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Ideologías

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Las Ideologías

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre las ideologías. Asimismo, puede ser de interés:

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Ideología: Las Ideologías en el siglo XX

Quizá la principal característica definitoria de las ideologías del siglo XX sea la devoción casi religiosa de sus seguidores hacia unas nociones políticas que consideran absolutamente incompatibles con las de otros sistemas. Este rasgo ha sido marcado sobre todo en dos poderosas ideologías que tienen una gran capacidad de captación: el comunismo y el fascismo. Otras ideas políticas como el socialismo, la democracia y el conservadurismo, aunque defendidos con pasión, han sido más difusos y menos excluyentes: sus defensores debaten algunas cuestiones y coinciden en otras.

La noción de ideología ha tenido un efecto profundo sobre la civilización del siglo XX. La mayor parte de los conflictos modernos, desde la genérica ‘cruzada contra el fascismo’ en la II Guerra Mundial hasta las variadas ‘acciones políticas’ de la posguerra, han tenido efectos políticos. El ejemplo principal de conflicto ideológico fue la Guerra fría, en la que los dos oponentes principales (Estados Unidos y la Unión Soviética) mantuvieron una pugna política, económica y psicológica por imponer su dominación en todas las zonas del planeta. [1]

G. Dumézil: “La ideología tripartita de los indoeuropeos”

Situada antes de las grandes obras filológicas y literarias de la serie Mito y Epopeya (1968-1973), “La ideología tripartita de los indoeuropeos” (L’Idéologie tripartie des Indo-Européens) (1958) es, de hecho, una evaluación de la obra vinculada al gran descubrimiento realizado por Dumézil (1898-1986), renunciando a la hermenéutica frazeriana perceptible en sus primeras investigaciones sobre mitología comparada (Le Festin d’immortalité en 1924, Le Crime des Lemniennes en 1924), había presentado ya en 1930 en sus conferencias en la École pratique des hautes études y luego en un artículo en 1938: En él demostraba que los indoiranios y los europeos indooccidentales se organizaban fundamentalmente en torno a la misma estructura tripartita.

Este libro, admirable introducción al conjunto de la obra, encargada por un editor alemán que finalmente rechazó el manuscrito, condensa los resultados del estudio exploratorio de las distintas provincias indoeuropeas (y recogidos en la serie Jupiter Mars Quirinus entre 1941 y 1948), así como los vinculados al análisis interno de las tres funciones distinguidas (Mitra-Varuna en 1940, Horace et les Curiaces en 1942, Aspects de la fonction guerrière chez les Indo-Européens en 1956). Basándose en los trabajos de É. Benvéniste, Vendryes y J. de Vries, y con el apoyo de varios discípulos (L. Gerschel, D. Dubuisson), el historiador de las religiones siguió un método comparativo que, inspirado por su maestro A. Meillet, aplicó la antropología de los indoeuropeos a la historia de la religión. Meillet, aplica el enfoque lingüístico a la antropología.

Una síntesis magistral

A la vez densa y sintética, la obra, que va acompañada de numerosas notas, divide su centenar de páginas en tres capítulos, que tienen la particularidad editorial de estar formados por una serie de pequeños párrafos numerados y «resúmenes ordenados y enlazados» destinados a captar, como afirma el autor en la introducción, «el espíritu de la civilización indoeuropea».

Tras pasar revista a los distintos documentos sobre los pueblos indoiranio y celta (examinados a través de la organización respectiva de su sistema de clases), sobre la historia legendaria de Roma (a partir de las elegías de Propercio) y sobre la división de las tribus jonias, el capítulo i sugiere que las concordancias observadas en los textos egipcios, sumerios, acadios, fenicios, bíblicos, siberianos, taoístas y confucianos apuntan a una concepción común de la estructura social basada en una jerarquía de tres funciones: sacerdotes, guerreros y productores: sacerdotes, guerreros y productores. Esta trifuncionalidad remite a una dimensión «ideológica» que organiza todos los matices de las distintas aplicaciones de la distinción entre lo sagrado, la fuerza física y la fecundidad. Dumézil cita los ejemplos de las tres guna védicas, los panegíricos tripartitos indios, las tres plagas celtas, las tres virtudes platónicas, la clasificación avista de las tres medicinas, el simbolismo romano de los colores, la leyenda escita de los tres hijos de Targitaos y el relato griego del juicio de París.

El capítulo ii se centra en las teologías tripartitas, mostrando la existencia y formación de una «agrupación central de divinidades interdependientes, que se definen mutuamente y se reparten las provincias de lo sagrado» según el orden trifuncional. Dumézil considera así la tríada india de Mitra-Varuna, Indra y Ashvins, titulares respectivamente de las funciones de soberanía, guerra y prosperidad, que también se encuentran en las entidades zoroastrianas (Asa, XsaOra, Armaiti), en el grupo itálico (Júpiter, Marte, Quirino) y en la mitología nórdica de los dioses Odín, Thor y Freyr. Este uso analítico de la estructura va acompañado de un uso sintético, como demuestran Anahita y Atenea, que concentraban los homenajes a las tres funciones.

El capítulo iii revisa y compara los datos locales de las distintas regiones para examinar en detalle las tres funciones en sí y sus subdivisiones y usos por parte de los indoeuropeos. Este estudio sistemático muestra, entre otras cosas, que de las tres funciones, la última, aunque la más discreta y modesta, resulta estar en la base de las otras dos, como demuestra el caso de la épica romana a través de la pareja de gemelos Rómulo y Rómulo.

La «ideología», entre la estructura y la historia

Por supuesto, el esquema trifuncional está influido por la tesis defendida en 1903 por Durkheim y Mauss sobre la clasificación como «institución social», y el tema de Mauss del «hecho social total». La versión inicial de 1938 de la tripartición fue adoptada inmediatamente por Mauss y Granet. Detrás de las variables expresiones sociales recogidas por el pensamiento mítico-religioso, el autor revela, sin fijarlo en la «naturaleza de las cosas», una especie de Weltanschauung universal (se piensa en sus avatares feudales y en los tres órdenes del Antiguo Régimen), o al menos un esquema invariable y recurrente establecido mediante la comparación temática y diacrónica de vastas agrupaciones sociales que un lenguaje original común permite reunir.

Así formulada, la ambición de L’Idéologie recuerda los objetivos del método estructuralista, aunque las diferencias epistemológicas fundamentales impidan cualquier filiación directa. Por tanto, nuestra relación se limitará a compartir las virtudes heurísticas de la clasificación.

Al situar el culto al acontecimiento y la huella escrita dentro de un sistema de significados estables y organizados que nos obliga a abandonar las rutinas de la cronología y la estrecha compartimentación de las especialidades, el libro va más allá de la disputa sobre los métodos al intentar articular la historia y la antropología. El descubrimiento de la tripartición indoeuropea, que escandalizó a los latinistas A. Piganiol y J. Carcopic, es tan importante como la obra de un profesor del Collège de France que ejerció una influencia decisiva en la investigación internacional (M. Dillon, S. Wikander, K. Barr, G. Widengren, L. Palmer, etc.). Piganiol y J. Carcopino y que J. Brough intentó refutar, no pueden eclipsar por completo las otras perspectivas abiertas por La Ideología: como los «dioses iniciales», la crisis del sol y los rituales de la diosa Aurora.

Revisor de hechos: EJ

Las Ideologías Jurídicas y Políticas

La lucha por el poder policial y la legitimidad de los reglamentos laborales, el establecimiento de la supremacía blanca en el siglo XX, la lucha entre las fuerzas a favor del derecho a decidir y a favor de la vida, y los esfuerzos conservadores para poner fin a la acción afirmativa ilustran la relación entre la ley y la ideología. Las lecturas cercanas de los casos en estas áreas, los arreglos institucionales que los sustentan y la dinámica social y política que lleva los asuntos a los tribunales demuestran que la ideología no es una fuerza que flota libremente y que causa resultados judiciales independientes.

Puntualización

Sin embargo, un análisis multifacético también rechaza la interpretación de que la ideología, a diferencia de la regla doctrinal, no desempeña ningún papel en la toma de decisiones judiciales. La investigación académica jurídica y la discusión popular sobre el papel del poder judicial a veces presenta un debate sobre cuándo la intervención de la ideología es apropiada en la toma de decisiones judiciales y si es más probable que ocurra en ciertos momentos históricos que en otros. La era de los derechos contractuales fuertes a principios del siglo XX en Estados Unidos se entiende a menudo como un momento en el que los jueces simplemente fallaron a favor de sus conexiones políticas con los intereses comerciales conservadores y patrimoniales.

Autor: Black

Ideologías en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [2]

Definición

Suele llamarse ideología a todo sistema de opiniones y creencias fundado en un orden de valores subyacente, más o menos consciente, encaminado a encauzar las aptitudes y comportamientos de los miembros de un grupo social, clase o sociedad dados.

Esta definición abstracta de ideología recoge sus aspectos más generales y reúne en sí las características comunes a las variadas ideología concretas, integradas por sistemas de opiniones y creencias encaminados a orientar la vida colectiva.

Las ideología tienen siempre un carácter adjetivado por razón de su contenido. Así, podemos hablar de ideología políticas, económicas, morales, etc.

Diferenciación con términos afines

El alcance de la significación de la palabra ideología no está siempre bien deslindado, en especial, con términos afines como Weltanschauung y mentalidad. A propósito del primero, W. Weidle (en la introducción al n° 3 de «Res Publica» -1960dedicado a Les idéologies et leurs applications au XXe. siécle) apuntaba que mientras la ideología se distinguía por su carácter necesariamente colectivo, la voz Weltanschauung o «concepción del mundo» abarcaba también el orden individual.

Otros Elementos

Por otro lado, algunos autores, como T. Geiger, a la vez que señalan las afinidades entre los términos ideología y mentalidad, distinguen agudamente sus diferencias; así ve el sociólogo alemán la distinción: «Se entiende por ideología las interpretaciones de la vida y el mundo o sistemas de pensamiento, relacionados con ámbitos objetivos estrictamente delimitados, como, p. ej., la economía o determinados hechos económicos. La característica común de estas ideologías -tan amplias como objetivamente limitadas- es la de aparecer en forma de doctrinas o teorías. Son, pues, comunicables; objetos que pueden enseñarse y que pueden comunicarse y extenderse.

Indicaciones

En cambio, la mentalidad es una disposición esp•ritual y anímica, un sello impreso directamente en el hombre por su ambiente social y por las experiencias vitales que sobre él actúan y que de él irradian» (La estratificación social del pueblo alemán, Madrid 1971).

Conviene también apuntar las relaciones que la ideología mantiene con la teoría y la doctrina. Ambas son aportaciones singulares de un autor o autores que pueden cooperar a la formación de una ideología en mayor o menor grado y más o menos mezcladas con otras. Mientras la teoría se funda en un sistema de proposiciones científicas, la doctrina está formada por proposiciones axiológicas. Desde esta perspectiva, podemos establecer una distinción entre ideología científicas e ideología doctrinarias por razón de las influencias que hayan recibido en su formulación.

En la realidad y prácticamente, las ideología no presentan uno u otro extremo de la dicotomía apuntada como casos puros, sino que ambos componentes, el teórico y el doctrinal, aparecen mezclados en mayor o menor medida; aspecto que constituye precisamente uno de los caracteres más peculiares de las i., aunque conviene distinguir siempre este problema de otro similar que responde al tipo de valores subyacentes a cada ideología y su carácter real y efectivo o enmascarado e inoperante y, por otro lado, la distinción entre funciones y fines de las mismas, pues mientras aquéllas tienden a imponerse y expandirse en un ámbito social, éstos pueden limitarse a defender los intereses privados o, en el mejor de los casos, la defensa de los intereses generales.

Elementos de las ideologías

Sistemas de opiniones y creencias

El hecho de ser un sistema implica su expresión ordenada y formal, lo que no excluye que al estar destinado a la difusión no se emplee un lenguaje persuasivo y emocional, simplificando los contenidos por medio de recursos propagandísticos (símbolos, slogans, etc.). Este sistema está integrado por una serie de opiniones e incluso creencias como ha apuntado T. Parsons (El sistema social, Madrid 1966) que en mayor o menor grado constituyen aquel sector del discurso que suele considerarse como materia «opinable» o «discutible» y que la ideología nos presenta, no obstante, como algo taxativo. Esto implica que las ideología estén en mayor o menor medida sustentadas, no sólo por proposiciones afirmativas verdaderas, sino, esencialmente, por proposiciones evaluativas y normativas, basadas en las creencias aceptadas. Podemos decir que en las ideología existe un «factor subjetivo», expresión de una conexión profunda: la del sistema de opiniones y creencias con el orden de valores subyacente.

Fundamentado más o menos conscientemente en un orden de valores subyacente

Este orden está constituido por un conjunto de principios u objetivos considerados como beneficiosos. Estos principios se nos muestran con claridad al análisis, pero dependen de factores no conscientes de carácter: 1) histórico (las tradiciones); 2) social (los intereses no sentidos como tales); 3) teórico (las influencias de las teorías y las doctrinas no concienciadas) y 4) psicológico (los miedos y represiones inconscientes) que expresan la mentalidad de un sector más o menos amplio de hombres de una época y lugar dados.

A su vez, la existencia de este orden implica: 1) una elección; 2) un elector o grupo de electores y 3) unas motivaciones o razones de la elección.

El primer punto -el de la elección-, obviamente, establece una determinada disposición de los elementos integradores de los valores subyacentes que puede ser más o menos consciente y que está condicionada por las influencias anteriormente apuntadas, dando lugar a una jerarquía o disposición en la ordenación de valores de acuerdo con la intensidad de las influencias no conscientes.

El segundo (el elector) supone la existencia de una clase, grupo o individuo que realizan la operación de elegir estos valores y que, además, tienen los medios adecuados para expresarlos a través de la ideología y difundir ésta por medios de convicción o persuasión. La elección estará sujeta, pues, a los designios del elector, grupo o clase y a las presiones que graviten sobre ellos directa o indirectamente.

El tercero hace referencia a los motivos explícitos o razones que operan sobre el elector o electores -los implícitos ya los hemos apuntado- en sus decisiones, variables en cada caso y que en muchas ocasiones son meras «racionalizaciones» de los factores implícitos.

Encaminado a encauzar las actitudes y comportamientos de los miembros de un grupo, clase o sociedad dados

La ideología tiene unas funciones que cumplir dentro de un ámbito que tiende a cubrir y que puede ser el de grupo, clase o sociedad, aunque este último sea el más usual en razón a los fines de la mayoría de las ideología y a la tendencia de éstas a desarrollar al máximo sus funciones.

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Las funciones que algunos autores (L. Dion, Political ideology as a tool of functionnal analysis in social-political dynamics: an hypothesis en el «Canadian Journal of Economics and Political Science», febrero 1959) consideran como fundamentales de las ideología son: 1) desarrollar o mantener un sistema de aptitudes y, consecuentemente, una conducta adaptada a los fines del centro de poder que las promueve o impone; 2) favorecer la cohesión de los miembros pertenecientes al ámbito sujeto a la influencia de una determinada i., estableciendo una armonía que permita una óptima consecución tanto de los fines como de las metas y programas marcados por los órganos decisorios de los centros de poder.

Análisis de las ideologías

Ideología y valores subyacentes

1) Al hablar de los valores subyacentes que fundamentan las ideología hemos apuntado que éstos pueden estar reflejados en ellas conscientemente (explícitos) o inconscientemente (implícitos). Para determinar sus relaciones de coherencia es preciso que previamente se analicen las relaciones entre los valores explícitos e implícitos para determinar si aquéllos son «racionalizaciones» de éstos, o si se forma una dualidad que puede ser, a su vez, integrada o desintegrada por razón de su compatibilidad. Verificado el análisis de coherencia interna entre los valores que integran la mentalidad, la observación se planteará en el’ plano externo para determinar la adaptación de la ideología -lo dicho- con el espíritu que la informa. Así, las ideología podrán ser coherentes o incoherentes con las mentalidades subyacentes.

2) Valoración axiológica: la valoración de una ideología debe hacerse a la luz de su sistema de valores subyacente mediante la contrastación con otro sistema de valores. De ahí los conflictos que siempre presenta la valoración de las ideología y que plantean una de las cuestiones difíciles de la ética.

En definitiva, esta valoración fuerza a aceptar un sistema desde el que tener una óptica de opinión o de juicio. Ésta puede ser más o menos fundada en valores históricamente experimentados, o en los principios de una Filosofía o Metafísica científicas (v. D), o bien desde perspectivas aceptadas de antemano como las religiosasmorales.Entre las Líneas En este terreno cabe destacar la función fundamentadora de los principios morales de la Iglesia que facilitan las bases constructivas sobre las que edificar una escala de valores, o bien, a contrario sensu, la función crítica frente a los sistemas de valores ajenos. Este papel ha sido desempeñado en concreto varias veces por la jerarquía eclesiástica a propósito, p. ej., de ideología políticas (recuérdense las enc. Mit Brennender Sorge y Divini Redemptoris, de 14 y 19 mar. 1937, respectivamente).

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Ideologías y actitudes

En tanto que las ideología están encaminadas a promover actitudes dentro de los ámbitos en los que ejercen sus influencias, podemos establecer una tipología en relación a los individuos que forman el ámbito en cuestión que varía, dentro de la polaridad actitudes-antagónicas / actitudes-solidarias, según los rasgos específicos de las disposiciones a las que induzcan.

En segundo lugar, atendiendo a las instituciones y al medio social en el que hayan de desenvolverse, podremos distinguir: actitudes reaccionarias (V. REACCIONARISMO), conservadoras (v. CONSERVADURISMO) y revolucionarias (v. REVOLUCIÓN), según las tendencias manifestadas frente a la marcha y desarrollo de las instituciones sociales (retroceso a situaciones pasadas, desarrollo progresivo hacia el futuro a partir del presente, o cambio radical hacia una concepción distinta, sea viable, sea utópica).

Ideología y conducta

Por razón de la conducta, las ideología podrán ser pasivas (cuando imponen un «no hacer» o una tolerancia respecto del poder constituido) y activas (si exigen la participación en acciones que podrán ser realizadas con un tempo que variará desde la inmediatez en la acción hasta la meta a largo plazo, dependiendo del carácter revolucionario o evolucionista de las ideologías).

Ideologías y funciones

En este sentido, las ideología pueden realizar funciones estabilizadoras encaminadas al mantenimiento de las actitudes y conductas dentro de unos marcos prefijados, o bien funciones escaladoras cuando pretenden desplazar a otras que operan con carácter dominante.

Otros Elementos

Por otro lado, pueden presentar una disfunción muy usual: la de deformar la realidad en oposición a las apreciaciones más exactas de las teorías científicas en el orden físico o en el metafísico.

Ideologías y fines

Las ideología están ligadas a los fines que les designan los grupos y clases que las sostienen, de tal forma que podemos decir que una ideología siempre representa una realidad humana que la respalda y que por razón de sus intereses y por las presiones directas e indirectas que la determinan establece unos fines que pueden ser: 1) privados de un grupo o clase; 2) aparentemente generales y 3) colectivos.

En este sentido podemos decir que las ideología dominantes reflejan los fines de los grupos o clases más potentes dentro de cada estructura social. De tal forma que podemos establecer un paralelismo histórico entre las ideología y la configuración de la estructura social, aunque a veces se produzcan desajustes o decalajes que pueden ser de anticipación o retardo, pues, en definitiva, como señala Cuvillier «las ideologías no constituyen nunca sistemas cerrados que hubieran podido nacer en el espíritu de sus autores fuera de cualquier condicionamiento del medio social y de la historia; siempre están, por el contrario, en relación con el lugar, la época, la estructura social» (Las ideologías a la luz de la sociología del conocimiento, México 1955).

Evolución histórica del Concepto

La palabra ideología es usada por Antoine Destutt de Tracy, en su obra “Élements d’idéologie” (1801), para nombrar una disciplina filosófica -la science des idées- cuyos orígenes, según el propio filósofo francés, habría que buscar en Condillac (v.), seguidor de las ideas de Locke (véase). Esta ciencia investigaba cómo se originaban y formaban las ideas (v.).Si, Pero: Pero estas ideas eran entendidas sólo como representaciones que los hombres se forman sobre la base de las sensaciones que el mundo exterior y sus estímulos dejan en ellos. Sólo la constante reducción de las ideas a las sensaciones que las condicionaban, según estos autores, podía garantizar la certeza de las ciencias de la naturaleza y del hombre.Entre las Líneas En este sentido, la ideología se presentaba también como un método, como un camino para evitar las ideas falsas contra las que con anterioridad había prevenido el mismo Bacon. De ahí su desdén por la Metafísica (véase en esta plataforma digital), «arte de la imaginación… destinada no a instruirnos, sino a satisfacernos». [rtbs name=”ideologias”] [rtbs name=”politicas”] [rbts name=”filosofia”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre ideologías en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

VARIOS, en Atti XXI Convegno centro di studi filosofici di Gallarate, Brescia 1967 (trabajos sobre Ideología e filosofía de L. PAREYSON, A. DEL NOCE, L (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). BAGOLINI, G (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). BORTOLASo, G. MORRA, V. PELLEGRINO); L. PAGELLO, Ideología, en Enc. Fil. 3,731-735; R. LAUTH, Ideología y ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), «Atlántida» III (1965) 371-394.

Recursos

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Notas y Referencias

  1. Información sobre Ideologías en la Enciclopedia Online Encarta

Véase También

  • Identidad
  • Ideas Fijas
  • Ideas de la Ilustración
  • Idealistas
  • Idealismo en Filosofía
  • Idealismo
  • Guía sobre Ideologías

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