El término ventaja comparativa fue utilizado por primera vez en Inglaterra a principios del siglo XIX por los economistas de la escuela clásica, que data de la publicación de la obra de Adam Smith sobre la riqueza de las naciones. El principio de la ventaja comparativa figura en el capítulo 7 de los Principios de economía política y fiscalidad de David Ricardo (1817), dedicado al comercio exterior. Muchos años más tarde, Eli Heckscher se propuso descubrir para el modelo comercial ricardiano la razón que hasta entonces faltaba para explicar por qué la ventaja comparativa difiere entre países y, como sugiere el título de su artículo, explorar cómo el comercio afecta a la distribución de la renta. La clave está en la diferencia en la abundancia relativa de las dotaciones de factores entre los países, combinada con las diferencias en las intensidades con las que las mercancías utilizan los factores en la producción. En régimen de autarquía, estas características dan lugar a diferencias en los precios de los productos básicos entre los países que, a su vez, conducen al comercio entre ellos.