En 1998, apenas era obvio que una librería se convertiría en la empresa dominante en la economía digital, pero Bezos siempre creyó que el pasillo de la ficción podría servir como el camino a alturas dominantes. En contraste con la disfunción y el cinismo que definen los tiempos, Amazon es la encarnación de la competencia, la rara institución, parece desde fuera, que funciona rutinariamente. Amazon ha crecido enormemente, en parte, al eludir la responsabilidad fiscal. El gobierno americano recompensa este fracaso con contratos masivos, lo que hará que la empresa sea aún más grande. A Bezos le preocupa que en las próximas generaciones la creciente demanda de energía del planeta supere su limitada oferta. “Tenemos que ir al espacio para salvar la Tierra”, dice. Cuando Bezos crea los términos para su negocio, o para la sociedad, no es más capaz de desapasionarse que nadie. Vivir en el mundo de su creación es vivir en un mundo de sus prejuicios y predilecciones.