Ciberdelincuente
Desde principios de los años 90, la ciberdelincuencia se ha convertido en un tema cada vez más debatido en muchos ámbitos de la vida. Nuestra comprensión de la ciberdelincuencia está al mismo tiempo informada y oscurecida por los debates políticos y mediáticos sobre el problema. Está claro que el rápido crecimiento de Internet ha creado nuevas oportunidades sin precedentes para delinquir. Esta evolución plantea serios retos a la ley y a la justicia penal, que luchan por adaptarse a unos delitos que ya no tienen lugar en el mundo terrestre sino en el entorno virtual del ciberespacio, que se extienden por todo el planeta gracias a la comunicación instantánea de Internet y que ofrecen a los delincuentes nuevas posibilidades de anonimato, engaño y disfraz. La creciente dependencia de la sociedad de las redes de tecnología informática nos hace cada vez más vulnerables a los fallos y a la explotación de estos sistemas. Asimismo, la aparición de la ciberdelincuencia plantea cuestiones difíciles a loscriminólogos y sociólogos de la delincuencia y la desviación. Estas disciplinas académicas han formado sus teorías y explicaciones de la delincuencia basándose en supuestos (sobre quién, qué, dónde, etc.) extraídos de la delincuencia en el mundo terrestre. En la medida en que el entorno virtual de Internet puede ser radicalmente diferente de su homólogo terrestre, la propia criminología se enfrenta al reto de adaptar sus perspectivas para poder enfrentarse a la ciberdelincuencia, o de desarrollar nuevos conceptos y vocabularios que se ajusten mejor al mundo en línea que habitamos cada vez más. Obtener una medida realista del alcance y la escala de las actividades de los ciberdelincuentes plantea problemas considerables. Algunos de estos problemas son bien conocidos por los criminólogos.