Ejército de Tierra
La revolución tecnológica, para empezar, que interesa tanto a la institución militar en su investigación y su industria de armamento, estrechamente vinculada a las técnicas civiles, como en sus opciones estratégicas: el desarrollo de dispositivos cada vez más potentes es de suma importancia en un momento en que la disuasión está a la orden del día, en que la “estrategia de medios” está asumiendo el papel que antes se asignaba a la “estrategia operativa”, una exclusividad militar que se ha vuelto en parte virtual. También se ha producido un cambio a nivel táctico, donde, como vimos en la guerra del Golfo, está tomando forma un campo de batalla automatizado, que implica la supremacía electrónica, la coordinación informática y la observación desde el espacio de las maniobras, el fuego y el mando. También hay un un cambio administrativo. Por un lado, han proliferado las técnicas y los métodos de gestión y de acción, al ritmo de la racionalización de las opciones presupuestarias y de la investigación operativa; por otro, y sobre todo, el ejército -ya se dedique a la paz mediante la disuasión o se proyecte en la lejanía- se ha convertido en una enorme máquina en la que la logística, el embalaje, el mantenimiento, las prioridades, los costes marginales, las situaciones subjetivas y la consideración de mil problemas hasta ahora considerados secundarios son ahora esenciales. Los medios están primando sobre el fin; es la venganza de los directivos contra los guerreros.