Banalidad
En la Edad Media y bajo el Antiguo Régimen, los derechos asociados al ejercicio del señorío, en particular los monopolios económicos, se denominaban banalités. La palabra alemana correspondiente (Ehaft) designaba también a las empresas que ejercían estos monopolios y los edificios que ocupaban. Originalmente, las banalités se extendían generalmente a los “bienes comunales” (las superficies de prados, bosques y terrenos baldíos que se asignaban a los habitantes autorizados de una asociación de asentamientos -una o varias aldeas, caseríos o grupos de granjas- para su uso económico comunal) y a los bienes sujetos a derechos y servidumbres especiales. En el seigneury medieval (señorío terrateniente), se trataba principalmente de molinos, posadas, fraguas, hornos de pan y prensas de vino; las ciudades medianas contaban también con baños públicos, panaderías, carnicerías, curtidurías y tintorerías. La banalidad, en el sistema feudal francés, era una facilidad técnica de uso impuesta por el señor, a cambio de un precio fijo.