Potencias Mundiales
Las “Potencias”, se introdujeron insensiblemente en el pensamiento político europeo, hasta que a finales del siglo XVIII y en el XIX lo dominaron por completo. Hasta el día de hoy lo dominan. Europa, bajo la idea de la cristiandad, había avanzado mucho hacia la unificación. Y si bien personas tribales como “Israel” o “Tiro” representaban una cierta comunidad de sangre, una cierta uniformidad de tipo y una homogeneidad de intereses, las potencias europeas que surgieron en los siglos XVII y XVIII eran unidades totalmente ficticias. Rusia era en realidad una asamblea de los elementos más incongruentes, cosacos, tártaros, ucranianos, moscovitas y, después de la época de Pedro, estonios y lituanos; la Francia de Luis XV comprendía la Alsacia alemana y las regiones recién asimiladas de la Borgoña; era una prisión de hugonotes reprimidos. En los siglos XIII y XIV la población general de Europa era religiosa y sólo vagamente patriótica; en el XIX se había vuelto totalmente patriótica. En un vagón de tren inglés, francés o alemán atestado de gente a finales del siglo XIX, habría despertado mucha menos hostilidad burlarse de Dios que de uno de esos extraños seres, Inglaterra, Francia o Alemania. Las mentes de los hombres se aferraban a estas cosas, y se aferraban a ellas porque en todo el mundo no parecía haber nada más satisfactorio a lo que aferrarse. Eran los dioses reales y vivos de Europa. Hasta que las dos guerras mundiales dieron lugar a nuevos imperios y, en el siglo XXI, a dos fuerzas dominantes.