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Identidad

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Identidad

Este elemento es un complemento a las guías y cursos de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y un análisis sobre la identidad. [aioseo_breadcrumbs]

Derecho a la identidad personal y derecho a la identidad sexual

Nuestro punto de partida será aquí que “persona es todo ser humano”, “toda persona tiene derecho al reconocimiento de su personalidad” (en Argentina, CADH, art. 1ro. numeral 2 y artículo 3ro. respectivamente, con relación al artículo 75 numeral 22 de la Constitución de Argentina).

Existen en nuestro ordenamiento constitucional derechos implícitos en torno a la personalidad jurídica del ser humano, entre los cuales se halla el derecho a la identidad sexual, a lo que cabe añadir que el reconocimiento del derecho a la identidad sexual constituye una exigencia constitucional (Germán J (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bidart Campos, “Notas de Actualidad Constitucional”, en E.D. 104/110 -1983, Tomo 104-, ps. 1010/1028. Punto XV, “Derecho a la Identidad Sexual”, p. 1024.).

En profundos estudios desde la óptica del derecho en su relación con la antropología y la filosofía de la cultura, bien se ha observado que en los fenómenos de transexualidad “el desarrollo de la personalidad revela una discrepancia entre la identidad vital y la jurídica en cuestión de la diferenciación sexual. Las vivencias cotidianas, los sentimientos y la vida social del afectado presentan características contradictorias con las establecidas en la partida de nacimiento… El transexual experimenta una ruptura en la solidaridad de su existencia, originada por la falta de correspondencia entre su propia realidad y su realidad jurídica” (Jan M (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Broekman, Derecho y Antropología, Ed. Civitas. Trad. Pilar Burgos Checa, Madrid, 1993, p. 105). Estas reflexiones resultan ciertamente aplicables en toda su dimensión al caso bajo examen.

La persona es única e idéntica solo a sí misma. La libertad permite a cada uno elaborar intransferiblemente su propio proyecto de vida, su existencia. La identidad personal, entraña una inescindible unidad psicosomática, con múltiples aristas de diversa índole vinculadas entre sí, configurando una propia manera de ser, con aspectos estáticos y dinámicos, que conllvea la necesidad de protección jurídica a dicha identidad real.

El derecho a la denominada identidad personal, respecto del cual el derecho a la identidad sexual se encuentra en una relación de género a especie, ha significado un “descubirmiento”, en la constelación siempre creciente de los derechos de la persona o “personalísimos”, que ofrece hoy una visión más rica y más profunda, respecto de perspectivas anteriores centradas en la mera identificación (en palabras de Carlos Fernández Sessarego, Derecho a la identidad personal, Editorial Astrea, 1992, ps. 231 y ss).

Identidad Nacional

El libro de Huntington, “¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional de Estados Unidos”, se adentra en el tema de la inmigración a Estados Unidos con un ardor sin precedentes y un sentimiento nostálgico. Hay una creciente oposición a la inmigración entre los estadounidenses comunes y, si Huntington es una indicación, también entre los observadores académicos.

Este libro rompe con el trabajo anterior de Huntington de manera significativa, y con frecuencia bastante perturbadora. Se acabó el realismo que caracteriza a la mayoría de sus escritos: ¿Quiénes somos? está plagado de la misma clase de pasión moralista, que a veces limita con la histeria, que Huntington encuentra tan preocupante en la política estadounidense. Él trata a las élites estadounidenses con un desprecio desdeñoso que no se puede encontrar en el más respetuoso The Soldier and the State y elogia por su perspicacia a los mismos estadounidenses comunes que él ha descrito como atraídos por cruzadas morales sin esperanza en su trabajo anterior. Evita el tratamiento realista de la historia estadounidense a favor de la nostalgia romántica de la cultura anglo-protestante. Y luego está el fatalismo del libro: Huntington le dice a sus lectores que él es un “patriota… profundamente preocupado por la unidad y la fuerza de mi país basada en la libertad, la igualdad, la ley y los derechos individuales”, pero retrata a los Estados Unidos como desafortunadamente sin recursos en su lucha contra la inmigración, como si la identidad del país fuera demasiado frágil para los desafíos que enfrenta. Aunque Huntington estaba profundamente preocupado por la década de 1960 y sus consecuencias, logró mantener la calma en los libros posteriores. La inmigración le ha tocado los nervios de una manera que los niños de las flores y los manifestantes nunca lo hicieron. ¿Quienes somos? Es Patrick Buchanan con notas al pie.

Mitos fundadores

Huntington cree que existe una identidad estadounidense central, formada por el disgusto del anglo-protestantismo.Entre las Líneas En el pasado, todos los inmigrantes (los primeros estadounidenses, señaló, eran colonos, no inmigrantes) estaban dispuestos a suscribirse a esta identidad.Si, Pero: Pero entre los que llegan hoy, según Huntington, hay muchos que se niegan a compartir, e incluso denuncian como delincuentes, la identidad cultural de Estados Unidos. Advierte que, a menos que Estados Unidos insista en que lo acepten, lo cual es improbable dadas las prioridades globales de los negocios y las fantasías multiculturales de las élites liberales, “los Estados Unidos de América sufrirán el destino de Esparta, Roma y otras comunidades humanas.. ”

Cada una de esas proposiciones, sin embargo, es exagerada. Al aplicarles una sensación de desapasionamiento de Huntington, se obtiene una visión mucho más optimista de cómo los Estados Unidos no solo pueden sobrevivir a la inmigración, sino que también prosperan.

En primer lugar, es incorrecto afirmar que la identidad estadounidense se formó al disentir el anglo-protestantismo. Dos de las iglesias prominentes en la fundación de los Estados Unidos se establecieron en lugar de disentir: la Iglesia de Inglaterra se convirtió en la iglesia establecida de Virginia con el nombre de Episcopal, y el presbiterianismo se había establecido en Escocia. Sin duda, los puritanos habían sido una secta disidente en Inglaterra, pero se convirtieron en una iglesia establecida en Massachusetts. Nueva York y Nueva Jersey, mientras tanto, estaban pobladas principalmente por colonos holandeses; Los católicos eran una fuerza poderosa en Maryland; Rhode Island fue fundada por los bautistas (muchos de los cuales tenían raíces británicas pero seguían una secta con orígenes alemanes).

Afirmar que existe una “cultura anglo-protestante” común también ignora el hecho de que los protestantes han discrepado con vehemencia sobre lo que es esa cultura. Los protestantes disidentes, no tan destacados en la fundación estadounidense, dieron forma al Segundo Gran Despertar de los años 1820 y 1830.

Puntualización

Sin embargo, al hacerlo, tuvieron que rebelarse contra las ortodoxias religiosas de las iglesias calvinistas más establecidas. Rechazaron la idea de que la salvación estaba estrictamente en manos de un Dios arbitrario y caprichoso, violando, como lo hace, todo principio del individualismo democrático estadounidense, en favor de una simpatía evangélica por el Arminianismo, que sostenía que los individuos podían desempeñar un papel en su propia salvación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Realmente no existe tal cosa como la religión protestante; hay muchas sectas protestantes cuyas ideas sobre todo, desde la autoridad de las Escrituras hasta el papel de la liturgia, están en conflicto. Si la religión da forma a la identidad, Estados Unidos ha tenido muchas identidades porque ha tenido tantas religiones. Huntington sabe todas estas cosas; Su dominio de la historia religiosa estadounidense es impresionante. Él simplemente nunca los incorpora a su argumento. Su dominio de la historia religiosa estadounidense es impresionante. Él simplemente nunca los incorpora a su argumento. Su dominio de la historia religiosa estadounidense es impresionante. Él simplemente nunca los incorpora a su argumento.

Es cierto que los inmigrantes no protestantes en el siglo XIX y principios del XX aceptaron muchos aspectos de la adoración protestante: todas las religiones estadounidenses, incluso el catolicismo y el judaísmo, eventualmente (finalmente) se convierten en congregacionales.Si, Pero: Pero Huntington no aprecia el grado en que los inmigrantes moldearon la cultura estadounidense incluso cuando se asimilaron. El catolicismo ya era la denominación cristiana más grande en los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, y su distintivo espíritu cambió la forma en que los estadounidenses celebran la Pascua, asisten a la escuela, practican deportes y conducen la política exterior. Los judíos estadounidenses adaptaron su fe a la cultura estadounidense, pero la encarnación paradigmática de la cultura estadounidense, la película, desde sus inicios estuvo formada por una sensibilidad claramente judía.

La afirmación de Huntington de que los inmigrantes recientes son más hostiles a la tradición norteamericana de asimilación que los que vinieron antes de ellos es igualmente errónea. Revisa la evidencia de que los mexicanos, el grupo de inmigrantes más grande, no están tan bien educados como los demás, tienen menos probabilidades de solicitar la ciudadanía y no se casan con tanta frecuencia.

Puntualización

Sin embargo, contrariamente a la opinión popular, los mexicano-americanos adquieren el inglés de manera similar a los inmigrantes anteriores y, de acuerdo con al menos una medida importante de asimilación, la conversión al protestantismo evangélico, probablemente estén por delante de todos los demás grupos de inmigrantes, excepto los coreanos.

Pormenores

Las afirmaciones de Huntington de que la inmigración mexicana resultará en “la reconquista demográfica de las áreas que los estadounidenses tomaron de México por la fuerza en las décadas de 1830 y 1840” y que los inmigrantes pueden intentar reconectar los estados del suroeste de México no solo son incendiarios, sino que tienen poca base.

Juegos de patriotas

Solo uno de los puntos de Huntington resiste la prueba de la realidad empírica: los estadounidenses comunes tienen más probabilidades de ser patriotas y nacionalistas que las elites liberales. Este descubrimiento, sin embargo, socava el argumento de Huntington sobre la importancia de la cultura anglo-protestante.

Huntington cree, por un lado, que hay demasiados inmigrantes recientes y, por otro lado, que los estadounidenses comunes son más patriotas que las elites. Ambos no pueden ser ciertos: con un número tan grande de inmigrantes en la población general, la masa patriótica de los estadounidenses comunes debe incluir a muchos inmigrantes.

Los propios datos de Huntington afirman esto. El ochenta y uno por ciento de los blancos no hispanos dicen que están dispuestos a luchar por su país, mientras que la cifra entre los inmigrantes es del 75 por ciento, no tan diferente. (Otra encuesta que revisa en realidad muestra que más padres hispanos que padres blancos estuvieron de acuerdo con la afirmación “Estados Unidos es un país mejor que la mayoría de los demás países del mundo”.) De las 525 muertes estadounidenses en Irak a principios de febrero de 2004, cuatro se llamaron Pérez (Héctor, Joel, José y Wilfredo). Según mi cálculo aproximado, 64 de los 525 apellidos hispanos poseídos. Esto es el 12 por ciento del total, exactamente igual al porcentaje de la población estadounidense que es hispana. Uno de ellos, José Gutiérrez, un huérfano. Llegó a los Estados Unidos a la edad de 14 años en tren, a pie y en autobús, y el gobierno de los Estados Unidos le otorgó la ciudadanía póstuma. Como innumerables inmigrantes antes que él, se asimiló al morir en defensa de la sociedad a la que tanto le costaba llegar. De hecho, los inmigrantes recientes en los Estados Unidos son más patriotas hacia su nuevo hogar que los británicos asentados hace tiempo hacia el Reino Unido, los franceses hacia Francia o los alemanes hacia Alemania. Otros países estarían encantados de tener inmigrantes con tales simpatías asimilacionistas. Los inmigrantes recientes en los Estados Unidos son más patriotas hacia su nuevo hogar que los británicos asentados hace tiempo hacia el Reino Unido, los franceses hacia Francia o los alemanes hacia Alemania. Otros países estarían encantados de tener inmigrantes con tales simpatías asimilacionistas. Los inmigrantes recientes en los Estados Unidos son más patriotas hacia su nuevo hogar que los británicos asentados hace mucho tiempo hacia el Reino Unido, los franceses hacia Francia o los alemanes hacia Alemania. Otros países estarían encantados de tener inmigrantes con tales simpatías asimilacionistas.

Las afirmaciones de Huntington sobre la importancia de la cultura anglo-protestante también se ven socavadas por el hecho empírico de que las elites son menos nacionalistas que los estadounidenses comunes. Empresarios orientados a lo global y académicos multiculturalistas tienden a mirar el patriotismo a la antigua con desdén cosmopolita.Si, Pero: Pero son precisamente esos grupos los que incluyen cantidades desproporcionadamente grandes de los anglo-protestantes cuya cultura Huntington quiere celebrar. Howard Dean, el más descaradamente antibélico de los principales candidatos presidenciales del Partido Demócrata en 2004, tenía el más impecable historial de avispas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Boston, donde vive Huntington, está llena de descendientes de los puritanos que votan por Ralph Nader, beben vino francés, hablan idiomas extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) y rara vez, si acaso, envían a sus hijos a morir en lugares como Irak.

Una cultura nacional

Afortunadamente, no es necesario defender nada como una cultura central para insistir en la importancia de la asimilación; un credo central será suficiente. Una cultura nacional es una forma de vida definida por un grupo étnico o raza, que exige que todos los demás se adapten a ella.Si, Pero: Pero un credo nacional es simplemente un conjunto de ideas acerca de lo que Estados Unidos debería ser y, por lo tanto, está abierto a todos, independientemente de su fe, etnia o raza. La identidad religiosa ha sido fundamental para la grandeza de los Estados Unidos, permitiéndole recargar sus baterías al incorporar nuevos grupos de inmigrantes en aquellos momentos en que las élites culturales anglo-protestantes se estaban volviendo reaccionarias y defensivas. Quizás el mejor ejemplo de tal reacción cultural sea The Passing of the Great Race, de Madison Grant,

¿Quien somos nosotros? enfocada en la crisis que enfrenta el credo estadounidense como resultado de la reciente inmigración, podría haber seguido pasos concretos para garantizar su viabilidad. ¿Pero qué se puede hacer para fortalecer una cultura en crisis? Huntington dice que está haciendo “un argumento a favor de la importancia de la cultura anglo-protestante, no por la importancia de las personas anglo-protestantes”. Él señala que la cultura puede cambiar, y es perfectamente razonable pedir a las personas sin raíces anglo-protestantes que adapten su cultura a la que ha existido aquí desde el principio.

Puntualización

Sin embargo, Huntington no sugiere nada acerca de cómo se puede hacer esto, quizás porque muy poco puede ser hecho por una sola persona. Claro que tiene razón que la cultura cambia.Si, Pero: Pero sucede durante largos periodos de tiempo, Como resultado de la acción colectiva, no solo de la iniciativa individual. Un nuevo inmigrante puede adoptar inmediatamente el credo estadounidense, pero lo único que puede hacer para adoptar la cultura estadounidense es poner en marcha un proceso que, en el mejor de los casos, beneficiará a sus nietos (e incluso eso sucederá si muchos otros inmigrantes lo hacen con él).

Debido a que la cultura es más resistente que el credo, Huntington termina con una nota de pesimismo implacable. Para su crédito, él evita la pseudociencia racista del paso de la gran raza. Él, por desgracia, no evita su nativismo. “El término ‘nativismo’ ha adquirido connotaciones peyorativas entre las elites desnacionalizadas”, escribe Huntington.Entre las Líneas En su opinión, el nativismo no debería ser definido por las milicias extremistas y el Ku Klux Klan (uno de los varios grupos de supremacía blanca que usaron la violencia para controlar a los afroamericanos y sus simpatizantes a través del miedo y la intimidación), sino por aquellos que temen que una minoría de inmigrantes internos esté en camino de convertirse en mayoría. Resumiendo sus principales conclusiones, Huntington concluye que “los movimientos nativistas blancos son una respuesta posible y plausible a estas tendencias, y en situaciones de grave recesión económica y dificultades económicas podrían ser altamente probables”. La palabra “plausible” llama la atención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Decir que algo es posible o probable es hacer una predicción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Llamarlo plausible es endosarlo.

La inmigración plantea dilemas interminables, y no hay forma de saber si el éxito de los inmigrantes anteriores en la adopción del credo estadounidense será replicado por los inmigrantes hoy.Si, Pero: Pero insistir en la creencia en lugar de la asimilación cultural al menos les da una oportunidad, que sin duda necesitan. Existe una creciente oposición a la inmigración entre los estadounidenses comunes y, si Huntington es una indicación, también entre los observadores académicos. La causa de la asimilación de credos no está bien servida por un relativismo cultural irreflexivo e insípido que no exige a quienes hacen de Estados Unidos su hogar. Lo único que se requiere para navegar por este difícil terreno es el liderazgo, y es precisamente aquí donde el último libro de Huntington resulta más decepcionante.

En su trabajo anterior, Huntington mostró con notable perspicacia las formas en que las elites no han podido escapar de las ilusiones populares para hacer lo que es de interés nacional.Entre las Líneas En Who Are We ?, el valiente defensor del liderazgo (véase también carisma) se convierte en un populista, afirmando que los instintos defensivos de los estadounidenses comunes tienen más sentido que el cosmopolitismo (la creencia de que el mundo constituye una única comunidad moral, y posiblemente política, en la que las personas tienen obligaciones, en general hacia todas las demás personas del mundo) fuera de contacto de las elites. Tenía razón en The Soldier and the State and American Politics y está equivocado en Who Are We? Es poco probable que los estadounidenses comunes se vuelvan tan nativistas como los temores de Huntington.Si, Pero: Pero incluso si lo hacen, la inmigración está aquí para decir. Un realista instaría a los líderes estadounidenses a encontrar formas sensatas de lidiar con ese hecho.

Autor: Williams

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Identidad, concepto lógico, muy empleado en filosofía, que designa el carácter de todo aquello que permanece único e idéntico a sí mismo, pese a que tenga diferentes apariencias o pueda ser percibido de distinta forma. La identidad se contrapone, en cierto modo, a la variedad, y siempre supone un rasgo de permanencia e invariabilidad.Entre las Líneas En la historia de la filosofía, la afirmación de la identidad como uno de los rasgos del verdadero ser ha sido muy utilizada desde Parménides, que ya afirmó el carácter idéntico del ser.

Pormenores

Por el contrario, otras posturas filosóficas han afirmado que es precisamente la posibilidad de variación y modificación (es decir, la ausencia de identidad) la que caracteriza el verdadero ser (tal es el caso de Heráclito y de las filosofías que admiten el cambio y el devenir como rasgos esenciales de la realidad). Una de las aplicaciones más empleadas del concepto de identidad se encuentra en la lógica, que emplea el llamado ‘principio de no contradicción’. Según éste, no es posible afirmar de un mismo sujeto un determinado atributo y su contrario. La formulación elemental de este principio lógico es: “aquello que es, es; lo que no es, no es”. [1]

En su “Ensayo sobre el entendimiento humano”, escribe John Locke:

“Siendo ésas las premisas para encontrar en qué consiste la identidad personal, debemos ahora considerar qué significa persona. Pienso que ésta es un ser pensante e inteligente, provista de razón y de reflexión, y que puede considerarse asimismo como una misma cosa pensante en diferentes tiempos y lugares; lo que tan solo hace porque tiene conciencia, porque es algo inseparable del pensamiento, y que para mí le es esencial, pues es imposible que uno perciba sin percibir lo que hace. Cuando vemos, oímos, olemos, gustamos, sentimos, meditamos o deseamos algo, sabemos que actuamos así. Así sucede siempre con nuestras sensaciones o percepciones actuales, y es precisamente por eso por lo que cada uno es para sí mismo lo que él llama él mismo […]. Pues como el estar provisto de conciencia siempre va acompañado de pensamiento, y eso es lo que hace que cada uno sea lo que él llama sí mismo, y de ese modo se distingue de todas las demás cosas pensantes, en eso consiste únicamente la identidad personal, es decir, la identidad del ser racional, hasta el punto que ese tener conciencia puede alargarse hacia atrás, hacia cualquier parte de la acción o del pensamiento ya pasados, y alcanzar la identidad de esa persona: ya hasta el punto de que esa persona será tanto la misma ahora como entonces, y la misma acción pasada fue realizada por el mismo que reflexiona ahora sobre ella que sobre el que la realizó.”

Identidad en la Protección de la Infancia y los Derechos del Niño

Artículo de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño donde se recoge este tema

Art. 8(1)

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Revisor: Lawrence

Identidad en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Concepto y clases

La palabra identidad es un término abstracto procedente del adjetivo demostrativo latino idem (lo mismo) y designa la relación existente entre dos o más realidades o conceptos, que siendo diferentes bajo ciertos aspectos, sin embargo, se unifican según otros. Se relaciona, por tanto, con el tema más amplio de la tensión que existe en lo real entre unidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y multiplicidad, semejanza y desemejanza. La identidad es, pues, una relación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que se da entre dos o más términos: a) distintos en la realidad; b) o según los distintos modos o aspectos en que un mismo objeto es aprehendido por la inteligencia.
a) Existe una identidad real en la sustancia entre dos individuos que pertenecen a una misma especie (p. ej., Pedro y Pablo, aun siendo hombres distintos, son igualmente hombres) o también entre individuos de distintas especies pertenecientes a un mismo género (una planta y un animal, siendo vivientes distintos, son igualmente vivientes). Esta identidad en la sustancia es el sentido más propio de la palabra. Y así a la relación de identidad entre dos cosas respecto a una cualidad que ambas poseen (p. ej., el parecido físico entre dos personas) suele llamarse semejanza, aunque, si ésta es muy grande, el lenguaje corriente utiliza también entonces el término identidad.Entre las Líneas En el ámbito de la cantidad se suele hablar de cantidades iguales y, por tanto, la identidad se denomina igualdad.
Los términos de la relación de identidad pueden estar constituidos también por los distintos estados sucesivos, o modificaciones accidentales, por los que pasa un mismo sujeto a lo largo del tiempo: una planta permanece idéntica a lo ‘ largo de su crecimiento y en una persona hay identidad permanente a pesar o a través de la diversidad de conductas, actos, situaciones, etc. Esta permanencia la observamos en todos los vivientes, pero al descender al reino de lo no vivo, aun existiendo la misma tensión entre permanencia y cambio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), entre identidad y diversidad, hay un matiz distinto al no poder decidir cuándo estamos en presencia de un individuo o de una mera aglomeración u organización de ellos.Entre las Líneas En relación con la permanencia en el tiempo encontramos la acción de identificar, por la que reconocemos un objeto presente, como idéntico al contenido representativo del mismo objeto que estaba en la memoria.
b) El otro campo de la identidad es el que existe entre diversos aspectos separados por la inteligencia y que en la realidad se encuentran unidos en el mismo sujeto. El caso límite consiste en predicar idem de seipso: A es A, donde la inteligencia desdobla A en sujeto y predicado. Ésta constituye la llamada tautología o proposición idéntica. Con proposiciones de este tipo no podría construirse una ciencia (para un examen de la definición, véase que es la ciencia y que es una ciencia física o aplicada), y esta observación llevó a Hegel a negar el principio de identidad entendido como A-A; ya Aristóteles mostró que la afirmación de la identidad de algo consigo mismo es incuestionable, es un hecho que no es fuente de nuevos conocimientos (Aristóteles, Metaph. 1041a 10-20). Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que no son raras en el lenguaje corriente las frases tautológicas, pretendiendo mostrar que una cosa tiene una naturaleza y características propias o que no debe ser confundida con otras o que permanece siendo la misma: p. ej., uno pierde en el juego y dice «el juego es el juego»; no hay aquí tautología en el sentido estricto.
Sin embargo, la mayoría de los juicios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) -afirmaciones o negaciones de identidad entre dos conceptos- son relaciones de identidad parcial o de «inherencia» del predicado en el sujeto. El predicado expresa un aspecto o forma del sujeto, y así el predicado se comporta como una determinación o forma con respecto al sujeto, que está como materia indeterminada; es la predicación formal. La relación de identidad afirmada o negada no es primariamente una relación entre conceptos, sino entre las realidades por ellos significadas; de ahí que los juicios sean verdaderos o falsos según que esa identidad afirmada corresponda a una identidad existente. La inteligencia humana está constreñida a distinguir aspectos diversos de la realidad (véase en esta plataforma: ABSTRACCIÓN), para luego recomponerlos en el juicio. Algunos lógicos piensan que no todos los juicios pueden reducirse a los de identidad Así, p. ej., Rusell (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) indica que se han descuidado los juicios de relación, donde serían varios los sujetos; son opiniones que proceden de no aceptar el origen metafísico de la función copulativa del verbo «ser» (véase en esta plataforma: SER).
Fundamentación metafísica de la identidad. Después de ver la noción de identidad y sus clases, corresponde ahora abordar su estudio metafísico, ya que, en efecto, la identidad constituye uno de los temas centrales y constantes de esta ciencia. Las clases de identidad son, en realidad, los modos de unidad o unión. identidad es, por tanto, lo mismo que unidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y ésta es la negación de división: uno es lo individido en sí mismo. No es un concepto absolutamente primero, sino fundado en otros anteriores: el de ente (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el de división (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Así el orden de fundamentación de las nociones primeras es: «Lo primero que se entiende es el ente mismo, después el no ente, después la división y después la unidad que priva de la división». (S. Tomás, In Metaph. IV,1.3, n. 566). Todas estas nociones surgen en la inteligencia humana de su contacto con la experiencia. La verdadera concepción de la identidad se funda, por tanto, sobre unas nociones filosóficas de ente y división, que reflejen lo mejor posible la misma realidad experimentada. Si el punto último y radical en que se unen o separan los sistemas metafísicos -y que condiciona la solución de los demás temas -es la noción científicamente elaborada de ente y de ser, esto vale de modo directo para la identidad Tengamos además en cuenta que la identidad es negación de división, pero no negación de multitud. La multitud viene después, ya que es agregación de muchos unos, e implica la división entre ellos.Si, Pero: Pero el uno es antes y consiste en la privación de oposición (o división) entre ente y no ente (véase en esta plataforma: NADA), entre afirmación y negación: en la privación de la contradicción (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Es claro que cada ente es, idéntico o uno consigo mismo, pero en la experiencia no encontramos la unidad perfecta: en el ámbito cuantitativo, el ente material tiene una frágil unidad; en el tiempo, los entes se revelan poseyendo su ser de modo sucesivo; en el movimiento, aparece la diversidad; hay nacimiento y muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”] [rtbs name=”muerte”] La identidad se encuentra realizada de modo imperfecto tanto si consideramos cada ente en particular, como a todos ellos en el conjunto armonioso que forman, y con una escala de mayor a menor perfección de la identidad consigo mismos: los entes superiores tienen una mayor identidad que los menos perfectos. No es necesario pensar que en esta gradación no haya solución de continuidad, sino que por el contrario la experiencia manifiesta unos saltos, entre los que destaca el que existe entre los seres espirituales (libres y capaces de reflexión; v. ESPíRITU) y los demás. Si todo ente es uno en virtud de su ser, a mayor perfección de ser, mayor i.
El pensamiento humano a nivel filosófico explica esta experiencia, viendo la unidad de cada ente surcada por la composición: sustancia-accidente, materia-forma, ser(sustancia)-obrar y la más profunda: los entes no son el Ser, sino que tienen el ser con la consiguiente tensión real entre el sujeto (esencia; v.) y la perfección de ser participada (acto de ser); división fundamental la última, por la que el ente sin admitir en su seno el no ser -en ese caso sería contradictorio-, sin embargo, de suyo es nada, puesto que todo lo tiene participado (véase en esta plataforma: PARTICIPACIÓN). Este proceso de reducción al fundamento que termina en el Acto de Ser imparticipado (I psum Esse), desde este punto de vista, puede llamarse reducción a la identidad: a la Identidad Absoluta que es Dios (E. Meyerson, Identité et réalité, 489). Esta salva el abismo de la nada al ente con la continua donación del principio de toda perfección en el ente -el acto de ser-, que es, por tanto, el fundamento de la identidad relativa de todo ente consigo mismo, y también de su distinción con respecto a todos los demás entes: en virtud del propio acto del ser todo ente es irrepetible, y no, como dice Leibniz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en virtud del principio de razón suficiente que dicho autor pone en la base del principio de identidad de los indiscernibles: «poner dos cosas indiscernibles es poner la misma cosa dos veces» (Cuarta carta a Clarke).
El principio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de identidad es una de las leyes supremas de la realidad y, por consiguiente y de modo derivado, una de las leyes fundamentales del pensamiento, que, de acuerdo con lo expuesto, se formula: «todo ente es idéntico o uno consigo mismo» y, por tanto, se puede predicar de sí mismo; también se han dado otras formulaciones: «lo que es, es lo que es», «el ser es el ser». Es uno de los primeros principios cuya necesidad -como se ha visto al señalar el orden de las primeras ideasse fundamenta en el principio de no contradicción: no es posible que un mismo predicado pertenezca y a la vez no pertenezca a un mismo sujeto al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto (Aristóteles, Metaph. 1005b 19-20).Entre las Líneas En efecto, negada la necesidad de no-contradicción, equivaldrían «ser lo mismo» y «no ser lo mismo». Estos principios son primeros, en cuanto que están en la base, pero sin el recurso a la experiencia -ellos mismos ya proceden de la experiencia- de ellos no se podría deducir nada, como por el contrario pretendió de algún modo C. Wolf.
Aspectos históricos. El itinerario filosófico que conduce a estas conclusiones es arduo y fatigoso y se ha recorrido de hecho con la aportación original de la Revelación divina.Entre las Líneas En el comienzo de la filosofía griega (véase en esta plataforma: PRESOCRÁTICOS), conocer la naturaleza era descubrir la identidad que se esconde tras la diversidad sensible. Esa identidad la situaron los primeros en elementos materiales, hasta que Parménides (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) concibe la realidad toda del universo como «lo que es» y formula el primer principio o camino de la verdad: «lo que es, es y no puede no ser» (Diels, 2813 2,3). Con este único principio, atribuye a «lo que es» todas las características de lo absolutamente idéntico a sí mismo: único, universal, sin principio, inengendrable, indestructible, en perpetuo presente (sin historia), homogéneo como la masa de una esfera. La ontología general que de este modo surge puede calificarse de metafísica de la identidad absoluta y excluye la multiplicidad y el movimiento como incompatibles con la identidad del ser consigo mismo y los relega al mundo de las apariencias.
Ésta es también la concepción del ser que hereda Platón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): lo realmente real es uno mismo en cuanto uno mismo; debe poseer siempre de la misma manera la identidad consigo mismo; debe ser perfectamente uno. Por eso lo más real es el mundo de las Ideas. Platón siente de modo más agudo que la experiencia no se adapta a su teoría: «de suerte que el ser también sin duda miles y miles de veces no es, y los otros, ya individualmente, ya en su totalidad, bajo múltiples aspectos, son; y bajo múltiples aspectos no son» (Platón, Sofista, 259A). Las cosas sensibles, que para él son y a la vez no son, reciben en Aristóteles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) una explicación con la doctrina del acto y la potencia y dejan de ser objeto de opinión, para entrar de lleno en la ciencia. Con ello, la identidad -igual que el ente- se realiza de modo análogo, más o menos perfecto, y sus exigencias adquieren una mayor flexibilidad. La noción de creación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) aportada por el cristianismo permitirá definitivamente satisfacer el ansia de identidad absoluta del ser al encontrarla en el Ser y al ver los entes como identidad participadas. Además la Identidad de Dios se muestra siendo tres Personas, lo cual constituye un misterio incomprensible (véase en esta plataforma: TRINIDAD, SANTíSIMA). La identidad que implica el ser, sólo se realiza en cada ente por su dependencia respecto al Ser. Y así un conocimiento que fuese una representación absolutamente idéntica de cualquier creatura implicaría conocer perfectamente el Ser Creador.
Todo ello tiene unas consecuencias claras para una antropología metafísica, ya que el hombre tampoco es totalmente idéntico a sí mismo. Es más, no puede serlo ningún espíritu creado. La falta de identidad del hombre le afecta en lo más íntimo, ya que precisamente aquello que le constituye en yo es su acto de ser, que Dios concede continuamente. El hombre sólo alcanza la identidad que busca en el conocimiento y amor al Ser creador, mediante el ejercicio de su libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). A partir de Descartes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), nuevamente el tema de la identidad ocupa un plano importante, desde el momento en que él identifica el yo con su actividad pensante y es ésta la primera evidencia.

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Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Detalles

Las exigencias racionalistas de tener un conocimiento exhaustivo de la realidad y de satisfacer las ansias de identidad y necesidad, llevarán a Spinoza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) a sostener que determinatio negatio est (Epistolario, 50); con la determinación, en efecto, el ser perdería necesidad. Y de aquí se abren dos caminos: a) negar que exista la negación y, por tanto, la determinación, llegando a la existencia de una única sustancia; y b) afirmar la determinación y con ella la negación como hizo Hegel, que de las primeras fórmulas «Contradictio est regula ver¡, non contradictio falsi» llegará a las de su Lógica y de la Enciclopedia, según las cuales el puro ser y la pura nada coinciden y, en cambio, el ser determinado es síntesis de ser y nada (véase en esta plataforma: HEGEL).
Además de estos dos caminos extremos ha habido otras versiones de la identidad Schelling (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en una época de su pensamiento, construye una filosofía de la ¡.,según la cual el Absoluto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es unidad e indistinción de naturaleza y espíritu, de sujeto y objeto; esa Razón absoluta tiene un dinamismo por el que surgen naturaleza y espíritu. Para el humanismo ateo (véase en esta plataforma: ATEíSMO) formulado ya por Feuerbach (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la identidad absoluta la alcanza el mismo hombre como resultado del esfuerzo hacia una mayor coincidencia de sí mismo; la alienación es, en ese contexto, la pérdida de la identidad Como fruto de la penetración en la cultura actual de estas ideas, se ha hecho frecuente hablar de crisis de identidad en instituciones y en personas, que implicaría la necesidad de construir una nueva imagen de sí mismo. Olvidan esos planteamientos que la imagen ha sido dada ya por la Identidad Divina; al hombre le queda la tarea de aceptarla y realizarla libremente en cada momento, afrontando todos los riesgos.
V. t.: DIVISIÓN; JUICIO; SER; UNIDAD. [rbts name=”filosofia”]

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Identidad en Economía

En inglés: Identity in economics. Véase también acerca de un concepto similar a Identidad en economía.

Introducción a: Identidad en este contexto

La identidad de una persona se define en términos generales como la imagen que tiene de sí misma o el sentido de sí misma. Este tema puede ser de interés para los economistas profesionales. El concepto de identidad tiene un amplio uso en la mayoría de las ciencias sociales fuera de la economía, especialmente en la sociología, la antropología y la psicología. Muchos científicos sociales sostienen que preservar o mejorar la identidad es una motivación primordial para el comportamiento individual y grupal. En el momento de escribir este texto, los economistas están empezando a explorar las implicaciones de la identidad en los resultados económicos. Este texto tratará de equilibrar importantes preocupaciones teóricas con debates empíricos clave para ofrecer una visión general de este importante tema sobre: Identidad. Para tener una panorámica de la investigación contemporánea, puede interesar asimismo los textos sobre economía conductual, economía experimental, teoría de juegos, microeconometría, crecimiento económico, macroeconometría, y economía monetaria.

Datos verificados por: Sam.

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre identidad en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

ARISTÓTELES, Metaphis:ca, 1017-1018,1054; S. TOMÁS, In XII libros Metaphysicorum commentarium, ed. Cathala, Turín 1964, n. 566, 912 y 1653; C. FABRO, Partecipazione e causalitá, Turín 1960; É. GILSON, El ser y la esencia, Buenos Aires 1951, 22-44 y 189-207; E. MEYERSON, Identité et réalité, París 1926 (estudio no metafísico de la i.); siglo VANNI RovIGHI, Identitá y Identitá, principio di, en Enc. Fil., 111,723-728.

Recursos

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Véase También

  • Niños nacidos fuera del matrimonio
  • Relaciones familiares
  • Conocer a los propios padres
  • Nombre
  • Nacionalidad
  • Preservación de la identidad

Recursos

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Notas y Referencias

  1. Basado en la información sobre identidad de la Enciclopedia Encarta

Véase También

  • Indígenas
  • Género
  • Pueblos indígenas y tribales
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1 comentario en «Identidad»

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