Justo cuando la neurociencia social comenzó a asentarse en la búsqueda de módulos socio-cognitivos dedicados en el cerebro, ha comenzado a surgir un nuevo enfoque de las imágenes cerebrales, conocido como mapeo cerebral. La aparición de métodos y teorías neuropsicológicas y neurocientíficas en el estudio de la cognición social subraya el hecho de que la experiencia, el pensamiento y la acción humanos pueden analizarse en tres niveles bastante diferentes, como se explica en el texto. Parte del atractivo de la neurociencia cognitiva y social es que promete conectar la psicología con el nivel biofísico de análisis, arrojando luz sobre los sustratos neuronales de la cognición y la interacción social. Pero algunos neurocientíficos han ofrecido otra justificación, y es que las pruebas neurocientíficas pueden afectar a la teorización en los niveles de análisis psicológico e incluso sociocultural. La idea general es que los hallazgos neurocientíficos limitarán las teorías psicológicas, obligándonos a elegir, entre teorías competidoras, cuál es la correcta en función de su compatibilidad con las pruebas neurocientíficas. La idea de la restricción fue evocada explícitamente por Gazzaniga en su declaración de la agenda para la neurociencia cognitiva.