La experiencia de Estados Unidos con Asia se remonta a 1784. A lo largo de los dos siglos y medio siguientes, la investigación académica creció a trompicones, reflejando la evolución histórica: el crecimiento de los intereses estadounidenses y las interdependencias en la región; las guerras en Asia en las que luchó Estados Unidos; el ascenso de Estados Unidos al liderazgo internacional; y el resurgimiento de Asia tras la Segunda Guerra Mundial, liderado por Japón, luego por los cuatro tigres, y más dramáticamente por China. La definición de Asia evolucionó en consecuencia. Hoy en día, debido a las interdependencias estratégicas y económicas, los estudiosos tienden a considerarla como una región que incorpora el noreste, el sureste, el sur y el centro de Asia y el Asia rusa, así como partes relevantes de los océanos Pacífico e Índico. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada en 2017 (véase más sobre las relaciones contemporáneas entre Estados Unidos y Asia en esta plataforma online) vuelve a concebir Asia-Pacífico como el Indo-Pacífico, que se extiende “desde la costa occidental de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos” y constituye “la parte más poblada y económicamente dinámica del mundo”, según el informe.