El Yo
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el yo. Puede ser de interés asimismo lo siguiente:
[aioseo_breadcrumbs]El Desarrollo del Yo en Relación a la Psicología Social
El yo no está presente al nacer, sino que se desarrolla a lo largo de la vida de un individuo, y más concretamente en los jóvenes, como parte de una interacción (en las relaciones humanas) entre el desarrollo de las capacidades cognitivas personales y la influencia de los agentes de socialización en el marco de la sociología (padres, escuela, etc.). Se han identificado seis etapas principales en el desarrollo del yo.
Durante la primera infancia (hasta los 4 años), con la aparición del lenguaje, los niños desarrollan representaciones de sí mismos basadas únicamente en características concretas que pueden ser observadas por los demás (“tengo los ojos azules”). Se caracterizan con atributos distintos entre sí (“salto escalones”, “monto en triciclo”, etc.), pero no son capaces de generalizar sus habilidades, por ejemplo, viéndose a sí mismos como ágiles.
Durante el periodo comprendido entre el final de la infancia y la niñez media (hasta los 7 años), el niño llega a ser capaz de hacer comparaciones entre un yo pasado y un yo presente (“ahora sé leer”), pero confunde las habilidades deseadas (“sé leer”) con las habilidades reales (sólo lleva una semana en primer curso…). Estas comparaciones entre un yo pasado y un yo presente, a menudo idealizado, sostienen autopercepciones extremadamente positivas. Durante este periodo, los niños empiezan a darse cuenta de que las personas implicadas en su socialización (padres, profesores, etc.) tienen un punto de vista particular sobre ellos y su comportamiento. Es el inicio del proceso del “yo espejo social”, por el que las reacciones de los demás les proporcionarán información sobre la persona que son, del mismo modo que un espejo les da información sobre su aspecto físico.
Durante el periodo que va de la infancia media a la tardía (hasta los 11 años), los niños empiezan a ser capaces de utilizar rasgos de su personalidad para definirse a sí mismos (“soy simpático con mis amigos”). Esta nueva capacidad refleja importantes avances cognitivos. Las autorrepresentaciones están jerarquizadas, y el rasgo de personalidad (“soy inteligente”) representa el grado más alto de generalización, un rasgo basado en la integración de características de comportamiento específicas, como el éxito académico en francés y matemáticas. El niño también se vuelve capaz de definirse a sí mismo con autorrepresentaciones opuestas, lo que le permite evaluarse con mayor precisión. De este modo, puede verse a sí mismo como simpático en ciertos contextos y desagradable en otros. Las adquisiciones cognitivas que facilitan la toma de perspectiva permiten a los niños apreciar las opiniones que los demás tienen de ellos, opiniones que luego interiorizan en forma de autorrepresentaciones muy específicas (“soy popular entre las chicas de mi clase”) o generales (“soy simpático”). El proceso del yo-espejo está muy avanzado en los niños, que ya tienen una autoestima global, es decir, la capacidad de evaluarse a sí mismos como individuos, independientemente de ámbitos particulares.
Al comienzo de la adolescencia (entre los 12 y los 13 años), el joven se vuelve cada vez más sensible a las opiniones y normas de los demás como fuentes de información en el proceso del yo-espejo. Esto conduce a una proliferación de auto-representaciones que varían de un contexto a otro. Los adolescentes pueden considerarse felices con sus amigos, tristes con sus padres, inteligentes e interesados como estudiantes e incompetentes en el deporte.
En la adolescencia media (entre los 14 y los 16 años), los jóvenes se miran intencionadamente en el “espejo social” para obtener información sobre las normas y los atributos que desean interiorizar. La existencia de diferentes fuentes de influencia, igualmente importantes pero a menudo contradictorias (por ejemplo, los compañeros y los padres) o de diferentes roles (cariñoso con su mejor amigo pero sarcástico con un grupo de amigos, etc.) ayuda a explicar por qué se observan comportamientos imprevisibles, cambios de humor y cambios en la autoevaluación en los adolescentes de esta edad.
El final de la adolescencia y la entrada en la edad adulta se corresponden con una reducción de las dificultades del periodo anterior. Al haberlas interiorizado por completo, las opiniones y normas de las personas importantes se han convertido en los propios valores y elecciones personales del adolescente. Sin embargo, este proceso de interiorización no está exento de dificultades y conflictos internos cuando los valores familiares o los asociados al entorno social entran en contradicción con las normas sociales y los valores promovidos por la sociedad. Estas dificultades afectan especialmente a los jóvenes de minorías étnicas y/o entornos socioculturales desfavorecidos, que tienen que crear imágenes de sí mismos que vinculen su grupo étnico o su entorno social con el grupo mayoritario dominante. Incluso es posible que, a pesar de los numerosos mecanismos defensivos en los que pueden apoyarse los individuos para desarrollar auto-representaciones positivas, interioricen auto-representaciones negativas (sobre sus capacidades académicas, su comportamiento, su moralidad, su falta de aceptación por parte de sus compañeros, etc.).
Para comprender mejor las distintas tensiones a las que se enfrentan los individuos (niños, adolescentes y adultos) en el desarrollo de sus autorrepresentaciones, y proponer así líneas de actuación para mejorar su bienestar, la investigación sobre el desarrollo del yo deberá combinar cada vez más las perspectivas intrapersonal (estudiar las percepciones que el individuo tiene de sí mismo) e interpersonal (tener en cuenta la naturaleza social del yo).
Revisor de hechos: EJ
El Yo en Relación a Psicología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Es la realidad a la que pueden referirse y se refieren todos los hechos psíquicos de la vida humana (véase en esta plataforma: PSICOLOGfA). Puede entenderse como la conciencia de la individualidad {yo psicológico); también la realidad invariable que subyace a toda la actividad o como el sujeto pensante cuya unidad e identidad son las condiciones de posibilidad de la síntesis de lo múltiple dado al sentido (yo metafísico y gnoseológico). Dos son, pues, los pasos que debemos dar para estudiar el Yo en su complejidad.
Análisis fenomenológico-psicológico
El sujeto de la vida psíquica se nos da empíricamente como un yo físico y moral constante que condiciona el sentimiento de nuestra identidad propia. Cabe entonces estudiarlo como yo-sujeto o como yo-objeto. Como yo-objeto es el conjunto de todos los fenómenos orgánicos y psicológicos que constituyen a un sujeto; el yo-objeto es lo mía, aunque lo mío no agota el yo, pues hay muchas cosas que son mías sin ser yo. El tipo de lo mío, incluso lo más mío, está hecho del conjunto de mi vida orgánica y psicológica. Lo mío es mi yo.
Si el yo-sujeto designa todo lo orgánico y psicológico que me constituye, el yo-sujeto aparece como principio al que atribuimos los elementos de ese todo. El yo-sujeto da forma a los hechos psíquicos, convirtiéndolos así en personales. Una personalidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es tanto más fuerte cuanto mayor poder de formación posee el yo-sujeto al unificar el yo-objeto. La consciencia del yo no es, por tanto, consciencia de un yo puro {auto-transparente o autorreferente sin más), sino que es consciencia de un yo encarnado, pues sólo tenemos consciencia de nosotros mismos en el modo de la hetero-referencia (encarnación del yo).
El yo, a secas, es la posesión del yo-objeto por 61 mismo y presenta los caracteres de unidad, identidad y autonomía. La unidad implica dos cosas: primera, convergencia de los estados móviles, fugitivos y variados hacia un centro que los asume como propios; segunda, sentimiento de unidad ontológica, de constituir un ser del que fluye una policromía de estados, junto a un sentimiento de multiplicidad relativa (la continuidad de la consciencia no es absoluta y a veces se producen bruscas rupturas, sucediendo estados sin lazo entre sí, aparte del flujo mismo de la consciencia, cuya síntesis no es total, debido al influjo de la distracción y del inconsciente). Hay identidad entre el yo-sujeto, pues todos nuestros estados de consciencia los atribuimos al mismo yo, siempre invariable en el flujo, aunque el sentimiento de identidad tiene diversos grados (en el viejo se hace muy débil).Si, Pero: Pero además el yo se conoce como el origen o fuente de todos los procesos (autonomía), ya que de mí mismo (yo) surge mi vida psicológica y mi acción, unas veces como origen consciente y voluntario, otras como confusamente consciente de una espontaneidad vital.
El yo-objeto equivale, pues, al contenido de la consciencia; es aquello de lo que yo tomo conciencia, en virtud de las continuas modificaciones que siento: ese complejo conscienciado constituye el ser que soy.Entre las Líneas En esta multitud de elementos distinguimos tres zonas: una de elementos cognitivos (superficiales al yo, comunicables; son la presencia -por idea o imagen- del mundo en nosotros; v. CONOCIMIENTO); otra de estados afectivos (íntimos al y., intransferibles; acompañados de un sentimiento de interioridad o intimidad; v. AMOR); otra de tendencias e inclinaciones (la más íntima al yo; dan al yo el sentimiento de ser la fuente permanente de su actividad interior y exterior; v. APETITO). La fuerza o debilidad de organización de este conjunto es debida a la voluntad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como expresión de síntesis: la multiplicidad del yo-objeto se ve unificada por la fuerza de la voluntad.
Ahora bien, esta síntesis u organización se realiza paulatinamente; aunque está condicionada por los elementos físicos, es más bien una conquista, que depende de factores: orgánicos (unidad funcional y centralización del sistema nervioso, regulación hormonal, salud o enfermedad, etc.), psicológicos (la razón como factor directivo y controlador, la memoria como factor que asegura la identidad en el tiempo, la voluntad como expresión de autonomía y dinamismo) y sociales (el factor del lenguaje, de la educación, de la tradición, de las costumbres, etc., ayuda a jerarquizar los elementos del yo-objeto). El factor social no juega una función exclusiva ni preponderante en la estructuración de la síntesis del yo, pues esa síntesis no es construida desde fuera, sino desde dentro.
Pero si la formación del Yo está condicionada por factores, también se despliega por etapas de interiorización, conquista o unificación. la Periodo de indiferenciación: el niño no distingue completamente lo subjetivo de lo objetivo, y no tiene consciencia propiamente dicha, sino una corriente confusa caótica. 2a Aparición del «yo físico» o el cuerpo afirmado por los estados afectivos y esfuerzos de exploración. 3a Formación del «yo psicológico», al darse cuenta que la vida orgánica no es todo el yo, con lo cual hay una distinción de vida orgánica y vida interior, así como una reflexión sobre ésta. Sólo hacia los 10 ó 12 años el niño está en posesión de su yo.
Análisis metafísico
El análisis fenomenológico nos ha revelado dos dimensiones empíricas: la multiplicidad fenoménica del yo-objeto y la unidad de atribución del yo-sujeto. La explicación metafísica del yo puede tomar así dos direcciones, reduccionistas ambas: explicar el yo por sólo los fenómenos múltiples (a), o explicarlo por sólo la unidad subjetual (b); cabe una explicación superadora, que considere al yo como «unidad múltiple» (c).
Fenomenismo
Está postura es de corte empirista (Locke, Condillac, Berkeley, Hume), mantenida durante los siglo XVIII y xix; explica el yo como una suma o colección de fenómenos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como una suma o serie de imágenes.
Para el empirismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la noción de sustancia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como soporte o sustrato, es ininteligible, pues dice que la experiencia nos ofrece sólo cualidades o fenómenos. Su misma inmovilidad bajo el flujo fenoménico, según las apreciaciones empiristas, la haría además inútil; y es impensable y contradictoria, pues debería ser considerada como desprovista de toda determinación y como necesitada ella misma de soporte propio.
El yo para los empiristas no es más que un complejo de cualidades extensas y espirituales. Según ellos jamás tenemos una experiencia firme de la unidad o identidad del yo; sólo somos conscientes de una multiplicidad: el yo no es una experiencia, sino una construcción filosófica. El yo, dicen, es un producto de la asociación psicológica: la coexistencia de las cualidades sensibles en la percepción (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) lleva a la admisión de la unidad de una multiplicidad coexistente (todo orgánico); y como la semejanza que presentan no cambia aparentemente en un tiempo corto, esto lleva a admitir la unidad de una multiplicidad sucesiva (de una identidad o subjetualidad). La memoria conserva esas semejanzas o relaciones, de donde brota la idea de una sustancia del yo.
Menos superficial a este respecto es la teoría kantiana. Según Kant (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) no hay un sujeto permanente más allá de los fenómenos. Materialmente se nos da en la intuición sensible sólo una colección y sucesión de fenómenos.Si, Pero: Pero formalmente esta multiplicidad se reúne en el concepto de yo, que no es más que la unidad trascendental operada por la aplicación de unas categorías a priori (forma) a los diversos estados (materia) de la consciencia. La unidad del yo no es real «en sí», sino meramente formal.Entre las Líneas En ambos casos, empirismo y kantismo, hay una pérdida del conocimiento intelectual propiamente dicho, del conocimiento del ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), reduciendo todo «conocimiento» al de los sentidos.
Sustancialismo
La experiencia del yo se explica ahora recurriendo al sujeto sustancial. Descartes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) separa tajantemente el yo pensante de la sustancia extensa (almacuerpo) y esto ocurre al poner a la conciencia como único punto de partida de la filosofía.
También de interés para Yo:- Filosofía y cine
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- Filosofía del siglo XVI
Este primer conocimiento sería según Descartes la primera piedra o principio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) inquebrantable de la filosofía: la existencia de mi yo.Si, Pero: Pero en este primer principio del racionalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) cartesiano hay muchas dificultades y contradicciones, si se le considera como primer principio absoluto: ¿qué soy yo en realidad: el ego pensante, o el ego del que yo, ser pensante, descubro la existencia? ¿Coincide con el yo-sujeto o con el yo-objeto? ¿Soy el yo que medita o el yo sobre el que medito? ¿Cuál es la existencia considerada como absolutamente cierta: la del yo-sujeto (pero entonces no habría conocimiento objetivo, pues no habría objeto) o la del yo-objeto? Pero si el yo-objeto no coincide con el yo del punto de partida -sustraído a la duda-, ¿en qué consiste la prioridad absoluta del conocimiento del yo-objeto sobre la de otros conceptos?
El punto de partida cartesiano es un juicio objetivo: «yo pienso». Pero, ¿qué pienso yo? Descartes responde: yo mismo como objeto existente, yo mismo como sustancia pensante, como res-cogitans.Si, Pero: Pero la res-cogitans es al mismo tiempo una res-cogitata, pues allí donde hay una actividad orientada tiene que haber también una cosa hacia la que esa actividad está orientada. Descartes dice yo y liga dos significaciones a la palabra: cosa que piensa y cosa pensada.
Secuencia
Posteriormente, Wolff (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) trataría en un mismo nivel la experiencia de sí y la experiencia de las cosas mundanas. Entonces, yo soy, en cuanto ser consciente, un encadenamiento de hechos de consciencia; de hechos susceptibles de ser objetos de una experiencia objetiva.Si, Pero: Pero por otra parte soy, en cuanto ser consciente, aquel para el .que los datos de la consciencia están ahí como datos. La consciencia que yo soy es al mismo tiempo la que yo contemplo y examino. La parte de mí mismo que conoce el yo es mi yo que no conoce el yo.
Todo el vicio de esta metafísica racionalista estriba en considerar el yo como una res (cosa), cuyo modelo es la cosa física (véase en esta plataforma: REALIDAD; CONCIENCIA I). No se puede identificar, sin más, el yo-objeto, concebido como una sustancia, que me es dado en la experiencia interna, con el yo-sujeto o yo determinante. Únicamente quisiéramos agregar que en su aspecto gnoseológico esta interpretación racionalista del yo ha llevado un rumbo idealista en diversos filósofos modernos (véase en esta plataforma: RACIONALISMO; IDEALISMO).
En efecto, en esta interpretación el yo constituye órdenes objetivos desde sí mismo. Para Descartes esta actividad constitutiva tiene en principio sus raíces exclusivamente en el yo psicológico (ideas innatas del yo), pero con Kant (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se traslada a un llamado yo trascendental. Kant se enfrenta con el dilema poscartesiano «razón-existencia» y quiere salvarlo otorgando una parte de verdad a cada uno de los extremos. La facultad cognoscitiva tomará un carácter activo.Entre las Líneas En ella, según Kant, se encuentran las formas a priori de la sensibilidad (espacio-tiempo) que harán de las impresiones sensibles caóticas algo ordenado; después las formas a priori del entendimiento (categorías) se aplicarán al dato ordenado, haciendo surgir el conocimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Conocer para Kant es, por tanto, nada menos que constituir el objeto (en vez de simplemente tenerlo o recibirlo en el entendimiento, v., uniéndose a 61). La síntesis de las estructuras a priori del conocimiento, que hacen posibles los objetos, es lo que llama Kant Yo trascendental. Pero, finalmente, el yo se convierte en yo absoluto en el idealismo alemán (Fichte, Hegel), que suprime la «cosa en sí» kantiana, haciendo del yo algo infinito. Y así objeto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y sujeto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se confunden, lo mismo que esencia y ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y se aboca a un monismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de tipo panteísta (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o materialista {v.).
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El yo como unidad múltiple
Lo que se nos da en la experiencia interna constituye el objeto de la psicología empírica: el yo empírico o psicológico. A lo sumo, la noción metafísica de yo sustancial o yo-sujeto está sólo implícitamente (aunque actualmente; el yo no es inferido, sino intuido) en la intuición del yo empírico, y sólo por reflexión (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) podremos explicarlo. Primero conozco las cosas, siento; es después cuando conozco que conozco, siento que siento, etc. Lo que se me aparece en la intuición es el yo social (como punto conectivo de relaciones sociales: padre, amigo, ciudadano, etc.) y el yo personal (el conjunto de hechos objetivos que permiten al hombre representar su propia persona física, psicológica y ética).Entre las Líneas En mi actividad intelectual, en el conocimiento de las cosas, se halla implicada una cierta experiencia vivida de mí mismo. Esta captación primordial de sí por sí concierne al yo-sujeto o realidad egológica de donde procede toda la vida concreta del yo.
Al igual que el origen de un río no es todavía el río mismo, del mismo modo, el yo-sujeto no es todavía el yo personal o social, sino el “principium fontale” del yo-objeto (S. Tomás, Sum.Th. 2-2 q26 a3c; Contra gent. 1,68). Es la raíz de mi existencia como ego en toda su plenitud, pero no es este ego; figura como id quo, por relación a mi yo personal y social. Desde el punto de vista metafísico es un co-principio, con una anterioridad ontológica, pues es el que explica mi ser en el mundo en cuanto ego. No es que existan dos yo, uno empírico y otro sustancial; son como dos dimensiones de una misma realidad. La unidad e identidad son inteligibles, por oposición al fenomenismo, en cuanto expresión de un sujeto sometido a cambio y duración.Si, Pero: Pero este yo-sujeto no se da a la experiencia, en contra del sustancialismo, como una determinación. La presencia ontológica del yo a sí mismo se capta en los actos que de él emanan y de los cuales es imposible distinguirlo, si no es por abstracción (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Estamos aquí en una filosofía realista (véase en esta plataforma: REALISMO), que reconoce el pluralismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de las cosas y de los yo (tú, él), sin que ese pluralismo sea un caos. El yo capta, en o con sus diversas zonas o funciones psicológicas (véase en esta plataforma: 1), ese pluralismo, entonces se capta a sí mismo formando parte de esa realidad plural, y va tratando de captar qué clases de unidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y de orden hay en ella, distinguiendo las diversas clases de ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y de realidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
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Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre yo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Educación
Pedagogía
Enseñanza
Educación infantil
Psicología infantil
Psicología cognitiva
Psicología del desarrollo
Ser Humano
Personalidad
Sujetos
Conciencia
Persona
Psicología
Bibliografía
A. MILLÁN PUELLES, La estructura de la subjetividad, Madrid 1967; C. G. JUNG, El yo y el inconsciente, Barcelona 1964; R. MONDOLFo, La comprensión del sujeto humano en la Antigüedad clásica, Buenos Aires 1955; R (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FRONDIZI, Substancia y función en el problema del yo, Buenos Aires 1952; L. LAVELLE, Las potencias del yo, Buenos Aires 1954; J. MARITAIN, Lutero o el advenimiento del yo, en Tres reformadores, Madrid 1948; E. SPRANGER, Formas de vida, Buenos Aires 1946; 1. QUILES, La persona humana, Buenos Aires 1942; V. t. la de PERSONA; PERSONALIDAD; SUJETO; etcétera.
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