La contaminación del suelo a niveles bajos suele estar dentro de la capacidad del suelo para tratar y asimilar el material de desecho. La degradación del suelo es el deterioro de los servicios ecosistémicos del suelo hasta su completa pérdida. Puede ser tanto un proceso natural, por ejemplo provocado por el cambio climático, como un proceso inducido por el ser humano, por ejemplo por el cultivo del suelo sin compensación por la eliminación de sustancias. La degradación del suelo inducida por el hombre degrada cada año zonas del tamaño de Suiza. Sin un suelo que funcione y sin la microfauna que lo acompaña, las funciones del ecosistema y los servicios resultantes, como la descomposición de la materia orgánica muerta, el reciclaje de nutrientes y el cultivo, dejarían de estar garantizados. La biota del suelo puede tratar los residuos transformándolos, principalmente a través de la actividad enzimática microbiana. La materia orgánica del suelo y los minerales del suelo pueden adsorber el material de desecho y disminuir su toxicidad, aunque cuando se encuentran en forma coloidal pueden transportar los contaminantes adsorbidos a entornos subsuperficiales. Muchos procesos de tratamiento de residuos se basan en esta capacidad natural de biorremediación. Exceder la capacidad de tratamiento puede dañar la biota del suelo y limitar su función. Los suelos abandonados se producen cuando la contaminación industrial u otra actividad de desarrollo daña el suelo hasta tal punto que la tierra no puede utilizarse de forma segura o productiva. La rehabilitación de los suelos abandonados utiliza los principios de la geología, la física, la química y la biología para degradar, atenuar, aislar o eliminar los contaminantes del suelo con el fin de restaurar sus funciones y valores. Las técnicas incluyen la lixiviación, la aspersión de aire, los acondicionadores del suelo, la fitorremediación, la biorremediación y la atenuación natural controlada (MNA). Un ejemplo de contaminación difusa con contaminantes es la acumulación de cobre en los viñedos y huertos a los que se aplican fungicidas repetidamente, incluso en la agricultura ecológica. Todo ello tiene importantes consecuencias jurídicas. Entre ellos, los llamados “Criterios para Prevenir y Controlar la Contaminación de los Suelos” en el Derecho Medioambiental, tanto nacional, como el global y comparado.