Entre las figuras definitorias de la Era de la Revolución, Toussaint Louverture es la más enigmática. Aunque la imagen del revolucionario haitiano se ha multiplicado en todo el mundo -apareciendo en billetes y en bronce, en camisetas y en películas-, el único retrato definitivo realizado en vida se ha perdido. Al principio se apellidó Breda, pero posteriormente se cambió por “L’Ouverture” en señal de los resultados de su valentía al provocar una brecha en las filas del enemigo. Desde la infancia manifestó unas habilidades inusuales y consiguió, aprovechando al máximo todas las oportunidades, obtener una educación notablemente buena. Muy versado en la obra de todos, desde Maquiavelo a Rousseau, fue sin embargo rechazado por Thomas Jefferson como “caníbal”. Acólito caribeño de la Ilustración europea, Toussaint alimentó una clase de clérigos católicos negros que se convirtieron en uno de los pilares de su gobierno, mientras que sus partidarios también creían que se comunicaba con los espíritus vodú. Y para ser un líder que resumió una vez su modus operandi con la frase “Di poco pero haz todo lo posible”, era un corresponsal prolífico e infatigable, famoso por agotar a los cinco secretarios que mantenía, simultáneamente, en el apogeo de su poder en la década de 1790. El general Brunet invitó a Toussaint a una conferencia en Gorges, y ambas partes acudieron, lo que resultó en una fatal trampa para Toussaint L’Ouverture. En una época en la que su tema ha sido reducido a poco más que un icono unidimensional de la liberación o criticado por sus defectos personales -sus amantes blancas, su temprana posesión de esclavos, su autoritarismo-, la literatura más moderna propone una nueva concepción de la comprensión de Toussaint de sí mismo y de su papel en el mundo atlántico de finales del siglo XVIII. Este texto pretende describir la hibridez fundamental de Toussaint: su capacidad para unir las tradiciones europeas, africanas y caribeñas al servicio de sus objetivos revolucionarios. Se recoge una interpretación nueva y resonante de la política racial de Toussaint, mostrando cómo utilizó las ideas de la Ilustración para defender la igualdad de dignidad de todos los seres humanos, insistiendo al mismo tiempo en su propia importancia histórica mundial (o global) y en la pertinencia universal de la negritud, un mensaje que resonó con especial fuerza entre los afroamericanos. En última instancia, esta historia es un llamamiento a tomar en serio al padre fundador de Haití en sus propios términos y a honrar su papel en la configuración del mundo poscolonial venidero. Ha sido descrito como “el primer superhéroe negro” de la era moderna.