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Esclavitud en el Derecho Romano

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Esclavitud en el Derecho Romano

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la “Esclavitud en el Derecho Romano”.

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Esclavitud en el Derecho Romano: Consideraciones Generales

Los esclavos carecían de libertas, lo cual significaba, en la más genuina tradición romana, que estaban sometidos a un dueño, al contrario de lo que ocurría con los libres de nacimiento. Sólo los libres podían ser ciudadanos romanos, puesto que la libertad del individuo era presupuesto indispensable para gozar del status civitatis. Únicamente los libres y ciudadanos podían gozar de personalidad jurídica y, por tanto, solo ellos tenían capacidad para ser titulares de derechos y obligaciones. Por su parte, los esclavos, además de no gozar de ninguna capacidad jurídica, eran objeto de derechos reales y de obligación, de modo que estaban sujetos a la dominica potestas de su dueño, en calidad de res mancipa. La posición de esclavo es objetiva, es decir, que va inherente a cada uno, con independencia de que exista o no una dominica potestas o cualquier otro derecho real sobre el mismo; así, si un esclavo ha huido de su dueño, continúa siendo servus a todos los efectos jurídicos, y lo mismo en el caso de que haya sido abandonado, pues entonces no es más que una cosa abandonada, que puede ser ocupada por cualquiera. Incluso después de la muerte del dueño, el esclavo continúa sometido a la dominica potestas del heredero. Los romanos no abandonaron nunca, al menos en época clásica, el principio de que, para dejar de ser esclavo, se requería un acto formal de liberación (manumissio), único al que el pensamiento jurídico atribuye la facultad de cambiar la situación de sometimiento del individuo.

Gayo (INSTITUCIONES, libro 1, parágrafo 9) dice: «Et quidem summa divisio de iure personarum haec est, quod omnes Nomines aut libera aut serví sunt». (Ciertamente, la primera división del derecho de personas es ésta: todos los hombres o son libres o son esclavos). Continúa Gayo (1,10): «Rursus liberorum hominum alii ingenui sunt, alii libertina» (A su vez, los hombres libres unos son ingenuos; otros libertinos).Entre las Líneas En este último parágrafo Gayo hace una distinción entre los ingenui, es decir, los que son libres de nacimiento, y los libertina, es decir, los antiguos esclavos que han sido liberados de su antigua condición mediante la manumisión.

Los esclavos constituían un medio indispensable para el funcionamiento de los órganos de producción romanos, tanto agrícolas como industriales y de servicios. Para la mentalidad antigua no tenía nada de extraño el reconocimiento de la esclavitud, sino que ésta era considerada,como una institución del Derecho de gentes que era fundamental para el desenvolvimiento económico de los pueblos. De otra parte, tenía vigencia el principio de la innata desigualdad de los seres humanos. Los emperadores cristianos, en virtud de la influencia del principio de que todos los hombres nacen iguales, contribuyeron a la humanización del trato dispensado a los esclavos, aunque no pudieron llegar a suprimir la institución, muy arraigada en el sistema socioeconómico del mundo antiguo.

Hemos dicho que los esclavos pueden ser objeto de derechos reales, idénticos a los que se tienen sobre las cosas. De todos modos, esta afirmación no es rigurosamente exacta, pues incluso en la época arcaica existen diversos paliativos de la situación dominical sobre el esclavo.Entre las Líneas En primer lugar, respecto de ellos, no se emplea el término dominium, sino más bien dominica potestas; en segundo, lugar, su situación dentro de las familias era bastante buena hasta el siglo III antes de la era común, pues hasta entonces eran muy escasos en Roma y solían designarse con el nombre del dueño: Marcipor (=Marca puer), Luciipor, etcétera. Solían, en aquella época, proceder de pueblos de la península Itálica y eran bien tratados por sus dueños, porque eran pocos y, porque solían ser muy caros.

A partir del siglo III antes de la era común, aumentó en gran cantidad el número de esclavos a causa de las guerras sostenidas por Roma y que fueron causa de la llegada a la capital de un elevado número de prisioneros, que luego eran vendidos como esclavos. Según parece, en el siglo I antes de la era común había en Roma, frente a 6 ó 7 millones de personas libres, 13 ó 14 millones de esclavos. De este modo se transformó la condición de los siervos, que, entre otras cosas, a causa de su número, no dejaron de provocar diversas revueltas. Todos estos factores contribuyeron en cierta medida a que, respecto de ellos, se dictasen a fines de la República y en la época imperial numerosas leyes tendentes a regular la situación servil.

El esclavo, en tanto que ser humano, tiene una voluntad, que se encuentra en condiciones de manifestarse. Esto precisamente contribuye también a diferenciarle del resto de las cosas que se encuentran en propiedad del dueño. Por ello, el esclavo está en condiciones de realizar determinados actos y negocios jurídicos, cuyos efectos favorables irán a parar exclusivamente en manos del dominus, lo mismo que todo lo que el servus adquiera. Así, nos encontramos en las fuentes con un crecido número de estipulaciones, tradiciones, instituciones de heredero, legados, etc., cuyo beneficiario mediato es siempre el dominus serví. Hemos dicho que solo van a poder del dueño los efectos favorables de los negocios realizados por el servus, puesto que los desfavorables serán rechazados por el dueño a no ser que éste haya dado su autorización a un tercero (iussum) para celebrar negocios jurídicos con el esclavo.Entre las Líneas En este caso, la autorización responsable del dueño hace que recaigan sobre él los efectos desfavorables del negocio concluido.

En relación también con la capacidad del esclavo de emitir declaraciones de voluntad está la institución de los peculios. Peculium es un conjunto de bienes que el dueño puede atribuir al esclavo, el cual lo administra en la forma que estime oportuna y que, naturalmente, puede ser incrementado. El dueño del peculio continúa siendo el dueño del esclavo, de modo que éste solo tiene un cierto poder de administración, pero como, de ordinario, el peculio se daba para fomentar la iniciativa y el espíritu de trabajo de los esclavos, no era infrecuente que éstos incrementasen notoriamente el capital base recibido y, entonces, solían comprar su libertad al dueño, que la otorgaba a cambio de esa cantidad de dinero. El esclavo, naturalmente, podía celebrar negocios jurídicos con los bienes del peculio, lo cual originaba que contrajera obligaciones, pero nunca obligaciones civiles, sino naturales, aunque se les reconocían algunos efectos, como el poder ser afianzadas. Los terceros acreedores del esclavo con peculio podían demandar al dueño (el esclavo carecía de capacidad para ser demandado y para demandar) con la acción correspondiente recubierta con una acción pretoria, denominada actoo de peculio, en la que la eventual responsabilidad del dueño no era in solidum (por el todo) sino que estaba limitada al importe del peculio (dumtaxat de peculio). También podía darse el caso de que el esclavo no dispusiese de un peculio constituido por su dueño, pero que éste lo había colocado al frente de un establecimiento mercantil terrestre, en calidad de institor (factor), con la facultad de obligar a su dueño, o también como exercitor (naviero) en un establecimiento marítimo. El tercero podía demandar al dueño con las acciones correspondientes, en calidad de institoria o exercitoria, sin que existiera aquí ninguna limitación de responsabilidad (como en la actoo de peculio), sino que el dueño era responsable in solidum por los negocios contraÍDos por su esclavo institor o exercitor.

Pero no solo intervenían los esclavos en actividades negociales, sino que se daban respecto de ellos algunas consideraciones religiosas, como, p. ej., el que tanto su juramento como su votum tuviesen validez, el que fuesen respetados sus dioses, de lo que se deriva que su tumba fuese considerada una res religiosa. El esclavo podía participar en el culto y tomar parte en actos religiosos, e incluso formar parte de asociaciones culturales, en las que no era infrecuente que figurase realizando funciones de tipo administrativo.

Indicaciones

En cambio, el matrimonio de los esclavos no tenía ninguna validez jurídica: se limitaba a una situación de hecho que no daba lugar a la creación de una familia y que recibe el nombre de contubernium; de todos modos, el contubernium es tenido en cuenta por los juristas romanos para crear algunos impedimentos rnatrimoniales a los esclavos manumitidos, con el fin de evitar uniones incestuosas (cognatio servilis). Este parentesco es considerado también por Justiniano, pero a efectos sucesorios.

El esclavo podía ser sancionado por los delitos que cometiera, quizá como uno de los medios de que disponían los organismos públicos para limitar la actividad criminal. Las penas que se podían infligir a los esclavos eran de ordinario más graves que las que recaían sobre personas libres. El elevado número de esclavos, presente en algunas épocas, aparece indirectamente tenido en cuenta al ser emanadas algunas disposiciones penales, como es el caso del senadoconsulto Silaniano (10 d. C.), quien, para impedir las matanzas de propietarios de esclavos, estableció que cuando un dominus fuese asesinado y no se bubiese puesto en claro quién lo mató, todos los esclavos que habitasen en la casa del muerto, debían ser sometidos a tortura y, si no se probase su intervención en ayuda del dueño, todos debían ser condenados a muerte; también establecía el mismo senadoconsulto que, cuando un esclavo revelase quién asesinó a su dueño, adquiría automáticamente la libertad en virtud de un decreto del magistrado.

Cuando un esclavo ha cometido un delito, la responsabilidad recae en principio sobre el dueño, el cual queda obligado a resarcir el daño, a menos que abandone el esclavo a su víctima, para que ésta haga con él lo que le parezca (noxae deditio).

Pormenores

Por el contrario, cuando es el esclavo la víctima del delito, cometido por persona distinta del dueño, éste es el ofendido y, en consecuencia, se encuentra activamente legitimado para demandar con las acciones correspondientes.

El reconocimiento del carácter humano del esclavo se deriva también de la existencia de limitaciones del dominio sobre el mismo, quizá (antes de los emperadores cristianos) por la razón de evitar que fuese dañada la sensibilidad de las personas libres y ofendido su sentimiento moral. Así, la lex Petronia, de principios de la época imperial, completada por rescriptos y senadoconsultos, prohibía que los dueños echasen los esclavos a las fieras del circo, salvo que mediase una autorización del magistrado. Claudio estableció que los esclavos enfermos, expuestos por sus dueños en el templo de Esculapio, se hacían libres si sanaban. Adriano prohibió la muerte de los esclavos propios, aunque hubiesen cometido un delito, y también que fuesen objeto de comercio inmoral. Antonino Pío consideró la muerte inmotivada del propio esclavo como la de uno ajeno. La evolución humanitaria se acentuó con los emperadores cristianos, y Justiniano introdujo el principio de considerar al esclavo, abandonado por su dueño, como persona libre, a diferencia de lo que hemos visto sucedía en el Derecho anterior, en el que la esclavitud era algo inherente a la persona y que no se alteraba más que por la manumisión.

Causas de esclavitud

La primera de ellas es el nacimiento de madre esclava, en tanto que el nacido de una mujer libre y de un esclavo se considera libre. De todos modos, los juristas aplicaron el principio del favor libertatis, lo que supuso que el nacido de una esclava, que en algún momento entre la concepción y el parto hubiese sido libre, era considerado libre. La más antigua causa de esclavitud, es, sin embargo, el cautiverio de guerra, en virtud de un principio de Derecho de gentes que aplicaban to. dos los pueblos de la Antigüedad. Los prisioneros de guerra, en unión de los objetos capturados al enemigo eran considerados como botín, que era subastado públicamente por el jefe militar, el cual hacía una addictio a los compradores (v. “PER AES ET LIRRAM”). La caída en esclavitud por cautiverio de guerra era aplicable tanto a los romanos como a los extranjeros, de modo que cuando los primeros caían prisioneros del enemigo eran reducidos, por tanto, a esclavitud Otro de los modos de caer en esclavitud es como penalidad por haber cometido un acto socialmente reprobable. Así, se consideraba esclavo al ciudadano romano entregado por el pater patratus a un pueblo enemigo cuando había contraído una responsabilidad de acuerdo con el Derecho internacional público. Como un ciudadano no podía ser hecho esclavo dentro de Roma, cuando era vendido en el extranjero un iudicatus o un confessus (ver acción legal o jurídica en esta plataforma digital), se convertía en esclavo. Lo mismo sucedía cuando un padre vendía a su hijo, libre, también en el extranjero. O en los supuestos en que el magistrado vendía como esclavos a desertores del servicio militar o a aquellos que no se habían presentado al censo (véase MAGISTRATUS).

Todos estos supuestos aumentaron en’ el Principado, pues entonces se crearon causas penales de esclavitud, en oposición al principio tradicional de que ningún ciudadano podía ser vendido dentro de Roma, de modo que incluso la jurisprudencia del siglo II consideró incurso en esclavitud a aquel que fingiéndose esclavo permitía ser vendido a un comprador de buena fe, para repartirse con el vendedor el precio pagado por él. De acuerdo con el mismo criterio, eran también considerados esclavos los condenados a trabajos forzados en las minas (ad metalla) o los condenados a luchar en el circo.

Manumisiones

Como ya hemos anticipado anteriormente, manumisión es aquel acto en virtud del cual el dueño da la libertad a un esclavo, que a partir de ese momento se convierte en liberto. También hemos visto algún caso de manumisión dispuesta por el magistrado, por ej., en el caso de que un esclavo descubra al asesino de su dueño.Si, Pero: Pero los modos más comunes de manumitir son, en primer lugar, la manumissio vindicta, es decir, una in iure cessio realizada por el dueño en un proceso fingido (vindicatio in libertatem) que da lugar a una addictio (v.) realizada por el magistrado en favor del esclavo.Entre las Líneas En segundo lugar, se puede manumitir mediante la inscripción del esclavo en la lista del censo, como si fuese un ciudadano libre.

Detalles

Por último, aunque posteriormente, se reputa manumitido aquel esclavo al que el dueño ha autorizado en su testamento para que viva como persona libre. Augusto limitó en gran medida el derecho de los dueños a manumitir a sus esclavos y llegó incluso a configurar algunos supuestos de libertad sin ciudadanía.

Los manumitidos, como hemos dicho, se hacían libertos de los antiguos dueños, que adquirían sobre ellos el llamado derecho de patronatus, que suponía que los libertos se obligaban a reverenciar al patrono, a ayudarle en sus actividades políticas, y el patrono adquiría ciertas expectativas hereditarias respecto de los bienes de aquellos que falleciesen sin descendencia legítima. El patrono se obligaba a prestar ayuda al liberto cuando éste era demandado y necesita fiadores para satisfacer las garantías que requería el magistrado. Para que los libertos no descuidasen sus obligaciones se les exigían dos juramentos: uno antes de la manumisión y otro después, por el que se comprometía a realizar determinados servicios en beneficio del antiguo dueño. El primer juramento no tenía eficacia jurídica alguna, mientras que el segundo sí, de modo que en caso de incumplimiento se daba contra el liberto una actio incerti.

Un caso especial se presentaba en el caso del liberto que había sido manumitido mediante testamento, pues por principio no podía tener patrono, ya que éste había muerto y entre los derechos que transmitía a sus hijos no podía figurar el de patronato, pues nunca lo había tenido en vida. Por este motivo se llamó a estos libertos orcini, es decir, libertos del lugar en el que están las almas de los muertos.[1]

Esclavitud en la Teoría Romana

La mayoría de los romanos, como Augusto, pensaban que la crueldad con los esclavos era escandalosa. Comprendían que los esclavos no podían simplemente aterrorizarse para ser buenos en su trabajo.

Indicaciones

En cambio, los romanos utilizaron diversas técnicas para animar a sus esclavos a trabajar de forma productiva y voluntaria, desde bonos e incentivos a largo plazo, hasta actos diseñados para levantar la moral y generar espíritu de equipo. Todo esto dice más de lo que podríamos imaginar acerca de cómo los empleadores gestionan a las personas con éxito en el mundo moderno.

Sobre todo, la historia muestra lo cómodos que estaban los romanos con el liderazgo (véase también carisma) y el mando. Creían que existe una gran diferencia entre tener las habilidades organizativas para dirigir una unidad y ser capaz de dirigirla.

Pormenores

Por el contrario, los gerentes modernos a menudo se sienten incómodos al ser ascendidos por encima de su personal. Trabajé en una gran empresa durante una década y tuve numerosos jefes que trataron de ser mis amigos. Elevarse por encima de los demás se sienta incómodo con los ideales democráticos de igualdad. Los managers de hoy tienen que fingir ser parte del equipo.

Los romanos se habrían burlado de esa debilidad. ¿Julio César se llevó a sus legiones fuera del lugar para hacerlas participar en su invasión de la Galia? Los líderes exitosos tenían que sobresalir de la multitud y usar sus habilidades superiores para inspirar, engatusar y, a veces, forzar a la gente a hacer lo que era necesario. Quizás haríamos bien en aprender de su franqueza.

Los romanos pensaban profundamente en la esclavitud. Vieron el hogar como la piedra angular de la sociedad civilizada. Del mismo modo, la corporación moderna es la base del mundo industrial, sin la cual ningún tipo de estilo de vida moderno, con todas sus comodidades materiales, sería posible.

Y así como un hogar necesita esclavos, las empresas necesitan personal. Los empleados permanentes, como los esclavos, son mucho más deseables que la subcontratación a terceros. Los romanos pensaban que los contratistas externos nunca podían ser confiados como miembros del grupo social primario. No se presentaron cuando se les ordenó, se tomaron las libertades con sus honorarios y, sin enorgullecerse de su trabajo, llevaron a cabo sus tareas de manera inapropiada. Con los esclavos, sin embargo, que eran partes interesadas en el sistema, los romanos podían estar seguros de que el trabajo se llevaría a cabo como ellos querían.

Por lo tanto, era vital que el amo cuidara al máximo a los que admitiera en su casa. Comprar cualquier esclavo viejo corría el riesgo de contaminar la moral de toda la familia. El posible propietario de esclavos intentaba averiguar todos los hechos antes de comprometerse a comprar: si era probable que el esclavo tratara de huir, si merodeaba sin rumbo, o si era un bebedor.

La ley le dio cierta protección: le devolvía el dinero si el esclavo resultaba ser un jugador, pero no si el esclavo resultaba ser un perezoso. El filósofo Séneca registra cuánta atención los compradores tomaron el control de dónde venían los esclavos, creyendo que su origen frecuentemente determinaba si se convertirían en buenos esclavos. Un romano no habría considerado usar a un pequeño y desagradable británico como sirviente personal debido a sus malos modales y apariencia.

Pormenores

Por el contrario, se creía que los jóvenes egipcios eran excelentes mascotas.

Se sabía que los eslavos ocultaban los defectos de sus mercancías escondiendo las heridas con maquillaje o las rodillas con ropa fina; los empleadores modernos deben tener cuidado con los trucos usuales que se utilizan para preparar un currículum. Como un comprador de esclavos, hacen preguntas y cavan bajo la superficie, todo el tiempo asumiendo que todo lo que escuchan es manipulado de alguna manera.

Los romanos pensaban que los esclavos inteligentes eran problemáticos y una amenaza. Es mejor promover la lealtad de los esclavos por encima de su capacidad que arriesgarse a traicionar a alguien con ambición y talento. Y en realidad, aquellos de nosotros que hemos trabajado en grandes corporaciones estamos muy familiarizados con el fenómeno de las políticas de oficina que impulsan la promoción de individuos con menos talento. Los romanos también se preocuparon por investigar la moral de sus futuros esclavos: ¿eran mentirosos o demasiado ambiciosos? Lejos de ser un asunto individual de personalidad, tales asuntos se consideraban un factor vital para que el esclavo beneficiara a la familia romana. De hecho, esto es algo que podríamos reconocer más abiertamente hoy en día. Desde Enron hasta Tesco, los defectos personales como la codicia y la capacidad de engaño han desempeñado un papel importante en la corrupción de la vida corporativa.

Una vez que los compró, el maestro romano intentó reconstruir los personajes de sus esclavos para que se adaptaran a sus propias necesidades. Les hizo olvidar a sus antiguos dioses y empezar a adorar en el santuario de la casa, ridiculizando sus antiguas creencias. Podría elegir marcarlos con su propia marca. De la misma manera, también (aunque de manera menos brutal), el gerente moderno “renueva” a los nuevos reclutas enseñándoles la misión de su compañía. Deben llevar a cabo rituales para proclamar públicamente su fe en estos nuevos objetivos, como asistir a días fuera de casa (o fuera de casa) y participar en actividades de grupo humillantes como paintball o karaoke.

Los romanos aplicaban un enfoque de zanahoria y palo a sus esclavos. El lado del palo podría ser casualmente brutal. El emperador Adriano, considerado generalmente como un emperador benigno y pensativo, una vez usó su pluma para sacar el ojo de un esclavo que lo interrumpió cuando estaba escribiendo una carta. Una inscripción del siglo I a.C. de Puteoli, cerca de Nápoles, describe un servicio de flagelación municipal en el que, por el precio de unas pocas hogazas de pan, el ayuntamiento enviaba obreros para azotar a los esclavos de un amo que no quería hacer el trabajo sucio él mismo.

Al igual que el gerente débil que se esconde detrás del departamento de Recursos Humanos cuando hay que disparar, algunos maestros romanos claramente se resistieron a la violencia intrínseca a su sistema.Si, Pero: Pero más abiertamente aceptó tomar los actos desagradables que implicaba ser un maestro, viéndolos como un medio para publicitar su poder y virilidad.

Los esclavos, al igual que el personal, eran una inversión sustancial, y esto moderaba la dureza de su trato. Cada uno cuesta mucho dinero, suficiente para alimentar a una familia de cuatro personas durante dos años. Tratarlas con demasiada severidad simplemente dañó el valor de sus activos y redujo el rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) esperado. Los romanos pensaron que tal crueldad podría generar un aumento a corto plazo (véase más en esta plataforma general) en el rendimiento, pero que pronto desgastaría a los esclavos. De hecho, si tratas de forzarlos más allá de los límites del servicio razonable, terminarías haciendo a tus esclavos hoscos e inmanejables.

Se creía que esos esclavos eran un fastidio y una maldición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

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Indicaciones

En cambio, Séneca instó a los amos a aceptar su obligación de tratar a los esclavos adecuadamente. Perdonarles sus errores, dijo, charlar con ellos, ser educado con ellos, y compartir una comida con ellos. Si los amos hicieran eso, podrían esperar que los esclavos realizaran su trabajo diligentemente durante muchos años.

Los romanos sabían que los trabajadores, incluso los esclavos, necesitan incentivos y que una vez formados, los esclavos recibirían suficiente comida para hacer bien su trabajo, aunque ya no más. También se puede dar ropa extra para las tareas bien hechas.

Detalles

Los amos supervisaban de cerca el trabajo de sus esclavos y vinculaban esos beneficios a un desempeño digno. Con los esclavos asalariados, puede ser el dinero en lugar de la comida o el vestido lo que actúa como incentivo primario, pero el principio es el mismo.

Los pequeños beneficios podrían hacer una gran diferencia en la moral.

Detalles

Los amos a veces se encargaban de comprobar personalmente las raciones de los esclavos para demostrarles que se interesaban por su bienestar. O les daban tiempo libre para criar sus propios pollos y cerdos y cuidar de sus propios huertos, o ir a buscar bayas en el bosque. A veces se repartía vino en los festivales, pero a los esclavistas también les preocupaba que la bebida pudiera hacer que incluso los buenos esclavos se comportaran de forma insolente.

Ser un esclavo doméstico no era todo trabajo. Se aceptó que debería haber tiempo para relajarse. Esto mantenía la moral, lo que a su vez mejoraba las tasas de trabajo: un esclavo satisfecho era un esclavo productivo. Se sabía que los esclavos miserables se quedaban sin rumbo, tratando de eludir el trabajo que se les había asignado. O se quejaban constantemente. Estos esclavos, al igual que el descontento de la oficina, tuvieron que ser eliminados por temor a que su negatividad infectara al grupo en general.

Incluso cuando eran tratados relativamente bien, los esclavos anhelaban naturalmente la libertad. [rtbs name=”libertad”] Este deseo podría ser aprovechado por el maestro. Era una zanahoria para motivar al esclavo a trabajar con diligencia y honestidad. Los romanos solían liberar a los esclavos después de una década de buen servicio, particularmente a aquellos esclavos domésticos con los que tenían buenas relaciones. Este deseo de libertad era también un palo con el que castigar al esclavo si le decepcionaba de alguna manera. La esperanza puede ayudar a los hombres a soportar todo tipo de sufrimiento; la desesperanza puede hacer que tomen medidas desesperadas.

En el relato de Gellius de la famosa fábula de Esopo de Androcles y el león, el esclavo Androcles soportaba azotes inmerecidos todos los días. Fue solo después de abusos interminables que finalmente tomó el tremendo riesgo de huir. Sin duda hay pocos esclavos asalariados que no sueñan también con quitarse el yugo de su existencia mundana y convertirse en instructores de esquí, escritores o en sus propios amos autónomos. Los gerentes modernos deben hacer sentir a su personal que están ganando lo suficiente, o que tienen la posibilidad de ganar lo suficiente, que estos sueños son posibles, por muy remotos que sean en realidad.

Los romanos pudieron haber sido más humanos en algunos aspectos de lo que imaginamos, pero no dudaron en castigar a sus esclavos, y en castigarlos brutalmente.

Detalles

Los azotes, las crucifixiones, las torturas por medio de la parrilla y la rotura de las piernas con barras de hierro se llevarían a cabo en público para maximizar el impacto en los observadores. O los hijos de un esclavo pueden ser vendidos, para no volver a ser vistos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Cuando se trataba de ser el jefe indiscutible, los romanos tenían una clara ventaja sobre los gerentes modernos. Querían esclavos contentos y trabajadores, pero no buscaban ningún compromiso emocional con ellos. Desde la infancia, aprendieron a mandar, dando órdenes a sus esclavos:’¡Tráeme mi capa!

En el mundo moderno igualitario, este tipo de comportamiento es más una señal de psicosis que de buen manejo.Si, Pero: Pero los romanos habrían visto muchas técnicas modernas de gestión como una simple manera de encubrir la realidad de ser el jefe detrás de un barniz de igualdad. La verdad es que tanto las legiones como las empresas necesitan liderazgo, y los líderes necesitan saber cómo mandar. Para estar seguro, mantener la moral y conseguir que el personal apoye sus decisiones son partes importantes de ser un líder exitoso.Si, Pero: Pero la visión romana del liderazgo (véase también carisma) era la de poner rumbo y llevar a la gente a ese destino, voluntariamente o no.

El maestro romano no tenía ningún deseo de congraciarse con sus esclavos ni de ser popular con ellos.Entre las Líneas En un nivel fundamental, la mayoría de la gente veía a los esclavos como posesiones – Varro los llama “herramientas que pueden hablar” – que necesitaban poca más consideración de la que daríamos a una nevera. Esperaban que sus subordinados les ayudaran incuestionablemente en su lucha por alcanzar el éxito y la gloria personal. Los gerentes modernos no pueden estar tan desinteresados en las vidas internas de su personal.Si, Pero: Pero corren el riesgo de olvidar lo que los romanos sabían tan bien: que ser un líder significa a menudo aislarse de los de abajo.

Sin embargo, el aspirante a gerente puede animarse con la creencia romana de que tanto los líderes como los esclavos no nacen sino que se hacen. A diferencia de los griegos que sentían que los esclavos eran naturalmente serviles (como argumentó Aristóteles), los romanos creían que lo que distinguía a los esclavos y amos era simplemente una cuestión de destino y entrenamiento (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Roma asimiló con éxito un gran número de esclavos liberados en su cuerpo ciudadano, y no habría tenido sentido negarles la oportunidad de levantarse en la sociedad. No podemos saber su número exacto, pero fue suficiente para que Augusto legislara para restringir el número de esclavos que podían ser liberados. También tenemos muchas referencias a personas como el poeta Horacio, cuyo padre era un ex-esclavo y que luego se mezcló en los más altos niveles de la sociedad romana. Los romanos entendían que cualquier individuo que tuviera suficiente aptitud y se le diera el grado correcto de entrenamiento de liderazgo (véase también carisma) podía convertirse en un maestro satisfactorio.

El exitoso maestro romano comprendió que los esclavos no eran estúpidos y que se aprovecharían de las oportunidades para socavar la autoridad de su amo.

Puntualización

Sin embargo, la opresión significaba que la rebelión absoluta era tan rara como las huelgas laborales de hoy en día. Las tres grandes rebeliones de esclavos, la última de las cuales fue liderada por Spartacus, tuvieron lugar entre 135-71 a.C. cuando los esclavos eran baratos y prescindibles, gracias a las rápidas conquistas romanas, por lo que fueron tratados de manera espantosa. La mayor parte del tiempo, fueron los pequeños actos de resistencia los que los escritores romanos advirtieron en contra. Los manuales antiguos que sobreviven sobre la administración de la propiedad instan al maestro a protegerse de los chismes de los esclavos, de la manipulación de las cuentas o de fingir estar enfermo. Todo esto se desbarató bajo la autoridad del amo, y los manuales dejan claro que es vital promover a los esclavos más ambiciosos a la posición de supervisores a fin de asegurar el funcionamiento eficiente de la finca.

Para los amos romanos, poseer esclavos nunca fue simplemente una cuestión de economía. Ser seguido por un gran séquito era un símbolo de estatus que hacía que los maestros se sintieran poderosos e importantes. Un prefecto de Roma, Pedanius Secundus, tenía 400 esclavos en su casa. De la misma manera que un buen caballo se reflejaba bien en su jinete, así un esclavo educado y deferente resaltaba los méritos de su dueño. Si había cientos de ellos, entonces la gloria era mucho mayor. De la misma manera, los líderes corporativos modernos a veces se sienten tentados a hinchar a su personal como un medio de publicitar su propia importancia para el mundo en general, ya sea que esas personas sean o no realmente necesarias para la tarea que tienen entre manos. Es nuestra propia forma de construir un imperio.

Poseer esclavos y emplear personal están en un sentido simple a un millón de millas de distancia. Una comparación de los dos va a provocar, pero existen similitudes. Es una verdad incómoda que tanto los dueños de esclavos como las corporaciones quieren extraer el máximo valor posible de sus activos humanos, sin agotarlos ni provocar una rebelión o fuga. A un nivel más profundo, la gestión de los demás siempre implica encontrar soluciones a los antiguos problemas de evaluar a las personas a partir de una información limitada, incentivándolas, disciplinándolas y recompensándolas, para finalmente deshacerse de ellas. Por mucho que prefiramos disfrazar el lado más duro de la esclavitud salarial detrás de una retórica de trabajo en equipo amistoso, podríamos beneficiarnos de cierta honestidad romana. Todos sabían dónde estaban entonces, incluso si, a veces, eso estaba en la línea de la crucifixión.

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Revisor: Lawrence

Espartaco

De origen tracio, antiguo soldado de las alae del ejército romano en Macedonia y luego reducido a la servidumbre por desertor, Espartaco formó parte de la escuela de gladiadores de Capua en el año 73. En otoño incitó a sus otros compañeros a la revuelta y, equipado con armas, escapó con unos 70 hombres, entre ellos Oenomaus y Crixo, y pasó el invierno acampado en el monte Vesubio y viviendo del robo. Tras aumentar sus fuerzas, tuvo su primer éxito contra las tropas romanas enviadas por el pretor C. Claudio Glabro, a las que pronto añadió otras cerca de Herculano. Pronto los rebeldes tuvieron vía libre sobre casi toda Campania; al año siguiente crecieron en número y armamento y contaron también con un cuerpo de caballería. Roma envió contra Espartaco a los mismos cónsules L. Gelio y Léntulo Clodiano, que lograron atacar y derrotar a Crixo en Apulia, dándole muerte; pero Espartaco, marchando hacia el norte, infligió una severa derrota a Gelio y masacró a los prisioneros: en Módena volvió a derrotar al gobernador de la Cisalpina, pero abandonó el plan de cruzar los Alpes y regresó a Lucania. La propia Roma y tal vez Sicilia estaban en peligro; el pretor M. Licinio Craso tenía, contra Espartaco, el mando de seis legiones, a las que más tarde se añadieron otras cuatro. Los éxitos de Craso obligaron a Espartaco a retirarse hacia el sur; el paso a Sicilia le resultaba imposible. Viéndose en dificultades, mientras Pompeyo se asociaba con Craso al mando, Espartaco se vio obligado a aceptar la batalla en Lucania y fue severamente derrotado: en el revés y la confusión, él mismo fue alcanzado y asesinado (71 a.C.). 5.000 de sus seguidores fueron muertos en batalla por Craso y Pompeyo; 6.000 fueron crucificados; así se suprimió la peligrosa insurrección con la completa restauración de la autoridad estatal.

Revisor de hechos: Guichi

Recursos

[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]

Notas y Referencias

  1. Fuente: Información sobre Esclavitud en el Derecho Romano en la Enciclopedia Rialp

Véase También

  • Legislación sobre Esclavitud en Norteamérica
  • Esclavitud en Norteamérica
  • Esclavitud
  • Siervos
  • Movimiento Abolicionista
  • Esclavitud en Estados Unidos
  • Legado de la Esclavitud en Norteamérica
  • Estudio del Derecho Romano
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    Bibliografía

    W. BUCKLAND, The Roman Law ot Slavery, Cambridge 1908; e. VOLTERRA, Istituzioni di Diritto privato romano, Roma 1961, 51 ss.; A. D’ORS, Derecho privado romano, Pamplona 1968, 218 ss.

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    6 comentarios en «Esclavitud en el Derecho Romano»

    1. Vedio Pollio, un rico romano, invitó una vez a cenar a su amigo el emperador Augusto. El entretenimiento se interrumpió cuando un esclavo rompió una valiosa taza de cristal. Tratando de impresionar con su dureza, Vedius ordenó que el niño esclavo fuera arrojado a las enormes anguilas morenas en su estanque de peces.

      Pero Augusto no estaba impresionado. De hecho, estaba indignado por esta nueva forma de crueldad. Le ordenó a Vedius que liberara al muchacho esclavo y les dijo a los otros esclavos que trajeran todas las copas de cristal que pudieran encontrar y que las aplastaran en presencia de su amo. Luego le dijo a Vedius que llenara el estanque de peces y se deshiciera de las morenas.

      La mayoría de los romanos, como Augusto, pensaban que la crueldad con los esclavos era escandalosa.

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    2. Habría equiparado la gestión moderna con los ambiciosos capataces y los esclavos domésticos más que con los propios romanos. Las élites siguen existiendo, con su asunción de superioridad y su estricta separación social del polo, pero ciertamente no se están ensuciando las manos con la gestión directa del personal.

      Los esclavos de la casa y los supervisores fueron alentados a colocarse por encima de los otros esclavos, dándoles algunos beneficios, permitiéndoles algunas monedas de 25 centavos y ropa, un poco de respeto y diciéndoles que, si remolcaban la línea lo suficientemente fuerte, por el tiempo suficiente, podían elevarse por encima de su estación. Sin embargo, están tan esclavizados a sus salarios y bonificaciones como los que trabajan en la línea de producción.

      El sistema romano de opresión/gestión nunca ha desaparecido, sólo ha evolucionado de generación en generación. Es importante para ti conocer tu lugar en este sistema, pero cada vez es más importante para los que están en la cima que no conozcas tu lugar. Si alguien más te da dinero a cambio de tu tiempo y habilidades, eres un esclavo.

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    3. La ciencia de la gestión siempre me ha parecido mala literatura. La Illiada me parece, a pesar de la importancia histórica de este libro, como un estudio de las malas habilidades de liderazgo.

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    4. La esclavitud es un rasgo humano común, que a algunos les resulta natural. Todos los humanos siguen siendo esclavos, hasta que se dan cuenta de quiénes y qué son.
      La servidumbre incluye…. Reyes y reinas, Papas, Presidentes, Príncipes, estos son sólo algunos esclavos de alto perfil. Como tal, tienen un largo camino por recorrer para desarrollar sus Ilusiones. Mendigos, hombres ricos, monjes, monjas, la lista sigue y sigue.

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