos radicales en los Estados Unidos han calificado a todo el conjunto de condiciones e instituciones que dan forma al proceso de obtención de ganancias capitalistas, en una sociedad particular en un momento particular, como una “estructura social de acumulación”. La acumulación de capital, el proceso del capitalismo.

Detalles

Las empresas que obtienen ganancias y las reinvierten para expandir sus operaciones son esenciales para las economías capitalistas.

Detalles

Las empresas capitalistas que no pueden obtener una ganancia no tendrán un incentivo para invertir. Si las empresas capitalistas no invierten, las fábricas serán cerradas y los trabajadores desempleados.

Detalles

Las economías capitalistas siempre pasan por ciclos de auge y caída, con recesiones que interrumpen el proceso de acumulación de capital y el crecimiento económico. La mayoría de las veces, estas crisis son tan superficiales que el crecimiento económico “normal” se reanuda sin cambios importantes en las instituciones marco.

Las crisis más severas pueden en realidad amenazar no solo el marco establecido, sino incluso la existencia continua del sistema capitalista en sí.Entre las Líneas En el siglo pasado, hubo tres períodos de profunda crisis en las instituciones marco del capitalismo estadounidense: la Gran Depresión de la década de 1930, la crisis de la década de 1970 y la crisis actual. De estos tres, la Depresión fue la más profunda, aunque no estuvo cerca de amenazar al sistema capitalista en los Estados Unidos (se acercó mucho más en otros países capitalistas).

Puntualización

Sin embargo, tanto la Depresión como la crisis de los años setenta dieron lugar a importantes cambios en las instituciones marco del capitalismo estadounidense. La Depresión marcó el comienzo de una era en la que el marco incluía un rol de gobierno relativamente grande y poderosos sindicatos en las industrias más importantes. Esto se conoce a veces como el período del “capitalismo regulado”. La crisis de la década de 1970 finalizó esta era y dio paso a otra, caracterizada por un nuevo marco en el que el papel del gobierno disminuyó y los sindicatos se debilitaron gravemente. Esto a veces se conoce como la era del “capitalismo neoliberal”.

Autor: Williams

CRISIS LATINOAMERICANA

Nota: esto es una continuación de la entrada sobre la entrada con este nombre.

Esta deuda social con los trabajadores deberá recomponerse a la brevedad mediante programas que tiendan a dinamizar la creación de empleos, recomponer la estructura ocupacional y mejorar los ingresos.

  • el crecimiento económico es necesario para dinamizar el empleo. Para ello, mediante políticas decididas, se buscará el ahorro nacional, sobre todo a través de la negociación de la deuda externa y la drástica disminución del consumo privilegiado.
  • la estructura ocupacional debe modificarse trasladando el empleo a sectores de mayor productividad económica y social. El empleo público puede ser utilizado en este sentido, así como activar la Economía Social del Trabajo. Especialmente deben incentivarse los servicios de salud, educación y vivienda, orientados a los grupos marginados durante la crisis.
  • los ingresos han de recuperarse a sus niveles históricos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A partir de tal piso, han de avanzar de acuerdo con la justicia conmutativa y social.

Es probable que, mediante convenios colectivos, dicha recuperación se exprese en participación real (y no meramente simbólica) en el capital de las empresas.

Claridad

Estas y parecidas medidas exigen claridad en el Estado y consenso social.

La claridad generará indicaciones reales a los agentes sociales, despejando una constante en la crisis: la desorientación de los operadores económicos, sobre todo las pequeñas y medianas empresas.

El consenso social supone una concertación seria y decidida, no un mero pacto efímero o logrado mediante favoritismos políticos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al contrario, saldar la deuda social y transformar el sistema en sus cuatro elementos (social/cultural/económico/político) supone agentes decididos y comprometidos a ello.

Una advertencia es necesaria: los trabajadores marginados o insuficientemente organizados, han de contar con canales (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “canals” en el contexto anglosajón, en inglés) serios de participación en la toma de las grandes decisiones del consenso; de lo contrario, la “defensa de la democracia” puede servir —ideológicamente— para consolidar la marginalidad y la dualidad en la sociedad. ”

Manifiesto de la Central Latinoamericana de Trabajadores

Interesa transcribir parte del Manifiesto del Io de Mayo de 1987 formulado por la CLAT (Central Latinoamericana de Trabajadores), que dice:

“La crisis se acentúa. Constatamos el agravamiento de la crisis que pone de manifiesto el agotamiento de un tipo de sociedad que se ha basado en un modelo donde predomina el dinero, el capital, el individualismo, la corrupción y la mentira, en contra del trabajo humano. La crisis toca a la sociedad en su conjunto, pero son los trabajadores y especialmente los más po¬bres, quienes pagan el mayor precio, profundizándose el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de las grandes mayorías populares, aumentando en forma geométrica la miseria y la marginalidad.

La crisis en un desafío. Ha llegado el momento de asumir nuevos comportamientos, aceptando el desafío como un reto, una oportunidad para la vida, para la esperanza, para una utopía (idealista, irreal: derivado del griego “u-topos”, significa “ningún lugar así”) realizable, que sirva de base para construir la nueva sociedad de los trabajadores. Se ha constatado y denunciado que los procesos de democratización que se vienen realizando en América Latina, se dan en las peores condiciones sociales, políticas, culturales y económicas. Procesos frágiles que enfrentan el justo reclamo de los pueblos que aspiran a participar y reclaman respuestas inmediatas a sus múltiples y terribles carencias.

La gran tarea ahora es la de renovar la democracia, consolidando, ampliando y profundizando estos incipientes y frágiles procesos de democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Si, Pero: Pero asumiendo también la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, en dimensiones socioculturales, sociopolíticas y socioeconómicas que se inspiren en un nuevo sistema de valores, y que tenga como base de sustentación la libertad, la justicia, la solidaridad, la participación, el pluralismo y una definida opción por los pobres; privilegiando el ser sobre el tener; y reiterando que el trabajo humano constituye aquí y ahora en América Latina la clave central de toda forma de desarrollo.

Estos procesos de democratización, ubicados en la construcción de ese nuevo modelo de desarrollo, deben ser asumidos y animados como un factor nuevo y determinante para la Unidad de América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Deben apurar el paso de la solidaridad y la integración de la región, como un imperativo para avanzar con propuestas concretas y viables, enmarcadas en una firme voluntad política en favor de la unidad, la integración y la solidaridad latinoamericana.

Los obstáculos. Es evidente que son múltiples los obstáculos a vencer. La permanencia de dictaduras en la región; el peso terrible de la deuda externa, que hoy se encara como un problema bancario, cuando realmente es un problema político; la urgente renovación del Movimiento de los Trabajadores, para que pueda ser capaz de integrar en su seno a todas las expresiones de la clase trabajadora; el colonialismo y el neocolonialismo que todavía pesan sobre la región; la militarización que conspira contra la paz y arrebata importantes recursos necesarios para el desarrollo; la influencia y la presencia de los imperialismos son algunos de los problemas a encarar y de los obstáculos a vencer.

Llamamiento: En este primero de Mayo renovamos nuestra fe y nuestra esperanza en la capacidad de los trabajadores para asumir los desafíos que se nos plantean y los cuales demandan coraje, voluntad política y compromiso militante; para renovar nuestras organizaciones y ponerlas en las mejores condiciones; para ser factor determinante en la profundización de la democracia, la justicia social y la integración de nuestros pueblos.

Con ese espíritu nos encaminamos a la realización de nuestro IX Congreso Latinoamericano, el cual deberá ser un momento histórico para que la clase trabajadora latinoamericana haga un alto en el camino y, con mejores y renovadoras fuerzas, continúe sus luchas y responda a las apremiantes exigencias de nuestros pueblos.
A estas necesarias y apasionantes luchas convocamos a todos los trabajadores, para que en forma unitaria y solidaria, recorramos juntos el camino de la liberación de los trabajadores y los pueblos de América Latina”. ”

Empresarios

A este esfuerzo de los trabajadores se ha de añadir el de los empresarios con sentido nacional quienes, advirtiendo la realidad de la crisis y la injusticia estructural del capitalismo periférico, unan esfuerzos para una praxis transformadora de la realidad. Los nuevos movimientos de solidaridad entre y con los trabajadores, sugeridos por “Laborem exercens,” se presentan como la mejor posibilidad (si no la única) para que América Latina sea, realmente, el Continente de la Esperanza. (Juan Pablo II, en Puebla de los Angeles)

Fuente: (R. C. F.), Diccionario del Derecho Social, Derecho Laboral y Seguridad Social

Efectos de la Crisis Económica en las Políticas de la Unión Europea

Cuando la crisis financiera y de la deuda en la zona del euro se agudizó en 2010, la atención política y académica se centró principalmente en sus consecuencias para el área de la moneda única y para el proceso interno de integración europea. Solo tardíamente se han realizado intentos para evaluar qué significa la crisis para la Unión Europea como actor internacional.

Un aspecto destacado en este último debate fue la perspectiva de la “geoeconomía”. Sostiene que, bajo la impresión de la crisis, la política exterior se ha convertido cada vez más en un instrumento de política de poder económico.2 Además, las políticas económicas han pasado una vez más de una interdependencia más positiva -donde la cooperación es mutuamente beneficiosa- a un área de conflicto y competencia para el acceso al mercado, las inversiones financieras y los recursos naturales. La perspectiva geoeconómica sostiene que, bajo la impresión de la crisis, la política exterior se ha convertido cada vez más en un instrumento de política de poder económico.3 La evaluación que la Unión Europea y sus Estados miembros transforman cada vez más en actores geoeconómicos se relaciona con el trabajo de Edward N. Luttwak (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A comienzos de la década de 1990, Luttwak declaró que a raíz del final de la Guerra Fría, cuando la relevancia del poder militar estaba (presumiblemente) en declive, los factores económicos se volvieron cada vez más relevantes en la política exterior.

Hoy en día, hay una reactivación de este Concepto: Se ha propuesto que las políticas económicas han pasado una vez más de una interdependencia más positiva -donde la cooperación es mutuamente beneficiosa- a un área de conflicto y competencia para el acceso al mercado, las inversiones financieras y los recursos naturales.Entre las Líneas En palabras de Ana Echague: “Frente al estancamiento de las economías, los estados miembros europeos se han vuelto mucho más agresivos para perseguir los acuerdos de exportación e inversión”.5 Tal perspectiva de realpolitik sugiere “una política exterior altamente pragmática orientada a abrir y mantener el acceso al mercado”.

Puntualización

Sin embargo, a pesar de estas afirmaciones, aún no se ha llegado a un consenso con respecto a la medida en que la crisis plantea un problema para la posición y el papel internacional de la UE.Entre las Líneas En mayo de 2012, Herman van Rompuy, entonces Presidente del Consejo Europeo, refutó explícitamente, por ejemplo, la opinión de los expertos que afirmaban que la política exterior y de seguridad de la UE sería víctima de la crisis.7 Algunos analistas académicos respaldaron su opinión, 8 pero otros, como el comisario europeo Olli Rehn (que era responsable de la moneda común), afirmaron lo contrario.Entre las Líneas En opinión de Rehn, Europa perdería la influencia geopolítica (más detalles sobre relaciones internacionales y las tensiones geopolíticas en nuestra plataforma) y económica como consecuencia de la crisis.

Entre quienes piensan que la crisis tiene algún efecto en la política exterior de la UE, no ha surgido consenso sobre su grado. Si bien se reconoce ampliamente que los efectos a corto plazo (véase más en esta plataforma general) de la crisis se combinan con los desarrollos estructurales a largo plazo, se discute la importancia relativa de los factores a corto y largo plazo. Simon Duke sostiene que la crisis ha distraído la atención del debate “sobre los intentos de la Unión de construir un papel más coherente, efectivo y visible para sí mismo en el escenario internacional frente a un orden global que cambia rápidamente”; sin embargo, enfatiza que la política exterior de la UE está determinada principalmente por desarrollos estructurales y de largo plazo (véase más en esta plataforma general) que no están directamente relacionados con la crisis. Los factores a más largo plazo (véase más en esta plataforma general) incluyen, por ejemplo, la fragmentación de la máquina de política exterior de la UE en Bruselas.

Existen al menos cuatro razones por las cuales las evaluaciones sobre el impacto de la crisis en la política exterior de la UE varían en gran medida.Entre las Líneas En primer lugar, la política exterior de la Unión Europea abarca una amplia gama de campos diferentes que muy probablemente se vean afectados por la crisis en diferentes grados.

Una Conclusión

Por lo tanto, según el enfoque empírico de su investigación, los analistas obtienen resultados muy diferentes con respecto al impacto de la crisis.Entre las Líneas En segundo lugar, los investigadores utilizan diferentes puntos de referencia y criterios para evaluar el impacto de la crisis financiera y de la deuda en la política exterior de la UE.Entre las Líneas En tercer lugar, no existe una perspectiva uniforme sobre la naturaleza de “la crisis”.

Si bien algunos analistas se refieren al estado actual de las cosas como una crisis financiera, otros lo conciben como una crisis de deuda soberana; un tercer grupo caracteriza la situación actual como una crisis económica o bancaria, alegando que ni la Unión Europea ni la Eurozona en su conjunto se enfrentan en absoluto a un grave problema de deuda.10 Obviamente, la “naturaleza de la crisis” depende mucho de los países específicos que el observador está mirando. Y por último, pero no menos importante, gran parte del trabajo centrado en el impacto de la crisis financiera y de la deuda en la política exterior de la UE carece de una perspectiva analítica comparativa.Entre las Líneas En la mayoría de los casos, el trabajo se realiza desde una perspectiva global, tratando la política exterior de la UE “como tal” o centrándose en los ámbitos políticos individuales, especialmente en las políticas de seguridad y defensa, así como en la cooperación para el desarrollo.

La crisis financiera y de deuda en la zona euro ha tenido un impacto negativo en diferentes dimensiones de la política exterior de la UE. La crisis condujo a una erosión de la base financiera y presupuestaria de la política exterior, incluso si fue más pronunciada a nivel nacional que a nivel europeo. También aceleró una tendencia hacia la economización de las prioridades políticas resultantes, entre otras cosas, en la profundización de los conflictos entre los estados miembros de la UE. Estos desarrollos, a su vez, han erosionado tanto la efectividad como el poder blando de la política exterior de la UE.

Una Conclusión

Por lo tanto, la crisis no solo es una tensión en el proceso de integración europea, sino también un desafío central para la Unión Europea como actor internacional.

Sin embargo, comparar el impacto de la crisis en diferentes campos de políticas no revela un patrón sistemático, por ejemplo, que la crisis tuvo un impacto más profundo en los campos “intergubernamentales” en comparación con áreas de políticas más integradas.

Puntualización

Sin embargo, las diferencias potencialmente relevantes en los campos son aún detectables. Si bien los ámbitos políticos integrados como la política comercial no se vieron más (o menos) afectados por la crisis, el nivel de la UE en algunos aspectos fue más resistente a las crisis que el nivel nacional, al menos considerando los aspectos presupuestarios. Esto se debe en parte al carácter plurianual del proceso presupuestario de la UE.

Otros Elementos

Además, las instituciones comunes de la UE como el Servicio Europeo de Acción Exterior y la Comisión Europea han sido bastante proactivas en algunas áreas (por ejemplo, la cooperación al desarrollo y la política de cambio climático) para prevenir o mitigar la erosión financiera de los compromisos de la UE.

Todas las áreas de la política exterior de la UE tienen en común que la crisis no fue la única, en algunos ámbitos políticos ni siquiera la principal, de la disminución de la efectividad y el poder blando de la Unión Europea como actor internacional. Más bien, los efectos relacionados con la crisis se han combinado con desarrollos estructurales y de más largo plazo, un hecho que Richard Youngs y otros llaman “crisis tras declive”. 46 Aquí también, las diferencias entre los campos de políticas eran detectables.Entre las Líneas En la política de vecindad de la UE hacia el norte de África, por ejemplo, los desarrollos estructurales y de largo plazo (véase más en esta plataforma general) tenían mucho más peso que los desafíos relacionados con la crisis.Entre las Líneas En otras palabras, las políticas de la UE con respecto a la región MENA apenas fueron efectivas incluso antes de la crisis financiera y de la deuda.

En las políticas económicas externas (comercio e inversión), la evolución a largo plazo (véase más en esta plataforma general) dentro del régimen comercial internacional, con la OMC en su núcleo, también son más importantes que los factores relacionados con la crisis a la hora de explicar las políticas de la UE en este ámbito.

Pormenores

Por el contrario, la crisis ha tenido un impacto mucho más visible y directo en la seguridad y la defensa, donde la disminución de los presupuestos militares claramente tiene repercusiones negativas para la eficacia y el resultado de las políticas.

La combinación de desafíos más inmediatos o relacionados con la crisis y de más largo plazo (véase más en esta plataforma general) y / o estructurales no es un buen augurio para la futura política exterior de la UE. Existe el claro peligro de que la “crisis en declive” produzca un “efecto de bloqueo”, lo que eventualmente (finalmente) podría conducir a una espiral descendente persistente de las políticas exteriores y de seguridad de la UE.Entre las Líneas En cualquier caso, “crisis tras declive” indica que los problemas y las deficiencias no desaparecerán simplemente con el eventual final de la crisis financiera y de la deuda. Si bien esto puede ocurrir con respecto a los recursos presupuestarios, por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ya pronostica un ligero aumento en los presupuestos de desarrollo de los Estados miembros, pero los recursos menos tangibles, como la credibilidad en la política exterior, no pueden restablecerse fácilmente.

Al abordar las posibilidades y limitaciones de las reformas para fortalecer la política exterior de la Unión Europea frente a la crisis financiera y de deuda, una conclusión central es que el entorno político de la Unión Europea como actor de política exterior se ha deteriorado significativamente desde el comienzo de la crisis. Las divergencias y los conflictos entre los estados miembros y las instituciones de la UE en Bruselas han aumentado.Entre las Líneas En ese entorno, los grandes avances en las políticas exteriores y de seguridad de la Unión Europea no son realistas, especialmente si tales iniciativas están vinculadas a cambios en los tratados.Entre las Líneas En consecuencia, “más Europa” sigue sin ser la respuesta, especialmente en áreas donde la soberanía nacional y los sentimientos desempeñan papeles importantes, no solo en la Política Exterior, de Seguridad y Defensa (PESC) sino también en la política financiera externa.

Autor: Henry Davis

Crisis de los Años 70

Una mirada retrospectiva a la crisis de la década de 1970, como un pivote entre dos épocas diferentes en la historia del capitalismo estadounidense, no es solo un ejercicio de nostalgia. Más bien, es una oportunidad para tratar de extraer lecciones de la historia del capitalismo estadounidense, incluidas esta y otras crisis, para aplicarla a la crisis actual y sus posibles resultados.

La “edad de oro” del capitalismo estadounidense

Los economistas convencionales (“neoclásicos”) a menudo actúan como si las economías capitalistas operaran de acuerdo con leyes universales invariables, y que cualquier violación de estas “leyes del mercado” (como la intervención macroeconómica del gobierno, la regulación industrial, el gasto en bienestar social, los sindicatos, etc.)) inevitablemente deletrea el desastre. El desempeño de la economía de los Estados Unidos durante la llamada “Edad de Oro”, desde finales de la década de 1940 hasta principios de la década de 1970, contradice esta opinión.

Nuestra primera lección clave: las economías capitalistas pueden operar bajo una amplia variedad de marcos institucionales que fomentan la acumulación de capital y el crecimiento económico.

Según la mayoría de las medidas convencionales, la economía de los Estados Unidos tuvo un mejor desempeño durante la “Edad de Oro” que durante períodos comparables en la historia de los Estados Unidos, combinando altas tasas de crecimiento económico junto con bajas tasas de desempleo e inflación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Desde fines de la década de 1940 hasta principios de la década de 1970, la economía de los Estados Unidos creció a una tasa promedio anual de casi el 4%. La tasa de desempleo anual solo superó el 6% dos veces en los 25 años entre 1949 y 1973. La tasa de inflación anual también superó el 6% dos veces, y en realidad fue inferior al 2% en 14 de los 25 años en este período. El promedio real de los ingresos por hora de los trabajadores de producción aumentó a una tasa promedio de más del 2% por año.

Durante este período, la economía de los Estados Unidos se caracterizó menos por las políticas de “libre mercado” favorecidas por los economistas de hoy en día que durante los períodos anteriores o posteriores. Existe un consenso mucho más amplio entre los economistas y los responsables de la formulación de políticas sobre la necesidad de una intervención gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) para estabilizar la economía en general, prevenir las recesiones y mantener el pleno empleo. El gasto gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) en consumo e inversión (que excluye las transferencias) fue algo más alto (generalmente 21-23% del PIB) desde fines de los años cincuenta hasta principios de los setenta que desde entonces (generalmente menos del 21% y menos del 19% entre los principios de los 90 y la recesión actual). Varios sectores comerciales importantes, incluyendo transporte, comunicaciones, servicios públicos y, lo más importante, banca y seguros, estaban altamente regulados. La regulación del sector financiero, en particular, Fue una respuesta a la Depresión y un intento de reducir la inestabilidad financiera que había ayudado a precipitarla. Los sindicatos tenían un lugar mucho más grande y más seguro en la economía de los Estados Unidos. La tasa de sindicalización alcanzó su punto máximo en más de una cuarta parte de la fuerza laboral a mediados de la década de 1950, y se mantuvo en más del 20% a mediados de la década de 1970 (para los trabajadores no agrícolas, alcanzó un máximo de casi el 35% y se mantuvo en más del 25% a mediados de la década de 1970).

Los economistas radicales Samuel Bowles, David Gordon y Thomas Weisskopf, en su influyente libro Beyond the Waste Land, identificaron tres pilares clave de la estructura social de acumulación de la posguerra, que denominaron el “acuerdo de capital-trabajo limitado”, el “capitalista”. acuerdo ciudadano ”y la“ pax americana ”.

El limitado acuerdo capital-trabajo incluía la voluntad de los grandes empleadores de reconocer a los sindicatos y negociar colectivamente, y la aceptación por parte de los sindicatos del control de la administración sobre el proceso de producción a cambio de aumentos salariales vinculados al crecimiento de la productividad, los beneficios de salud y jubilación, y la seguridad laboral. Los economistas radicales hablan de un acuerdo limitado entre capital y trabajo, ya que estos acuerdos excluyen a la mayoría de los trabajadores estadounidenses, que no estaban empleados por grandes empresas en las industrias “centrales” (automóviles, acero, camiones, etc.).

Otros Elementos

Además, la idea del acuerdo no debe interpretarse en el sentido de que terminó el conflicto industrial. Incluso en las industrias principales, los empleadores solo aceptaban a regañadientes a los sindicatos y, incapaces de destruirlos por asalto frontal, adoptaron estrategias similares a la guerra de baja intensidad.

El acuerdo capitalista-ciudadano incluía el compromiso del gobierno para prevenir el desempleo masivo y el establecimiento del estado de bienestar social. Estas fueron respuestas a la Gran Depresión y al aumento de la protesta social durante la década de 1930, y ayudaron a moderar los niveles de protesta social a fines de la década de 1940 y 1950. Una vez más, la idea de un “acuerdo” requiere una calificación seria.Entre las Líneas En la era anterior a los principales avances de los derechos civiles y los movimientos de liberación de las mujeres, la mayoría de la población de los Estados Unidos estaba excluida de cualquier acuerdo. Estas quejas darían lugar a las protestas sociales explosivas de los años sesenta.

La “Pax Americana” se refiere a la posición dominante de los Estados Unidos en el mundo capitalista.Entre las Líneas En el período inicial de la posguerra, las principales compañías estadounidenses tenían poco que temer de los competidores internacionales, y luego empezaron a salir de la ruina de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, el poder político y militar de los Estados Unidos ayudó a asegurar fuentes de energía y materias primas baratas. El gobierno de los EE. UU (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Apoyó a los dictadores amigos con los que podía contar para “luchar contra el comunismo”, mantener la seguridad de las inversiones de las empresas de los EE. UU. Cuando esta estrategia fracasó, como cuando los gobiernos socialistas o nacionalistas llegaron al poder y amenazaron la propiedad de las empresas estadounidenses o el acceso a mano de obra barata, el gobierno de Estados Unidos diseñó golpes de estado o intervino militarmente.

Los capitalistas encontraron mucho de qué quejarse en la estructura social de acumulación de la posguerra, especialmente el gran papel del gobierno y la fuerza relativa del movimiento obrero.

Puntualización

Sin embargo, las políticas gubernamentales de estabilización macroeconómica, el estado de bienestar y los grandes sindicatos poderosos en las industrias centrales, formaban parte de un marco institucional que fomentaba la rentabilidad capitalista y el crecimiento económico. Las políticas gubernamentales de estabilización macroeconómica ayudaron a prevenir las recesiones y la pérdida de ventas y ganancias que conllevan. Los programas de asistencia social, como el seguro de desempleo, actuaron como “estabilizadores automáticos” al moderar la disminución de los ingresos y el gasto durante las recesiones. La existencia de sindicatos y el aumento constante de los salarios reales ayudaron a impulsar la creciente demanda de los productos generados por las crecientes industrias de producción en masa.

La desaparición de la edad de oro

En la década de 1970, la posición de los Estados Unidos como el coloso sin oposición del mundo capitalista se vio repentinamente amenazada desde múltiples direcciones: el aumento de la competencia internacional, el aumento de los precios de la energía, la disminución de la productividad y la rentabilidad, y la creciente inflación y el desempleo. El déficit comercial de los Estados Unidos se disparó a lo largo de la década de 1960, y los déficits gubernamentales surgieron a finales de la década y persistieron hasta la década de 1970. La disminución de la confianza internacional en el dólar llevó al agotamiento de las reservas de oro del gobierno de los EE. UU., Ya que los tenedores internacionales de dólares exigieron el canje de sus dólares por oro. (La administración de Nixon respondió finalizando la convertibilidad a tasa fija del dólar por oro). La inflación repuntó a fines de la década de 1960, aumentando de aproximadamente un 3% en 1966 a casi un 6% en 1971. Si bien estas tasas pueden no parecer tan altas ahora, eran alarmantes en ese momento, ya que se avecinaban en un período de siete años en el que la tasa de inflación anual nunca superó el 1.6%. (Nixon respondió a la amenaza de la inflación con controles de precios y salarios en tiempo de paz sin precedentes).Entre las Líneas En 1973-1974, el primero de los dos “choques petroleros” mayores multiplicó por cuatro el precio del petróleo, aumentando dramáticamente los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de energía tanto para los consumidores como para las empresas. Las demandas salariales de los trabajadores superaron la tasa de crecimiento de la productividad, elevando los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) laborales unitarios para las empresas. La tasa de inflación anual se disparó a más del 10% en 1974 y nuevamente en cada uno de los tres años desde 1979 hasta 1981. La tasa de desempleo anual alcanzó el 8% en 1975 y alcanzaría casi el 10% en 1982.

La economía parecía atrapada en la nueva pesadilla de la “estanflación”, llamada así porque combinaba un bajo crecimiento económico y un alto desempleo (“estancamiento”) con altas tasas de inflación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Más Información

Las herramientas tradicionales de política macroeconómica parecían impotentes para lidiar con esta nueva bestia.Entre las Líneas En la década de 1960, la idea de una relación inversa estable entre el desempleo y la inflación (conocida como la “curva de Phillips”) se convirtió en parte de la ortodoxia de la política económica. Si la tasa de desempleo era alta, era probable que la inflación fuera baja y viceversa. Esta “compensación” dejó a los responsables políticos con los medios para combatir el desempleo o la inflación cuando cualquiera aparecía por separado. Cuando se enfrentan a una recesión, los legisladores podrían bajar las tasas de interés, aumentar el gasto del gobierno o bajar los impuestos para estimular la demanda y reducir la tasa de desempleo, a costa de un aumento en la tasa de inflación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto) (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al lidiar con la inflación, podrían elevar las tasas de interés, disminuir el gasto o aumentar los impuestos para reducir la demanda y “enfriar” la economía, a costa de un aumento del desempleo.

Puntualización

Sin embargo, cuando aparecieron simultáneamente altas tasas de inflación y desempleo, la política ortodoxa parecía carecer de una solución.

¿Qué llevó a la “edad de oro” a un final tan poco glorioso? Las condiciones que fomentaron la exitosa acumulación de capital y el crecimiento económico en los Estados Unidos durante la “Edad de Oro” se rompieron hacia el final de este período. El marco institucional de la posguerra, tan exitoso en términos convencionales durante un cuarto de siglo, dio paso a la crisis no solo porque las condiciones cambiaron a su alrededor, sino porque su propia operación socavó su continua viabilidad.

Impacto de la inflación

Nuestra segunda lección clave: a medida que cambian las condiciones, un marco institucional que ha fomentado la acumulación de capital y el crecimiento económico puede obstaculizarlos.

Los tres pilares del marco de la posguerra se sacudieron durante los años sesenta y setenta (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A nivel internacional, los Estados Unidos ya no disfrutaban de un dominio económico, político y militar indiscutible sobre el mundo capitalista. El gobierno de EE. UU. Había alentado la reconstrucción de las economías de Europa occidental y Japón, tanto para socavar el atractivo del comunismo en esos países como para demostrar la superioridad del capitalismo respecto del resto del mundo.

Puntualización

Sin embargo, la reactivación de la manufactura en Europa y Japón también significó una mayor competencia para las empresas estadounidenses en las industrias de manufactura “principales” como el acero y el automóvil. Mientras tanto, la resistencia al dominio estadounidense en el sur global socavó el acceso de las empresas estadounidenses a materiales y recursos energéticos baratos. El embargo de los compradores occidentales de petróleo por parte de los países productores de petróleo en 1973 y el consiguiente aumento de los precios del petróleo coincidieron con un punto bajo en la capacidad de los Estados Unidos para proyectar su poder político y militar a nivel internacional, justo después de la derrota del ejército estadounidense en Vietnam.. “Si en lugar de en 1973, la OPEP hubiera tratado de aumentar los precios y restringir la producción en 1953 o en 1963”, argumenta el economista radical Stephen A. Marglin, “es casi seguro que los marines estadounidenses habrían sido enviados”.Entre las Líneas En otras palabras, bajo otras circunstancias políticas, la “crisis del petróleo” de la década de 1970 probablemente no habría ocurrido.

A nivel nacional, el llamado “acuerdo capitalista-ciudadano” se rompió en la década de 1960 políticamente explosiva. Los movimientos sociales de masas —los derechos civiles, la liberación de la mujer, la lucha contra la guerra, el medio ambiente— fueron parte de este cambio. El aumento de la presión para la reforma social también dio lugar a un aumento de la regulación gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) de las empresas privadas. Bajo la antigua regulación “económica”, las agencias gubernamentales habían supervisado industrias específicas como ferrocarriles, camiones, telecomunicaciones, servicios públicos o bancos.Entre las Líneas En contraste, la “nueva regulación social”, que incluye las leyes ambientales, de protección al consumidor, seguridad y salud en el trabajo y contra la discriminación, afectó a las empresas en todas las industrias. La regulación era una forma, a finales de los años sesenta y principios de los setenta, para que el gobierno responda a las crecientes demandas de reforma sin aumentar el gasto del gobierno (ya en aumento, tanto para fines domésticos como de guerra). Las corporaciones capitalistas criticaron las nuevas regulaciones al imponer costosos costosos de hacer negocios.

Mientras tanto, el desempleo relativamente bajo de la posguerra significó que, en la década de 1960, la mayoría de los trabajadores activos no tenían experiencia directa (o temor arraigado) de desempleo masivo (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A fines de la década de 1960, la tasa de desempleo bajó (por debajo del 4% para cada uno de los cuatro años desde 1966 hasta 1969). Marglin argumenta que el bajo desempleo, junto con el colchón ofrecido por el estado del bienestar en caso de desempleo, dio lugar a una disminución del “costo de la pérdida de empleos”. La disminución del temor al desempleo animó a los trabajadores a exigir mayores aumentos de salarios al tiempo que reducía la autoridad de los capitalistas. el taller, su capacidad para imponer un alto ritmo de trabajo y, por lo tanto, la tasa de crecimiento de la productividad. El economista radical James Crotty señala los efectos combinados del aumento de los salarios y la disminución del crecimiento de la productividad en la conducción de grandes aumentos en los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) laborales por unidad de producción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) laborales unitarios, constantes en la primera mitad de la década de 1960, aumentaron casi un 2% por año desde 1968 hasta 1967, y más de un 6% por año desde 1968 hasta 1969. Estos costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) crecientes, a su vez, se convirtieron en ganancias para los capitalistas: el “Apretón de beneficios de pleno empleo”.

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Puede parecer extraño que los economistas radicales, cuyas simpatías recaigan en la clase trabajadora, atribuyan la crisis al aumento de los salarios y la disminución de las ganancias.

Puntualización

Sin embargo, no pretenden “culpar” a los trabajadores por la crisis. Más bien, están haciendo dos puntos:

Primero, el desempleo no es solo una enfermedad desde la cual las economías capitalistas pueden ser “curadas”, en beneficio de todos los involucrados. El desempleo es uno de los engranajes que las economías capitalistas requieren para funcionar. Volviendo a Karl Marx, los economistas radicales han comprendido la importancia del desempleo para garantizar las condiciones de rentabilidad en las economías capitalistas. Los capitalistas son más capaces de resistir las demandas de aumentos salariales (o incluso de imponer recortes salariales) si hay muchas personas desempleadas que buscan trabajo, y los empleadores pueden amenazar de manera creíble con reemplazar a los trabajadores actuales por personas desempleadas que buscan empleo. La capacidad de los capitalistas para imponer un alto ritmo de trabajo también depende de la existencia de un desempleo sustancial. La amenaza de despido, un medio clave para disciplinar a los trabajadores, es más creíble si los empleadores pueden reemplazar fácilmente a los trabajadores despedidos y si los trabajadores que pierden sus empleos probablemente enfrenten un largo y costoso período de desempleo. Los largos períodos de desempleo muy bajo amenazan la rentabilidad capitalista por estas dos razones.

En segundo lugar, las ganancias son el alma del capitalismo. Si los capitalistas no esperan obtener ganancias, no invertirán (comprarán edificios, maquinaria, etc.) ni contratarán trabajadores. Esto no quiere decir que lo que interesa a los capitalistas (ganancias) también beneficie a los trabajadores, excepto tal vez como se podría decir que a un ladrón armado le conviene obtener el dinero de la víctima y está en El interés de la víctima por entregarlo. Más bien, significa que los capitalistas utilizan su control de los medios de producción para obtener un tributo, en forma de ganancia, de lo que producen los trabajadores. El poder de los capitalistas sobre la inversión y el empleo en una economía capitalista significa que, si los capitalistas no pueden extraer su tributo, el resto de la sociedad sufrirá.

La movilización capitalista

La crisis de la década de 1970 marcó el final del marco de la “Edad de Oro” y el advenimiento del capitalismo “neoliberal”. El triunfo de una agenda de política económica hostil a la intervención económica del gobierno, los programas de bienestar social y la organización laboral fue parte de un cambio más amplio hacia la derecha en la política estadounidense. La derecha recurrió a las corrientes en la cultura política de los Estados Unidos que se inclinaban por un pasado imaginado de independencia individual y culpaban a la regulación gubernamental, a los impuestos y a los programas sociales por el deterioro económico y moral percibido de la sociedad (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aprovechó y alimentó una reacción violenta contra los derechos civiles y los movimientos de liberación de las mujeres. [rtbs name=”historia-de-las-mujeres”] Los conservadores canalizaron esta rabia en ataques a programas sociales y acción afirmativa. También aprovechó el poder del nacionalismo y la identificación de muchas personas comunes con el estatus de superpotencia de los Estados Unidos. Prometió revertir los golpes recientes a la autoimagen nacional: la derrota en la guerra de Vietnam, el surgimiento de la OPEP y los choques petroleros, la Revolución iraní y la crisis de los rehenes, la aparente pérdida de dominio económico para los competidores internacionales, y restablecer país a su lugar legítimo de supremacía mundial. Estos fueron los pilares del “populismo” de derecha en los años 70 y 80, y en gran medida siguen siéndolo hoy.

Sin embargo, tan importante como este llamamiento “populista” fue, el “giro a la derecha” en la política económica de los Estados Unidos también tuvo fuentes claramente de élite. Enfrentando múltiples amenazas durante la crisis de la década de 1970, los capitalistas (especialmente las corporaciones capitalistas más grandes) se movilizaron de manera extraordinariamente efectiva para asegurar que la crisis se resolviera de una manera que fuera favorable a sus intereses de clase compartidos.

Había tres puntas principales en la movilización capitalista. Primero, financiaron organizaciones de políticas (o “think tanks”) que ayudaron a desarrollar la agenda de política económica conservadora. Los capitalistas canalizaron el apoyo financiero a los think tanks conservadores existentes, como la Institución Hoover y el American Enterprise Institute, que hasta entonces tenían recursos e influencia limitados. También apoyaron nuevas organizaciones políticas, fundadas a principios de la década de 1970, como el Instituto de Estudios Contemporáneos y la Fundación Heritage. Este apoyo ayudó a convertir a los think tanks conservadores más antiguos y más nuevos a la prominencia nacional.

En segundo lugar, aumentaron la escala y la eficacia de sus esfuerzos de cabildeo. Los capitalistas aumentaron la membresía de organizaciones empresariales existentes, como la Cámara de Comercio de los EE. UU., Y las grandes corporaciones crearon una nueva organización importante, la Mesa Redonda Empresarial. Fundada en 1972 (fusionando dos organizaciones anteriores), la Mesa Redonda de Negocios reunió a las compañías industriales más grandes de los Estados Unidos. Para 1974, sus 150 miembros incluían 60 de las 100 empresas industriales más grandes de los Estados Unidos y 90 de las 200 más grandes (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A finales de los años 60 y principios de los 70, las grandes empresas estaban a la defensiva, enfrentando una marea creciente de seguridad ambiental y laboral. y sanidad, y regulación de la protección del consumidor (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A finales de la década de 1970, dos piezas principales de la legislación de reforma, una propuesta de reforma de la ley laboral (el derecho laboral o de trabajo, las normas que regulan la prestación de servicios personales por cuenta ajena, remunerada y en situación de subordinación) respaldada por la AFL-CIO y un proyecto de ley para establecer una agencia de protección al consumidor, fracasó, en gran parte debido a la movilización de negocios en su contra. Como lo expresó el científico político David Vogel, “las cosas cambiaron políticamente” políticamente, incluso antes de que la elección decisiva de 1980 trajera a una serie de nuevos conservadores al Congreso y a Ronald Reagan a la Casa Blanca.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Tercero, dirigieron el apoyo a candidatos conservadores para cargos públicos. Las corporaciones capitalistas no siempre dirigen las contribuciones de campaña solo a los candidatos que perciben como ideológicamente “pro-empresa”. Las corporaciones individuales también usan las contribuciones de campaña para ganar influencia con los funcionarios electos y pueden contribuir a candidatos que no consideran generalmente pro-empresa, pero que piensan que es probable que ganen las elecciones y que devuelvan el favor de una contribución de campaña.

Detalles

Las empresas en industrias altamente reguladas y aquellas altamente dependientes de los contratos gubernamentales tienen una mayor probabilidad de participar en este tipo de donaciones de campaña “pragmáticas”.Entre las Líneas En el ciclo electoral de 1978, los comités de acción política de las empresas comenzaron a alejarse de las contribuciones pragmáticas e ideológicas.Entre las Líneas En lugar de contribuir a los poderosos titulares, las grandes corporaciones dirigieron cada vez más sus contribuciones a los retadores conservadores. Este apoyo ayudó a cambiar la composición ideológica del Congreso en una dirección “pro-empresarial”, especialmente en las elecciones de 1980, y ayudó a los conservadores a defender sus logros en 1982.

La movilización capitalista de la década de 1970 desempeñó un papel importante en la consecución de un cambio radical en la política económica, a veces conocida como el “giro a la derecha”, que comenzó a fines de la década y continuó con la “Revolución de Reagan” en la década de 1980:

La “compresión de las ganancias en el pleno empleo” finalizó a fines de la década de 1970, cuando el presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, nombrado por el presidente Carter, logró un aumento dramático en las tasas de interés. Esto detonó una profunda recesión e impulsó la tasa de desempleo anual (oficial) promedio cerca del 10% tanto en 1982 como en 1983. El desempleo masivo no fue una consecuencia involuntaria de esta política, sino el medio elegido para finalmente romper el poder de los trabajadores para presionar por un salario. demandas.Entre las Líneas En la década de 1980, el poder del movimiento obrero había disminuido durante años y las corporaciones capitalistas individuales habían adoptado una postura cada vez más agresiva hacia el trabajo. Esta ofensiva del empleador se intensificó después de que Reagan rompiera la huelga de los controladores aéreos en 1982, ampliamente interpretada como una señal para los capitalistas de la “temporada abierta” sobre los sindicatos. El declive de la unión aceleró los efectos.

A pesar de todos sus ataques contra los males del “gran gobierno”, los conservadores no recortaron los gastos federales durante los años ochenta. Más bien, las prioridades cambiaron. Los conservadores atacaron los programas sociales (aunque el “fin del bienestar tal como lo conocemos” tendría que esperar hasta la década de 1990 y el gobierno de Clinton) mientras que la administración de Reagan persiguió un aumento militar sin precedentes en tiempos de paz. Esta juerga de gastos no solo fue una bendición para los contratistas de defensa, sino también parte del programa de la administración para reconstruir el poder militar de los EE. UU (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A nivel mundial.

Mientras tanto, las corporaciones y los ricos disfrutaron de una bonanza de recortes de impuestos, instigados por los economistas del “lado de la oferta” que argumentaron que las altas tasas de impuestos marginales estaban destruyendo los incentivos para trabajar e invertir. Las reformas impositivas en 1981 y 1986 redujeron la tasa impositiva marginal de los ingresos personales más altos del 70% al 34%, elevaron el umbral del impuesto al patrimonio y redujeron las tasas del impuesto a la renta corporativo.

Tanto la administración de Carter como la de Reagan persiguieron el retroceso de la regulación específica de la industria en sectores como las telecomunicaciones, el transporte y las finanzas. La desregulación de las finanzas se logró principalmente a principios de la década de 1980 (dejando solo las separaciones regulatorias, que se remontan a la Depresión, entre banca comercial, banca de inversión, corretaje de valores y seguros, para ser revocadas bajo Clinton durante la década de 1990). La administración Reagan también tenía una estrategia para violar la “nueva regulación social”, incluso cuando no podía derogar la legislación reguladora, reduciendo los fondos y la dotación de personal de las agencias de aplicación.

La llamada Revolución de Reagan fue más que un conjunto de políticas aplicadas por un solo gobierno. Las políticas de la era de Reagan no se invirtieron, y en muchos aspectos se profundizaron, por las administraciones posteriores, tanto republicanas como demócratas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al igual que el New Deal en la década de 1930, la era Reagan sentó las bases de un nuevo conjunto de instituciones marco relativamente estables. La llamada estructura de acumulación social neoliberal, por monstruosa que fuera, funcionó como un marco para la acumulación de capital y el crecimiento económico durante casi tres décadas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Ahora ha caído en crisis.

Historia y Futuro

Al mirar retrospectivamente la historia, a veces es difícil recordar que el resultado no fue una conclusión inevitable, que las cosas no tuvieron que salir como lo hicieron.

Puntualización

Sin embargo, que el marco de la posguerra fuera “intervencionista” no significa automáticamente que su desaparición daría lugar a un marco de “libre mercado”, como si la política económica oscilara como un péndulo entre dos posiciones fijas. Múltiples propuestas políticas sostenidas como posibles formas de salir de la crisis de los años setenta. Entre estas se encontraban propuestas que habrían aumentadoel papel del gobierno en la vida económica: “política de ingresos” (en el que el gobierno desempeña un papel mucho más importante en la determinación de la distribución del ingreso entre el trabajo y el capital a nivel nacional, como en muchas democracias sociales de Europa occidental) y “política industrial” (en el que el gobierno desempeña un papel mucho más importante en la dirección de la inversión a sectores particulares de la economía, una idea que fue impulsada en los años setenta y ochenta por el éxito de Japón con tales políticas). El triunfo del capitalismo “neoliberal” después de la crisis de la década de 1970 no fue inevitable.

Nuestra tercera lección clave: el resultado de una crisis no está predeterminado por las características del marco preexistente o los detalles de la crisis en sí, sino que está determinado por el equilibrio de poder entre diferentes grupos sociales con intereses en conflicto.

Esta última lección es, quizás, la más importante para comprender la crisis económica actual y sus posibles resultados. Considere las dos últimas crisis profundas de la economía estadounidense, la Gran Depresión y la crisis de los años setenta.Entre las Líneas En los Estados Unidos, la Depresión resultó en un gran aumento en la organización sindical. Las principales industrias como automóviles, acero y camiones de larga distancia se organizaron por primera vez. La tasa de sindicalización nacional se triplicó con creces: de menos del 7% a casi el 24% de la fuerza laboral entre 1930 y 1947. Este aumento desde abajo se benefició y ayudó a forzar cambios políticos desde arriba, incluida la creación del estado de bienestar moderno..Entre las Líneas En otros países, donde el equilibrio de fuerzas era diferente, las consecuencias de la Depresión eran diferentes, incluido, por supuesto, el aumento del nazismo. Durante la crisis de la década de 1970, los capitalistas, especialmente las corporaciones capitalistas más grandes, se movilizaron con extraordinaria eficacia y utilizaron la crisis para ayudar a lograr los cambios en las políticas que querían. Nuevamente, los resultados no fueron los mismos en todos los países. [rtbs name=”mundo”] La agenda de política neoliberal que se apoderó de los Estados Unidos y el Reino Unido no ha llegado tan lejos en otros países capitalistas ricos.

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La crisis actual ha creado una situación fluida en la política económica.Entre las Líneas En respuesta a la recesión actual, la más severa para los Estados Unidos desde la década de 1930, el gobierno federal ha adoptado políticas “anticíclicas” (anti-recesión) que, según los economistas principales, no eran necesarias ni deseables. Ha extendido grandes rescates financieros a empresas privadas, principalmente a instituciones financieras, aunque también a la enfermiza industria automotriz que una vez fue la joya de la corona del capitalismo estadounidense. La crisis ha dado lugar a pedidos de una nueva regulación financiera, que comenzaría a revertir las tendencias de desregulación de los últimos treinta años. También son posibles nuevas regulaciones o reformas importantes en los sectores de la energía y los seguros de salud (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Algunas de estas medidas se han encontrado con una fuerte oposición, tanto de las grandes corporaciones capitalistas (por ejemplo, compañías de seguros de salud) y de los movimientos populistas reaccionarios.

Puntualización

Sin embargo, ha habido poca o ninguna indicación de un resurgimiento en la organización laboral o cualquier movilización masiva a favor de una nueva regulación, un estado de bienestar social ampliado, un cambio en la política de relaciones laborales a favor de los trabajadores u otras reformas. Por no hablar de una agenda social más radical.

Pocas personas ajenas a la rabiosa derecha creen que el capitalismo se enfrenta a una abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) inminente en los Estados Unidos. Para aquellos de nosotros que quisiéramos que el sistema capitalista fuera reemplazado por una sociedad basada en el control de los trabajadores sobre sus propios lugares de trabajo, el control democrático sobre la asignación de recursos en toda la economía, el acceso garantizado a bienes básicos (como nutrición adecuada, vivienda, salud). cuidado y educación) como derechos humanos, y una distribución generalmente equitativa de la riqueza, para usar el término de moda, “socialismo”, los resultados de la crisis actual son, sin embargo, una cuestión de gran importancia. Las direcciones tomadas en política económica en momentos críticos de la historia pueden tener un gran efecto en las condiciones de vida de millones de personas y las condiciones de lucha política en las próximas décadas.

Si surgen nuevos movimientos, no deberían convertirse en los soldados de un gobierno o partido político en particular (como, desafortunadamente, el movimiento sindical se convirtió en parte del Partido Demócrata después del New Deal). Los movimientos de base independientes podrían apoyar algunas propuestas de reforma de un partido o administración en particular, presionar a otros para que vayan más lejos de lo que querrían sus patrocinadores y oponerse a otros. Podrían desarrollar propuestas de reforma propias, para desafiar no solo esta o aquella política económica, sino los cimientos del sistema capitalista en sí. Podrían engendrar no solo nuevas organizaciones en los lugares de trabajo y comunidades, sino también nuevos partidos políticos, sin ser respetados por patrocinadores capitalistas.

Autor: Williams

Véase También

Crisis financiera, Política exterior, Unión Europea, Prioridades políticas, Poder blando, Cooperación para el desarrollo, Gobernanza financiera internacional, Política exterior y de seguridad común (PESC), Economía Política.

Bibliografía

David M. Kotz, Terrence McDonough, and Michael Reich, Social Structures of Accumulation: The Political Economy of Growth and Crisis, Cambridge University Press, 1994; Stephen A. Marglin and Juliet B. Schor, The Golden Age of Capitalism: Reinterpreting the Postwar Experience, Clarendon Press, 1990; Bureau of Economic Analysis, National Economic Analysis, Current Dollar and Real GDP http://www.bea.gov; Bureau of Labor Statistics, Labor Force Statistics from the Current Population Survey, Annual Averages, Unemployment Rate, Historical Data, http://www.bls.gov; Samuel Bowles, David Gordon, and Thomas Weisskopf, Beyond the Waste Land: A Democratic Alternative to Economic Decline, Anchor Press/Doubleday, 1983; Michael Goldfield, The Decline of Organized Labor in the United States, University of Chicago Press, 1987; David Vogel, Fluctuating Fortunes: The Political Power of Business in America, Basic Books, 1989; James Crotty, “Review: Turbulence in the World Economy, by Robert Brenner,” Challenge, Vol. 42, No. 3, 1999; Dan Clawson and Mary Ann Clawson, “Reagan or Business: Foundations of the New Conservatism,” in Michael Schwartz (ed.), The Business Elite as a Ruling Class, Holmes and Meier, 1987; Joseph G. Peschek, Policy-Planning Organizations: Elite Agendas and America’s Rightward Turn, Temple University Press, 1987; Val Burris y Games Salt, “La política de los segmentos de clase capitalista: una prueba de la teoría del liberalismo corporativo”, Problemas sociales, vol. 37 No. 3, 1990; Departamento de Hacienda de los Estados Unidos, “Historia del sistema tributario de los Estados Unidos”,

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