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Percepción

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Percepción

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la percepción. Puede ser de interés el siguiente contenido:

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Percepción: Taxonomía, Sensacióny Tiempo

El término “percepción” (del latín “percipio”, “captar”) se refiere a estas capacidades de reconocer personas, objetos, colores, olores, ruidos y sonidos de nuestro entorno, es decir, de relacionar nuestra experiencia actual del entorno con experiencias pasadas almacenadas en nuestra memoria. También percibimos el sabor de lo que comemos y bebemos, y el tacto, la presión, la temperatura y el dolor en nuestra piel. Pero la percepción no sólo se dirige al mundo exterior (exterocepción). También experimentamos ciertas características de nuestro entorno interno (interocepción): el hambre, el dolor y otras sensaciones de nuestras vísceras, a veces los latidos de nuestro corazón. Además, para interactuar eficazmente con el entorno, necesitamos conocer la posición y los movimientos de nuestro cuerpo: los movimientos de nuestra cabeza (procedentes del sistema vestibular del oído interno), la posición y los movimientos de nuestras extremidades (propiocepción estática y cinestesia o sentido del movimiento, procedentes de músculos y tendones).

Una taxonomía de la percepción

Una taxonomía elemental de la percepción se basa en los diferentes receptores situados en la superficie y en el interior de nuestro cuerpo, que traducen en señales nerviosas los diferentes tipos de energía a los que está sometido nuestro organismo: la retina del ojo, para la vista; el oído interno, para la audición y el sentido del equilibrio; los receptores de la piel, para el tacto, el dolor (nocicepción) y el sentido de la temperatura (termocepción); la lengua y el paladar, para el gusto; la mucosa nasal, para el olfato; los husos neuromusculares y los órganos tendinosos de Golgi, para la propiocepción y la cinestesia.

Estos diferentes receptores se comunican con regiones específicas del cerebro. Por ejemplo, la percepción visual se organiza en varias etapas a partir de la retina; tras viajar desde el ojo hasta la corteza occipital (en la parte posterior del cerebro), la información visual avanza por vías de procesamiento paralelas: una vía ventral (en la parte inferior del cerebro), que se utiliza para la identificación perceptiva de los objetos visuales (vía del “qué”); una vía dorsal (en la parte superior del cerebro), que localiza los objetos visuales en el espacio (vía del “dónde”) y programa los movimientos de la mano para alcanzarlos (vía del “cómo”). Las disfunciones de la vía ventral (por ejemplo, debidas a accidentes vasculares o enfermedades neurodegenerativas) pueden interferir en el reconocimiento de objetos (agnosia visual) o rostros (prosopagnosia), incluso en presencia de una agudeza visual normal. Las lesiones de la vía dorsal pueden provocar dificultades para producir un movimiento preciso de la mano para alcanzar un objeto en la periferia visual (ataxia óptica). Las lesiones en otras zonas del cerebro pueden producir problemas de reconocimiento en la modalidad acústica (agnosia auditiva) o táctil (agnosia táctil).

A pesar de la existencia de mecanismos perceptivos específicos para cada modalidad sensorial, nuestra experiencia de un entorno coherente se basa en interacciones entre varias modalidades. Por ejemplo, si un observador oye la sílaba “ba” mientras ve un vídeo de la cara de una persona articulando la sílaba “ga”, percibirá una sílaba completamente distinta, en este caso “da”. Esta integración audiovisual ilusoria, conocida como efecto McGurk, refleja los esfuerzos del sistema cerebral del lenguaje por construir una percepción coherente a partir de los datos del entorno, a menudo dispersos.

Sensación y percepción

Una distinción tradicional en psicología experimental es entre sensación y percepción. Según esta distinción, la sensación se refiere a las cualidades elementales de los objetos. Por ejemplo, en la modalidad visual, podemos tener la sensación de los contornos redondos de una manzana, o de su color rojo; en cambio, la experiencia de la manzana como objeto unitario (redonda y roja) sería a través de la percepción. Los procesos perceptivos, con la ayuda de la atención, vinculan por tanto las cualidades elementales de los objetos integrándolas en un objeto perceptivo unitario (unaligazón de la literatura anglosajona) que se distingue del fondo. Sin embargo, la distinción entre sensación y percepción sigue siendo relativa. En el ejemplo anterior, incluso la experiencia del color rojo de la manzana es menos elemental de lo que podríamos pensar, porque recurre a mecanismos perceptivos complejos que nos permiten ver el rojo con relativa independencia de las condiciones de iluminación: percibimos el “mismo” rojo a plena luz del sol o con luz artificial, aunque la longitud de onda de la luz reflejada pueda ser muy diferente entre estas condiciones (constancia del color).

La psicofísica es la disciplina que intenta relacionar la intensidad física de un estímulo con la intensidad de la sensación que provoca. Fue fundada por el psicólogo alemán Gustav Fechner (1801-1887), que formuló la ley de Weber-Fechner y la denominó así en honor al trabajo de su maestro Ernst Heinrich Weber. La ley de Weber establece que la intensidad de una sensación es proporcional al logaritmo de la intensidad física del estímulo (por ejemplo, el peso de un objeto o el volumen de un sonido), multiplicado por una constante. La relación logarítmica implica que cambios relativamente grandes en la intensidad física (serie geométrica) se traducen en cambios relativamente pequeños en la sensación (serie aritmética). El umbral absoluto de percepción designa la intensidad mínima por debajo de la cual ya no se detecta el estímulo. Fechner también introdujo la noción de umbral diferencial, que corresponde a la menor diferencia perceptible de intensidad entre dos estímulos; la relación entre el umbral diferencial y la intensidad física de un estímulo utilizado como patrón de comparación (fracción de Weber) es constante. Por ejemplo, si la fracción de Weber es de 1/30 para el peso, es posible distinguir entre dos pesos de 30 y 31 gramos, pero se necesitará una diferencia de 10 gramos si los pesos a discriminar rondan los 300 gramos. Por debajo del umbral diferencial, ya no es posible discriminar entre dos estímulos.

En realidad, estos umbrales no dependen únicamente de la intensidad física del estímulo, sino que pueden variar en función de diversos factores, como las fluctuaciones del estado de atención del sujeto o la sensibilidad de sus órganos sensoriales. Esta variabilidad se describe mediante curvas psicométricas, en las que la proporción de detecciones o discriminaciones correctas se traza en función de la intensidad del estímulo.

Sin embargo, la detección de un estímulo no se produce en el vacío, sino en relación con el “ruido de fondo”, generado, por ejemplo, por la actividad nerviosa básica. La teoría de la detección de señales tiene esto en cuenta. En cada ensayo, el observador debe decidir si un estímulo externo (señal) está presente o no. El observador puede dar dos tipos de respuesta correcta: ‘sí’ cuando la señal está presente (detección correcta), ‘no’ cuando está ausente (rechazo correcto); pero también puede equivocarse, respondiendo ‘no’ cuando la señal está presente (omisión) o ‘sí’ cuando está ausente (falsa alarma). La respuesta del observador dependerá entonces tanto de su sensibilidad al estímulo (d’) como del criterio de respuesta (β) que adopte. Un criterio más bien “conservador” (no estoy seguro, así que digo “no”) generará pocas falsas alarmas pero muchas omisiones; un criterio más “liberal” (no estoy seguro, pero digo “sí”) producirá más detecciones correctas, pero a costa de un cierto número de falsas alarmas. A partir de estas variables (detecciones correctas, rechazos correctos, omisiones y falsas alarmas) podemos calcular el valor de d’ y β y definir sus papeles respectivos en el perfil de rendimiento del sujeto.

El papel del tiempo

Una limitación importante de estos modelos es que no tienen en cuenta el tiempo. El tiempo influye en la percepción, por ejemplo en los llamados fenómenos de adaptación sensorial: durante una estimulación prolongada o repetitiva, las respuestas de muchos receptores sensoriales y neuronas disminuyen con el tiempo. En general, percibimos mejor un estímulo que varía en intensidad o posición que uno que permanece estable. Así, justo después de vestirnos, dejamos de percibir el estímulo táctil de nuestra ropa sobre la piel. En la modalidad visual, para reconocer un objeto necesitamos que nuestros ojos estén fijos en él durante cierto tiempo, para que la imagen visual se mantenga estable en la retina; sin embargo, cuando la imagen visual se mantiene absolutamente inmóvil (paralizando temporalmente los músculos que mueven el ojo, o estabilizando la imagen mediante una proyección informática que cambia la posición de la imagen en perfecta coherencia con los movimientos oculares), al cabo de unas decenas de segundos ya no podemos ver nada (efecto Troxler).

Para seguir viendo, necesitamos por tanto también movimientos oculares muy pequeños durante la fijación. Esto demuestra que la percepción de un objeto está determinada por una ventana temporal bastante precisa: es necesario un tiempo mínimo de presencia en la retina, pero un tiempo demasiado largo de persistencia retiniana sin ningún cambio de posición es deletéreo.

En condiciones de percepción ambigua, el paso del tiempo también sirve para acumular pruebas sensoriales, hasta el momento en que podemos tomar una decisión perceptiva con cierto grado de confianza. Por ejemplo, cuando veo una pequeña luz en el cielo por la noche, puedo decidir si es un avión o una estrella si espero un rato para ver si la luz se mueve o no. Según los modelos psicofísicos de acumulación, cuanto más tiempo me tome, más probable será que mi decisión sea correcta, porque se basará en una mayor abundancia de pruebas sensoriales; por el contrario, la rapidez de mis respuestas irá en detrimento de su exactitud. Lo que tenemos aquí, por tanto, es uncompromiso entre velocidad y precisión, un fenómeno muy general en la psicología experimental.

Procesos descendentes

La “Gestaltpsicología”, o psicología de la forma, desarrollada a partir de finales del siglo XIX, hacía hincapié en que la síntesis constituida por un objeto perceptivo es más importante que la suma de sus partes constituyentes. Por ejemplo, la experiencia acústica de una melodía o un acorde no puede reducirse a la suma de los estímulos físicos que la componen: otros sonidos pueden producir una melodía o un acorde similares, siempre que se respeten los intervalos entre ellos, como en la transposición de una tonalidad a otra. Además, en el triángulo de Kanizsa vemos algo más que los “PacMen” que dibujan los vértices del triángulo: también experimentamos los contornos ilusorios de un triángulo e incluso podemos tener la impresión de que la superficie (ilusoria) del triángulo es más brillante que el fondo. Las relaciones entre los elementos, y no sólo su yuxtaposición, son por tanto cruciales para la percepción.

La percepción de un objeto en el mundo requiere por definición la presencia del objeto, cuyas dimensiones elementales como la forma, la posición, el color, etc. son integradas por los procesos perceptivos. Sin embargo, nuestro conocimiento a priori contribuye de forma importante a nuestra percepción, por encima de las cualidades sensoriales elementales de los objetos.

La relación entre la señal y el ruido no es, por tanto, el único factor que determina la percepción. El conocimiento general sobre el estado de las cosas también es importante. Por ejemplo, la orientación de un gradiente de color en un disco puede hacer que éste se perciba como convexo o cóncavo, porque nuestro sistema visual sabe que la iluminación del sol, que generalmente procede de arriba, determinaría sombras coherentes con esta solución.

Estas influencias descendentes de nuestro conocimiento también son importantes para optimizar las decisiones perceptivas. En un entorno que cambia constante y rápidamente, los organismos complejos no pueden limitarse a responder a los acontecimientos externos después de que se hayan producido, sino que deben ser capaces de anticiparse a ellos hasta cierto punto para adoptar un comportamiento que sea óptimo para la supervivencia. En un partido de tenis, el sistema perceptivo de los jugadores debe ser capaz no sólo de localizar la pelota instante a instante, sino también de predecir su trayectoria futura, para que el sistema motor tenga tiempo de interceptarla a pesar de su gran velocidad.

Percepción activa

Una limitación común de los enfoques descritos hasta ahora es que se considera al organismo como un receptor relativamente pasivo de la información del mundo exterior, aunque con un conocimiento a priori. Sin embargo, lo que todos los animales tienen en común es que utilizan movimientos para explorar el entorno en busca de la información que les interesa. Estos movimientos deben integrarse en los mecanismos perceptivos: mi sistema perceptivo debe saber que, cuando me acerco a un objeto, éste parece más grande no porque sus dimensiones hayan cambiado, sino a causa de mi movimiento. Por tanto, no percibo ningún cambio en las dimensiones reales del objeto (constancia perceptiva).

Del mismo modo, si muevo los ojos o la cabeza, la escena visual se mueve en mi retina, pero no veo que el mundo exterior se mueva. Esto ocurre porque, por un lado, el sistema vestibular del oído interno y la propiocepción muscular informan al sistema visual de que soy yo quien se mueve, y no la escena visual; por otro, el sistema motor envía al sistema perceptivo una “copia eferente” de la señal motora (o “descarga corolaria”), que se integra así en los procesos perceptivos. Así, cuando una orden motora hace que los ojos se muevan, una copia eferente de esta señal podría “borrar” la señal perceptiva del movimiento de la escena visual en el cerebro; como resultado, no se percibiría ningún movimiento. Si, por el contrario, empujo mi ojo hacia un lado con un dedo, no habrá señal oculomotora, por lo que veré que la escena visual se mueve en dirección opuesta a la presión del dedo.

Estos mecanismos de percepción activa desempeñan un papel clave en nuestra conciencia perceptiva. Una persona ciega puede utilizar una técnica conocida como sustitución sensorial: un dispositivo convierte la imagen de una cámara de vídeo en una imagen táctil que llega a la espalda de la persona mediante una matriz de clavijas. Sin embargo, si la cámara está fija o dirigida por otra persona, el sujeto sólo experimenta sensaciones táctiles en la zona estimulada de su piel. Sólo cuando el sujeto es capaz de dirigir la cámara por sí mismo es capaz de “percibir” los estímulos táctiles como objetos situados fuera, en el espacio que tiene delante. Esto sugiere que la capacidad de explorar activamente el entorno, que se traduce en cambios en el entorno generados por los movimientos del sujeto (por ejemplo, en el ángulo de los objetos percibidos), es esencial para la constitución de las sensaciones en objetos perceptivos.

Atención y percepción

Nuestras superficies sensoriales no son homogéneas: por ejemplo, en la retina del ojo hay una pequeña parte central, la fóvea, que es mucho más sensible que la periferia retiniana. Cuando vemos algo en la periferia de nuestro campo visual, necesitamos mover los ojos para centrar la imagen en esta región de alta resolución y reconocer el objeto correspondiente. Una de las funciones primordiales de la atención espacial es precisamente permitir estos movimientos de orientación hacia los objetos de la periferia del campo visual, con el fin de identificarlos. Por tanto, la atención desempeña un papel importante en la percepción consciente. Explora continuamente el entorno para vincular los distintos elementos de los estímulos en una percepción coherente y eliminar los elementos irrelevantes. También nos ayuda a percibir mejor los estímulos cercanos al umbral perceptivo.

A la inversa, la atención puede impedir la percepción consciente. Cuando centro mi atención en un elemento de la escena visual, otro elemento, aunque sea saliente, puede escapar completamente a mi percepción.

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En el cerebro, la atención está gestionada por vastas redes neuronales que van desde las regiones posteriores (parietales) a las anteriores (frontales). Estas mismas redes también parecen ser importantes para nuestra percepción del paso del tiempo y la extensión del espacio. Las redes del hemisferio derecho -normalmente el que no interviene en el lenguaje- son especialmente importantes para estas funciones. La disfunción de estas redes en el hemisferio derecho, por ejemplo tras un accidente vascular, suele provocar “negligencia espacial”: los pacientes negligentes ya no son conscientes de la información del lado izquierdo del espacio. Sólo exploran los objetos situados a su derecha, por lo que su percepción queda limitada a estos objetos. Estos pacientes se encuentran viviendo en un mundo reducido a la mitad, aunque sus capacidades perceptivas en sentido literal pueden estar intactas: si su atención se dirige a un objeto de la izquierda, lo perciben sin problemas.

Otro trastorno que puede ser consecuencia de una disfunción de las redes cerebrales de atención es lo que se conoce como extinción sensorial: los pacientes con extinción perciben normalmente un objeto aislado presentado a la izquierda o a la derecha; sin embargo, si se les presentan dos objetos simultáneamente, uno a la izquierda y otro a la derecha, sólo perciben el de la derecha. Es como si el objeto de la derecha compitiera con el de la izquierda por la atención del paciente y ganara sistemáticamente esta competición, “extinguiendo” la percepción consciente del objeto de la izquierda. El abandono y la extinción son otros ejemplos impresionantes de la importancia crucial de las conductas de exploración activa en la percepción consciente.

Por tanto, la percepción no puede aislarse de la acción. El sujeto explora el entorno siguiendo sus objetivos y conocimientos a priori; estas acciones provocan cambios perceptivos, que a su vez generan nuevas acciones exploratorias (ciclo acción-percepción). En consecuencia, el objetivo de la percepción no es sólo reconocer los acontecimientos externos sino, con la atención, permitirnos seleccionar activamente la información que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos.

Revisor de hechos: EJ

Percepción en Sociología

En la Crítica de la razón pura, obra que revolucionó la teoría del conocimiento, Immanuel Kant expone la existencia de dos formas puras de intuición sensible, el espacio y el tiempo, como fundamentos a priori del conocimiento del sujeto. Estos marcos formales de la experiencia, inherentes a la mente humana, son la condición de posibilidad de nuestras intuiciones empíricas, la única forma en que pueden aparecérsenos los objetos sensibles.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

El tiempo y el espacio no son, por tanto, propiedades de las cosas, sino una producción del sujeto trascendental, el único que garantiza la realidad objetiva. Al estudiar los modos primitivos de clasificación, Émile Durkheim y Marcel Mauss cuestionaron esta ontología a priori de las categorías inmanentes a las estructuras mentales de un individuo pensado como autónomo.

En un artículo publicado en 1903, “De quelques formes primitives de classification”, los dos sociólogos demuestran la correspondencia entre las formas de organización social y la lógica de los principios de clasificación. En los sistemas elementales de representación, la jerarquía entre clases de objetos y las relaciones entre ellos se derivan de las formas en que se agrupan socialmente, es decir, de las divisiones espaciales entre cada grupo social dentro de un mismo espacio geográfico. Son las prácticas sociales las que determinan la génesis de las categorías de percepción, y no al revés.

Esta cristalización de las interacciones sociales pasadas, objetivadas como categorías mentales, se impone a las generaciones posteriores. Si la medición unificada del tiempo parece natural hoy en día, sobre todo a través de la mediación de instrumentos -relojes, relojes, calendarios, etc. – que constituyen simbólicamente el tiempo como un objeto real, es el resultado de un largo proceso de coordinación de los ritmos de la actividad social indexados a secuencias de acontecimientos biológicos o físicos.

Las formas en que vemos, sentimos o pensamos sobre los objetos del mundo social están moldeadas por un conjunto de instituciones preexistentes (familiares, escolares, profesionales, burocráticas, etc.) y contribuyen a la interiorización de las limitaciones sociales. Estos diferentes lugares de socialización contribuyen así a la perpetuación de tipificaciones, principios de clasificación, visiones y divisiones del mundo social, que se implementan en nuestras operaciones cognitivas para aprehender la realidad, así como en nuestras prácticas cotidianas. Las experiencias constituidas como un sistema de disposiciones producen patrones no conscientes de percepción y apreciación que se ajustan a las condiciones sociales de su producción y estructuran las prácticas posteriores.

La implicación inmediata en un mundo que parece evidente mantiene nuestra relativa ceguera ante los principios de selección que rigen nuestra percepción. Si bien estos esquemas cambian según las configuraciones históricas -los niños se definen hoy en día como una edad específica mientras que antes del siglo XVIII se percibían como pequeños adultos-, también difieren, en una sociedad determinada, según las condiciones objetivas de existencia de los grupos sociales. Por ejemplo, la percepción de las sensaciones mórbidas del cuerpo está desigualmente distribuida entre las clases sociales.

El grado de atención que se presta a los síntomas de enfermedad y la capacidad de describirlos a un médico dependen del dominio de las taxonomías médicas y, más en general, de la forma en que se adquieren los conocimientos médicos. Pero esta atención también se deriva de la relación que cada clase social mantiene con el cuerpo. La utilización del cuerpo como fuerza de trabajo por parte de las clases trabajadoras, y el ethos de este grupo, tienden a inhibir la expresión de las sensaciones físicas mórbidas siempre que no impidan repentinamente su uso. Por el contrario, las clases altas, que dependen menos económicamente de su cuerpo como recurso profesional, le prestan una atención regular y buscan preventivamente signos de deterioro potencial. La observación continua, una forma de aprendizaje, favorece el desarrollo de la agudeza perceptiva.

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Al analizar las prácticas de los fumadores de marihuana, Howard Becker demuestra que la capacidad de experimentar una sensación de placer requiere aprender de los compañeros para discernir gradualmente los síntomas. Categorizado como desviado como resultado de la movilización de empresarios morales, este acto va acompañado de una redefinición colectiva positiva de la “identidad social”, que permite a las personas dejar de percibirse a sí mismas a través de una etiqueta negativa. Los patrones de percepción de la realidad son, por tanto, el producto de procesos históricos, diferenciados según las clases de “habitus”. Están en el centro de las luchas por imponer una representación legítima del mundo social.

Revisor de hechos: EJ

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Definición de Percepción en Psicología

Percepción es una palabra clave en psicología. Se puede señalar lo siguiente sobre su concepto: El proceso de organización e interpretación de los datos sensoriales que ingresan es fundamental para desarrollar una conciencia de uno mismo y del entorno; esto incluye los sistemas visual, auditivo, somatosensorial, químico y propioceptivo. (Véase algunos tecnicismos de psicología en esta plataforma)

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7 comentarios en «Percepción»

  1. Reenviado (Explicado) ‣ Todo sobre Antropología del Comportamiento del Consumidor ‣ 2024 😀

    El éxito del enfoque basado en las necesidades ha llevado a algunos psicólogos a ir más allá y asociar los determinantes de la motivación no a un acto determinado, sino a un individuo cuyos rasgos de personalidad pueden así identificarse. En conjunto, los trabajos sobre la personalidad han dado falsas esperanzas a los estrategas del marketing, sobre todo en sus esfuerzos por segmentar y tipificar. Las deficiencias de la investigación sobre la personalidad permiten comprender mejor las limitaciones de los enfoques basados en la motivación. Al centrarse en la persona que actúa (el consumidor), los motivadores pasan por alto el papel de las variables del entorno (la tienda, los productos, las situaciones de compra) que, sobre todo en el caso de los productos que tienen poco que ver con la personalidad del consumidor, pueden ser determinantes clave. Pero tener en cuenta el entorno y su impacto en el acto de compra también significa interesarse por la forma en que los consumidores reaccionan ante el mundo que les rodea: en otras palabras, significa abrir la puerta a los mecanismos de percepción.

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