Arte Público
Hace tiempo, todo el arte era arte público. La mayoría era utilitario. Estamos en un momento de la historia en el que se está dejando atrás la hegemonía cultural y el supuesto dominio de unos sobre otros -reyes, dictadores, poderes coloniales, otras instituciones- y se está evolucionando hacia una redistribución más descentralizada y equitativa. Ahora mismo nos encontramos en esta lucha. La escultura del Partenón, las máscaras y los objetos utilizados en los rituales de todo el mundo, los murales del metro, las estaciones de autobús decoradas, los bancos y las paredes: todo ello es público. En teoría, el arte público actual refleja los valores y las aspiraciones de una sociedad. El arte público o “por ciento para el arte” está en deuda con el financiador, no con el público. Para el arte público es obligatorio un proceso de solicitud. Sin embargo, todo depende de la integridad de la organización y de su proceso de selección. A veces, el artista es preseleccionado y el proceso de solicitud pública equivale simplemente a una “actuación” de diligencia debida. Esta selección prematura suele reflejar prejuicios raciales y de género ocultos. Por lo general, se pide al artista que contribuya sólo después de que se haya establecido todo el contexto circundante: diseños de edificios, diseños de parques, materiales educativos, etc. El arte público es mejor y más real cuando es contextualmente sólido. Esto significa contratar a un artista al principio del proceso de diseño. Los procesos de colaboración son poco frecuentes, especialmente si esas colaboraciones implican a miembros del público. Es posible que el arte público invite a la conciencia, añada dimensión a un espacio público y revele aspectos ocultos de una cultura.