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Cambios en la Estética

Los cambios que se están produciendo desde los años 90, principalmente en la teoría del arte y en la teoría de la interpretación y la crítica, reflejan un cambio más profundo en las propias artes y, aún más ampliamente, un cambio en la filosofía y la ciencia en general. En general, el nuevo historicismo se opone a las tradiciones aristotélica y kantiana. Se siente atraído por los temas ejecutivos de Hegel, Marx, Nietzsche, Dewey, Heidegger, Wittgenstein, la escuela crítica de Frankfurt, Gadamer, con la salvedad de que (como es bien sabido) casi todos estos teóricos ceden en algún punto en la dirección de la invariabilidad, la necesidad modal, el teleologismo, la totalización y similares. Visto en estos términos, los problemas para la estética, la filosofía del arte, la teoría de la crítica y la interpretación y la historia cultural se centran en las perspectivas de recuperar un sentido de la objetividad y el rigor compatible con la informalidad disciplinada que parece estar entrando en escena.

Experiencia Estética

Kant describió a los receptores de la experiencia estética no como distanciados, sino como desinteresados, lo que significa que los receptores no tratan el objeto de disfrute ni como vehículo de curiosidad ni como medio para alcanzar un fin. Contemplan el objeto como es en sí mismo y “al margen de todo interés”. En un espíritu similar, Arthur Schopenhauer argumentó que las personas podían considerar cualquier cosa estéticamente siempre que la consideraran con independencia de su voluntad, es decir, independientemente de cualquier uso que pudieran darle. De este modo, la gente puede llegar a ver la idea que el objeto expresa, y en este conocimiento consiste la apreciación estética. La teoría popular del arte como una especie de actividad lúdica, en la que la creación y la apreciación se separan de las urgencias normales de la existencia y se entregan al ocio, concuerda con esta visión. El problema es darles a estos pensamientos una precisión filosófica. Se han repetido en la filosofía moderna de diversas formas -por ejemplo, en la teoría de que el objeto estético se considera siempre por sí mismo, o como individuo único y no como miembro de una clase. Estas formulaciones particulares han llevado a algunos filósofos a tratar los objetos estéticos como si estuvieran dotados de un estatus metafísico peculiar. Alternativamente, a veces se argumenta que la experiencia estética tiene un carácter intuitivo, en contraposición al carácter conceptual del pensamiento científico o al carácter instrumental del entendimiento práctico.

Reflexión Filosófica sobre la Belleza

La belleza de las formas de un tigre en actitud de salto está profundamente vinculada con el «ámbito» de predación que tal figura sugiere. En las estilizadas formas de la gacela de Grand, que embellece las llanuras africanas, quedan brillantemente de manifiesto los campos de actividad que ella funda a impulsos de su instinto de conservación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Las actitudes expresivas: tensión, ternura, temor, ayuda, agresividad, etc., son, vistas con la debida penetración genética, actitudes «ambitales», ya que significan la cofundación de un campo relacional de sentido que, en virtud de las leyes de selectividad y evolución, influye decisivamente, a lo largo de los amplios periodos históricos, en la configuración de los seres vivos. Los mismos colores elementales ejercen una especie de función «ambital» en cuanto colaboran a fundar climas de acogimiento, exaltación, depresión, etc.

Belleza en la Historia de la Filosofia

Podemos distinguir en los escritos del filósofo David Hume una teoría de la belleza anterior y otra posterior. La primera aparece en el libro 2 del Tratado de la Naturaleza Humana, publicado en 1739. Hume argumenta que “la belleza no es más que una forma, que produce placer”. Esta afirmación no pretende ser una definición, ya que Hume dice que la belleza no puede ser definida. Sostiene que innumerables ejemplos de objetos bellos apoyan esta opinión, así como el hecho de que solo podemos discernir la belleza sintiendo placer.En el Tratado Hume describe repetidamente la belleza como una cualidad de los objetos. En general, el fenómeno de lo «bello» presenta diversas vertientes de tal modo diferenciadas que no cabe ofrecer una definición precisa y exhaustiva del concepto de belleza sin riesgo de unilateralidad. La belleza, como la verdad, es siempre polifónica, armónicamente compleja y dinámica. Es imprescindible, en consecuencia, conceder a tal concepto un cierto margen de libertad, a fin de que pueda saturarse de sentido a medida que se someten a detenido análisis las diversas formas de lo bello.

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