Podría decirse que pocas culturas han estado tan obsesionadas con la representación visual del cuerpo humano como la europea. Esta obsesión comenzó con los antiguos griegos y romanos, cuya religión les permitía gloriarse de él.
Extrañamente, esta glorificación continuó con los pueblos de la Europa posromana, aunque su conversión al cristianismo les dio la que quizá sea la religión que más odia el cuerpo de todas las religiones del mundo. ¿Cómo llegó esta visión del cuerpo humano a convertirse en el tipo ideal de Europa y, a finales del siglo XX, de la mayor parte del mundo occidentalizado? El proceso comenzó con los romanos, que adoraban y veneraban casi todos los aspectos de la cultura griega. Escenificaron su papel como epítome de la civilización, confiriéndole el estatus de preciado y normativo legado común para las diversas y variadas élites de su imperio. Pero hay más razones.