Teóricamente, como una forma de autocracia, una constitución autoritaria puede posicionarse entre el totalitarismo y el constitucionalismo democrático. Sin embargo, se puede decir que las principales características del autoritarismo son incompatibles con los valores y principios del constitucionalismo democrático y del gobierno constitucional limitado. Comparativamente, la nueva característica más importante del autoritarismo es que bajo una constitución de fachada se afirma que es democrática. Sin embargo, los sistemas constitucionales autoritarios prefieren o bien la ideología oficial (por ejemplo, una determinada religión) o bien una toma de decisiones pragmática (por ejemplo, el militarismo burocrático) sin posibilidad de elecciones genuinas. En esos sistemas, las normas jurídicas aparentemente democráticas son un mero camuflaje protector, que crea ventajas sistemáticas para los titulares. El funcionamiento de los partidos políticos rivales es hipotético o restringido.