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Revoluciones Políticas

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Revoluciones Políticas

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre las revoluciones políticas. También podría considerarse lo siguiente:

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¿Qué es una revolución política?

En otro lado (cuando se estudia las características de una revolución política, lo que son y lo que no) se ilustra en qué se diferencian las revoluciones políticas de otros tipos de desórdenes y cambios sociales. Las revueltas campesinas, las revueltas del grano, las huelgas, los movimientos sociales, los golpes de estado y las guerras civiles pueden surgir en el curso de las revoluciones y son elementos constitutivos importantes de las luchas revolucionarias. Las revoluciones se distinguen de éstas porque combinan todos los elementos del derrocamiento forzoso del gobierno, la movilización de masas, la búsqueda de una visión de la justicia social y la creación de nuevas instituciones políticas. Es esta combinación la que nos lleva a concebir las revoluciones políticas como el proceso por el cual los líderes visionarios se apoyan en el poder de las masas para hacer surgir por la fuerza un nuevo orden político.

Las revoluciones son un fenómeno histórico relativamente raro pero ampliamente estudiado y vagamente comprendido. La palabra revolución procede del mundo físico y generalmente se refiere a un cambio político que sustituye a los que están en el poder por una clase de personas previamente desposeídas. El término se utiliza a veces de forma tan laxa para referirse a cualquier golpe de palacio o cambio de poder que pierde todo su significado. Por otra parte, algunos historiadores restringen su uso a acontecimientos muy excepcionales, como la Revolución Inglesa de 1640, la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Bolchevique de 1917. Otros argumentan que incluso estos cambios no fueron lo suficientemente profundos o duraderos como para justificar el uso del término. Algunos sostienen que los cambios sociales, como los que acompañaron a la Revolución Industrial, fueron más significativos que los de la esfera política, a los que suele aplicarse el término.

Las interpretaciones sobre qué causa el cambio revolucionario, cómo debe entenderse y cómo se ha desarrollado de forma única en América Latina tienden a girar en torno a muchas cuestiones, entre ellas la de quién tiene más probabilidades de rebelarse. Redactando en un contexto europeo, Karl Marx (1818-1883) sostenía que un proletariado urbano lideraría el cambio revolucionario. Creía que América Latina, con su falta de una economía industrial avanzada, no estaba preparada para la revolución. En el siglo XX, sin embargo, América Latina ha visto quizá más movimientos revolucionarios que ninguna otra parte del mundo, y éstos han sido liderados en su mayoría por las clases campesinas. Los revolucionarios también debatieron sobre la rapidez con la que se podía llevar a cabo el cambio y sobre si era necesaria la violencia para conseguirlo.

Se suele suponer que las revoluciones surgen de la opresión, pero el revolucionario ruso León Trotsky (1879-1940) observó célebremente que si sólo la explotación provocara un levantamiento, las masas siempre se rebelarían. Más bien, como argumentó el historiador Crane Brinton (1898-1968) en La anatomía de la revolución (1965), las revoluciones nacen del aumento de las expectativas. Los acontecimientos en América Latina (véase más detalles) parecen subrayar la necesidad de un líder carismático, por ejemplo.

Revisor de hechos: Mox

Ejemplo Histórico de Revoluciones Políticas en el siglo XVIII: las Ginebrinas

El término “revoluciones ginebrinas” hace referencia a todos los conflictos surgidos en el siglo XVIII entre las distintas categorías de población de Ginebra: ciudadanos (ginebrinos nativos), burgueses que habían adquirido la ciudadanía (droit de cité), habitantes y nativos. Sólo los dos primeros tenían derechos políticos. En el siglo XVIII, como resultado del proceso de oligarquización que también se produjo en otras partes de Suiza, una minoría de patricios (los Negativos, ultranegativos o Constitucionalistas) llegó a detentar el poder en detrimento del resto de ciudadanos y burgueses (los Representantes). La prosperidad económica, que acentuaba los sentimientos de frustración (la opulencia no iba acompañada de derechos políticos), facilitó los actos de rebelión.

La oposición y las reivindicaciones proceden primero de los ciudadanos y la burguesía: el asunto Fatio en 1707, llamado así por su líder Pierre Fatio, el asunto Tamponnement de 1734 a 1738, y el asunto Rousseau, la crisis que siguió a la condena por el gobierno del Emilio y el Contrato Social, de 1762 a 1768. Después, a partir de la década de 1770, los nativos exigieron igualdad económica y un acceso más fácil a la burguesía. La posición de Ginebra entre Suiza, Francia y Saboya confiere una dimensión internacional a los conflictos y da lugar a diversas intervenciones exteriores, entre ellas las de las potencias mediadoras, Berna y Zúrich (aliadas de Ginebra) y Francia. En noviembre de 1782, por ejemplo, impusieron un edicto de pacificación, favorable a los Negativos y llamado “código negro” por los Representantes. La situación se endureció a partir de 1789 (Revolución Francesa) y en diciembre de 1792 estalló la Revolución de Ginebra.

Una de las particularidades de los acontecimientos ginebrinos, que aumentó su repercusión, fue la influencia e intervención de personalidades como d’Alembert (art. Genève en la Encyclopédie, 1757), Rousseau y Voltaire (apoyo a los autóctonos). La historiografía ha visto así en la Ginebra del siglo XVIII un auténtico “laboratorio de la revolución”, una “caja de resonancia” de las ideas de la Ilustración.

Revisor de hechos: Helve

El Caso de México y América Latina

No existe pleno acuerdo sobre el período que abarca este fenómeno histórico. La mayoría de los estudiosos del tema ubican el inicio de la Revolución Mexicana en el 20 de noviembre de 1910, fecha que el primer líder del movimiento Francisco l. Madero señaló para que sus partidarios en toda la República tomaran las armas contra el gobierno del presidente Porfirio Díaz. Generalmente se acepta que el movimiento concluyó el 1 de diciembre de 1940, cuando el presidente Lázaro Cárdenas terminó su período de gobierno, tras haber introducido las reformas políticas y sociales que constituyeron la bandera del movimiento y que acabaron con la herencia del antiguo régimen.

Otras escuelas históricas insisten en que el movimiento revolucionario concluyó en 1917, al promulgarse la actual constitución, o que aún no ha concluido, pero comprenden a una minoría de los autores que han abordado el tema.

El antiguo régimen

Para comprender mejor el carácter de lo que se ha dado en llamar la primera revolución del siglo XX, es indispensable analizar algunas de las características centrales del antiguo régimen. México logró su independencia de España en 1821, tras una década de guerra civil y sin contar con una élite política preparada y unida. A partir de esa fecha y por medio siglo se enfrentarían constantemente dos facciones, los liberales y los conservadores; los primeros dirigidos generalmente por miembros de los pequeños sectores medios, muchos de los profesionales de carrera, y los segundos por algunos elementos del grupo criollo acomodado y respaldado por la Iglesia. Los liberales tenían un proyecto. nacional modelado a imagen de los Estados Unidos y las naciones más avanzadas de Europa. Los conservadores, en tanto, deseaban la preservación de las formas políticas y económicas imperantes durante la Colonia y por ello veían en la monarquía el mejor sistema de gobierno. A esta lucha, que asumió las características de una guerra c vil, se debe añadir la guerra con los Estados Unidos, en virtud de la cual México perdió la mitad de su territorio, así como la invasión francesa que, apoyándose en el partido conservador, intentó crear una monarquía en México ligada a Francia y comprometida con la lucha contra la expansión de la influencia norteamericana en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”]

Al iniciarse la década de 1870, las fronteras definitivas de México con Estados Unidos habían quedado establecidas, los franceses habían salido del país, la Iglesia había perdido su influencia política y gran parte de sus propiedades y, finalmente, el partido conservador estaba destruido militar y políticamente. Hubo que superar aún ciertas divisiones entre el grupo triunfador, antes de que llegara la paz definitiva, pero al asumir la presidencia en 1876 tras un levantamiento militar el general Porfirio Díaz, México estaba a punto de entrar en un período de notable estabilidad política; en realidad el primero desde que inició su vida independiente. Con excepción de los cuatro años comprendidos entre 1880 y 1884, cuando dejó el poder a un colaborador suyo, el general Díaz ocupó la presidencia hasta J911, cuando renunció a la misma presionado por los primeros triunfos militares del movimiento revolucionario.

En las tres décadas y media en que la figura del general Díaz dominó el panorama político, México experimentó transformaciones notables, particularmente en su sistema económico. La gran hacienda, la unidad productora básica de la economía mexicana desde la época colonial, prosperó, en buena medida debido a que se expandió, incorporando terrenos que anteriormente eran propiedad dé la Nación o de las comunidades indígenas, a quienes la legislación liberal de mediados del siglo XIX dejó sin protección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Al concluir el régimen porfirista el 70 % de la población mexicana económicamente activa se encontraba ocupada en tareas agropecuarias, pero alrededor del 90% de los jefes de familia rurales no tenían ninguna propiedad; en el otro extremo se encontraba el 1 % que poseía más del 9 5 % de la tierra cultivable. Pero, estos cambios en las zonas rurales no fueron los más espectaculares.Entre las Líneas En las dos últimas décadas del siglo XIX México abrió sus puertas al capital extranjero para desarrollar una industria que hasta ese momento no existía o se encontraba paralizada; para el general Díaz y su grupo era indispensable que México desarrollara una infraestructura industrial si quería incorporarse al selecto grupo de naciones “modernas” y evitar así ser nuevamente objeto de las ambiciones expansionistas de las grandes potencias.Entre las Líneas En cierta medida esta política de Díaz tuvo más éxito del que era posible suponer en un principio.

El capital externo llegó básicamente de los Estados Unidos, y tendió una impresionante red ferroviaria; en 187″6 había apenas 638,3 kms, construidos, pero para 1910 eran ya 19,289 kms. Por primera Vez en toda Su historia México contó con una red de comunicación adecuada, surgiendo un mercad◊ realmente nacional. La minería sé desarrolló para paso con el ferrocarril, y de ser una actividad casi moribunda pasó a ser una industria próspera cuya inversión estaba valorada en más de 400 millones de dólares y distribuida en más de 150 centros de extracción y beneficio de metales; surgió también la industria eléctrica y petrolera, más un sistema bancario; la producción manufacturera también se expandió. Todas estas actividades, excepto la última, estuvieron completamente dominadas por el capital extranjero: su participación fue de más del 90 %. La inversión externa en 1911 ha sido calculada en alrededor de l. 700 millones de dólares, de los cuales 650 eran norteamericanos, 500 británicos y 450 franceses. Este es un cálculo conservador; otras fuentes hacen subir más todas las cifras. El relativamente buen éxito del grupo liberal en el campo económico contrasta con el resultado político. Díaz se reeligió ininterrumpidamente a partir de su segunda presidencia (18841888), eliminó a la oposición organizada en todos sus niveles, controló abiertamente a la Prensa y fortaleció sus lazos con el ejército, el grupo terrateniente así como los inversionistas extranjeros. Aparentemente no fue posible lograr un desarrollo económico acelerado y mantener a la vez el juego democrático: ante la disyuntiva, Díaz se decidió por la construcción de un sistema político autoritario que diera al país la tranquilidad social demandada por los grupos empresariales que introducirían a México en la modernidad.

El éxito de la estrategia de Díaz es innegable en todo, excepto en un punto: su incapacidad para institucionalizar el proceso político, en particular para cooptar y transmitir el mandó a nuevas generaciones de políticos. El papel inicial de Díaz como la “personalidad indispensable” para la reconciliación nacional se perpetuó hasta el final y lo mismo ocurrió con muchos de sus ministros y gobernadores. Cuando al iniciarse el siglo XX la avanzada edad del presidente hizo prever a sus colaboradores la necesidad de pensar en su sucesión, ocurrió una división dentro de la élite (en parte fomentada por el propio Díaz para continuar manteniendo las riendas del poder). De un lado estaba el general Bernardo Reyes y una buena parte del ejército y del otro el secretario de Hacienda, el aristocrático José Ives Limantour. La clásica división de la élite gobernante que ha precedido a toda revolución moderna fue aprovechada por elementos del incipiente pero estratégico sector medio, que se habían visto sistemáticamente marginados de la actividad política por la gerontocracia porfirista. Se trataba de periodistas, abogados que penosamente trataban de salir adelante, maestros, estudiantes universitarios e incluso ciertos miembros jóvenes de la élite económica que deseaban ser tenidos en cuenta e introducir innovaciones más o menos importantes en el sistema heredado de sus mayores (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue precisamente de este último sector que surgió el primer líder revolucionario: Francisco I. Madero. Tras negociar infructuosamente con Díaz la posibilidad de que se le ofreciera. a su grupo la vicepresidencia, inició una campaña como candidato presidencial independiente pero ésta. terminó con su arresto en la ciudad de San Luis Potosí. Habiendo logrado escapar cruzó la frontera y lanzó desde los Estados Unidos)a llamada a la revolución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

La lucha armada Madero y sus seguidores, la mayoría militantes del llamado Partido Liberal, se pusieron en contacto con sectores populares del norte de México: una sociedad tradicionalmente desarraigada y en efervescencia (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francisco Villa, jefe de una gavilla de bandoleros y Pascual Orozco, un pequeño comerciante, reclutaron gente entre vaqueros, mineros y campesinos y dieron a la naciente revolución sus primeras victorias.Entre las Líneas En el sur y por razones muy distintas (se trataba de una lucha desesperada por proteger las tierras de las comunidades campesinas del estado de Morelos de la voracidad de las modernas haciendas azucareras) se inició Otro levantamiento que terminaría por ser encabezado por un ranchero: Emiliano Zapata. La rebelión cundió rápidamente por toda la república.
En mayo de 1911 Orozco y Villa tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua y el 21 de ese mes se firmaron los acuerdos que llevan el nombre de esa ciudad, en virtud de los cuales Díaz dejaba el poder, salía rumbo al exilio y se formaba un gobierno provisional encabezado por Francisco León de la Barra; este gobierno llamaría a elecciones y cedería el mando al triunfador de las mismas. Díaz dejó el poder con su ejército casi intacto; deseaba evitar que la guerra civil se propagara y pusiera en entredicho las estructuras que sus tres décadas de gobierno había fortalecido; su caída podría provocar la intervención americana directa.

Madero inició en 1911 una segunda campaña presidencial que le llevaría a una victoria electoral contundente.Si, Pero: Pero pese a ello los temores de Díaz se materializaron. Madero trató de conservar el statu quo en la administración, el ejército y dentro del sistema económico, pero sus antiguos aliados demandaban cambios en todos sus niveles. y rápido. Las defecciones no tardaron en producirse, entre los primeros políticos maderistas que rompieron con su líder destacaron los hermanos Vásquez Gómez uno de ellos había figurado como candidato maderista a la vicepresidencia y entre los líderes militares, Orozco en el norte y Zapata en el sur.Si, Pero: Pero el antiguo grupo hegemónico tampoco estuvo satisfecho con la nueva situación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). A los norteamericanos les molestaba la incapacidad de Madero para restaurar el orden, así como ciertas medidas impositivas a la naciente industria petrolera o el mayor control sobre los ferrocarriles; a los terratenientes les molestaba la idea de una posible reforma agraria y al ejército el tener que recibir a algunos de los recién llegados así como combatir contra algunas de sus figuras más conocidas como los generales Bernardo Reyes o Félix Díaz, que se sublevaron contra Madero.Entre las Líneas En febrero de 1913 estalló una rebelión militar en la propia ciudad de México; al aclararse el panorama tras diez días de combates, el presidente Madero era prisionero de sus propios generales, encabezados por Victoriano Huerta, quienes contaban con el pleno apoyo del embajador norteamericano. El antiguo ejército porfirista recuperaba el poder y pocos días después asesinaba a Madero y al vicepresidente.

Aquellos que originalmente apoyaron a Madero y le siguieron durante los días de lucha y después en el gobierno no renunciaron tan fácilmente a las posibilidades de cambio. Desde el norte, y él, abasteciéndose de armas en Estados Unidos, empezaron a combatir a Huerta. Lo mismo hizo Zapata en el sur. Un cambio en la política norteamericana, que puso a Woodrow Wilson al frente de la presidencia, le quitó a Huerta el apoyo de Washington. Los ejércitos revolucionarios empezaron a avanzar hacia la capital. Al frente venía Venustiano Carranza, gobernador maderista de Coahuila. Su ejército se dividió en tres grandes columnas al mando de los generales Francisco Villa, Álvaro Obregón y Pablo González.Entre las Líneas En 1914, Huerta, tras serios reveses militares, abandonó el país y todo el ejército del antiguo régimen fue disuelto.Si, Pero: Pero la paz no llegó; los vencedores se dividieron por razones de dominio político a la vez que por motivos más profundos, que involucraban la naturaleza misma del proyecto nacional y la lucha se reinició; Zapata demandó una reforma agraria radical e inmediata a lo cual no consintió Carranza. Villa, por su parte, no estaba dispuesto a dejar el futuro político del país en manos de Carranza y del grupo de civiles que le rodeaba, aunque no llegó a presentar un verdadero proyecto alternativo al del carrancismo, que solo deseaba reformas políticas.

De 1914 a 1916 la lucha civil continuó, Álvaro Obregón se destacó como el general más brillante y dio el triunfo final a Carranza, pero no sin que antes éste tuviera que comprometerse a hacer una reforma agraria, apoyar los derechos del naciente movimiento obrero e incorporar ambas políticas en una nueva constitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esta se redactó en 1916 y se aprobó en la Convención de Querétaro el 5 de febrero de 1917. El artículo 27 legitimaba la ,futura reforma agraria a la vez que sugería la nacionalización del petróleo, y el Artículo 123 presentó uno de los códigos laborales más avanzados de la época.

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La consolidación del nuevo régimen

A partir de 1917, y con Carranza como presidente, se empezaron a poner en marcha las reformas constitucionales, pero de manera lenta y ambigüa. Por un lado, Carranza nunca estuvo comprometido con el cambio radical, él mismo pertenecía al grupo terrateniente, y por el otro, la presión de Washington contra toda medida expropiatoria ya fuera de la tierra o del subsuelo fue insoportable.Entre las Líneas En 1914 los norteamericanos habían invadido el puerto de Veracruz para presionar a Huerta a abandonar el poder; en 1916 habían enviado una expedición al norte del país para capturar a Villa (que después de ser derrotado, se había dedicado a incursionar en el país vecino), y la presión militar se podía repetir una vez más si los mexicanos continuaban tratando de modificar el sistema de propiedad de manera retroactiva.

En 1920 a punto de concluir su período presidencial Carranza fue derrocado después de un levantamiento militar encabezado por Obregón. Sería esta la última rebelión que triunfaría en México y esto se debió en buena medida a un error de Crianza: quiso imponer como su sucesor a un oscuro abogado su embajador en Washington haciendo a un lado a Obregón; Obregón fue presidente electo tras un breve interinato de su colaborador, Adolfo de la Huerta, y en 1924 entregó el poder a otro miembro de su grupo: el general Plutarco Elías Calles, quien terminó su período en 1928. Poco a poco la nueva élite política iba consolidando su poder. y centralizando la autoridad. Los innumerables “hombres fuertes” locales que surgieron durante los años de la lucha civil se vieron controlados paulatinamente, ya fuese a través de prebendas y favores políticos, ya mediante el uso de la fuerza. Obregón pretendió reelegirse en 1928 (violando uno de los postulados básicos del movimiento revolucionario) pero fue asesinado poco antes de que asumiera el poder por un católico militante. Obregón y Calles habían sostenido una larga pugna contra la Iglesia, a veces callada, a veces violenta, como fue el caso en 1926 cuando estalló la llamada Guerra cristera, que se. convirtió en una verdadera rebelión campesina, muestra del descontento popular en ciertas regiones del país ante los abusos de las nuevas autoridades y su poco espíritu revolucionario.

▷ Zapatistas
Cuatro años después de la derrota electoral de los sandinistas (véase), el inicio de una guerra de guerrillas en el empobrecido estado de Chiapas, en el sur de México, tomó al mundo por sorpresa. Dirigido por el carismático y enmascarado subcomandante Marcos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ocupó cinco ciudades el 1 de enero de 1994. Anunciaron su oposición a las políticas económicas neoliberales que favorecían a las élites a costa de las masas indígenas empobrecidas. El EZLN concibió la lucha como una continuación de la emprendida por su homónimo, Emiliano Zapata, a principios del siglo XX. A pesar de captar la imaginación de los izquierdistas de todo el mundo, consiguieron pocos logros concretos.

Muerto Obregón, la élite revolucionaria se dividió nuevamente; por un lado estaban los partidarios del líder desaparecido que veían frustradas sus esperanzas de ocupar los cargos políticos y administrativos que creían ya al alcance de la mano, y los callistas por el otro. Para evitar que la división se ahondara, Calles, explícitamente, se negó a permanecer en el poder, pero la verdad fue que desde fines de 1928 hasta principios de 1935 él fue el poder tras el trono: el “jefe máximo” de la revolución que nombraba y quitaba presidentes, ministros y gobernadores. Para ello creó en 1929 un gran partido: el Partido Nacional Revolucionario (PNR), en el que agrupó a casi todos los partidos y líderes locales. El ejército continuó siendo la base de poder, pero el régimen se vio también apoyado por las organizaciones obreras principalmente la CROM y las agrupaciones agrarias locales. La reforma agraria iba marchando, pero muy lentamente. Entre 1915 y 1934 se habían repartido únicamente 7,5 millones de hectáreas: la hacienda seguía dominando la economía rural.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

La reforma

En 1933 el PNR designó como su candidato al general de división Lázaro Cárdenas del Río. Cárdenas tenía en ese momento un cierto prestigio como líder comprometido con la reforma agraria y con el apoyo a las demandas obreras, Como el PNR no tenía, ni permitía, ninguna oposición efectiva, Cárdenas fue presidente electo en 1934 y el 1 de diciembre asumió el poder. De inmediato se enfrentó a Calles y a su grupo. Contando con la lealtad de ciertos comandantes de las jefaturas militares él mismo había sido secretario de la Guerra antes de ser designado candidato del PNR y con el apoyo de los grupos más importantes del movimiento obrero organizado más algunos caciques locales, expulsó a Calles del país.Entre las Líneas En ese momento, mediados de 1935, la reforma agraria se intensificó y se organizó a todos los beneficiados con ella en la Confederación Nacional Campesina (CNC): el número de huelgas incrementó notablemente con el apoyo oficial a las de mandas obreras a la vez que se formó la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM). El poder de Cárdenas en ese momento era indudable. Entonces el presidente se lanzó contra los enclaves económicos tradicionalmente dominados por el capital extranjero; tras un año de conflicto, el 18 de marzo de 1938, se decretó la nacionalización de la industria petrolera, que estaba básicamente bajo el control de empresas norteamericanas e inglesas. Cuando Cárdenas dejó el poder en 1940 se habían repartido más de 25 millones de hectáreas la mitad de la tierra cultivable en México estaba en manos de los ejidatarios: la hacienda había perdido su posición dominante. La inversión externa directa había disminuido de los 1. 700 millones de d6lares al final del porfiriato a solo 400, la mayoría localizados en la minería.Entre las Líneas En el campo político, el partido oficial, el PNR, convertido en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), había incorporado Con buen éxito en sus sectores a los campesinos, los obreros, y a la burocracia y otros sectores medios; eran actores que el antiguo régimen había ignorado y que ahora encontraban un lugar bajo el cielo político; la no reelección del poder ejecutivo federal y estatal se respetó escrupulosamente y la disciplina de los miembros del PRM a las directivas centrales fue notable.

La renovación del grupo gobernante revolucionario contrastó notablemente con la inmovilidad del porfiriato.

Cárdenas había deseado establecer un modelo de desarrollo basado en la comunidad ejidal comunal, a la cual estaría subordinada una industria básicamente de carácter cooperativo, pero los obstáculos internos y externos que encontró el proyecto fueron muy grandes, particularmente a raíz de la crisis económica posterior a la expropiación petrolera de marzo de 1938. Sus sucesores hicieron a un lado este esquema sui generis y lanzaron, México por el camino de una rápida industrialización basada en la sustitución de importaciones. A partir de 1941 la nueva élite dio prioridad al crecimiento económico sobre el cambio social. Su proyecto se vio favorecido por la gran estabilidad política que dieron al país las transformaciones de todo tipo propiciadas por la Revolución Mexicana de 1910. Por más de tres décadas la estabilidad mexicana contrastó notablemente con la crisis de diversa índole que se presentaron en el resto de América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] [1]

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Notas y Referencias

  1. Lorenzo Meyer (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

VERA ESTARO, Jorge, Historia de la Revolución Mexicana, 2a. ed. México: Editorial Porrúa S. A., 1967.
ROSS, Stanley R. (ed.), ¿Ha muerto la Revolución Mexicana? 2 vol México: SepSetentas, 1972.
CORDOVA, Arnaldo, La ideología de la Revolución Mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México y Ediciones Era, 1973.
WILKIE, James W. y MICHAELS, Albert L. (eds.), Revolution in Mexico, Nueva York: Alfred A. Knopf, 1969.
CUMBERLAND, Charles C., Mexican Revolution. Tbe Constitutionalist Years, Ausrin, Univ. of Texas Press, 1972.
ALESSIO ROBLES, Miguel, Historia Política de la Revolución, 3a. ed., México: Ediciones Botas, 1946.
SILVA HERZOG, Jesús, Historia de la Revolución Mexicana, 2 vol., México: Fondo de Cultura Económica, 1972.

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