Ambigüedad
Si tuviéramos un acceso cognitivo ilimitado a la realidad -es decir, si fuéramos omniscientes- entonces no encontraríamos ambigüedad de ningún tipo. La realidad es perfectamente coherente consigo misma y si pudiéramos aprehender todos sus aspectos presumiblemente no nos quedarían dudas sobre su naturaleza fundamental. Para ser justos, hay indicios de más matizaciones en algunas de las citas precedentes. Hick enmarca su afirmación con referencia a “nuestro actual punto de vista humano”, y la afirmación de Cottingham incluye las palabras “desde cierta perspectiva”, lo que en ambos casos puede sugerir que la ambigüedad en cuestión se debe, al menos en parte, a las limitaciones de nuestro acceso a la realidad. Penelhum se centra en cómo el mundo ‘señala’ las cosas, cuando quizá implícitamente es a nosotros, los humanos, a quienes nos señala las cosas. Y McKim hace mención a múltiples “lecturas” de la realidad, lo que puede sugerir que la ambigüedad tiene algo que ver con las capacidades cognitivas de quienes realizan la lectura. También se explora la ambigüedad y aversión a la ambigüedad en economía.