Guerra de los Cien Años
Francia, con al menos 15 millones de habitantes, una economía equilibrada, mayores recursos reales y capacidad para reunir más ejércitos, parecía más fuerte. Pero su unidad era incompleta (Francia del Norte y Francia del Sur), la participación de las clases urbanas y populares en la administración y el ejército era limitada, y el poder real se veía obstaculizado por la ausencia de una fiscalidad regular y por el papel de los grandes feudos (Flandes, Bretaña, Borgoña, etc.). En 1340, Eduardo III, apoyado por los flamencos, destruye la flota francesa en el puerto exterior de Brujas, l’Écluse. Las catástrofes naturales y las crisis políticas y religiosas del siglo XIV abocaron las monarquías de Inglaterra y Francia a un conflicto bélico que duraría más de 100 años y tendría efectos desastrosos para el pueblo y el entorno rural del norte de Francia. La Guerra de los Cien Años fue, entonces, el nombre por el que es conocido el conjunto de conflictos bélicos que, interrumpido por treguas y tratados de paz, dio comienzo en 1337 y finalizó en 1453, y en el cual se enfrentaron las dos grandes potencias europeas de la época.