El hecho de que el panteón griego incluyera tanto dioses como diosas y que, con algunas excepciones notables, los cultos de las divinidades masculinas fueran supervisados por funcionarios masculinos y los de las divinidades femeninas por funcionarias femeninas, es fundamental para este fenómeno. La exigencia de una estrecha identificación entre la divinidad y el asistente al culto hizo que hubiera una clase de servidoras sagradas directamente comparable a la de los hombres que supervisaban los cultos de los dioses. De hecho, fue esta exigencia la que acabó provocando una discusión central sobre el sacerdocio cristiano, concedido exclusivamente a sacerdotes varones a imagen de un dios masculino.