En la historia moderna del desarme se suele partir de la propuesta de Alejandro I en el Congreso de Viena, 1816, y más tarde la de Napoleón 111 en 1867, que no dejaron consecuencias. La proposición de Nicolás 11 de Rusia en 1898 llevó a la Primera Conferencia de La Haya de 1899 y a la segunda en 1907, importantes ambas por la sistematización del Derecho de guerra. La tercera, que debía celebrarse en 1915, no tuvo lugar. El relativo fracaso de esta política de desarme puso, no obstante, de manifiesto tres elementos fundamentales: la opinión pública mundial (o global) es mucho más favorable al desarme que los gobiernos; el desarme en sí no es solo un problema estrictamente militar, sino que de éste se pasa necesariamente a factores económicos, geográficos, etc., que lo complican (cuestión del potencial bélico permanente, significación bélica potencial de la marina mercante, p. ej.); conexión entre la política de desarme de un Estado e intereses concretos del mismo (propuesta de Nicolás 11 en el momento de iniciar Rusia la colonización de Siberia).