Libertad de Cátedra
Esta entrada se ocupa de la libertad de cátedra, su historia y características, con la descripción de varias tendencias. Dependiendo de quién hable, la libertad académica es un baluarte esencial de la democracia, una absurda hoja de parra que disfraza las agendas liberales, o, más a menudo, algún embrollo intermedio que exagera su propia importancia y malinterpreta su valor real para la literatura académica. La cuestión crucial, se ha sostenido, se encuentra en la propia expresión “libertad académica”: ¿Hace hincapié en lo “académico” o en la “libertad”? La primera, muestra, sugiere una libertad profesional limitada, mientras que la concepción de la libertad implicada por la segunda podría expandirse casi infinitamente. Guiado por esa distinción, Fish analiza varios argumentos a favor del valor de la libertad académica: ¿Es la libertad académica una contribución al bien común de la sociedad? ¿Autoriza a los profesores a criticar el status quo, tanto dentro como fuera de la universidad? ¿Autoriza e incluso exige la revocación de todas las ideas y políticas recibidas? ¿Es un motor de revolución? ¿Son los académicos intrínsecamente diferentes de otros profesionales? ¿O es la academia solo un trabajo, y la libertad académica una mera herramienta para hacer ese trabajo? Y aunque la conclusión que alguna vez se ha ofrecido -que la libertad académica es simplemente una herramienta, esencial, para hacer un trabajo- puede sorprender, es incuestionablemente estimulante. Despojarse de las mistificaciones que oscurecen la libertad académica permite a sus beneficiarios concentrarse en lo que deberían estar haciendo: seguir sus intereses intelectuales y fomentar el conocimiento académico.