Los brotes de enfermedades infecciosas mortales son una gran y creciente preocupación para los gobiernos de todo el mundo, pero los procesos particulares de tratamiento de los riesgos de enfermedad son potencialmente malos para la salud mundial. Este potencial se deriva de diversas prácticas de bioseguridad que podrían, paradójicamente, aumentar el riesgo de brotes de enfermedades, impedir el uso de la tecnología para salvar vidas, descuidar los problemas actuales del sistema de salud o inhibir la contención efectiva del contagio transnacional. Cuando la bioseguridad se lleva a cabo en forma de biodefensa, existe la posibilidad de que algunas actividades realizadas con fines de evaluación de amenazas se consideren de carácter ofensivo. Si la incertidumbre sobre la experimentación de un Estado con sistemas de dispersión biológica incita a otros Estados a buscar una capacidad similar, el resultado podría ser una peligrosa espiral de sospecha, proliferación y un mayor riesgo general de ataques biológicos. En el presente texto se muestra que la bioseguridad puede poner en peligro la salud mundial (o global) en por lo menos cuatro esferas de interés normativo: el desarrollo de defensas contra las armas biológicas, la gestión de los riesgos de seguridad derivados de las investigaciones de laboratorio sobre microorganismos patógenos, la priorización de los riesgos de enfermedad y los mecanismos de respuesta en el marco de un programa de seguridad sanitaria mundial (o global) y el uso de las fronteras nacionales para contener el contagio transnacional.