Uno de los grandes éxitos de Rusia en su campaña en torno a Ucrania ha sido lo que Peter Pomerantsev y Michael Weiss llaman la militarización de la información. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Utiliza una red de funcionarios, periodistas, comentaristas simpatizantes y troles de Internet para crear una realidad alternativa en la que toda la verdad es relativa y no se puede confiar en ninguna información. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los efectos de esta campaña ya están distorsionando las percepciones occidentales del conflicto. Las afirmaciones de que la OTAN prometió no expandirse a Europa Central y Oriental (CEE) después de la reunificación alemana, y que el temor de Rusia a esa ampliación es justificable, han entrado en los principales medios de comunicación, creando la impresión de que Occidente es el culpable del ataque directo de Rusia a Ucrania.
Sin embargo, aunque la red de propaganda rusa es sofisticada, sus mensajes no lo son. Su narrativa se basa en la tesis de que los Estados Unidos están tratando de gobernar el mundo, y sólo Rusia es lo suficientemente valiente y fuerte para detenerlo. Su propaganda se basa en gran medida en cuatro tácticas: descartar al crítico, distorsionar los hechos, distraer del tema principal y consternar a la audiencia. Por último, se basa en gran medida en los medios de comunicación controlados por el Kremlin y en comentaristas pagados o simpatizantes en Occidente, para transmitir sus mensajes. En esta entrada se explica cómo funciona la máquina de propaganda rusa y cómo contrarrestarla acudiendo a los orígenes históricos de la misma en el siglo XXI.