La ética de la nanotecnología, o nanoética, examina las cuestiones éticas y sociales que se plantean en torno a la investigación, el desarrollo y la utilización de la nanotecnología y sus aplicaciones prácticas. Casi todo lo relativo a la nanoética ha sido objeto de controversia -incluso si existe alguna necesidad de ella- pero se puede argumentar que se plantea un conjunto de cuestiones éticas en torno a las nanotecnologías y que éstas requieren atención, se trate o no de un ámbito completamente nuevo. Inicialmente, a raíz de la labor de Eric Drexler, se plantearon inquietudes sobre las posibles consecuencias de las máquinas autorreplicantes, incluido el supuesto peligro de la “sustancia viscosa gris”. El desarrollo real de la nanoética ha sido bastante más mundano, ya que gran parte del debate sobre cuestiones metodológicas se ha centrado en cómo estudiar la ética de una tecnología que se encuentra en las primeras fases de desarrollo. Gran parte de la ética aplicada es reactiva, por ejemplo, el examen de los problemas derivados de la utilización de determinadas tecnologías. En el caso de la nanotecnología, se requería un enfoque más proactivo, que entrañaba un análisis cuidadoso de los posibles riesgos de las nuevas tecnologías. Preocupaban especialmente los posibles riesgos que planteaban ciertas nanopartículas fabricadas. Las nanotecnologías se consideran típicamente como tecnologías habilitantes, es decir, permiten otras, como las tecnologías informáticas y médicas. Por lo tanto, los debates se solapan frecuentemente con esas esferas, por ejemplo, con las cuestiones relativas al aumento de la capacidad de vigilancia y a la mejora de la condición humana. Recientemente han vuelto a surgir cuestiones éticas relacionadas con la fabricación molecular, o fabricación atómica precisa, como se la ha denominado.