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Independencia de Haití

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La Independencia de Haití

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la revolución o “Independencia de Haití”. [aioseo_breadcrumbs] Nota: Puede interesar también la información relativa a la historia y presente de los Afro-Haitianos.

Revolución Haitiana y Rehumanización

Desde el punto de vista histórico, se puede afirmar legítimamente que la Revolución haitiana (1791-1804) ocupa un lugar de orgullo en el centro de las luchas “re-membradoras” de los pueblos negros (véase más detalles) encaminadas a trascender lo “colonial” y se le puede atribuir legítimamente el mérito de sentar las bases de lo “poscolonial” (véase también sobre sus políticas). En primer lugar, desafió la idea eurocéntrica, colonial e imperial (con su origen helénico, como se explica en otro lado) e incluso filosófica occidental de negación de la humanidad de los negros. Puso patas arriba los mitos racistas de un pueblo que era esclavo por naturaleza y del que se decía que era incapaz de desarrollar nociones de lucha por la libertad simplemente porque no se le consideraba un ser humano racional. Cuando los negros esclavizados se rebelaron a gran escala en forma de Revolución Haitiana, se convirtió en uno de esos acontecimientos “impensables” para quienes se habían convencido de que los negros esclavizados eran esclavos por naturaleza y no tenían capacidad para rebelarse. La segunda importancia de la Revolución haitiana es que no sólo formó parte del desarrollo de la historia moderna de la esclavitud, el racismo y la colonización, sino que fue la revuelta de los esclavizados que desafió los férreos lazos del medio filosófico en el que nació. Sobre la importancia paradigmática de la Revolución haitiana en la historia de la humanidad, Trouillot señaló en 1995 que:

“La Revolución haitiana puso en tela de juicio las absorciones ontológicas y políticas de los escritores más radicales de la Ilustración. Los acontecimientos que sacudieron Saint-Domingue de 1791 a 1804 constituyeron una secuencia para la que ni siquiera la extrema izquierda política francesa o inglesa tenía un marco conceptual de referencia.”

Eran hechos “impensables” en el marco del pensamiento occidental (Trouillot 1995: 82 énfasis en el original).
Cualquier aceptación del hecho de que los negros esclavizados se levantaran en armas contra el sistema de esclavitud equivalía en el pensamiento occidental al reconocimiento de la humanidad de los negros. Los europeos en general y los especuladores propietarios de plantaciones en particular no estaban dispuestos a admitir que se enfrentaban a un pueblo que reclamaba su humanidad negada. Por eso Trouillot sostenía que:

“La Revolución haitiana fue la prueba definitiva para las pretensiones universalistas tanto de la Revolución francesa como de la estadounidense. Y ambas fracasaron. En 1791, no hay constancia de ningún debate público, ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en Estados Unidos, sobre el derecho de los esclavos negros a alcanzar la autodeterminación, y el derecho a hacerlo mediante la resistencia armada.”

En efecto, la Revolución haitiana planteó un difícil problema filosófico e intelectual al pensamiento occidental: ¿cómo pensar y conceptualizar la revolución negra en un mundo en el que, en primer lugar, no se consideraba a los negros como seres humanos y racionales? Por eso incluso “el reconocimiento internacional de la independencia haitiana fue aún más difícil de obtener que la victoria militar sobre las fuerzas de Napoleón” (Trouillot 1995: 95). El significado más importante pero silenciado de la Revolución haitiana es que condujo al colapso de todo el sistema de esclavitud y constituyó un capítulo importante en la historia de la “reapropiación” de los negros. Fue verdaderamente una revolución antisistémica que ocupa un lugar de orgullo en la resistencia antisistémica marcada por la entrada definitiva de los esclavizados y colonizados en la historia moderna como seres humanos opuestos a toda forma de “desmembramiento”.

La Revolución haitiana constituye una base importante desde la que articular lo que Thiong’o (2009a) subraya como la importancia de las “visiones re-membradoras”. Lo que precedió a la Revolución haitiana fueron numerosas iniciativas de reapropiación, como el etíopeismo y el garveyismo. Thiong’o, en 2009, señaló que en el centro del etiopianismo y el garveyismo se encontraba “la búsqueda de la totalidad, una búsqueda que ha subyacido en las luchas africanas desde la trata de esclavos en el Atlántico”. Y profundizó en ese mismo trabajo:

“Aunque el etiopianismo y otros similares precedieron a estas luchas, el garveyismo y el panafricanismo son las visiones seculares más grandiosas para reconectar lo desmembrado. El garveyismo, con sus raíces caribeñas, se desarrolló en el terreno de América, pero su visión -encarnada en el título de la organización de Garvey, la Universal Negro Improvement Association- se centraba en el continente y su diáspora. ‘África para los africanos, los de dentro y los de fuera’ era el estribillo de los discursos y planes de Garvey. El nombre pretendía ‘abarcar el propósito de toda la humanidad negra’: ser miembros libres e iguales de la comunidad de naciones y pueblos. Pues detrás de la retórica de la negritud estaba también la visión universalista-humanista de utilizar la Universal Negro Improvement Association para inspirar a los pueblos africanos ‘con orgullo de sí mismos y con la determinación de seguir adelante en la creación de aquellos ideales que los elevarán a la compañía sin prejuicios de las razas y las naciones’. No hay ningún deseo de odio o malicia, sino todo el deseo de ver a toda la humanidad unida en una fraternidad común de progreso y logros que borre el olor de los prejuicios y eleve a la raza humana a la altura del verdadero amor piadoso y la satisfacción”.”

Desde los tiempos de la Revolución Haitiana y de Marcus Garvey, los seres humanos que han sido designados como negros han seguido luchando por la libertad y la recuperación de su humanidad negada. El panafricanismo surgió como una amplia iniciativa de re-conocimiento que se remonta a los tiempos de Martin, Delany, Edward Blyden y William Sylvester, que planearon y organizaron el primer Congreso Panafricano en 1900, a la serie de panafricanismo de William E. B. Du Bois, a la lucha de Kwame Nkrumah por unificar África en una nación panafricana. En Estados Unidos, los negros lanzaron los movimientos por los derechos civiles como parte de las iniciativas de reagrupamiento. Las iniciativas de reagrupamiento han adoptado formas intelectuales y políticas. En el centro de las iniciativas de reagrupación ha germinado la idea africana en contraposición a la idea de África: “la idea africana como la búsqueda de la libertad a escala panafricana extendida desde la diáspora al continente y viceversa”, señaló. La idea africana recoge los esfuerzos de los africanos por definirse a sí mismos, a diferencia de la idea de África invocada por Mudimbe (1994) que hablaba de la definición externa de África y de los africanos.

Revisor de hechos: Lewis

Revolución Haitiana

La Revolución Haitiana ha sido descrita a menudo como la mayor y más exitosa rebelión de esclavos del hemisferio occidental. Los esclavos iniciaron la rebelión en 1791 y en 1803 habían conseguido acabar no sólo con la esclavitud sino con el control francés sobre la colonia. La revolución haitiana, sin embargo, fue mucho más compleja y consistió en varias revoluciones que se desarrollaron simultáneamente. Estas revoluciones estaban influenciadas por la Revolución Francesa de 1789, que llegaría a representar un nuevo concepto de derechos humanos, ciudadanía universal y participación en el gobierno.

En el siglo XVIII, Saint Dominigue, como se llamaba entonces Haití, se convirtió en la colonia de ultramar más rica de Francia, en gran parte debido a su producción de azúcar, café, índigo y algodón generada por una mano de obra esclava. Cuando estalló la Revolución Francesa en 1789, había cinco grupos de interés distintos en la colonia. Estaban los plantadores blancos -propietarios de las plantaciones y de los esclavos- y los petit blancs, que eran artesanos, comerciantes y maestros. Algunos de ellos también poseían algunos esclavos.Entre las Líneas En total, la colonia contaba con 40.000 habitantes. Muchos de los blancos de Saint Dominigue comenzaron a apoyar un movimiento independentista que se inició cuando Francia impuso fuertes aranceles a los artículos importados en la colonia. Los plantadores estaban muy desencantados con Francia porque se les prohibía comerciar con cualquier otra nación. Además, la población blanca de Saint-Dominique no tenía ninguna representación en Francia. A pesar de sus llamamientos a la independencia, tanto los plantadores como los petit blancs seguían comprometidos con la institución de la esclavitud.

Los tres grupos restantes eran afrodescendientes: los que eran libres, los que eran esclavos y los que habían huido.Entre las Líneas En 1789 había unos 30.000 negros libres. La mitad de ellos eran mulatos y a menudo eran más ricos que los petit blancs. La población de esclavos se acercaba a los 500.000. Los esclavos fugitivos se llamaban cimarrones; se habían retirado a las montañas de Saint Dominigue y vivían de la agricultura de subsistencia. Haití tenía una historia de rebeliones de esclavos; los esclavos nunca estuvieron dispuestos a someterse a su estatus y con su fuerza en número (10 a 1) los funcionarios coloniales y los plantadores hicieron todo lo posible para controlarlos. A pesar de la dureza y crueldad de la esclavitud en Saint Dominique, hubo rebeliones de esclavos antes de 1791. Uno de los complots consistió en envenenar a los amos.

Inspirados por los acontecimientos en Francia, surgieron simultáneamente varios movimientos revolucionarios de origen haitiano. Se inspiraron en la “Declaración de los Derechos del Hombre” de la Revolución Francesa. La Asamblea General de París respondió promulgando una legislación que otorgaba a las distintas colonias cierta autonomía a nivel local. La legislación, que exigía que “todos los propietarios locales… fueran ciudadanos activos”, era a la vez ambigua y radical.Entre las Líneas En Saint Dominigue se interpretó que sólo se aplicaba a la clase terrateniente y, por tanto, excluía a los petit blancs del gobierno. Sin embargo, permitía la participación de los ciudadanos libres de color que fueran propietarios importantes. Esta legislación, promulgada en París para mantener a Santo Domingo en el imperio colonial, generó en cambio una guerra civil a tres bandas entre los plantadores, los negros libres y los petit blancs. Sin embargo, los tres grupos se verían desafiados por la mayoría negra esclavizada, que también estaba influenciada e inspirada por los acontecimientos en Francia.

Liderados por el antiguo esclavo Toussaint l’Overture (véase más detalles), los esclavizados actuarían primero, rebelándose contra los plantadores el 21 de agosto de 1791.Entre las Líneas En 1792 ya controlaban un tercio de la isla. A pesar de los refuerzos de Francia, el área de la colonia en manos de los rebeldes creció al igual que la violencia en ambos bandos. Antes de que terminaran los combates murieron 100.000 de los 500.000 negros y 24.000 de los 40.000 blancos. No obstante, los antiguos esclavos consiguieron rechazar tanto a las fuerzas francesas como a las británicas que llegaron en 1793 para conquistar la colonia, y que se retiraron en 1798 tras una serie de derrotas de las fuerzas de l’Overture.Entre las Líneas En 1801, l’Overture amplió la revolución más allá de Haití, conquistando la vecina colonia española de Santo Domingo (actual República Dominicana). Abolió la esclavitud en la colonia de habla hispana y se declaró Gobernador General vitalicio de toda la isla de La Española.

En ese momento, la Revolución Haitiana había superado a la Revolución Francesa, que había sido su inspiración. Napoleón Bonaparte, ahora gobernante de Francia (véase más detalles), envió al general Charles Leclerc, su cuñado, y a 43.000 soldados franceses para capturar L’Overture y restaurar tanto el dominio francés como la esclavitud. L’Overture fue capturado y enviado a Francia, donde murió en prisión en 1803. Jean-Jacques Dessalines, uno de los generales de L’Overture y antiguo esclavo, dirigió a los revolucionarios en la batalla de Vertieres el 18 de noviembre de 1803, donde las fuerzas francesas fueron derrotadas. El 1 de enero de 1804, Dessalines declaró la independencia de la nación y la rebautizó como Haití (se puede examinar algunos de estos asuntos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francia se convirtió en la primera nación en reconocer su independencia. Haití se convirtió así en la primera república negra del mundo y en la segunda nación del hemisferio occidental (después de Estados Unidos) en independizarse de una potencia europea.

Datos verificados por: Thompson
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Jean-Jacques Dessalines, Emperador de Haití

Originario de África Occidental, Jean-Jacques Dessalines fue deportado a la colonia francesa de Saint-Domingue (Haití). Trabajó como esclavo en los campos para un amo negro hasta 1791, cuando se unió a la rebelión negra que estalló en la colonia a raíz de los movimientos de emancipación desencadenados por la Revolución Francesa. Durante los diez años siguientes se distinguió como lugarteniente del líder negro Toussaint Louverture, ascendido a Gobernador General por la Francia revolucionaria. Cuando Toussaint fue depuesto en 1802 por una expedición francesa enviada por Napoleón para reconquistar la colonia, Jean-Jacques Dessalines se sometió al nuevo régimen. Bonaparte declaró su intención de restablecer la esclavitud (abolida por la Convención en 1794), lo que provocó una revuelta de Jean-Jacques Dessalines y otros líderes negros y mulatos. Con la ayuda de los británicos, expulsaron a los franceses de Saint-Domingue, y el 1 de enero de 1804, Jean-Jacques Dessalines, entonces Gobernador General, proclamó la independencia de toda la isla de La Española bajo su nombre arahuaco, Haití. En septiembre, adoptó el título de emperador y tomó el nombre de Jacques I.

Jean-Jacques Dessalines continuó la política de Toussaint Louverture, en particular el uso del trabajo forzado en las plantaciones, para evitar el retorno a una economía puramente de subsistencia, pero se mostró mucho más abiertamente hostil hacia los blancos. Confiscó sus tierras, les negó todos los derechos de propiedad y, quizás porque los veía como enemigos potenciales en caso de una nueva invasión francesa, lanzó una campaña de exterminio. Estas masacres y leyes de propiedad (que permanecieron en vigor durante más de un siglo) impidieron que los blancos volvieran a imponerse a los negros, que constituían más del 80% de la población. Jean-Jacques Dessalines también discriminó a la élite mulata. Fue asesinado cuando intentaba sofocar una revuelta liderada por el mulato Alexandre Pétion. Tras su muerte, Pétion y el líder negro Henri Christophe se repartieron Haití: Pétion gobernó el sur de la isla y Christophe, el norte.

Alexandre Sabès, conocido como Pétion

Hijo de un rico colono francés y de una mulata, sirvió en el ejército colonial francés antes de la Revolución de 1789. Después se unió a las tropas revolucionarias de Toussaint Louverture y, más tarde, del general mulato André Rigaud. Sin embargo, cuando Rigaud fue derrotado por Toussaint tras establecer un estado mulato en las provincias del sur de la isla, Pétion huyó a Francia. Regresó a Santo Domingo en 1802 con el ejército francés enviado para reconquistar la colonia. Fue uno de los primeros oficiales haitianos en rebelarse contra Francia. En 1806 lideró una insurrección contra Jean-Jacques Dessalines, que había expulsado a los franceses en 1803, proclamó la independencia de Haití y se autoproclamó emperador. A la muerte de Dessalines, Pétion fue elegido presidente del sur de la isla en 1807, mientras Henri Christophe creaba un Estado independiente en el norte. Reelegido en 1811, Pétion fue nombrado presidente vitalicio en 1816.

Influido por el liberalismo francés, Pétion dividió las grandes plantaciones en pequeñas parcelas, que distribuyó a cada uno de sus soldados. Liberados de la obligación de suministrar el exceso de producción a los terratenientes, los haitianos se contentaron con producir las cantidades necesarias para satisfacer sus propias necesidades. Esto condujo a un periodo de declive económico y a una inflación galopante. El régimen de Pétion también estuvo marcado por constantes batallas con Henri Christophe y sus propios generales disidentes. Los haitianos, sin embargo, recuerdan el liberalismo de este líder independentista, mientras que los sudamericanos le agradecen el apoyo que prestó a Simón Bolívar en su lucha por la emancipación de las colonias españolas.

Revisor de hechos: EJ

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La Independencia de Haití

A finales del siglo XVIII, la colonia francesa de Saint Domingue -ubicado en la parte occidental de La Española- era la colonia más productiva de las Antillas. También tenía los problemas económicos y sociales más complejos. Su base económica era el azúcar, aunque también se producía algo de café, algodón e índigo. La producción azucarera se inició a fines del siglo XVII, después de que Francia ocupara algunas partes de la isla que era reclamada en su integridad por España. A lo largo del siglo XVIII, los plantadores franceses logra­ron superar la producción total de todas las colonias británicas de las Antillas, llegando a fines del siglo a competir con los ingleses en el mercado europeo del azúcar. Precisamente, cuando concluyó la guerra de Independencia norteamericana (1783), se aceleró la ya impresionante tasa de crecimiento de la colonia francesa y la producción de azúcar llegó a niveles nunca alcanzados anteriormente.

Para cubrir la necesidad de mano de obra, los plantadores de Saint Domingue, que eran predominantemente blancos, estuvieron importando un promedio de unos 30.000 esclavos africanos anuales en los años que precedieron a la Revolución fran­cesa.Entre las Líneas En un principio, el negocio de aprovisionamiento de esclavos negros estuvo en manos de las compañías mo­nopolistas creadas por el gobierno francés en la segunda mitad del siglo XVII.Si, Pero: Pero posteriormente los plantadores se rebelaron contra esas compañías y sus monopo­lios, siendo abolidos; entonces el comercio esclavista cayó en manos de comerciantes radicados en los más importantes puertos de Francia, que luego utilizaron sus capitales acumulados en la trata para financiar buena parte del crecimiento de Saint Domingue. Entre 1783 y 1789, por ejemplo, los comerciantes de Burdeos invirtieron en esta colonia francesa unos 100 millones de libras tornesas para aumen­tar la producción azucarera y de otras materias primas, para hacer frente a la de­manda del mercado de los Estados Unidos. Las relaciones de los comerciantes y financieros franceses con los plantadores de Saint Domingue nunca fueron del todo satisfactorias, debido a que los plantadores, aunque prósperos, cada vez dependían más de los capitalistas metropolitanos.

En París, varios de los plantadores descon­tentos se organizaron en el famoso club Massiac, que conspiró para obtener cierto grado de autonomía política para Saint Domingue y la liberalización de su comer­cio. Así, puede decirse que en 1789 existía un espíritu de verdadera desafec­ción por parte de los grandes plantadores blancos de Saint Domingue (grands blancs) hacia el sistema colonial francés.

Otro sector de la sociedad -el de los affranchis, o gente de color libre (en su mayoría mulatos)– aún era más críticos al sistema colonial francés. Durante la década de 1780 la población de color se había más que doblado, alcanzando la cifra de 28.000 individuos en el momento de la Revo­lución francesa. Algunos eran propietarios de tierras y esclavos, controlando una tercera parte de las plantaciones (y de los esclavos) de la colonia. Padecían los recelos de los 40.000 blancos -administradores, soldados, comerciantes y planta­dores, pero también tenderos y artesanos (petits blancs)– que no podían tole­rar que los descendientes de los esclavos alcanzaran una posición preeminente en la economía y sociedad coloniales. Una serie de leyes discriminatorias dictadas con el propósito de detener el proceso de ascensión económico y social de los affran­chis fueron puestas en vigor por los blancos a lo largo del siglo XVIII, teniendo como resultado, una larga historia de enemistad entre ambos grupos.

A fin de defender sus de­rechos, los mulatos que vivían en París organizaron la Société des Amis des Noirs, que alcanzó un notable prestigio entre los grupos burgueses más liberales de Fran­cia. Así que en 1789, cuando empezó la revolución, existía ya una estrecha amistad entre algunos importantes dirigentes revolucionarios y los representantes de los mu­latos ricos de Saint Domingue, quienes ofrecieron 6.000.000 de libras tornesas para ayudar al nuevo gobierno a pagar la deuda pública, uno de los detonantes de la revolución. A cambio de esta ayuda pensaban obtener de la Asamblea Nacional un decreto que les reconociera como ciudadanos con todos los derechos.

Pese a esta deuda política, la burguesía francesa vaciló mucho antes de asegurar cualquier concesión a los affranchis de Saint Domingue, pensando que posteriormente se les pediría que emanciparan al casi medio millón de esclavos negros, que constituían entre el 85 y el 90% de la población. La abolición de la esclavitud significaría necesariamente la ruina de la colonia, y con ello la ruina de la burguesía comercial e industrial francesa, cuyo poder derivaba precisamente de la dominación colonial.

La Sociedad de los Amigos de los Negros, que pese a su nombre sólo representaba los intereses de los mulatos, envió a dos de sus miembros a Inglaterra en busca de ayuda. Después regresaron a Saint Domingue, con la idea de obtener por las armas lo que se les negaba con la continua negativa de Francia a reconocer sus derechos. Vincent Ogé, el principal enviado de la Sociedad, desembarcó en Saint Domingue en octubre de 1790. Junto con su hermano y otro mulato llamado Jean-Baptiste Chavannes, trataron de organizar un movimiento armado, que fracasó. La revuelta fue reprimida y sus líderes fueron capturados y ahorcados por las autoridades francesas.

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Sin embargo, la isla ya se encontraba en un estado de intensa efervescencia revolucionaria. Todo el mundo hablaba de la revolución en Fran­cia y del ejemplo de los Estados Unidos: los grands blancs buscaban su autono­mía, mientras que los mulatos, enardecidos por las muertes de Ogé y Chavannes, buscaban la igualdad con los blancos, y eventualmente su independencia. Lo que ninguno pen­saba era que los esclavos negros tomaban conciencia de su condi­ción y de las posibilidades que se les abrían de obtener su emancipación, tal como lo había planteado el legendario rebelde Mackandal en 1758. Poco a poco los es­clavos se organizaron y en agosto de 1791 estalló una revuelta en las plantaciones del norte de Saint Domingue, el que no se detendría en los años siguientes.

Amenazados en sus intereses por la revuelta de sus esclavos, los propietarios blancos y mulatos formaron un frente común, a fin de defender sus propiedades, apoyados por las autoridades francesas.Si, Pero: Pero cuando descubrieron que los británicos tenían intención de intervenir militarmente en Saint Domingue -a fin de benefi­ciarse del movimiento y de privar a Francia de su colonia antillana más importante-, acudieron en busca de la ayuda extranjera. Sin embargo, el acercamiento entre blan­cos y mulatos no podía ser duradero. A finales de 1791, el gobierno francés envió a Saint Domingue una comisión civil de alto nivel: la alianza formal entre blancos y mulatos que organizó esta comisión pronto se deshizo a causa del pro­fundo odio mutuo entre ambos grupos.

Los campos empezaron entonces a definirse. Los esclavos rebeldes en­contraron un aliado en los españoles de Santo Domingo, cuyas autoridades veían ahora la oportunidad de recuperar los territorios perdidos hacía más de un siglo en la parte occidental de la isla. Mientras tanto, los mulatos fueron ga­nados por el gobierno revolucionario francés al dictar, el 4 de marzo de 1792, el esperado decreto que reconocía la igualdad de los mulatos con los blancos. Por su parte, los grands blancs buscaron el apoyo inglés, y solicitaron a las autoridades de Jamaica tropas para ayudarlos contra los negros y para reforzar su posición frente a los mulatos.Entre las Líneas En medio de esta tormentosa situación llegó una segunda comisión civil conducida por el jacobino Leger-Félicité Sonthonax, acompañado de 6.000 soldados con el propósito de imponer orden en la colonia.

Pero imponer el orden era ahora una tarea difícil, puesto que lo que comen­zó como una revuelta de esclavos se había convertido ya en una guerra civil y en un conflicto internacional con la participación de España, Inglaterra y Francia. Los desacuerdos entre los jefes militares franceses y los comisionados civiles sólo sir­vieron para entorpecer las decisiones, favoreciendo el avance español con un ejército compuesto por negros sublevados y milicias criollas de Santo Domingo, y el desembarco de tropas inglesas desde Jamaica por el sur de Saint Domingue.

Ante esta situación, el comisionado Sonthonax decretó, el 29 de abril de 1793, la abolición de la esclavitud en Saint Domingue. Haciendo un llamamiento a los negros rebeldes, ahora hombres libres, para que se incorpo­raran al ejército y aplastaran la intervención militar inglesa que apoyaba a los plan­tadores esclavistas blancos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Esta jugada dio un gran resultado. Uno de los principales caudillos revolucionarios negros, llamado Toussaint L’Ouverture, un antiguo esclavo doméstico, aceptó la proclama y se pasó al lado francés con unos 4.000 hombres. Los demás negros que no se acogieron al decreto Sonthonax permanecieron al servicio militar de los españoles. Los mulatos, por su parte, también se dividieron. Algunos apoya­ron al gobierno francés, aunque estuvieron disconformes con la abolición de la es­clavitud. Otros apoyaron a los grands blancs aliados de los ingleses.

El esfuerzo militar francés se vio ampliamente favorecido por el apoyo de los generales negros y mulatos, y en especial de Toussaint, que se convirtió en el indis­cutible líder de las fuerzas francesas en Saint Domingue. Los españoles fueron obli­gados a retroceder a su propio territorio, mientras que los ingleses, tras una guerra que duró unos 5 años y costó la pérdida de más de 25.000 hombres, fueron finalmente obligados a abandonar la isla en abril de 1798, después de que el enviado especial británico, el general Maitland, firmara con Toussaint un tratado secreto, por el cual los ingleses renunciaban a su presencia militar a cambio de ciertas concesiones comerciales.

Sin embargo, los mulatos no se sometieron al mando de Toussaint, y en febrero de 1799, el general mu­lato André Rigaud y sus seguidores se rebelaron en el sur, estallando la guerra civil (se puede examinar algunos de estos asuntos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, la superioridad numérica de los negros y la brillante direc­ción militar de Toussaint resultaron decisivas, y en agosto de 1800 los mulatos fue­ron derrotados.

Entretanto, Toussaint procedió a la reorganización de la colonia y a la restauración de su anterior prosperidad económica. Mantuvo el sistema de plantaciones y de­volvió las propiedades a sus legítimos dueños. Obligó a los exesclavos a volver a sus trabajos habituales bajo el pretexto de suprimir la vagancia. También estable­ció relaciones con Estados Unidos que empezaron a proporcionarle armas, alimentos y otras mercancías a cambio de productos coloniales. El 12 de octu­bre de 1800, estableció leyes para regular la producción agrícola: los esclavos de 1789 debían trabajar en las plantaciones, pero ahora lo hacían como asalariados. Una cuarta parte de la producción iría a parar a manos de los trabaja­dores, la mitad debía ser entregada al Tesoro Público, mientras que el cuarto res­tante quedaría en manos del propietario. Cuando los propietarios vieron que ten­drían que compartir la producción de sus plantaciones con sus antiguos esclavos, lanzaron una intensa campaña de propaganda contra Toussaint en Cuba, Estados Unidos y Europa.Entre las Líneas En Francia, Napoleón Bonaparte, que había conseguido ciertos éxitos en otros enfrentamientos (véae más), recogió estas quejas y se propuso reinstaurar el control absoluto de la colonia.

Napoleón proyectaba enviar una fuerza a Santo Domingo y usarla como medio para desalojar a Toussaint del poder de Saint Domingue. Sin embargo, Toussaint se adelantó a los franceses invadiendo la parte oriental de la isla. El 26 de febrero de 1801 llegó a Santo Domingo ante la consternación de los residentes españoles y la de los muchos refugiados franceses que habían huido de la revolucionaria Saint Domingue. Toussaint procedió a unificar la isla y dispuso medidas orientadas a transformar su economía, que dependía casi completamente de la ganadería, en una basada en el cultivo de productos de expor­tación. Napoleón se negó a aceptar el nuevo orden establecido en La Española y envió una gran fuer­za invasora para reimponer el control metropolitano en la isla.

El 29 de enero de 1802, las fuerzas francesas llegaron a Samaná, en la parte oriental de la isla. Mientras que otras unidades galas arribaban en Cap Français el 3 de febrero. Entonces empezaron las operaciones: las fuerzas francesas marcharon directamente sobre la ciudad de Santo Domingo, que fue tomada con pocas dificultades; mientras que otras fuerzas desembarcaron en otros puntos de la mitad española de la isla. Parte de la flota francesa atacó Puerto Príncipe, mientras que el grueso de las fuerzas expedicionarias, bajo la dirección directa del general Víctor Emmanuel Leclerc, cuñado de Napoleón, tomaba la ciudad de Cap Français, aunque sólo lo hizo tras vencer serias dificultades. El 7 de junio, Toussaint fue traicionado y cayó en manos de los franceses; al año siguiente murió cautivo en Francia. Sin embargo, negros y mulatos se habían unido bajo la dirección de Jean-Jacques Dessalines, un antiguo esclavo y lugarteniente de Toussaint, para emprender la última y sangrienta etapa en la carrera por la independencia.

Los franceses -58.000 hombres- estuvieron intentando someter a sus antiguos esclavos durante 21 meses sin éxito; los negros y mulatos de Saint Domingue contaron con la ayuda de un poderoso alia­do: la fiebre amarilla. Según datos militares franceses, unos 50.250 soldados perdieron la vida en esta campaña, que terminó en 1804 con la rendición y la huida de los supervivientes. El 1° de enero de 1804, Dessalines y otros victoriosos generales negros proclamaron la inde­pendencia de Haití (nombre indígena de La Española) (se puede examinar algunos de estos asuntos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francia había perdido su colonia más rica.

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Los propietarios de esclavos de los Estados Unidos, el Caribe, la América española y Brasil se sintieron menos seguros, mientras que los esclavos se sentían más esperanzados en todas partes. Haití fue el primer Estado indepen­diente de América Latina y la primera república negra del mundo.

Fuente: Leslie Bethell. Historia de América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Tomo 5. Cambridge University Press-Editorial Crítica, Barcelona 1991 (Adaptación)

Legado

Al declarar su independencia, Haití reclamó un lugar singular en la historia mundial. La revolución haitiana, que duró de 1791 a 1804, culminó en la primera nación independiente del Caribe, la segunda democracia del hemisferio occidental y la primera república negra del mundo.

Desde la revolución, hace más de 200 años, Haití ha luchado con dilemas externos e internos. Las guerras revolucionarias destruyeron casi toda la infraestructura colonial y la capacidad de producción del país.Entre las Líneas En el siglo XIX, los europeos y los estadounidenses condenaron a la incipiente nación al ostracismo político y económico, lo que contribuyó a que Haití pasara de ser una de las colonias más ricas del mundo a uno de sus países más empobrecidos.

El siglo XX marcó el comienzo de una era de ocupación estadounidense de 1915 a 1934 y de regímenes totalitarios bajo los Duvalier de 1957 a 1987. Tras décadas de represión política, Haití celebró nuevas elecciones democráticas y en 1991 el Presidente Jean-Bertrand Aristide asumió el cargo (se puede examinar algunos de estos asuntos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue destituido pocos meses después, y los años siguientes estuvieron llenos de golpes de Estado, regímenes militares y violencia cotidiana.

En 2006, René Préval fue elegido presidente y desde entonces Haití ha vivido un periodo de relativa calma política y social. Esta estabilidad se vio sacudida por última vez en 2008, cuando Haití fue azotado por cuatro huracanes sucesivos en el transcurso de apenas unas semanas. Las catástrofes naturales causaron cientos de muertos, heridos y pérdidas de hogares. La hambruna y las enfermedades arrasaron el país, agravadas por la falta de infraestructuras y servicios gubernamentales.

Haití se recuperará de estas catástrofes durante años, lo que se suma a su larga lista de problemas. El país ya está paralizado por la pobreza. Además, Haití ha sido comúnmente mal representado durante décadas. Los medios de comunicación estadounidenses, por ejemplo, han equiparado a los haitianos con las ceremonias de vudú salvaje, el VIH/SIDA y los refugiados “en barco” desde principios del siglo XX. Además de ignorar los hechos, estos relatos ignoran la complejidad y la riqueza de la cultura y el pueblo de Haití. A pesar de su pobreza, Haití es claramente una nación excepcional, que ha tenido un profundo impacto en el mundo desde que fue reclamada por Colón hace más de 500 años.

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