Rudolf Bahro
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Vida y Pensamiento de Rudolf Bahro
Bahro y la izquierda alemana
Cuando Bahro salió de la cárcel en 1979 y llegó a Alemania Occidental se le consideró como un nuevo líder potencial de la fragmentada izquierda radical.Si, Pero: Pero en lugar de intentar unir a la izquierda radical en un nuevo partido separado, Bahro decidió participar en la fundación del partido de los Verdes y pidió a la izquierda radical que hiciera lo mismo.
Puntualización
Sin embargo, su intención no era la de que la izquierda radical tomara el control del recién fundado Partido Verde. El partido Verde, según Bahro, debía ser la expresión política de lo que él llamaba la “otra gran coalición”. Debía abarcar todas las fuerzas y representar a todas las personas que suscribían el análisis apocalíptico del sistema industrial y estaban convencidas de su insostenibilidad fundamental. Esto incluía no sólo a los grupos y personas de la izquierda radical. De hecho, según Bahro, la izquierda radical todavía tenía que aprender y aceptar que no sólo el capitalismo, sino el sistema industrial de producción y consumo en masa como tal, era nuestra perdición. Respecto a este punto crucial, la izquierda podría, según Bahro, tomar lecciones fructíferas de los ecologistas conservadores y de derechas como Gruhl y Springmann. Bahro preveía un diálogo constructivo, aunque muy difícil, entre la izquierda y la derecha, incluso la extrema derecha dentro del Partido Verde. Esto llevaría en última instancia a la nueva síntesis de un movimiento cultural revolucionario para desmantelar el sistema industrial y reconstruir la sociedad humana y la reproducción cultural sobre una base comunitaria. Pidió a la izquierda radical que revisara críticamente su herencia teórica, así como su práctica y estrategia política. Una parte integral de esta herencia y práctica política era el antifascismo. Al igual que el énfasis en la lucha de clases, la misión revolucionaria del proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) y el movimiento sindical ha impedido a la izquierda trascender lo que Bahro, tomando prestado tanto a Lewis Mumford como a E.P. Thompson, llama más tarde la “megamáquina exterminadora” del sistema industrial, también el enfoque en el antifascismo ha impedido a la izquierda tal trascendencia.
La práctica y la estrategia políticas de la izquierda radical se limitaron, según Bahro, a una lucha política por el poder. Como tal era excluyente, se regía por la lógica del amigo y el enemigo, del ellos y el nosotros.Si, Pero: Pero como la cuestión no es meramente una revolución política sino una revolución cultural, la práctica y la estrategia revolucionarias tienen que ser inclusivas. La cuestión central no es el poder sino el consenso. El consenso que aún prevalece a favor del statu quo, de las comodidades y promesas del sistema industrial imperialista, tiene que ser socavado y cambiado por un nuevo consenso para el desarme industrial y una nueva economía comunitaria de subsistencia. La conciencia disidente ya está extendida por toda la sociedad. La mayoría de la gente ya tiene el corazón dividido. La lucha entre las viejas y las nuevas formas de cultura tiene lugar en cada uno de nosotros. El objetivo del movimiento y del partido Verde debe ser fortalecer, ampliar, articular y organizar esta conciencia disidente en un movimiento cultural-revolucionario.
La conciencia disidente, afirma Bahro, puede expresarse y articularse de dos formas radicalmente diferentes. La primera adopta una forma positiva, de mejora de la vida, compasiva, antiautoritaria y pacifista. Este es el ideal de Bahro de la forma verde eco-pax. La otra forma básica es una forma resentida, agresiva y patriarcal que es la forma fascista Marrón. Ahora bien, al contrario de la acusación ecofascista contra Bahro, la principal preocupación de sus polémicas reflexiones sobre la polaridad y el terreno común de Verde y Marrón es cómo impedir una nueva articulación Marrón independiente de la conciencia disidente. Bahro hace la provocadora afirmación de que el tradicional, estéril y ritualizado antifascismo de la izquierda está más bien promoviendo dicha articulación marrón en lugar de impedirla.
En Alemania, a principios de siglo, la conciencia disidente se articuló y se expresó en Alemania principalmente en una forma marrón resentida y autoritaria. Los motivos y las articulaciones verdes, pacifistas y anarquistas no estaban ausentes, pero estaban claramente en una posición subordinada. El movimiento cultural-revolucionario de aquella época era principalmente pardo y no verde. La mayor parte de esta conciencia disidente en su articulación marrón fue luego instrumentalizada por Hitler y su partido nazi para un perfeccionamiento totalitario de la megamáquina.
La historia, según Bahro, no se repetirá simplemente. El potencial regresivo y autoritario es mucho más débil en Alemania hoy que en los años veinte y treinta.
Una Conclusión
Por lo tanto, existe una posibilidad real de que, ante el agravamiento de la crisis socioecológica, esta vez podamos subordinar el marrón al verde.Si, Pero: Pero para conseguirlo tenemos que hacer justicia y tomarnos en serio los motivos existenciales que hay detrás de las posiciones de Brown. El antifascismo santurrón, ansioso y agresivo, según Bahro, impide que los momentos verdes de las tendencias marrones sean asimilados e integrados en la articulación ecopacifista de la conciencia disidente; de hecho, impide que el momento marrón se convierta en el momento recesivo del movimiento cultural-revolucionario.
La autojustificación de este antifascismo niega los momentos Brown existenciales reprimidos en la propia psique. La teoría de Bahro aquí es complicada. La primera afirmación es que el fascismo no es meramente externo a nosotros. La segunda afirmación es que la protesta contra la megamáquina puede reflejar este potencial lado marrón de nosotros mismos.
¿Cómo es que el fascismo es interno a nosotros? Dado que vivimos, en casi todas las facetas de nuestras vidas, como víctimas más o menos complacientes, y sin embargo funcionarios más o menos cooperativos y subordinados, de la megamáquina industrial exterminadora, tenemos aspectos de nuestro carácter que son ambiguamente marrones o no están libres de rasgos marrones. Escribimos cheques, votamos, pagamos impuestos, consumimos y obedecemos; en resumen, damos poder, legitimamos y entregamos a la megamáquina los frutos de nuestro trabajo para que no se interfiera en la conveniencia de nuestras vidas como partes de la megamáquina. De este modo, suprimimos más o menos conscientemente lo que la megamáquina exterminadora hace con nuestro respaldo. En este sentido, todos somos fascistas en potencia. Y cuando nos rebelemos contra la megamáquina, y para Bahro el apocalipsis es más o menos inminente, existen en esta versión potencial de nosotros las semillas de la reacción contra el monstruo que puede ser dominado por la violencia regresiva, la agresión y el odio – porque, después de todo, esta es la implicación de nuestra complicidad como funcionarios de la megamáquina.
Bahro nunca ha pedido un “Hitler verde”, sino que ha sostenido que en el fondo de sus corazones mucha gente ya está pidiendo ese “Hitler verde”. Una de sus principales preocupaciones es cómo evitar un “Hitler verde”. No evitamos una solución dictatorial a la crisis vital cazando y desenmascarando a los fascistas. Más bien tenemos que ocuparnos del terreno en el que podría arraigar algo parecido a un régimen ecofascista. Esto exige un estudio de las motivaciones subjetivas, las negaciones, las represiones, las frustraciones y las ansiedades de aquellos que, no siendo absolutamente ajenos a nosotros, apoyarían tal opción marrón.
La prioridad del factor subjetivo
En una revolución cultural en la que no se trata sólo y principalmente de tomar el poder, sino de llevar a cabo una forma completamente nueva de existencia y vida humana, los factores de subjetividad, alma, carácter, sensibilidad, conciencia, etc. son básicos. La revolución cultural presupone lo que Bahro llama una revolución antropológica, con la que tiene en mente una transformación radical de la subjetividad humana. La nueva formación cultural requiere una nueva configuración de nuestras facultades subjetivas, motivos y aspiraciones. Tenemos que prepararnos activamente para iniciar una forma de vida radicalmente nueva. Como para muchos pensadores alineados con la “Ecología Profunda”, el verdadero trabajo para Bahro es el de la autoexploración y la autotransformación.Si, Pero: Pero sería erróneo pensar que esto está desprovisto del “verdadero trabajo” de una especie de praxis política (ver más adelante).
Puntualización
Sin embargo, es este énfasis en la perspectiva antropológica y espiritual el que es visto con gran desdén y sospecha por la izquierda. ¿Es entonces Bahro un profeta de la Nueva Era? Es innegable que Bahro tiene mucho en común con destacados teóricos de la Nueva Era como Marilyn Ferguson, Frijdhof Capra y Theodore Roszack. Es claramente un profeta de una nueva era posmoderna y posindustrial, de un nuevo hombre en una nueva tierra.
Bahro comparte gran parte del optimismo antropológico de la filosofía de la Nueva Era. La nueva formación cultural se basará en un nivel de conciencia nuevo y más elevado; se basará en las potencialidades sin explotar de la naturaleza y la conciencia humanas. Bahro cree que la reintegración de las formas arcaicas, mágicas y míticas de la conciencia, que han sido suprimidas, y el surgimiento de un nivel superior de la forma integral de la conciencia de al menos una masa crítica de personas son condiciones previas para el éxodo de la megamáquina industrial.
Todos hemos sido socializados y condicionados por la megamáquina para ser sus leales funcionarios, a pesar de que esto a menudo conlleva frustración y depresión. Estamos profundamente identificados con ella. Su autoridad y su poder sobre nuestras vidas apenas se cuestionan. Romper el hechizo de esta autoridad y este poder es ante todo un problema psicológico. La primera obra de construcción de la nueva cultura es nuestro propio campo de conciencia.Entre las Líneas En concreto, nuestra tarea consiste en recuperar nuestra energía de las actividades alienadas en la gran colmena y reinvertirlas en un proceso de autodescubrimiento y autotransformación. Diversas prácticas terapéuticas y meditativas pueden ayudarnos a lograr esta liberación interior.Si, Pero: Pero como lo que está en juego es un ethos abarcador, cuyo estilo de vida alimenta directamente la megamáquina, la curación no puede ser simplemente un giro hacia el interior. Como sabemos, existe una especie de “capitalismo espiritual” en el que los principales funcionarios de la megamáquina se reactivan.
Además, es un malentendido radical, según Bahro, concebir esta liberación de la conciencia como una revuelta contra la razón y la racionalidad. No necesitamos menos, sino más razón y racionalidad en el sentido de que es necesaria una comprensión más profunda y clara y una mayor conciencia de lo que hacemos con nuestras energías en nuestra vida diaria. Esta comprensión revela hasta qué punto estamos involucrados e implicados en la “lógica de la autoaniquilación”; también revela en qué consiste una “lógica de la liberación”. Bahro no cree que los “rituales que adormecen la mente” (por tomar una frase de Bookchin) nos librarán del exterminio.
Puntualización
Sin embargo, lo que también hay que criticar y superar es la forma instrumental unilateral de la racionalidad económica y calculadora que ha sido escindida y alienada del resto de nuestras facultades subjetivas y que está totalmente supeditada a la reproducción y expansión de la megamáquina. Aunque Bahro en ocasiones se apropia acríticamente de las ideas de los teóricos de la Nueva Era (por ejemplo, las de Jaynes y Wilbur), la orientación, si se nos permite usar una palabra vaga aquí, de su propia posición básica no está tan alejada de las críticas a una forma modernista de “razón” que podríamos encontrar en Whitehead, Husserl (y otros fenomenólogos) y los miembros de la Escuela de Frankfurter. Aquí se habla del “espíritu” pero no siempre de la “letra”.
La creencia de Bahro es fundamentalmente “eutópica”. La revolución cultural presupone una revolución antropológica que conducirá a una nueva forma radical de la persona humana. La forma y el ideal burgueses modernos de la persona humana son el ego fuerte, autónomo y competitivo que lucha por una posición de máxima invulnerabilidad, seguridad, control y comodidad. El dinero es el principal instrumento para asegurar esta posición egocéntrica de poder. Como dijo Bahro de forma sucinta: “Todos queremos ser reyes del sol”. La megamáquina es la expresión objetiva y el resultado del ideal napoleónico de libertad individual y autodeterminación. La tarea de la revolución antropológica es desmantelar activamente la fortaleza del ego y desarrollar una forma de ser un yo sin ego que, al mismo tiempo, no sea vulnerable a la crítica de que tal visión abandona la responsabilidad personal. Un proyecto tan elevado no debe descartarse con referencias desdeñosas a los teóricos de la Nueva Era; tiene mucho en común con las principales religiones y tradiciones filosóficas occidentales cuando se han centrado en la cuestión de la vida más perfecta o divina; también, por supuesto, está en el centro de formas de taoísmo, budismo e hinduismo. Y, como suele ocurrir con estas tradiciones y con Bahro, el amor a lo “divino” no se separa fácilmente del amor al prójimo y a uno mismo.
Por lo tanto, otro punto de acuerdo entre Bahro y la filosofía de la Nueva Era es que la necesaria autotransformación tiene una dimensión transpersonal, espiritual o religiosa. Tenemos que redescubrir lo divino en nosotros mismos, en el cosmos y en la naturaleza. Tenemos que arriesgarnos a invocar a Dios de nuevo. Esta es, según Bahro, nuestra última oportunidad no sólo de sobrevivir, sino también de emanciparnos. Bahro no suele hablar de Dios, sino de la “Divinidad”, indicando así que no piensa en un padrino personal patriarcal. Como la mayor parte de la espiritualidad de la Nueva Era, la perspectiva de Bahro es gnóstica y mística. No nos pide que creamos en la revelación de alguien, Dios, con quien estamos en conversación y cuyos mandamientos debemos obedecer, a quien debemos amar, etc. Más bien nos insta a descubrir nuestra realidad más profunda, el fundamento original de nuestro ser, por el que somos uno con el universo y con su logos divino. Por tanto, es una mezcla de tradiciones espirituales-místicas occidentales y orientales (especialmente taoístas), que son la principal inspiración para la concepción de Bahro de la espiritualidad y la religión. Un aspecto de esto es que, aunque el individuo necesita un maestro que le guíe en el camino hacia Dios, los sacerdotes que median entre lo divino y el individuo no son necesarios.
Nos parece que, aunque esta religiosidad de la Nueva Era es ajena a amplios segmentos de la izquierda, la izquierda en sí misma no debería rechazarla de plano más que las formas actuales de las teologías de la liberación judía, cristiana o budista, cuyas credenciales revolucionarias y de justicia social son tan creíbles como las de cualquiera.
Bahro sabe bien que la meditación y el pensamiento positivo por sí solos no nos salvarán. El movimiento de la Nueva Era está en parte cooptado por la megamáquina como una subcultura comercializada. Bahro critica las formas individualistas y consumistas del movimiento New Age y su optimismo superficial. Le falta comprender la lógica de la autoaniquilación y carece de una visión social articulada y de una conciencia y voluntad políticas para empezar a hacer realidad esta visión. Los experimentos e iniciativas terapéuticas y espirituales tienen que integrarse en el proyecto y movimiento cultural-revolucionario. Al igual que el ala política activista de este movimiento tiene que espiritualizarse, el ala terapéutica y espiritual del movimiento tiene que politizarse.
El antimodernismo de Bahro
La visión apocalíptica de Bahro sobre la megamáquina industrial, su concepción de una revolución cultural que presupone y va de la mano de una revolución antropológica y un despertar espiritual, equivale a una crítica fundamental de la era moderna como tal y de todos sus elementos esenciales, como la economía capitalista, la industria moderna, la ciencia y la tecnología modernas, los ideales ilustrados de libertad individual y autodeterminación y la política de partidos democrática secular. Según Bahro, todo esto es un conjunto y hay que rechazarlo en su totalidad: “Fuera todo el cobarde y fundamentalmente falso ‘proyecto de la modernidad’ por el que los autores no sólo huyen de sus propias vidas, sino por el que todo el proceso de evolución se va a pique”. Un ejemplo del rechazo radical del contexto moderno por parte de Bahro es su propuesta de renunciar a la defensa del puesto de trabajo (Logik der Rettung, 486 y ss.; Avoiding Ecological Disaster, pp. 338 y ss., pero nótese que se han suprimido pasajes importantes en la traducción). La defensa del lugar de trabajo es una defensa de la economía salarial, del empresario, de la empresa y de la economía de mercado. Lo que se necesita es un esfuerzo concertado para liberar al trabajador de la fábrica y de la corporación y proporcionarle incentivos para seguir una vida en una comunidad que sea económicamente autosuficiente. Así, por ejemplo, en lugar de que el gobierno venda enormes extensiones de tierra para obtener derechos de explotación minera de oro o para subvencionar el pastoreo de ganado, la tierra podría ponerse a disposición de asociaciones de, por ejemplo, trabajadores del sector del automóvil en Detroit, para animarles a seguir un tipo de vida diferente. El desmantelamiento juicioso de la megamáquina por parte del “gobierno de la supervivencia” (véase 5. más adelante), por ejemplo, de la economía del automóvil o de la granja industrial agroindustrial, etc., abre nuevas posibilidades para las comunidades democráticas subsistentes tanto dentro como fuera de los centros urbanos.
Esta es, suponemos, la manzana de la discordia entre la izquierda y Bahro, es decir, su rechazo total de la era moderna, no sólo de sus disfunciones exterministas sino también de sus principios fundamentales e ideales más elevados. Bahro se opone con vehemencia a cualquier proyecto reformista en relación con la ilustración y la era moderna. (Pero, como vimos esta no es una posición en oposición a todos los aspectos de la Ilustración; en Bahro la razón es apreciada pero desplazada de ser un instrumento abstracto de cuantificación e implicación al servicio de las profesiones de la megamáquina.
Otros Elementos
Además, como veremos, Bahro es modernista como hijo de la izquierda revolucionaria. El rechazo total de la modernidad requiere una considerable matización).
La era moderna, según Bahro, está construida sobre aspiraciones e ideales seculares que son inherentemente autodestructivos. La idea moderna de progreso que exalta al individuo por encima de la comunidad, identifica lo mejor con lo más, tiene una alergia hacia las metas finitas, desprecia el trabajo del cuerpo, ve la naturaleza como un mero recurso para la humanidad o un monstruo que hay que matar – todo esto es irreconciliable con la nueva forma de vida y una reproducción social que se esfuerza por la armonía con el microcosmos de nuestra propia naturaleza y el macrocosmos de la naturaleza entera.
Pero el antimodernismo de Bahro no debe entenderse como una especie de primitivismo regresivo. La Edad de Piedra, vista, por ejemplo, a través de la reconstrucción de Marshall Sahlins, no era tan mala; de hecho, infinitamente preferible a los horrores urbanos modernos.Si, Pero: Pero no podemos volver allí; no hay forma de regresar sin más.
Puntualización
Sin embargo, la era moderna es el callejón sin salida del proceso de civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”] Esta imagen de Bahro sugiere que demos la vuelta y vayamos al lugar de donde venimos, para luego avanzar en una dirección diferente y más prometedora sin olvidar nuestros graves errores, especialmente la represión de la conexión de la cultura con las fuentes de subsistencia y el trabajo. Y en este regreso posiblemente habremos tenido que dejar atrás muchas cosas, como la ciencia y la tecnología, la aventura y la emoción, la individualidad, la libertad y la autodeterminación, porque, en la forma en que las conocimos fueron causas de la catástrofe.Si, Pero: Pero al haber tomado una nueva dirección podemos esperar recuperar muchas de ellas, pero ahora todas radicalmente transformadas, adaptadas y en armonía con las necesidades de la nueva forma de vida. La “cultura” megamachista y sus participantes privilegiados ya no funcionarán abstraídos de la relación elemental con la naturaleza y el trabajo de subsistencia y serán libres de determinar cómo debe llevarse toda la vida, es decir, como si la vida cultural no tuviera sus raíces en el trabajo de subsistencia y los procesos naturales.
Comunitarismo
La alternativa social de Bahro podría llamarse comunitarismo espiritual. “La comuna es la célula germinal de la nueva formación social que sustituirá a la existente, la unidad básica de la nueva red social”. La división internacional e incluso nacional del trabajo tiene que ser abolida en gran medida. Sólo en entidades sociales autosuficientes a pequeña escala pueden satisfacerse las necesidades básicas de alimentación, vestido, vivienda, salud y educación con un mínimo de material en todo. Bahro propone el ideal de una economía comunitaria de subsistencia e insta, como lo hizo Gustav Landauer, a que si no podemos empezar esto ahora no podemos esperar realizarlo en el futuro.
En su primera gran publicación, La Alternativa (original en alemán, 1977), Bahro ya abogaba por la transformación del estado-socialismo burocrático en una forma comunitaria de comunismo. Desde entonces ha sido un pensador comunitarista radical. Una cultura que preserve y mejore la vida, una cultura no jerárquica e igualitaria en la que nuestras necesidades comunicativas, sociales y espirituales puedan ser satisfechas y en la que podamos vivir en paz con nosotros mismos y con la naturaleza, tal cultura sólo puede ser una cultura comuntaria, una federación de comunas autosuficientes.
Puntualización
Sin embargo, Bahro se convenció de que la viabilidad del nuevo orden social comunitario posmoderno dependerá de un nuevo fundamento espiritual o religioso que trascienda el secularismo de la megamáquina, que en sí mismo, de hecho, no es más que el fundamento cuasi-religioso de la era moderna con los científicos sirviendo como sacerdotes de esta idolatría de la megamáquina.
El movimiento ecopacifista de liberación (Rettungsbewegung) es un movimiento de retirada del callejón sin salida civilizatorio de la megamáquina industrial. Según Bahro, es más que un movimiento político en el sentido moderno; es un movimiento cultural-revolucionario con una motivación espiritual guiada por una nueva imagen no egocéntrica del ser, una nueva visión de una sociedad que no se construye sobre la explotación, la alienación y la cooperación anónima y forzada.
Pormenores
Por el contrario, se construye sobre la mutualidad y la agencia comunitaria, los bienes y el compartir. Una sociedad así no es secular en el sentido moderno, en el que la religión es un asunto privado de quienes no han logrado liberarse de la dependencia de ella y, por tanto, no son racionales ni ilustrados. Más bien es una sociedad que se concibe a sí misma como una ciudad, una tribu de Dios, que reconoce y celebra con gratitud sus vínculos con otras tribus humanas y no humanas de Dios, una sociedad que en última instancia está guiada por Dios.
(Aquí, entre paréntesis, podemos insertar nuestra creencia en la importancia de un diálogo sostenido entre Bahro y aquellos que están del lado de Murray Bookchin y su municipalismo libertario. Bookchin ha defendido de forma persuasiva la categoría de la polis como telos de la vida social humana y, al igual que Aristóteles, la ve como algo esencialmente distinto de agrupaciones sociales como la familia, la tribu o el clan. Esta polis recién concebida recupera los ideales de la Ilustración, de hecho, es la única forma en la que puede desarrollarse la democracia participativa radical, y sin embargo es sensible e inseparable de la matriz fundacional: consideraciones sobre la tierra, la naturaleza, la comunidad y la economía de subsistencia. Por parte de Bahro (y también de las sociólogas feministas de Bielefeld, Maria Mies, Claudia von Werlhof, Veronika Bennholdt-Thomsen, Vandana Shiva, Mechthild Hart y otras) o bien no se reconoce la necesidad de la categoría de la polis, ya que se asume que las comunidades de subsistencia son suficientes y no deben ser completadas o perfeccionadas por la polis; o bien se mira con recelo, en parte por sus raíces patriarcales y esclavistas y, en parte, porque suena demasiado a gobierno desde arriba.Si, Pero: Pero estas diferentes perspectivas deben comprometerse (no demonizarse) entre sí porque no sólo son fundamentales, sino que son las más finamente estructuradas y articuladas de la izquierda actual).
La concepción inclusiva de Bahro de un movimiento cultural-revolucionario es una síntesis de la ecología social anarquista, la ecología profunda, el ecofeminismo y del movimiento New Age. Excepto Bookchin y las sociólogas feministas de Bielefeld (Mies, von Werlhof, etc.), nadie ha elaborado esta visión de forma tan profunda y exhaustiva como Bahro. Y nuestra presentación aquí es sólo un resumen muy superficial del alcance y la profundidad de esta visión. No hay nada en la obra de Bahro que no merezca una seria reflexión y consideración. Es ciertamente provocador y a veces chocante. Y su ruptura de tabúes a menudo no es lo suficientemente circunspecta como para evitar malentendidos.
El gobierno del rescate y el Apocalipsis
Por último, queremos abordar la acusación de que Bahro, si no es un ecofascista, en la cuarta parte de Die Logik der Rettung parece abogar por medidas dictatoriales para detener la “espiral de la muerte”. Esta última frase es el término que utiliza para referirse al proceso de exterminio creciente causado por la mayor expansión de la megamáquina. Al principio de su libro, Bahro pide una nueva disciplina de investigación que intente comprender todo aquello que no es suficiente para detener la avalancha destructiva. Estamos inmersos en una carrera con el tiempo. El día del juicio final, el apocalipsis, no es una posibilidad futura; es ya una realidad presente.
El apocalipsis de Bahro es una cuestión tanto de evidencia como de retórica. Por un lado, la evidencia del apocalipsis es de naturaleza contingente y probable.Entre las Líneas En abstracto, no se trata de una evidencia en términos de necesidades lógicas o formales.
Otros Elementos
Por otro lado, dado que lo que está en juego es de una importancia tan inestimable, el modo en que las probabilidades en este asunto se desprecian tan gratuitamente en favor de la conveniencia, la costumbre, etc. es en sí mismo una cuestión cognitiva y moral complicada. Como ha dicho Sloterdijk La extinción de nuestra luz natural planetaria parecería ser la única luz de la evidencia que presentaría razones concluyentes para cambiar nuestros estilos de vida.Entre las Líneas En cuyo caso “sólo la ocurrencia real de la desaparición del mundo sería la advertencia convincente sobre la desaparición del mundo” (Eurotaoismus, 122).
Una Conclusión
Por lo tanto, para quien la probabilidad es alta, el género de presentación, debido a un imperativo moral, requiere la retórica de la urgencia.Las presentaciones académicas desapegadas deben estar impregnadas del sentido de la presión de los acontecimientos. La filosofía, como expresión del puro deseo desinteresado (en muchos casos, significa neutral, objetivo; en cuyo caso no debe confundirse con “falta de interés”; otras veces el significado es diferente) de saber, debe incorporar, si no ceder, los antiguos géneros profético y cínico de la persuasión mediante la previsión.
Pero Bahro no es sólo un cínico y un profeta moderno; es también un hijo de la izquierda revolucionaria moderna. Para él, la urgencia de la situación significa que no podemos esperar hasta la finalización de la revolución antropológica y hasta la finalización de la revolución cultural por parte del movimiento cultural-revolucionario. Esto llegará demasiado tarde. Necesitamos urgentemente una suspensión de la ejecución. Es decir, hay que hacer algo ahora, con la mayor fuerza posible para frenar y controlar las fuerzas de la destrucción.Entre las Líneas En primer lugar, esto significa recuperar el control sobre el monstruo de tres cabezas de la ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), la tecnología y la producción capitalista. Si las circunstancias son apocalípticas, si no podemos permitirnos el lujo de esperar hasta que la gran mayoría sea lo suficientemente madura espiritualmente como para haber descubierto su verdadero ser ecológico integral y, por lo tanto, ser ella misma la fuente de la decisión, entonces la decisión debe tomarse desde arriba a pesar del gran número de personas para las que esto provocará olas masivas de resentimiento y una resistencia potencialmente explosiva, porque sus vidas se definen en términos de crecimiento, consumo, competencia, éxito financiero, movilidad ascendente, etc.Entre las Líneas En la actualidad, el único centro de poder lo suficientemente fuerte como para frenar a este monstruo es el Estado. El alcance global de este conglomerado prepotente de la megamáquina requiere un gobierno mundial (o global) para su control.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Nótese que Bahro no está proponiendo algo muy diferente de lo que cada uno de nosotros experimenta a diario. Es decir, nos parece paradójico que los izquierdistas y liberales se opongan a la propuesta de Bahro de que se cree un poder estatista para deconstruir las agencias estatistas, cuando, típicamente, día tras día, apoyan los actos nefastos de las instituciones estatistas-megamáquinas en las que se encuentran mediante el cumplimiento en casi todos los niveles, y especialmente en la forma de pagar impuestos y comprar y usar productos corporativos. Estos parámetros de nuestra agencia nunca fueron legitimados por ninguna búsqueda de consenso o democracia participativa genuina.
Bahro hace la importante distinción entre un “gobierno de rescate” (Rettungsregierung) y un “gobierno de emergencia” (Notstandsregierung). El gobierno de emergencia sería una dictadura en toda regla. Esto, según él, es lo que obtendremos si la crisis socioecológica se agrava.Entre las Líneas En la actualidad todavía existe la posibilidad de instalar un gobierno de rescate. Se trataría de un gobierno con un poder real pero limitado para frenar con decisión el crecimiento del tumor y sus metástasis. Un gobierno así, cree Bahro, estaría legitimado por un amplio consenso popular para aplicar dolorosas restricciones a todo el mundo.
Puntualización
Sin embargo, el poder de ese gobierno de rescate se limitaría a medidas defensivas negativas. Su única tarea sería asegurarnos el tiempo necesario para lograr la transformación personal y cultural. El gobierno de rescate no implementaría ni administraría la revolución antropológica desde arriba; el Estado no crearía ni dirigiría comunas ni instituiría y dirigiría escuelas para la transformación personal. Lo que, según Bahro, debería confluir idealmente sería el impulso y la iniciativa positiva y constructiva desde abajo y la protección puramente negativa y defensiva desde arriba. Pero, debemos preguntar: en la medida en que la mayor parte de la iniciativa corporativa y la agencia positiva es amenazante y destructiva, ¿no sería la posición “defensiva” de Bahro la que suprime esta actividad desde arriba? (Volveremos sobre esto más adelante).
La eficacia de tal gobierno de rescate dependerá de lo extendida y profundamente arraigada que esté la nueva visión espiritual-social en las mentes y corazones de las nuevas mujeres y hombres.
El problema de un gobierno de rescate está estrechamente relacionado con dos posiciones de Bahro que parecen apoyar especialmente la acusación ecofascista. Bahro rechaza la democracia parlamentaria y reclama un liderazgo carismático. Bahro no propone abolir el actual sistema institucional ni poner el parlamento al servicio de la voluntad dictatorial de un partido como hicieron los nazis. Más bien prevé subordinar todo el sistema institucional a la autoridad superior de lo que él llama un “consejo ecológico” o, en su forma más madura, “una casa del Señor”. Todas las tribus no humanas de Dios, las plantas y los animales, los minerales y los ecosistemas estarían representados en el consejo por delegados humanos cualificados. Por supuesto, también estarían representadas en el consejo lo que hoy son las tribus humanas sin poder económico y político, los niños, los trabajadores migrantes, los refugiados, las amas de casa, las madres, los discapacitados, etc. Este consejo decidiría únicamente por consenso. Sus decretos marcarían los límites y la dirección de las decisiones de las demás instituciones legislativas y ejecutivas y tendría el derecho de vetar cualquier decisión de estos órganos subordinados. Si esto es fascismo, sería muy notable encontrar un estado fascista en el que los niños, las amas de casa, los discapacitados, los trabajadores inmigrantes, los delegados de los animales y las plantas establecieran por unanimidad los límites de nuestra brutal competencia por la riqueza y el poder.
Por último, Bahro afirma que sólo podemos atravesar las capas de hormigón de la civilización con fuerzas carismáticas. Como ha demostrado la historia de la humanidad, al menos en ocasiones, especialmente en períodos de transformación revolucionaria, una nueva visión necesita una personificación visible en líderes carismáticos.La calidad de este líder carismático, depende, en primer lugar de la visión que personifica; pero en última instancia depende de la naturaleza de la proyección que, a su vez, depende del carácter de sus seguidores. Así, por ejemplo, tenemos un Hitler o un Mao Tse Tung; o, por otro lado, tenemos un Gandhi o un Mandela. Una proyección verde en el sentido que Bahro da al verde (cf. 1. arriba) no se reconocería en un Hitler o en Pol Pot. Todo depende, pues, de nuestra propia madurez y carácter moral, de hasta qué punto nos hemos liberado de la viciosa dialéctica de la subordinación y la dominación, de la mentalidad de los súbditos resentidos y serviles que compensan su insignificancia identificándose con un líder poderoso, agresivo y autoritario.
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Puntualización
Sin embargo, en la medida en que se afirma el primer aspecto, la posición de Bahro contrasta con las instituciones y procedimientos liberal-democráticos. No sólo porque éstos, tal y como los conocemos, están demasiado identificados con la megamáquina como para pretender su destrucción. También porque parte del objetivo del movimiento cultural-revolucionario es conseguir una masa política lo suficientemente grande como para poder detener con medidas estatistas el curso de destrucción de la megamáquina. Esto, de nuevo, es un conflicto de medios y fines, a menos que, por supuesto, la aplicación de la fuerza pueda justificarse por algunos principios de legítima defensa; esto, como hemos señalado, parece ser la creencia básica de Bahro.
Datos verificados por: Brooks
La Ecología Profunda
El establecimiento de una sociedad verde presupone la aplicación de los cambios necesarios o sugeridos, consideraba Arne Naess (véase más sobre esta figura), en la formulación de la ecología profunda (asimismo, véase más sobre esta ideología política).
[rtbs name=”ideologias-politicas”]Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”] [rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Véase También
Ecología Política, Ideologías Políticas, Marco político, Anarquismo, Bioderecho, Biodiversidad, Ciencias Sociales, Ciencias sociales ambientales, Derecho Social, Ecología Profunda, Ecología, Ecologismo, Enciclopedia de Sociología y Antropología, Ética Ambiental, Filosofía Ecológica, Gobernanza Corporativa Sostenible, Humanidades ambientales, Población humana global, Protección del Medioambiente, Responsabilidad Social Corporativa, Sostenibilidad
Bibliografía
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