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Edad del Planeta Tierra

Naturaleza y confusión

Que la Tierra e incluso el Universo tengan una edad es algo evidente hoy en día. Es bien sabido que estas edades se cuentan en miles de millones de años: 4550 millones para la Tierra y sin duda unas tres veces más para el Universo, como establecieron respectivamente los geoquímicos a mediados del siglo XX y los cosmólogos en las décadas siguientes. Sin embargo, estos resultados fueron el resultado de una búsqueda muy larga que comenzó en la antigüedad grecorromana y que puede dividirse en cuatro grandes períodos que se superponen parcialmente.

Continente

Occidente

Cuando utilizamos los mapas para explorar el mundo, es importante comprender los accidentes geográficos que diferencian un lugar de otro. La palabra continente procede del latín continere, que significa “mantener unido”, o continens terra, “tierras continuas”. En el sentido literal, el término se refiere a una gran área terrestre continua en la superficie del globo. Sin embargo, en geografía, la definición suele modificarse según criterios basados en los hábitos históricos y culturales. Por ejemplo, hay sistemas de continentes que consideran a Europa y Asia como dos continentes, mientras que Eurasia es sólo un trozo de tierra. Esta situación ha llevado a la existencia de varios modelos de continentes, que van de cuatro a siete continentes. Pero no siempre ha sido así, y estos modelos han variado con la historia y el descubrimiento de nuevos territorios. Las pruebas geológicas y sismológicas acumuladas en el siglo XX indican que las plataformas continentales sí “flotan” sobre una corteza de material más pesado que forma una capa que envuelve completamente la Tierra. Cada continente tiene una de las llamadas zonas de escudo que se formó hace entre 2.000 y 4.000 millones de años y que constituye el núcleo del continente al que se ha añadido el resto (la mayor parte del continente).

Historia de la Climatología

Desde la antigüedad, muchos se preguntaban por los cambios graduales a escala regional; a partir de mediados del siglo XIX, el descubrimiento de las edades de hielo y otras grandes perturbaciones en el registro geológico plantearon preguntas sobre el cambio climático a escala global. El fisicoquímico Svante Arrhenius, el geólogo T. C. Chamberlin, el ingeniero G. S. Callendar y otros se tomaron el tiempo de sus carreras habituales para publicar trabajos innovadores y, dada la amplitud de sus explicaciones, interdisciplinarios. En retrospectiva, fueron contribuciones pioneras al estudio del clima. Otros muchos científicos publicaron especulaciones que ahora están justamente olvidadas. Sin embargo, nada de esto interesaba mucho a las personas dedicadas a la disciplina profesional de la climatología: su preocupación era el clima del presente. La climatología había sido un campo pionero en el siglo XIX. Inspirados por la visión innovadora del naturalista Alexander von Humboldt, los académicos habían trazado un mapa de las variedades del clima en cada parte del globo y elaborado explicaciones detalladas de las variaciones. Su trabajo no era sólo de interés científico. Sirvió al imperialismo del siglo, orientando el tipo de enfermedades y cultivos que una nación debía planificar en las colonias recién conquistadas. Pero a mediados del siglo XX ese trabajo estaba prácticamente terminado; las fronteras de la ciencia se habían desplazado a otros lugares, dejando atrás un paisaje cómodamente asentado.

Interior de la Tierra

Naturaleza y confusión

El interior de la tierra es toda la Tierra bajo la superficie terrestre y el fondo del océano, incluyendo la corteza, el manto y el núcleo. El interior no es accesible a la observación directa. No obstante, se ha construido un modelo bastante detallado a partir de las mediciones realizadas en la superficie o por encima de ella. Las velocidades de las ondas sísmicas también pueden medirse en experimentos de laboratorio en los que las muestras de roca se someten a las altas presiones y temperaturas típicas de las condiciones del interior profundo. Los meteoritos proporcionan muestras de roca de materiales que probablemente son abundantes en el sistema solar. La comparación de las mediciones de laboratorio y de campo conduce, pues, por inferencia, a un modelo en el que la composición y la distribución de la temperatura pueden especificarse hasta cierto punto. Para averiguar dónde y en qué proporciones residen los distintos materiales en la Tierra, se comparan las mediciones de laboratorio de alta presión y alta temperatura con la estructura sísmica y de densidad. La Tierra consta de una corteza, un manto y un núcleo, por lo que existe una diferenciación composicional en al menos tres regiones. Cada una de estas regiones se diferencia de nuevo, tanto verticalmente como, al menos para la corteza y la parte superior del manto, lateralmente. Véase también: Distribución geoquímica de la Tierra; Física de las altas presiones.

Cambio Climático Antropogénico

Empleo Pleno

El cambio climático antropogénico se refiere a los cambios en el clima relacionados con las actividades humanas. El aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera resultante de estas actividades es la causa principal del calentamiento global observado desde finales del siglo XIX. Durante el siglo XXI, este calentamiento podría ser leve (menos de 2 0C en comparación con la era preindustrial) si se reducen drásticamente las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero (GEI), pero podría alcanzar de 3 a 5 0C si no se hace nada. Cuanto mayor sea el calentamiento, más perturbará el cambio climático los ecosistemas y las sociedades humanas. Para detenerlo, necesitamos alcanzar la “neutralidad del carbono”, es decir, una diferencia entre el CO2 emitido y el CO2 absorbido igual a cero. Esto debe lograrse antes de 2050 para que el calentamiento global en 2100 -en comparación con la era preindustrial- no supere los 1,5°C, y antes de 2070 para limitarlo a 2°C. Este reto exige transformaciones rápidas e importantes en todos los sectores de actividad y en todos los países. Además, para reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos a los efectos del cambio climático, es esencial adaptar las ciudades, las infraestructuras y los territorios, teniendo en cuenta el conocimiento del clima actual y su evolución aproximada gracias a los modelos climáticos.

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