Tesoro Público
El Tesoro público, como el cajero del Estado, podía encontrar generalmente los recursos que necesitaba, sin tener que recurrir a la ayuda adicional del banco emisor. El “cierre” del circuito, que dependía más de la situación monetaria general que de la magnitud del “impasse”, no estaba necesariamente garantizado, como ilustraron claramente las crisis de tesorería de 1953 y 1957. Aunque ventajoso para el Tesoro, este sistema tuvo el efecto de distorsionar profundamente la competencia en la captación del ahorro y fue acusado por algunos de estar en el origen de las presiones inflacionistas observadas en la economía, en la medida en que permitía grandes descubiertos presupuestarios.