Relaciones Iglesia-Estado en América Latina
Este texto se ocupa de las relaciones Iglesia-estado. Una vez constituida, nada distinguía tanto a la Iglesia de Inglaterra de las demás Iglesias como la relación que mantenía con la monarquía. El Rey era su cabeza. Los límites de la autoridad que poseía, como tal, no fueron trazados, y de hecho nunca han sido trazados con precisión. Las leyes que lo declaraban supremo en materia eclesiástica estaban redactadas de forma ruda y en términos generales. Si, con el fin de averiguar el sentido de esas leyes, examinamos los libros y las vidas de los que fundaron la Iglesia de Inglaterra, la perplejidad británica aumentará. Según este sistema, expuesto por Cranmer, el Rey era el jefe espiritual y temporal de la nación. En ambas capacidades, Su Alteza debía tener lugartenientes. Al igual que nombraba a los funcionarios civiles para que guardaran su sello, recaudaran sus ingresos e impartieran justicia en su nombre, también nombraba a divinos de diversos rangos para que predicaran el evangelio y administraran los sacramentos.